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Plan Divino convirtió el Teatro 3 de Febrero en un living con Charly y Fito

Tiago Galíndez, en una noche de complicidad y música en Paraná.

El viernes por la noche, el escenario del Teatro 3 de Febrero de Paraná se transformó en un espacio íntimo y compartido. Con la conducción de Tiago Galíndez y el acompañamiento de Pato Massini, Plan Divino interpretó canciones de Charly García y de Fito Páez.

A las 21.15, el concierto abrió con Chipi chipi, en una reinterpretación con guiños propios. “Esta canción durará por siempre, por eso mismo Charly la hizo así”, deslizó Galíndez, habilitando desde el comienzo un diálogo con el público.

La propuesta escénica se sostuvo en esa idea de un encuentro imaginario entre Charly y Fito, narrado como si ocurriera en el living de una casa. Desde ahí, el repertorio fue alternando entre ambos universos, con Dar es dar como uno de los primeros puntos de comunión con una platea que, de a poco, fue soltándose hasta sumarse con coros cada vez más firmes.

El diálogo del músico avanzó con humor y complicidad. “Ahora vamos a pasar al baño de la casa de Charly”, anunció antes de Promesas sobre el bidet. Más tarde, en un tono más reflexivo, introdujo Yo vengo a ofrecer mi corazón, subrayando el valor de las personas que, “en estas épocas difíciles que vivimos, están dispuestas a dar amor”.

El repertorio fue proponiendo momentos de intensidad con otros más íntimos. Aparecieron La grasa de las capitales, 11 y 6 y Filosofía barata y zapatos de goma, con Massini acompañando desde el piano. En Al lado del camino, Galíndez tomó la guitarra y definió el tema como “Bob Dylan por Fito”, reforzando ese cruce de universos.

Hubo lugar también para la celebración con Un vestido y un amor, del disco El amor después del amor, y un saludo explícito al público: “Estamos felices de estar en Paraná, donde siempre la pasamos bien”.

Uno de los momentos más emotivos llegó con Los dinosaurios. Allí, Galíndez señaló: “Charly ha cantado la historia del país y lamentablemente, muchas de esas canciones siguen teniendo vigencia”. También destacó que su obra ha acompañado a distintas generaciones frente a momentos complejos.

En esa misma línea íntima, quedó solo en escena para compartir una anécdota de adolescencia —un fogón, una canción como declaración— y derivar en Confesiones de invierno, en un formato despojado. Luego regresó Massini y el concierto retomó su pulso.

El tramo final sostuvo la intensidad con Ciudad de pobres corazones, Yo era un hombre bueno y un bloque que incluyó Rezo por vos y Dale alegría a mi corazón. Con la platea ya completamente involucrada, Galíndez bajó del escenario, recorrió las filas, saludó y se sacó fotos, reforzando esa idea inicial de cercanía.

Antes del cierre, pidió encender las linternas de los celulares “para iluminar los corazones”. Así llegaron las dos últimas canciones, Seminare y Me siento mucho mejor, en un final atravesado por la emoción compartida.

Cerca de las 23, el concierto llegó a su fin. Quedó la sensación de haber compartido, por un rato, un living con los músicos, donde las canciones de Charly y Fito encontraron una forma cercana de volver a sonar.

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