Los insólitos argumentos de los antivacunas que sacuden Europa

Sus teorías sobre el fin del mundo y la idea de una manipulación diseñada y dirigida por una elite escondida. El colmo del kit para contagiarse Covid y obtener el pase sanitario, evitando la vacunación. El cauce que los liga a las derechas más extremas.

Por Eduardo Febbro (*)

Los alrededores de la Place de la Bastile se pueden cubrir de un espeso manto de presencia policial, puede ser también en la Place de la Bourse, en la Place de la Republique o en el Trocadero. Es sábado y transita una mezcla de familias despreocupadas cuya actitud contrasta con los gestos amenazantes de las fuerzas del orden, con los fusiles apoyados en los brazos apuntando hacia el suelo. Es sábado de anti vacunas, de anti pase sanitario y de una multitud de manifestaciones: están los chalecos amarillos, los que protestan contra los impuestos sobre el combustible, contra los despidos en la industria, contra la extrema derecha, por la justicia social. Este sábado 27 de noviembre, en el Trocadero y la Place de la Bourse los anti vacunas y anti pase sanitario acuden a su vigésima manifestación.

Las protestas se llevan a cabo en muchas ciudades de Francia y ya no reúnen tanta gente como al principio. 200.000 personas en las calles en todo el país contra 40.000 o 60.000 ahora. Los anti pase sanitario protestan en dos lugares distintos porque responden a grupos ideológicos dispares: el primero lo hace en la Place de la Bourse (Contra la tiranía sanitaria) y pertenece al colectivo Chaleco Amarillos y Ciudadano, liderado por Sébastien Philippart, un hombre que se mueve en las zonas de la sensibilidad complotista. El segundo sale del Trocadero (Contra la Dictadura Sanitaria, Desfile por la Libertad) y está dirigido por un líder de la extrema derecha francesa, Florian Philippot, al frente del movimiento “Los Patriotas”.

Burlas

Las manifestaciones de este sábado tienen un sabor más aguerrido. Al mismo tiempo que rezongan contra las vacunas o el pase sanitario, Francia se ha volcado masivamente a buscar una cita para hacerse vacunar luego de que, el pasado jueves 25 de noviembre, el gobierno tornara obligatoria una tercera dosis contra el Covid. “Son como los corderos, siempre vuelven al corral donde los van a degollar”, dice con desprecio Jérémie, un anti pase sanitario de 30 años, presente en la convocatoria de la Place de la Bourse. Aislado por un contagio con el virus, el primer ministro francés, Jean Castex, es el blanco de todas las burlas posibles.

“Ni con la vacuna, ni en el corazón del Estado se salvan del ridículo”, agrega Jérémie. Hasta hoy, 76,9% de la población ha recibido al menos una dosis y el 75,3% cuenta con un esquema de vacunación completo. La campaña por la tercera dosis recién empieza y será sin dudas más dura que las anteriores. La quinta ola del coronavirus se despliega lenta pero masivamente y las autoridades aprietan las tuercas de la vacunación anticipando los meses más expuestos, o sea, las fiestas de Navidad y Año Nuevo y las Vacaciones. “Cualquier cifra es útil para someternos. Todo el aparato de los medios y la política se ha puesto a trabajar para imponernos un pase sanitario y, por consiguiente, privarnos de libertad”, argumenta Catherine, una joven especializada en comercio internacional que se unió al grupo de la extrema derecha en el Trocadero.

A su lado circula un joven arropado en un inmenso paraguas. Jean viene a la marcha porque, dice en tono pedagógico, “todo esto es un programa muy detallado. Vacuna, pandemia, pase sanitarito, todo forma parte del Gran Reset con el que nos quieren contaminar para restringir las libertades y reducir la población mundial”. Jean se refiere al plan adoptado en el Foro Económico Mundial de Davos para reactivar la economía luego de la pandemia y al que han bautizado con el poco oportuno nombre de “Gran Reset”. Jérémie, Catherine, Paul, Jean o Anne forman parte, en Francia, de ese arraigado sector de la sociedad para el cual la vacuna y el pase sanitario son instrumentos estatales del sometimiento, de la abdicación, de la privación de libertad.

El kit Covid

Italia, Austria, Países Bajos, Gran Bretaña, Alemania o Bélgica conforman, con Francia, el núcleo de países donde la oposición al pase sanitario es la más férrea. En los Países Bajos el delirio rompió todas las marcas.

