Estela de Carlotto y Diego Maradona. (Abuelas Difusión).
José Luis Lanao
Davos huele mal. Alguien debería tirar de la cadena. Algunos poderosos sacan lo peor que llevan dentro. Todos los años la cloaca se llena de mal olor y de promesas incumplidas.
El Foro habla de desigualdad con la “boquita” pequeña. No porque las élites se hayan vuelto más humanas y piadosas, sino por el temor que el planeta reviente socialmente ante tanta iniquidad. Viven con el miedo controlado, pero sin renunciar a su visión económica y antropológica de consumir vidas en lugar de vivirlas. Gente rica, rica de verdad, que se conceden el absoluto privilegio sobre lo que allí se debate.
Se han arrogado la autoridad del oráculo: se posicionan como visionarios infalibles, hablándonos, por ejemplo, de la gestión de un Estado como si fuera una “star-up”. Si alguien sigue habitualmente lo que allí se habla y lo compara con lo que luego se hace, concluye que la farsa es gigantesca.
El dominio de las élites extractivas es absoluto. Aquellas que se amparan en el bien común, y en realidad, dedican todos los esfuerzos en su propio beneficio, desde un sistema de captura de rentas que les permite sin crear riqueza, detraer rentas de la mayor parte de la ciudadanía en beneficio propio. Un clásico.
Sin embargo, el espacio reúne gente curiosa. Algunas con masacres en sus espaldas, hambrunas y golpes de estado. Para Davos, una vez que pasas del centenar de muertos de hambre (que más da mil que un millón) ya entras en la categoría de estadista, y cuentas con micrófono. No así para Oxfman. Hace unos años, coincidiendo con el Foro, la ONG publicó el informe “La ley del más rico”, un documento contundente analizando el fuerte incremento de la pobreza extrema, el aumento de las grandes fortunas, y como las élites económicas logran ejercer una fuerte influencia sobre las políticas públicas, sobre todo en materia de impuestos. El Foro no dedicó ni una sola línea al documento.
Desde el 10 de diciembre de 2023, día que juró como presidente, Javier Milei cerró 13 ministerios, despidió a casi 100.000 empleados públicos, paralizó la obra pública, y recortó los presupuestos destinados a educación, salud, ciencia, cultura, jubilaciones y deporte. Para Davos es un héroe clásico, como no iba a estar presente. El nuevo pocero del Foro, con botas “pantaneras” para moverse con soltura en semejante cloaca, expresó: “América será el faro de luz que vuelva a en cender a todo Occidente “. Como diría Diego: “Se le escapó la tortuga”. No por lentitud, sino por estupidez. Le diría también: “Hay demasiado hambre, hermano; demasiada pobreza; demasiada muerte, demasiado sufrimiento, demasiado de todo”.
El espíritu “maradoniano” se pasea por Davos. Resistir nos mantiene vivos. Pero esa resistencia no es un acto espontáneo, ni automático. Resistir exige algo de nosotros. Como mínimo una mirada dispuesta a detenerse, a atravesar el ruido y el exceso, y a buscar un rastro de humanidad que nos vincule con lo que vemos. Aunque esa forma de “mirar” duela. Porque “mirar” es asumir nuestra fragilidad frente al dolor del otro. Lejos, de esa deshumanización que parece ser la textura emocional de nuestro tiempo.
(*) José Luis Lanao es periodista, ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79. Esta columna de Opinión se publicó originalmente en el diario Página/12.




