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"La caminera del puente es mía": las escuchas y los testimonios de los investigadores del caso Airaldi

En una nueva jornada cargada de planteos y testimonios de investigadores, continuó el juicio contra Leonardo Roberto Airaldi y otras ocho personas acusadas de narcotráfico. La defensora del productor agropecuario oriundo de Diamante reclamó nuevamente que lo saquen del duro régimen de presos de alto perfil en el penal de Ezeiza, con la oposición de Fiscalía, y cosechó un nuevo rechazo del Tribunal Oral Federal de Paraná, presidido por Noemí Berros. Desde allí, el principal acusado siguió el debate por Zoom. Lo más importante fueron los testimonios del reducido grupo de la Policía de Entre Ríos que llevó adelante la investigación, sobre todo en relación con las escuchas telefónicas donde interpretaron los diálogos alusivos al comercio de drogas.

El primer testigo del juicio fue el exdirector de Investigaciones de la provincia, Ángel Ricle, retirado hace un año. Relató cómo sucedió el inicio de la investigación: “En 2021 fue una persona va a calle Córdoba 351 (sede de la Jefatura central de la Policía), empleado de un establecimiento de Los Ombúes, y manifestó la problemática que había en la zona, de cazadores, aportando datos en relación a la ley de caza, la problemática que tenían como estancieros”.

“El jefe de Policía me encomienda las tareas donde personal de Investigaciones realiza un trabajo, siempre con una relación con los fiscales de Diamante y de Victoria. Al reunir todos los elementos e indicios se piden allanamientos a distintos domicilios de Diamante y Victoria, donde se procedió a secuestrar varias armas”, continuó.

En ese trabajo, contó Ricle, se reúnen los primeros datos sobre Airaldi: “En el trabajo de calle del personal de la Dirección de la comisario María de los Ángeles Faciano y el comisario Jesús Luna, ellos tomaron confianza con los vecinos de la zona, y mencionaron que siempre hablaban con miedo, pero no entendíamos de lo que se trataba. Nos decían que había una pista de aterrizaje, que estaba en un campo de un conocido en la zona de apellido Airaldi. Decían que había gente que no era de la zona, era llamativo para ellos. Más precisamente de gente y vehículos que no conocían”.

A través del monitor del salón de audiencias, se observaba que Airaldi se reía con frecuencia durante el testimonio.

Ricle dijo que, a partir de ese momento, pusieron la información en conocimiento del Juzgado Federal de Paraná, a cargo de Leandro Ríos, porque “los testigos decían que podía ser droga lo que traían en esas avionetas. Hay un testigo que dijo que salían camionetas de la estancia cargadas adentro. Nosotros no sabemos de qué se trataba”. En ese momento, Airaldi se rio en forma burlona.

“Terminamos con nuestro trabajo -continuó el exjefe policial- y eso se le comunicó al juez federal, al doctor Ríos y al secretario doctor Chaulet, de esta novedad, donde se comisiona a la Dirección profundizar todo este tema y trabajar al respecto. Se trabajó varios meses, siempre era un grupo reducido, Luna y Faciano, también colaboró la comisario Eliana Galarza, y de ahí en más de acuerdo a los teléfonos que fueron aportando los vecinos, siempre con miedo, que no se los vaya a involucrar, y de acuerdo a los primeros teléfonos que se fueron trabajando, surgieron varias líneas, se trabajó más en base a las escuchas, y ahí comenzó a lo largo de varios meses las intervenciones de varios teléfonos”.

Ante la consulta del fiscal general José Ignacio Candioti, Ricle se refirió al organigrama de la banda que armaron en la investigación: “El organizador Leo Airaldi y después todos colaboradores. Porque de acuerdo a todo lo que se iba escuchando y del análisis que iban viendo los investigadores, era la persona con la que todos trataban y hablaban. Constantes conversaciones de sus negocios. Una chica Cáceres hablaba de marihuana, de pala, una interpretación que en el ambiente se le dice a la cocaína”.