Un grupo montó una página de internet a través de la cual vende, por 33 euros, un “kit” para infectarse con el virus. El kit consiste en un tubo con un líquido supuestamente contaminado y un test para comprobar que la infección funcionó. Se trata de una astucia peligrosa que apunta a infectarse para luego curarse y obtener el QR con el pase sanitario sin pasar por la vacuna.

”JA ik will Corona”, decía el título del portal de internet cuya página proponía “¿Quiere determinar usted mismo cuándo está infectado con coronavirus? ¡Con el kit Corona usted puede elegir!” A mediados de noviembre, los Países Bajos reintrodujeron un confinamiento parcial y ello dio lugar a manifestaciones ultra violentas. Lo mismo ocurrió en Austria, donde, luego de que el gobierno dejara en casa a los no vacunados e impusiera un reconfinamiento, cerca de 40.000 personas salieron a la calle a protestar.

Liberticidio

Cualquiera sea el país, la denuncia es la misma: se pone en tela de juicio el “liberticidio”, la “dictadura tecno-sanitaria”, o el “pase político sanitario”. Las identidades de estos grupos se entrecruzan. Las fronteras ideológicas no siempre son visibles inmediatamente. En Europa, globalmente, la mayoría de los grupos anti pase sanitario pertenece a los adeptos al complotismo, a la extrema derecha y a otras ramas del radicalismo encandilado por la presencia de entidades ocultas que, según ellos, manipulan el mundo.

En Francia, Florian Philippot y su desfile por la libertad está claramente identificado. Philippot fue el consejero estratégico de la campaña de la candidata presidencial (2012) de la ultra derecha, Marine Le Pen, hasta que fundó su propia corriente-partido, Los Patriotas.

En Italia (84% de personas vacunadas con dos dosis), los anti “Green Pass” cuentan con el apoyo del ultraderechista Matteo Salvini mientras que el otro grupo, NoVax, tienen el respaldo público de los neofascistas de Forza Nuova.

Ambos son también alentados por Giorgia Meoni, la nueva figura de la derecha radical italiana y presidenta de Fratelli d’Italia. A principio de noviembre, los anti Green Pass organizaron una manifestación en Novare, al norte de Italia, en la cual había mucha gente que se había disfrazado con la ropa a rayas que llevaban los deportados a los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. La misma estupidez se vio en Francia cuando los anti vacunas y anti pase se pusieron una estrella amarilla en la ropa, la misma que los nazis obligaban a llevar cocida en la ropa a los judíos.

En Alemania, los ultras del partido Alternativa para Alemania (AfD) no sacan sus banderas, pero están presentes en las marchas de Querdenken (“pensadores libres”) que lideran las protestas contra las medidas sanitarias. Querdenke es una mezcolanza de anti vacunas, anti máscaras, escépticos, negacionistas del Covid-19, adherentes a las teorías del complot o ciudadanos hastiados de las restricciones. Su fundador, Michael Ballweg, asegura que “las ideas de extrema derecha, fascistas o inhumanas, no tienen lugar en nuestro movimiento”.

Sin embargo, la presencia de líderes de ultraderecha en las marchas y el discurso de sus simpatizantes no coinciden con sus afirmaciones. El AfD centró su campaña electoral para las elecciones de septiembre de 2021 en torno a las medidas contra el Covid, la vacunación y la inmigración. En Gran Bretaña, la mayoría de los anti pertenecen a la galaxia del conspiracionismo, como el periodista David Icke, o incluso Piers Corbyn, hermano del ex líder laborista. Corbyn destapó la campaña “Stop New Normal” y, en agosto pasado, estuvo entre los militantes anti pase sanitario que atacaron la sede de la BBC.

En las últimas semanas, el incremento de las medidas adoptadas ante la bomba de la quinta ola del virus agitó a países que habían mostrado hasta ahora cierto perfil bajo. Bélgica vivió días de protestas radicales y fuertes enfrentamientos con la policía. En todos los países donde la oposición al pase sanitario es fuerte, la ultraderecha intentó recuperar ese descontento al mismo tiempo que, entre los militantes Novax, las referencias al nazismo se han expandido, sin respeto alguno por la tragedia que evocan. Ropa a rayas en Italia, estrellas amarillas en Francia o, peor aún, el caso de un fake que circuló en Francia en las redes sociales donde se comparaba el pase sanitario actual con el Ahnenpass, un certificado genealógico que Hitler instauró en Alemania en 1933 para discriminar a los judíos.

