Javier Milei, en Diputados, junto a funcionarios para respaldar a Adorni.
Eduardo Aulicino
La presentación de la declaración jurada impactó con fuerza en todos los terrenos. Y sobre todo, el hecho de que el funcionario haya mentido públicamente. Crece la interna, suman críticas los aliados y se tensa el Congreso. El punto es si cruje el compromiso para mantenerlo.
La última entrega de la desgastante serie de Manuel Adorni -la presentación de su declaración jurada- desarmó en pocas horas la esperanza de Olivos sobre el inicio del camino para bajar o diluir el tema. Fue más grave. El recuento político desde el anuncio del jefe de Gabinete incluye un profundo sacudón en el frente interno, duros cuestionamientos de aliados y complicaciones serias en el Congreso. Eso, además del impacto público negativo, incluido el pésimo eco en las redes sociales, terreno en el que se sentía cómodo, dominante, el oficialismo. La pregunta, entonces, reaparece con mayor potencia: ¿por qué Javier Milei lo sostiene?
Ese es un dato corrosivo para el Gobierno, cualquiera sea la explicación. Circulan al menos dos. Una, grave aunque sería menos nociva, reduce todo al microclima de poder: una cerrazón, obcecación, del Presidente y Karina Milei como si se tratara de una batalla final con la oposición más dura y en un momento muy crítico, algo, esto último, que no se vislumbra a pesar del recurso discursivo sobre pasados intentos “golpistas”. Y la otra, sin disimulo, refiere a compromisos por lo menos opacos con el funcionario. Como sea, el interrogante se ha afirmado como elemento saliente sino mayor de esta historia.
No se trataría sólo de especulaciones en el mundo de la política. En estas horas volvió a circular el desagregado de una encuesta nacional de Management & Fit, cerrada en los últimos días de mayo. Es la imagen detenida de una película que sin dudas no ha mejorado. El 42,1% de los encuestados señala el manejo de información sobre “irregularidades” por parte de Adorni como principal motivo de sostenimiento en el cargo. El 21,9% lo asocia al peso de la relación personal del Presidente y su hermana con el jefe de ministros, y el 6,8% se vuelca por considerar que se debe a una decisión de Karina Milei. El 19,6% cree que el apoyo se debe a la condición de “inocente”.
En las redes sociales -particularmente en X-, abundan los reclamos de origen claramente violeta para darle un corte a este desgaste. A veces, con demanda de despido -entre la acidez y el desencanto- y otras, como pedido de favor para que renuncie y no siga dañando al Gobierno. En algunos casos, además, expresan malestar porque eclipsa o borra la publicidad de noticias favorables para la gestión. En este punto, sobresale también el reflejo violeta de cargas contra el periodismo.
Como sea, la pregunta sobre la cerrazón de Olivos alimenta esas señales. Constituye un trazo fuerte del cuadro general. Y, además, viene en aumento desde que el caso Adorni creció sin parar y fue haciendo naufragar las sucesivas movidas para “blindarlo” políticamente.
Todo empezó a principios de marzo, con el viaje oficial a Estados Unidos, acompañado por su esposa, y la malhadada frase sobre “deslomarse” con su trabajo, en Nueva York. Se fueron agregando las informaciones sobre su estada en Punta del Este, la compra del departamento en Caballito y, ya entonces, las sospechas internas sobre la “filtración” de tales datos. Las disputas domésticas escalaban otra vez, pero sin dudas un punto de quiebre en la defensa del funcionario -en medio de la serie de fotos y reuniones de Gabinete y de “mesa política”- fue la difusión de la costosa obra para rehacer la casa comprada en un country de Exaltación de la Cruz. Hubo expresiones abiertas -la más conocida fue de Partricia Bullrich- y siguieron, igual, las postergaciones de fecha para la declaración jurada.
El mal cálculo, después de tantas semanas, resulta ahora evidente y potenciado. Las especulaciones previas se enfocaban en problemas para adecuar los números a las “sorpresas” que fue aportando la causa judicial. Y existió una doble apuesta a estirar los tiempos para formalizar la presentación: esperaban que el correr de los días lo bajara del primer renglón del temario público y que el efecto Mundial diluyera el caso.
Todo resultó al revés, y de manera notable. Profundizó el deterioro de la posición de Adorni y de sus defensores más cerrados, aunque algunos se regodeen diciendo que lograría cambiar el delito de enriquecimiento ilícito por el de evasión. Se verá, porque circulan opiniones de expertos según las cuales el recurso de las ganancias con bitcoin no resuelve el tema en cuanto a la autoría de tales inversiones. En paralelo, el registro de declaraciones y mensajes de vieja época -que algunos rápidamente rescatan- no muestran al actual funcionario como hábil inversor en los primeros años del juego del bitcoin.
Con todo, el punto que no ofrece discusión, y que termina de impactar sobre la credibilidad de la movida, es que mintió al menos dos veces y de manera pública: ante el Congreso -en el recinto de Diputados, con el Presidente y el gabinete en los palcos- y en una conferencia de prensa. En los dos escenarios, aseguró que “todo” estaba declarado como correspondía. Las explicaciones sobre dólares ganados en cripto-apuestas, ahorros en “negro” y rectificaciones patrimoniales no cerraron el tema y potenciaron las reacciones adversas.
La presentación y las declaraciones del jefe de Gabinete generaron impacto inmediato en la interna. Victoria Villarruel dejó un mensaje breve, esperable en la mecánica de las facturas cruzadas pero en un contexto sensible. Patricia Bullrich, con otro peso y visible intención de mostrar juego propio, fue crítica. No llegó al extremo de desairar otra reunión para la foto, aunque sin evitar otro cruce en ese ámbito. En el interior violeta se viven horas de malestar contenido. Están en la mira incluso los tuiteros libertarios, más que para detectar críticas, por la falta de energía para defender a Adorni.
La fórmula más cuidada en ese terreno expone disgusto por no poder aprovechar los números que celebra Economía. Se refieren a la baja del riesgo país, luego de una mejora de la calificación financiera, y a la caída del IPC en mayo. Son datos de una semana matizada, que también incluyó indicadores negativos de la producción industrial y de la construcción, en los dos casos sobre abril. La mirada en la agenda del INDEC se corre ahora hacia fin de mes. Para entonces, está anotada la difusión del EMAE.
El efecto del caso va más allá de los escritorios libertarios. Y esta vez, registra advertencias expresas de los aliados. En menos de un día, el PRO emitió dos comunicados muy críticos. El segundo de los textos, breve, reclamó de hecho la salida de Adorni. También la UCR fue dura. Y el clima de cuestionamiento abierto, o de toma de distancia con menos ruido, se extiende a espacios provinciales. Esos gestos conviven además con una ofensiva de la oposición más dura. Y todo se traduce en el Congreso: paraliza negociaciones, termina de poner en crisis el renovado objetivo oficialista para recuperar iniciativa y amenaza con un disgusto mayor para Olivos.
Fue puesto en marcha un nuevo intento de interpelación en Diputados, que aún no cuenta con número pero genera alerta para el Gobierno en la medida que no pueda atemperar las críticas de aliados, por ahora expresadas sólo en documentos. Y en el Senado, asoma imparable la decisión de obligar al jefe de Gabinete a cumplir con su presentación este mes, sin más demora.
El costo político y público escaló visiblemente para el Gobierno. También, el sentido del interrogante -y las posibles respuestas- sobre los motivos para sostener a Adorni. Al menos, hasta ahora.
(*): publicado hoy en Infobae.





