Adrián, detenido el 9 de febrero de 2012; Lautaro, detenido el 9 de febrero de 2026.
Cuando Adrián Molaro asesinó a tiros a Alexis Céparo con una pistola Magnum calibre 44, tenía 21 años. Su sobrino Lautaro Molaro tiene esa misma edad ahora que está acusado de matar y calcinar a Luciano Emeri. Otra coincidencia retumba en la ciudad de Cerrito: ambos, tío y sobrino, fueron detenidos un 9 de febrero, de 2012 y de 2026, respectivamente.
Molaro es el segundo detenido por el crimen perpetrado con frialdad absoluta y con el sello mafioso de borrar cualquier huella de la escena, como fue calcinar el cuerpo dentro del auto de la víctima. El primero había sido Juan Pablo Sotelo, también de 21 años, quien quedó con 60 días de prisión preventiva.
Los investigadores de la División Homicidios y el fiscal Laureano Dato tienen evidencias de la presencia de ambos en el lugar donde le quitaron la vida a Emeri, en un camino vecinal, a unos 500 metros del acceso a la localidad del Departamento Paraná. Sostienen, a partir de diferentes indicios, que pautaron encontrarse con Emeri en la madrugada del miércoles 4 de febrero. En los videos de las cámaras de seguridad de Cerrito está bastante probado el recorrido que realizaron la víctima en su auto Ford Fiesta y los acusados en una camioneta Toyota Hilux.
En la hipótesis por la reconstrucción del hecho, creen que en el punto de encuentro mataron a Emeri y le dispararon al perro de la víctima que salió corriendo y cayó muerto a unos 200 metros. Luego corrieron el vehículo de lugar y lo quemaron, con el cuerpo del joven adentro. Se retiraron en la camioneta y pararon unos minutos en otro lugar de la ciudad, para finalmente irse cada uno a su casa. En proximidades al lugar del hecho encontraron una bala calibre 9 milímetros.
A las 18 de este lunes, comenzó el allanamiento a la vivienda donde detuvieron a Lautaro Molaro. Buscaban, entre otras pruebas, el arma de fuego. En la parte posterior de la casa está el patio y la medianera que separa el terreno con la vivienda vecina que se encuentra deshabitada. Uno de los policías se subió al tapial y, tras correr los yuyos observó una bolsa, la levantó con un palo y adentro hallaron una pistola calibre 9 milímetros, con cargador y cartuchería. También se secuestró una manopla metálica, celulares y registros fílmicos.
Según la captura de pantalla que circuló entre vecinos de Cerrito y conocidos del acusado, Lautaro había publicado una foto en su estado de Whatsapp bastante tiempo antes: “Qué onda los logis de anoche que picantearon y no les dio… Yo estoy para una maldita balacera contra el que le guste, tengo las herramientas, la plata que dijeron tener más y los soldados y profetas. Digan lugar y hora. Dale si son fanes y miran las historias. Quieren ver qué es nivel gangstas?”, se lee en el texto que se le adjudica al joven. En la imagen aparece una caja llena de billetes, con una pistola arriba y dos cargadores, sobre una cama con un acolchado blanco brilloso. El arma de fuego no es la misma que incautó la Policía en el procedimiento, sino que se trata de una calibre 11.25.
En Cerrito aprecian a la familia del joven detenido, gente de mucho trabajo de sol a sol que, ahora, nuevamente se ven cruzados por un crimen, 14 años después.
Emeri estuvo en los últimos años bajo la sospecha del narcomenudeo, actividad que no pocos le adjudicaban en Cerrito, pero nunca una investigación pudo probarlo, más allá de las medidas que se instrumentaron en una causa.
Sobre el móvil del asesinato, los investigadores tienen una hipótesis que, por el momento, no arriesgan públicamente.
El tío del acusado, Adrián, se encuentra con salidas de la Unidad Penal cada vez más amplias, logró una reducción en la condena de 22 años de prisión efectiva por el homicidio de Céparo. Aunque la pena iba a concluir en 2034, por los estudios y cursos de formación laboral que realizó hace algunos años que pasa bastante tiempo en libertad. Vive y trabaja en Paraná. Luego del juicio donde expuso la falsa versión de que había sufrido bullying por parte de la víctima, nunca más habló públicamente.