Ricle también confirmó una carta anónima que recibió el ministro Néstor Roncaglia que detallaba todas las supuestas actividades delictivas de Airaldi y pedía que actuara lo antes posible, tal como se detalló en la nota de tapa de la última edición de la Revista ANÁLISIS. El acusado, desde Ezeiza, continuaba con gestos socarrones.

Asimismo, ante otra pregunta del fiscal, el comisario general retirado recordó que, luego de que Airaldi sea detenido, se intervino una línea telefónica que habría utilizado en la cárcel y que se pudo registrar una comunicación telefónica con Wilber Figueroa Lagos, el peruano preso y condenado en la causa Narcomunicipio así como en otra más recientemente de distribución de cocaína en Concepción del Uruguay. En ese momento se observó en el monitor una cara de asombro de Airaldi.

Una parte de las defensas sostiene que todo lo relativo a la droga es porque todos los acusados son o eran consumidores y/o adictos. En este sentido, las preguntas a Ricle se orientaron a buscar desestimar la actividad de venta por parte de los acusados. Es decir, que si una persona hablaba de marihuana, era para consumir. Asimismo, respecto a los resultados de los allanamientos, donde se encontraron cantidades de droga cuyo destino era el consumo.

Asimismo, el abogado Leopoldo Meresman le preguntó al testigo si se habían probado acciones concretas de venta de droga, a lo cual Ricle respondió que no. Anteriormente había aclarado que la investigación se basó en escuchas telefónicas, donde afirmó que se logró comprobar la hipótesis central de la causa sobre el comercio de cocaína y marihuana.

Finalmente, Barbitta (tras consultar con Airaldi) interrogó a Ricle acerca de su conocía del funcionamiento de un coto de caza llamado Philip Charros, así como la presencia de un helipuerto en ese lugar. El exdirector de la Policía dijo que eso no estaba registrado en la investigación. Esta pregunta de la defensora apuntó a una versión de Airaldi acerca de que todos los movimientos relativos al narcotráfico que se plasmaron en la causa eran en el campo del vecino.

Radiografía de una banda

El segundo testimonio fue el del subcomisario Jesús Luna, quien entonces estaba trabajando como subjefe de la División Asuntos Jurídicos de la Dirección Investigaciones. Como se había desempeñado un tiempo en la División Homicidios y tenía experiencia en el trabajo de calle, Ricle lo convocó para realizar las tareas de investigación en aquella causa por caza ilegal en la zona de Las Cuevas. Y fue quien reunió los datos para el inicio de la causa contra por narcotráfico: “Al tener contacto con los vecinos que denunciaban, nos anoticiaron que había movimientos extraños en una estancia del señor Airaldi, donde en teoría descendían avionetas, donde había personas que no eran del lugar, donde se conocen todos, custodiaban y portaban armas largas y había movimientos de camionetas que no reconocían”.

Luego, detalló cómo comenzaron con las escuchas telefónicas: “Iniciamos las tareas en Las Cuevas, más que nada entrevistas con vecinos, los mismos que nos aportaron información para la causa por infracción a la Ley de armas. Surgieron varios nombres y el teléfono del señor Airaldi. Leonardo Airaldi fue cambiando constantemente las líneas telefónicas, cada dos semanas aproximadamente. Siempre íbamos una o dos semanas atrás de lo que hacían. Vamos solicitando a raíz de la primera intervención, íbamos viendo los números con los que tenía contacto e íbamos pidiendo intervenciones. Y por esa maniobra de cambiar las líneas, a través de otros números surgía cuál era el que estaba utilizando Airaldi. Se fue determinando una organización que a lo largo del tiempo fue mutando, personas que entraban, que salían, eran comunicaciones cuidadas, entre ellos se decían que tengan cuidado con lo que hablaban, que usaran WhatsApp, Signal o Telegram”.