La galaxia QAnon

La constelación anti pase sanitario es un mejunje donde entran muchos componentes y una idea directora, declinada en múltiples formas por sus integrantes: sirve para “controlar las conciencias”; el Covid-19 “es un invento de las castas sumergidas que persigue metas obscuras”, según afirma Stephan, otro “anti” presente este sábado en la manifestación contra el pase sanitario de la Place de la Bourse, en París. Las ideas deslizadas en internet por el movimiento estadounidense QAnon están muy activas en todas las narrativas.

QAnon es un injerto gringo que nació bajo la tutela ideológica de Donald Trump y cuyo credo consiste en afirmar que existe una casta de criminales satánicos que controla el mundo. Es el más potente e influyente motor de las teorías conspirativas.

De allí la paradoja constante que atraviesa esta constelación de anti pases sanitario: si bien las ultraderechas europeas han buscado, con más o menos éxito, impregnar el movimiento, sus actores representan sensibilidades muy dispares. Hay gente de izquierda, anarquistas, ecologistas, empresarios, soberanistas, ultraderechistas, escépticos existencialistas, opositores a la injerencia del Estado, anti laboratorios farmacéuticos, los convencidos de que el mundo ha llegado a su colapso final, los antisistema, los adeptos a las medicinas naturales, los que piensan que la red 5G es un instrumento de control perfeccionado y hasta gente de muy buena fe para la cual la vacuna es una “estrategia del Estado para reemplazarnos genéticamente”. Esa es la opinión de Monique, una señora de 60 años, empleada del servicio público francés y muy embebida en la idea del “gran reemplazo”.

Esa teoría pertenece al autor Renaud Camus y enuncia que Occidente está siendo reemplazado por la inmigración, principalmente oriunda de África y del orbe árabe-musulmán. “La vacuna –afirma Monique— es la parte científica de esa sustitución. Como no pueden cambiarnos las ideas, el color de la piel y la religión con sus montajes en los medios lo están haciendo desde los genes, con la vacuna”. El confinamiento, las restricciones, las máscaras, la vacuna y, por último, el pase sanitario funcionaron como el último argumento para darles la razón. Todas sus teorías sobre el fin del mundo y la sospecha de una inmensa manipulación diseñada y dirigida por una elite escondida encontraron en la pandemia la confirmación.

Lamentablemente, la recuperación, por parte de las extremas derechas, de ese descontento, la radicalidad de las protestas y la influencia nociva de las redes sociales han ido ocultando la necesaria pertinencia de un debate sobre la libertad y los límites del derecho de un Estado. “Nosotros no hacemos daño a nadie, ni profesamos ideologías”, dice Fabrice. “Solo planteamos una mirada alternativa en torno a todo esto. Seguro, nos han rebasado desde la extrema derecha, pero ello no le resta legitimidad a nuestra oposición, a nuestro derecho a oponernos a que nuestra circulación, o sea, nuestra libertad, esté regida por un pase sanitario impuesto por el Estado”.

Fabrice tiene 50 años, es profesor universitario en un prestigioso establecimiento de París y confiesa ser un “conspiracionista moderado”. La pandemia ha hecho surgir, para ellos, la prueba de que “una potencia secreta opera para transformarnos” (Jean).  Fabrice ahonda en esa argumento cuando explica: “Virus, confinamiento, máscaras, distancia social, gestos barreras, vacuna y pase sanitario son como tubos de ensayo que se están probando para corroborar nuestros límites mientras que, en las sombras, una elite mundial corrupta utiliza todos esos datos para crear una nueva sociedad”.

Un hombre afable, culto y bien vestido recibe a Página/12 en un coqueto departamento del distrito 9 de París. Jules no aparenta ni con microscopio adherir a las teorías de QAnon, pero cree en ellas. Acaba de salir de la manifestación contra el pase sanitario de la Place de la Bourse y desea “explicar” calmamente su posición, en su casa. Mientras sirve delicadamente un té dice:  “No nos engañemos. El mundo está manipulado por una suerte de multinacional de las finanzas y la tecnología que ha logrado imponerse a la soberanía de los pueblos. El Covid-19 ha sido para ellos un regalo del cielo, o de los laboratorios chinos, quien sabe. Lo cierto es que con la pandemia se han elaborado nuevos instrumentos de supervisión. El pase sanitario es la última obra maestra de ese plan”.

Las estadísticas, los esquemas comparativos entre países vacunados o no, las pruebas sobre la eficacia de la vacuna, lo que ocurrió en países como Brasil o Estados Unidos que negaron la realidad del virus no alteran sus convicciones. Son “antis” irredimibles a quienes ni la muerte de un vecino, un amigo o un familiar cercano afectado por el virus ha conseguido trastornar.

(*) Desde París – Publicado en Página/12

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