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Un adiós a Mariana, la que nunca se dio por vencida

Oliva Taleb

A veces la paz no se festeja. Se la respeta. Se le da la bienvenida. Se le reconoce el valor que encierra ese sentimiento. Pero también, deja la puerta abierta a preguntas que no buscan respuestas. Preguntas que la humanidad toda, las ha formulado. No somos eternos. Los cuerpos no lo son. Sin embargo, los recuerdos son los únicos que la han vencido. A ella, la muerte, sin darse por vencida, seguirá carcomiendo desesperada cuerpos, derrotada, por no encontrar en ellos, los recuerdos necesarios, que consolarán la infinita tristeza de despedirlos.

Mucho se ha hablado, y seguramente se seguirá haciendo, sobre el hilo que imperceptible, une. Nadie tira de él. Es un secreto compartido saber que desafía las peores tormentas, que las sobrevive.  Los años que hemos vivido, que hemos compartido, lo han demostrado. Lo afirman los sobrevivientes.

Unidas por ese hilo, un grupo de jóvenes mujeres, a meses de iniciado el terrorismo de Estado de 1976, fuertemente custodiadas, fueron trasladadas en un avión militar, desde Paraná a la cárcel de Villa Devoto. Ese día el hilo convivió con grilletes cadenas, y esposas, en manos y pies, para unir nuestras vidas. Aquellas jóvenes, tuvieron los años siguientes, dentro de ese penal, destinos diferentes. Con Mariana Fumaneri, en los casi cinco años siguientes allí detenidas, circunstancialmente pudimos divisarnos, cuando una de nosotras accedía a la esquiva y mezquina hora de recreo, desde la incómoda y delatora ventana de celda. El reencuentro en Paraná, antes de la libertad formal, fue varios años después. El hilo, no se cortó nunca. Lo intentaron, se esforzaron, pero no lo lograron. Ellos no tejen vínculos, su naturaleza es destruirlos.  De allí que, su máxima, su grito de guerra, el escupitajo en cada uno de nuestros rostros, fuera: “De aquí saldrán locas o muertas”.

Han pasado más de 40 años. El hilo, se protege invisible en nuestras manos. Sabe que no hemos necesitado tirar de él para saber quién está, quiénes están en sus extremos. Hemos aprendido, reconocido, el valor de la democracia, celebrado reencuentros, en las calles, en las plazas, en tribunales, frente a jueces, victimarios, dando testimonios por la verdad, la memoria, la justicia. Con Mariana, entre nosotras, no hemos estado presentes cada día de estos 40 y pico años. Sin embargo, compartimos, risas, carcajadas, llantos, diferencias, aciertos, sin disimular cómo nos han atravesado los años. Envejecer con dignidad, prestándonos los recuerdos que el paso del tiempo puede desdibujar.

Hace un mes, la muerte se acercó a nosotros. El hilo invisible agitó nuestras vidas. La muerte, fue por ella. También fue por los recuerdos. Aquellos que ayer laceraron su cuerpo. Una vez más ha de fracasar. Somos conscientes de su búsqueda por atraparlos, y hacerlos desaparecer.   Los abrazaremos, los mantendremos vivos, los pondremos a salvo de ella.

¡Ésa es nuestra victoria Mariana!

Descansa en paz.

(*) Exdetenida política.

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