“Sobre la primera comunicación que nos dio certeza de que se hablaba de estupefacientes fue una entre Soledad Cáceres y Joel Schonfeld, claramente Cáceres le decía que ella le vendía para Leonardo Airaldi, que tenía que rendirle cuentas a él, que le tenía que dar el cash, que si tenía más clientes que se los lleve, que también le había llevado Cáceres al bar de Jupo droga que ella creía que era para el Leo pero la había vendido Jupo. Y Schonfeld dijo que le había fraccionado y vendido uno o dos kilos de marihuana”, continuó Luna.

Además, el subcomisario contó que “se comunicaban con un teléfono del bar Mandela (de la ciudad de Diamante, de Andrés Erbes), se tenía mucho cuidado con lo que se hablaba, hablaban de paquetes voladores, siempre cuidados entre todos los empleados. Airaldi llamaba al bar y decía que fueran a buscar el parlante a lo de Jimena para llevarlo a lo del Seba (…) Airaldi le preguntaba a Erbes dónde estaba el parlante, y que se fije si estaba abierto porque tenía miedo que se lo coman las ratas”. Luego, al escuchar el audio de la conversación grabada, el testigo amplió al respecto: “El parlante, entiendo yo, era un medio donde se escondía la sustancia. La trasladaban de un lugar a otro. En otra conversación de Armando Balcaza y una secretaria de Airaldi, le dijo que busque el parlante, que se tome el colectivo y se baje en la terminal de Paraná, que la esperaba ahí”.

Luna recordó también conversaciones de Airaldi con su expareja, Tania Kranevitter: “Lo llamaba para preguntarle qué estaba haciendo y le decía que estaba en el cruce esperando plata, ella le decía ‘¿volviste a lo mismo?’ Él decía ‘tengo que salir, no puedo salir, estoy sacando de encima lo que tenía Jupo’, por Juan Erbes”.

Las escuchas telefónicas donde se plasmaba el control que tenía Airaldi sobre un sector importante de la Policía de Entre Ríos, sobre todo en los puestos de control de las rutas de la zona, también fueron parte de la prueba que se expuso en la audiencia: “Siempre había comunicaciones donde Airaldi hablaba con funcionarios policiales donde preguntaba quién estaba de guardia, porque tenía que pasar con un amigo, o Airaldi le decía a otro que el puesto caminero era suyo”.

En este sentido, se reprodujo en la audiencia una conversación entre Airaldi y Roberto Coronel, el sargento de la Policía procesado y juzgado en este caso:

—Coronel: Leo y por el tema de la camioneta tuya, ¿vos decís que la policía no? Porque no tengo tarjeta azul

—Airaldi: Pero si tiene la tarjeta verde y la caminera del puente es mía ¿Qué te preocupas vos?

Luna dijo que se refería al puesto de control policial del enlace vial Rosario- Victoria, ubicado cerca de la rotonda de acceso.

El subcomisario contó que Armando Balcaza era el principal colaborador de Airaldi “y después le siguió Coronel, que hacía trabajo de transporte, por dichos de Kranevitter hacía las cobranzas, y en una conversación dijo que le había ido a llevar comestibles a los puestos camineros”.

Por otro lado, Luna recordó una conversación donde surgió uno de los vínculos de Airaldi con gente de Rosario: “Kranevitter decía que era difícil que saliera del a mala junta de Rosario si se juntaba con un tal Javi, se le intervino la línea, pero nunca se pudo establecer s identidad. Fuimos a Rosario e Investigaciones de allá no me quiso dar datos porque sabían que Airaldi tenía contactos con la Policía y no me iban a decir nada”.

En la audiencia de este jueves se reprodujeron numerosas escuchas telefónicas que Luna iba explicando el sentido, según su interpretación. Por ejemplo, una del 13 de julio de 2023, entre Airaldi y Sebastián Armocida, donde le primero le pide que le alcance “una media” a la YPF del cruce a un amigo. “Entiendo que la sustancia era para Carlos Schumacher, donde Airaldi le da consejos de cómo conservar el novillo, habla de los chorizos, de los condimentos para estirar y preservarlo bajo tierra. Se entendía que podía ser carne. Pero decía que era para la gente que lo fuma”, dijo Luna. Luego, “se intervino la línea de Schumacher y daba cuenta de la comercialización de estupefacientes”, agregó.

