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Carnaval del País: 24 mil personas vivieron el espectáculo en un fin de semana largo que no tendrá descanso

De acuerdo a los organizadores, 24 mil personas encendieron la séptima noche del Carnaval del País al ritmo del fin de semana extra largo.

Hay noches que parecen pensadas para confirmar una certeza. La séptima del Carnaval del País -primera del fin de semana largo por el feriado de Carnaval- fue una de ellas. El Corsódromo “José Luis Gestro” no sólo se llenó, sino que completó una jornada que será inolvidable.

De acuerdo a los organizadores, 24 mil personas ocuparon tribunas y plateas para asistir a un espectáculo que combinó competencia artística, celebración popular y una escena final que transformó la pasarela en un gran escenario musical con el After Billboard y el espectáculo vibrante de “Los Totora”.

Desde temprano se percibía que no sería una noche más. El aire estaba cargado de esa electricidad que antecede a los grandes momentos. Familias enteras, grupos de amigos, visitantes que llegaron desde distintos puntos del país y del exterior confluyeron en Gualeguaychú para inaugurar un fin de semana XXL que tiene al Carnaval del País como uno de los ejes centrales del verano argentino. El movimiento comercial en la ciudad fue intenso, con una ocupación hotelera que fue la mejor hasta el momento de la temporada y nuevamente una confirmación que nadie puede negar: el Carnaval del País es la nave insignia de la temporada de verano. Sin esta propuesta, el movimiento turístico sería más lánguido.

La séptima noche marcó el comienzo de una trilogía decisiva -sábado, domingo y lunes- que puede incidir de manera determinante en la definición del campeonato 2026.

Pero más allá de los números y de la magnitud del marco, lo que volvió a imponerse fue el arte. Un arte popular, complejo, de diálogo entre las expresiones artísticas, minuciosamente trabajado durante meses en talleres y galpones, que encuentra en los 500 metros de la pasarela su territorio de revelación.

Abrió la noche Marí Marí, del Club Central Entrerriano, con su propuesta “Genios”. La comparsa Rojinegra exhibió una vez más su capacidad para conjugar fantasía y rigor técnico. “Genios” no es sólo una sucesión de cuadros impactantes: es una estructura narrativa donde cada bloque tiene función dramática. Las carrozas se integran con mayor naturalidad al cuerpo de baile, evitando la fragmentación visual; el vestuario, exuberante pero equilibrado, sostiene una paleta cromática coherente; la coreografía respira, alterna las intensidades y permite que el espectador transite distintos climas. Marí Marí apuesta a una estética cuidada, casi orfebre, donde el detalle no es accesorio sino fundamento. En esta séptima noche se la vio sólida, madura, con ese “hambre” de campeonato que se expresa en precisión y convicción escénica.

En segundo lugar, ingresó O’Bahía, del Club de Pescadores, con “El pescador, el genio y las mil y una noches”. La comparsa dirigida por Adrián Butteri confirmó su evolución narrativa. Si en otras ediciones el despliegue visual podía imponerse sobre el relato, esta vez la historia fluye con mayor claridad. Los cuadros están mejor enlazados, las transiciones son más limpias y la utilización del espacio del Corsódromo revela una lectura más estratégica. O’Bahía comprendió que la espectacularidad no está en la acumulación, sino en el orden. El universo onírico inspirado en los cuentos clásicos se despliega con coherencia, y la música sostiene la dramaturgia sin estridencias. En la séptima noche, la comparsa mostró una versión afinada, capaz de envolver al público sin perder ritmo ni tensión.

El tercer turno fue para Papelitos, del Club Juventud Unida, que presentó “Vivos”. Y si hay una palabra que define su paso por la pasarela es precisamente: vitalidad. Papelitos ratificó su impronta contemporánea con una propuesta que dialoga con el presente sin desentenderse de la memoria carnavalera. La energía es su sello, pero en este tramo final de la competencia esa energía aparece mejor administrada. Los bloques coreográficos se enlazan con mayor coherencia musical, el movimiento se percibe más orgánico y la narrativa gana fluidez. “Vivos” se sostiene en una estética dinámica que combina potencia y sensibilidad, logrando que la intensidad no se convierta en desborde. En esta noche clave, Papelitos dejó en claro que su protagonismo no es circunstancial: es el resultado de una búsqueda artística consolidada.

