Guillermo Coria no va a las Olimpíadas

El tenista santafesino Guillermo Coria, una de las grandes esperanzas para lograr una medalla, no será parte de la cita de Atenas: sufre una seria lesión en el hombro derecho, que también le impedirá participar del próximo US Open.

En la mañana de ayer, Guillermo Coria llegó a Ezeiza con el raquetero pleno de ilusiones. En su interior, cargaba la esperanza de encontrarle una solución a la tendinitis en el hombro derecho que lo tuvo a maltraer durante las últimas dos semanas.

Pero la tan esperada resonancia magnética, programada unas horas después del arribo, le entregó una noticia muy dura. Los estudios le hicieron saber que no podrá formar parte de los Juegos Olímpicos y, mucho más aún: tampoco disputará el US Open, que comenzará a fines de mes, en Flushing Meadows.

Acompañado por su mujer, Carla Francovigh, abandonó el centro de estudios Tomografía Computada Buenos Aires (TCBA), en Salguero 560, con un enorme gesto de desilusión en su rostro, el N° 3 de las clasificaciones de la ATP se subió al auto y partió para Rosario.

Mascullando bronca, sin consuelo. Es que los Juegos Olímpicos eran su gran meta del año, en busca de esa medalla dorada esquiva para el deporte argentino desde hace 52 años.

Pese al hermetismo que rodea a Coria y sus allegados, pudo saberse que el diagnóstico es una lesión de Slap -el desprendimiento del labrum, un rodete insertado en la articulación-, que le impide mantener la estabilidad en el hombro derecho y cuyo dolor se multiplica cuando el tenista intenta efectuar el servicio.

Coria empezó a sentir las primeras molestias en Wimbledon, mientras se medía con el alemán Florian Mayer. Tras su actuación en el césped británico, volvió a la Argentina y se efectuó una resonancia magnética en la cual no comprobó esta sintomatología.

Luego de varias deliberaciones con los médicos, ambas partes se pusieron de acuerdo y buscaron un nuevo intento.

Pero durante su debut en Toronto ante el peruano Luis Horna, hace una semana, las molestias se incrementaron. Abandonó el partido cuando estaba 1-4 y decidió parar y someterse a los tratamientos de los fisioterapeutas de la ATP, creyendo que en el futuro el dolor disminuiría.

Pero la prueba final, anteayer, en Cincinnati, sucedió lo mismo que en Canadá. Coria dijo basta y se tomó el primer avión a la Argentina para seguir los pasos detallados anteriormente.

¿Qué le depara el futuro? Por lo pronto, la idea es realizar nuevas consultas y estudios, inicialmente previstos para pasado mañana. Con esas pruebas y seguramente alguna visita con un especialista del extranjero, el jugador comenzará a delinear su futuro.

En el mejor de los casos, se tratará de una prolongada recuperación, tal cual ocurrió con el arquero de River Franco Costanzo, que sufrió una lesión similar en los octavos de final de la Copa Libertadores de América, mientras jugaba ante Santos Laguna, y que lo alejó de las canchas durante dos meses y medio, incluido el receso por el campeonato local.

Pero algunos especialistas consultados no descartaron que algo de mayor gravedad pueda derivar en una intervención quirúrgica y, de ser así, la presencia de Coria en el circuito quedaría casi descartada por el resto de la temporada.

En medio de un año en el que vivió momentos brillantes, como su actuación en Buenos Aires y el título en Montecarlo, y el sinsabor de la final de Roland Garros que se le escapó ante Gastón Gaudio, el mejor jugador argentino de la actualidad sufrió el segundo impacto físico: en abril último, un inoportuno cálculo renal hizo su aparición mientras disputaba la final de Key Biscayne ante Andy Roddick y le impidió ser parte, siete días después, del equipo que se enfrentó con Belarús, en Minsk, por los cuartos de final de la Copa Davis.

Pero más allá de los infortunios, un tema insoslayable es el impacto anímico que puede producir este nuevo golpe en Coria. No sólo en cuanto a su futuro deportivo sino a la gran ilusión que cargaba y que expresaba cada vez que se le nombraba la palabra Atenas.

Fueron innumerables, durante los últimos doce meses, las ocasiones en las que jugador de Venado Tuerto señaló su ambición de romper con el estigma de más de cinco décadas sin medallas doradas para la Argentina.

Sólo resta esperar que se trate del mejor de los diagnósticos y esperar que el tiempo recupere el físico. La seguidilla de golpes no tiene más que servir, como ocurrió en otros deportistas, para templar el ánimo y sacar fuerzas para el futuro.

Coria apenas tiene 22 años y demasiado hilo en el carretel para brillar en el tenis. Al igual que muchas estrellas, como Ferrero y Nalbandian, en la actualidad, o Hewitt, el año último, Coria fue víctima de la dureza del circuito.

Como contrapartida, el tiempo será una buena medida para alimentar las ansias del regreso y confirmar su notable capacidad. Lo hizo después de la controvertida sanción por doping y seguramente lo conseguirá cuando regrese a los courts.

Porque el propio Coria sabe que es un jugador diferente. Y que está hecho con madera de gran campeón. Aun cuando este golpe le haya partido el corazón. Como nunca. Por esa enorme ilusión que ya dejó de ser.

Fuente: La Nación.

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