En otra escucha se incriminó a Marino Martínez, quien oficiaba como delivery del bar Mandela, y en este sentido hay otra conversación entre Erbes con un cliente donde hablaban de cantidades y precios. “Erbes les cambiaba el nombre”, explicó Luna para explicar que no se trataba del nombre que se mencionaba en la escucha, y aclaró que se trataba de un conocido médico de Diamante, quien en una oportunidad le pidió “que le recete algo para la nariz”.

Asimismo, otras conversaciones entre Cáceres (quien luego se cambió el apellido a Touzet) y Schonfeld, incriminan a ellos como a Airalid en el negocio narco:

—Schonfeld: ¿Sabés por qué te pido dos de cinco? Porque el otro está viviendo, y no se te hice la onda, pero yo pongo la cara y no digo nada. Y el otro ya me trae la plata, no sé si quiere esperar que yo te avise o te alcanzo la plata más tarde

—Cáceres: Y pasa que eso de Leo, él me está pidiendo todo cash, todo cash al toque.

Y en otra ocasión, conversan sobre el negocio, involucrando a Erbes y a Airaldi:

—Schonfeld: Jupo me dice venite ya para el bar que tengo que hablar con vos, viste, entonces me voy para el bar, y yo no le dije de nada de pedo, estaba re caliente, y me dice ‘tenemos que fraccionar esto y venderlo’, yo obvio, yo le dije ‘ni en pedo’. Sesenta gramos.

—Cáceres: Si, si si, yo le dejé ayer para Leo 58. Le dije que era para Leo pero bueno.

Más adelante Luna detalló los roles de cada uno de los acusados. Por la extensión del testimonio, se postergaron para la próxima jornada las declaraciones de las comisarios Faciano y Galarza.

Planteo rechazado

Mariana Barbitta realizó un planteo al inicio de la audiencia, donde solicitó que le Tribunal declare la inconstitucionalidad de la resolución del Ministerio de Seguridad de la Nación que creó el Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo en el Servicio Penitenciario Federal, al cual fue incorporado Airaldi luego de la denuncia de Daniel “Tavi” Celis sobre el supuesto plan criminal para mandar a matar funcionarios por parte del hombre de Diamante.

Sostuvo que la incorporación de Airaldi a este régimen viola el principio de inocencia, el artículo 18 de la Constitución Nacional sobre la privación de la libertad, el interés superior del niño en relación a los hijos del acusado que no puede ver por Zoom, entre otros aspectos. “Está deshumanizado”, afirmó la abogada.

Además, planteó una serie de reclamos urgentes: que se autorice a Airaldi que pueda desayunar antes del debate, que le den agua para beber durante las jornadas, que pueda contar con lápiz y papel, que pueda ser visto por Zoom por sus hijos, que pueda reunirse con su defensa los miércoles a las 14 a 16, que le faciliten el ingreso de la medicación, y que le otorguen asistencia psicológica y psiquiátrica.

El representante del Ministerio Público Fiscal, José Ignacio Candioti, respondió que se trataba de la reedición de un planteo de inconstitucionalidad ya formulado por la defensa de oposición de la incorporación de Airaldi un régimen de presos de alto perfil. Recordó la resolución del Tribunal del 27 “profusamente fundada” donde valoraron la gravedad de la imputación en la causa como organizador del narcotráfico y por el almacenamiento de una gran cantidad de cocaína, que el vínculo paterno filial está garantizado, las razones por las que se deben adoptar medidas de seguridad especiales, entre otros fundamentos.

Además, Candioti recordó que la defensa presentó un recurso de Casación contra aquella resolución del TOF de Paraná, que está pendiente de una sentencia.

Al finalizar la audiencia, la jueza Noemí Berros respondió el planteo de Barbitta con argumentos similares a los de la Fiscalía, recordando aquella resolución pero además informando que perdió jurisdicción sobre el asunto, ya que debe ser tratado por la Cámara Federal de Casación Penal.

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