El cierre estuvo a cargo de Ará Yeví, del Club Tiro Federal, con “La resistencia”. La comparsa dirigida por Guillermo Carabajal volvió a demostrar que su fortaleza radica en la síntesis entre contenido simbólico y ejecución técnica, conjugando con maestría la raíz y el vuelo de toda identidad cultural. La propuesta posee una densidad conceptual que no necesita subrayados: el mensaje emerge de la organización visual, del trabajo coreográfico y del uso del color, la música y la iluminación. En esta séptima noche se la vio particularmente sincronizada, con una profundidad escénica que permitió que cada cuadro dialogara con el anterior y proyectara sentido hacia el siguiente. Tanto despliegue artístico, sincronizado hasta el más mínimo detalle, la ubica como una de las propuestas más integrales de la edición 2026.

Está claro que Ará Yeví compite desde la convicción estética, con una puesta que combina épica y precisión. No compite con las demás comparsas, sino superándose ella misma.

Cuando la última comparsa abandonó la pasarela, la fiesta no se extinguió. Allí apareció una de las innovaciones más celebradas de esta edición: el After Billboard de Carnaval. El Corsódromo mutó en escenario de recital y “Los Totora” asumieron el protagonismo. Su espectáculo fue enérgico y se extendió durante toda la noche e hizo bailar a miles frente a la Casa Rosada. Con esta actuación se ha consolidado una idea que este año redefine la experiencia carnavalera: el espectáculo no termina con el desfile, se prolonga en clave musical, festiva y compartida. Cantina abierta, espuma en el aire, luces aún encendidas y cuerpos que danzan. El carnaval como un estado de ánimo, no como un acto para ser exhibido.

La séptima noche fue, en ese sentido, una declaración de principios. Confirmó la convocatoria -24 mil personas, la mejor de todas las noches de este 2026-, reafirmó la paridad artística entre las comparsas y potenció la dimensión cultural de una fiesta que desde este año ostenta el rango de Fiesta Nacional. Pero también abrió una expectativa mayor: la magia continúa.

Este domingo 15, desde las 21:30, el orden de desfile será O’Bahía, Papelitos, Ará Yeví y Marí Marí. Mientras que el lunes 16, la secuencia cambiará: Papelitos, Ará Yeví, Marí Marí y O’Bahía. Dos noches más para que el jurado afine su mirada y para que cada comparsa busque ese punto de excelencia que puede inclinar la balanza, sabiendo que quedan a su vez otras dos noches que serán también soñadas: sábado 21 y 28 de febrero.

Desde el área de Prensa del Carnaval se recordó que, para no perderse estas noches inolvidables, los precios de las entradas son los siguientes: para no residentes, la entrada general cuesta $40.000 durante todo el fin de semana XXL. Los residentes del Departamento Gualeguaychú disfrutan de un descuento especial: por lo que la entrada general tiene un valor de $30.000 para el domingo y $20.000 el lunes. Además, el lunes, podrán acceder a cualquier ubicación de los VIP con un descuento de 15 mil pesos por ubicación comprando el espacio para cuatro personas.

La boletería del Corsódromo estará abierta para compras presenciales, tanto hoy como mañana, desde las 9 hasta la finalización del espectáculo. También pueden adquirirse entradas online a través de www.allaccess.com.ar.

El fin de semana largo recién comienza. Y si algo dejó en claro esta primera noche es que el Carnaval del País no sólo se celebra: se crea, se perfecciona y se comparte. En cada paso de baile, en cada carroza monumental, en cada acorde que se extiende hasta la madrugada, Gualeguaychú vuelve a demostrar que el arte popular puede alcanzar alturas extraordinarias cuando una comunidad entera decide hacerlo suyo.

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