Concordia, la caótica

Edición: 
697
Crónicas de aquellos años oscuros

Claudio Gastaldi
(desde Concordia)

Aunque a la dirigencia política (especialmente) le cueste reconocerlo y se enfurezca con aquellos periodistas que ponemos un espejo para mostrarnos tal cual somos, Concordia, paradojas de estas tierras, está lejos de ser sinónimo de Armonía, de Fraternidad. Desde hace años, es más bien la contracara de su propio nombre.

Esto es así por lo menos desde que el poder cambió de dueño y la sociedad y los medios de comunicación se democratizaron y ofrecieron espacios a quienes antes estaban prohibidos, cercenados o lisa y llanamente ignorados. Antes de esto, o no era así o estaba oculto.

Es que no resulta sencillo ni siquiera para los que vivimos en esta geografía definir el perfil de esta ciudad. No lo es en lo económico, mucho menos en cuanto a su comportamiento social, cambiante, de a ratos explosivo, espasmódico, la mayoría de las veces apático, indiferente, en fin, una sociedad esencialmente anémica, caótica y a cuyos críticos actores les resulta especialmente difícil ponerse de acuerdo en el lugar indicado y en el momento preciso.

Tampoco resulta sencillo definirla culturalmente. Concordia cuenta con artistas de valía, sin embargo, ese ámbito, que podría ser una importante expresión de poder, carece de relevancia. El profundo y persistente apego a la soledad de quienes integran ese sector es empecinado.

Lo único que se ha repetido hasta el cansancio como forma de identificación es que ésta es la Capital del peronismo y, quizá aquí, con este dato entre político y sociológico podamos hacer un silogismo y encontremos una primera explicación: resulta tan difícil definir al peronismo como a Concordia.

Desde que Concordia dejó de ser lo que era: un conglomerado esencialmente industrial y productivo, comenzó a resultar dificultoso definir el carácter de su economía. De hecho, ya no se puede decir que somos una ciudad industrial; tampoco turística, a pesar de que contamos con una de las bellezas naturales más apabullantes de la zona; mucho menos productiva luego de las sucesivas debacles económicas y de los cientos de productores fundidos o con los índices fenomenales de desocupación y miseria. Tampoco somos una ciudad de servicios. En otras palabras no se nos puede identificar con ninguna de estas particularidades y, al mismo tiempo, somos un poquito de cada una de ellas, sin que ninguna logre darnos identidad.

La dialéctica materialista de Carlos Marx y Federico Engels señala el proceso de construcción como una lucha de contrarios en la que se puede observar una tesis, una antítesis y una síntesis.

Comúnmente se escucha en la calle asegurar que ésta es una sociedad abúlica, apática, indiferente y fenicia. Tampoco esto nos define tal cual somos, aunque aporte al conocimiento de la verdad.

Y es así, porque esta ciudad a la que le caben perfectamente esas definiciones, es también todo lo contrario. Concordia y cuando aún los piqueteros no se conocían en la Argentina, los parió y tanto los parió que, cuando tampoco en la Argentina los cortes de ruta eran un método de lucha, la 14 fue la primera ruta cortada, lo que no es poco, tratándose de una de las vías principales de unión con Brasil y Paraguay.

Se dice además que esta sociedad es profundamente conservadora. Tenemos con qué, aquí nació y se crió el golpista Mohamed Seineldín; el conocido cura torturador Christian von Wernich, pertenece a una conocida familia calificada como visionaria en materia de emprendimientos económicos. En sus años jóvenes, el cura, prisionero por crímenes de lesa humanidad, junto a alguno de sus hermanos, se divertían persiguiendo judíos. Subidos en un auto deportivo, carburadores enfurecidos mediante, con motores forzados, escape libre y haciendo gala de su poderío corrían al director de una escuela (judío él) por el medio de la plaza Urquiza.

El filo fascista Sánchez Abelenda, ex decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en tiempos del rectorado de Alberto Ottalagano, estuvo aquí en Concordia dirigiendo la Acción Católica.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)

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