Un líder que mueve el tablero mundial a su antojo.
Todo tiene que ver con todo, aunque a veces el todo se pierda de vista. Evitar que el árbol tape el bosque se puso extremadamente difícil en este inicio de año. Una semana agitada. Difícil en tiempos difíciles.
Transcurrían los comentarios sobre el año viejo, las expectativos con el nuevo, decantaban las discusiones intrafamiliares y a la espera de los Reyes Magos nos encontramos con la extracción del sátrapa Nicolás Maduro Moros. Lo subieron a un helicóptero para llevarlo de Venezuela a los Estados Unidos.
Fue el 3 de enero, mientras se cumplían 193 años de la acción del colonialismo inglés que usurpó las islas Malvinas con malas artes. Ese día los principios básicos del derecho internacional volaron por los aires (otra vez). Y el shock perdura.
Intentar explicar es prácticamente imposible. Los actos, presentados con espectacularidad, son inentendibles si aplicamos categorías conocidas.
Inmediatamente, al influjo de las pantallas, las posturas a favor o en contra de la situación dejaron en claro que no habría diálogo posible entre los espectadores. A favor o en contra. En estos extremos razonar se dificulta.
Las exposiciones, discursos, imposturas, enfrentamientos, sumisiones, agachadas, insultos y temores del cambalache global, aparecen y se convierten en olvido en un solo acto.
Cada uno y cada quien se queda con lo que le conviene para mantener su espacio de confort. Los organismos internacionales, analistas o expertos en política exterior, quedaron en offside. Otra vez.
Los líderes religiosos, puestos en terreno de incomodidad, casi no emiten palabras y se recluyen en contemplaciones desconocidas. Refugiados en el rito, hacen mínimo aporte concreto y alimentan los suspiros mundiales. Es que a veces conviene mirar el cielo y no el suelo.
Motivos para un ataque
Cabe preguntarse si el intento de llevar ante los estrados judiciales al líder de un cartel exportador de cocaína, no fue la excusa perfecta para obtener petróleo barato y posicionarse mejor ante una elección intermedia que lucía difícil.
O quizá todo fue planificado para que Marco Rubio inicie su camino para ser candidato republicano a la presidencia en 2029 y en un mismo acto se ocupa de generarle problemas a Cuba, país desde el que emigraron sus padres.
Otra posibilidad: quizá tamaño escándalo permite quitar, momentáneamente, las miradas que se posan en la llama interminable que consume medio oriente.
Como si todo eso fuera poco, se coloca algún inconveniente a las aspiraciones de China, que nunca abandona la idea de ser primera potencia mundial y quiere presencia en Latinoamérica. Un marasmo.
Aportando a la confusión, tan presente y extendida, inquieta suponer que se trataría, la incursión a Venezuela, del inicio de una escalada para dominar el globo usando como herramientas la amenaza y el miedo. Se verá.
Todo va más allá de la extracción. Es un error obnubilarse con esta embestida en vivo y en directo. Recordemos la invasión a Irak, transmitida por la señal CNN. Nos enteramos, con el tiempo, que todo fue producto de un fallo en el sistema de inteligencia. Todavía no encuentran las armas de destrucción masiva del régimen de Hussein.
Volvamos a Venezuela. Mientras se diagrama el modo para ejercer el virreinato de Trump y los petroleros de la Corporación Chevron esperan para llenar sus bodegas, Colombia entra en estado de conmoción.
El presidente de los Estados Unidos sostuvo que ese país es “gobernado por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”, al tiempo que advirtió que “no va a seguir por mucho más tiempo”. ¿Se viene otra extracción?
El presidente colombiano, Gustavo Petro, se estará preguntando qué pretende de él su par norteamericano. Incógnitas.
Hasta ahora no es más que verba encendida, pero, por las dudas, Colombia reforzó militarmente su frontera. Algunos sectores promueven movilizaciones. Se habla de soberanía. Tensiones por aquí y por allá. El mundo ya no es lo que solía ser hace apenas una semana.
Un nuevo líder mundial, fulgurante y osado hace de las suyas. Donald Trump tiene sede de gobierno real en el club privado Mar-a-Lago, que pertenece a la Organización Trump. Un espacio por el que transitan muchos representantes de la industria energética. Casualidades.
En México, como en Colombia, como en Brasil, siguen todo con atención.
Compartir fronteras es compartir problemas. Desde la patria de Emiliano Zapata, cartel de Sinaloa mediante, se estarían haciendo envíos de fentanilo a los Estados Unidos, país donde la demanda es creciente.
Digresión: llamativa situación genera la demanda de fentanilo y cocaína por parte de ciudadanos estadounidenses.
En su anterior período de gobierno Trump intentó construir un muro para evitar olas migratorias y otros desastres. Eso sí, debían pagarlo los mexicanos, que, por estas horas, entre tacos y mariachis, observan cada movimiento de su vecino del norte.
La presidenta Claudia Sheinbaum analiza el minuto a minuto de la geopolítica surgida del intempestivo Trump, que quiere también Groenlandia, haciendo que todo huela mal en Dinamarca.
Cuando le preguntaron a la presidenta mexicana sobre los comentarios de su par norteamericano, reiteró que, al menos ella, privilegia el diálogo.
Organismos en crisis
El movimiento que hizo Trump volvió a poner en evidencia la crisis que atraviesan organismos que, por lo que fueron creados, deberían intervenir para evitar conflictos, para armonizar a escala global.
Por ejemplo, Naciones Unidas está lejos de sus esencias. No es más que un espectador. Su accionar no logra reencauzar ni detener conflictos. No responde cuestionamientos. No aporta claridad. Expresa mucha preocupación, genera poco impacto.
“Ningún Estado debe amenazar ni usar la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado” lanzó al viento desde Ginebra una portavoz. Vale reiterarlo: el derecho internacional, en jaque.
La confusión penetró esos espacios que intentan, pero no pueden. Emiten comunicados destinados a no ser leídos ni oídos. Mucho menos aplicados.
Consejos de Seguridad que absortos repasan los consejos del viejo Vizcacha, entendedor como pocos del funcionamiento de la justicia. Tal vez razonando por el absurdo las líneas del Martín fierro puedan retomar su línea.
Es que hay un poder, un poderoso, que, sin necesidad de explicar o pedir permiso, hace y deshace a voluntad. ¿Apareció un amadísimo líder triunfante? ¿Superman o Lex Luthor? Ambiciones hay en todos lados.
Tal vez Donald Trump se siente como Rambo, personaje que era capaz él solo, de poner de rodillas a los que elegía como enemigos. Surgido de Vietnam, pero ganaba siempre.
Desde algún lugar el presidente norteamericano hasta 2029 ejerce como un gendarme mundial.
Piensa todo en términos de negocios. Extrae, amenaza, desestabiliza. Nos entrega postales que parecen inconexas, agitando como nunca el inicio de año. Una semana para recordar. ¿Serán 7 días que cambian el mundo?


