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Por la sequía, ajustan las previsiones de ingresos de dólares del campo

Por las buenas condiciones climáticas que se dieron durante la siembra, el año pasado cerró con la expectativa de que la campaña 2025/26 marcaría un récord histórico, con una producción que podría alcanzar las 154,5 millones de toneladas.

Ese escenario, sin embargo, comenzó a ajustarse en enero, cuando las lluvias se ubicaron muy por debajo de lo normal y limitaron el potencial de la cosecha gruesa, con impacto directo en el volumen de dólares que el campo aportará en los próximos meses.

Según informó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) a través de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), durante el primer mes del año las precipitaciones promediaron menos de 40 milímetros en la región núcleo. En términos históricos, lo habitual para este período es que se acumulen entre 100 y 120 milímetros, lo que implicó una caída del 66% respecto de la media.

Este déficit hídrico comenzó a enfriar la expectativa de una supercampaña. En el sector descartan, por ahora, un escenario de desastre, pero sí reconocen una corrección desde niveles muy altos de optimismo. La idea de una cosecha récord empezó a diluirse y el consenso se desplaza hacia una campaña más cercana al promedio histórico, con menores volúmenes tanto en soja como en maíz.

De hecho, de acuerdo con un relevamiento de la BCR, alrededor del 84% de la soja y el maíz se mantiene entre condiciones normales y buenas, mientras que el 16% restante aparece como regular o malo. Si bien ese porcentaje refleja daños concretos, todavía se ubica dentro de parámetros considerados habituales para esta etapa del ciclo.

El cambio de escenario productivo tendrá también derivaciones en el frente cambiario. Enero cerró con un ingreso de divisas superior al habitual gracias a mayores embarques de trigo y cebada, que permitieron liquidar USD 1.850 millones. Se trata de un dato relevante para un mes que suele ser deficitario en dólares y que, en este caso, permitió que el Banco Central comprara reservas en un contexto financiero más favorable.

“El grueso del ingreso de dólares se concentrará entre marzo y mayo, con el avance de la cosecha de maíz y soja. Allí, el volumen final y la velocidad de venta del productor van a ser determinantes”, explicó a Infobae Javier Preciado Patiño, ingeniero agrónomo y ex subsecretario de Mercados Agropecuarios.

Por ahora, resaltó, los precios internacionales no anticipan un salto significativo, lo que limita el margen para compensar menores rindes con valores más altos. Al mismo tiempo, la menor dependencia de los dólares del campo -por el aporte de financiamiento provincial y otros flujos financieros— le dio aire al Gobierno en los últimos meses.

De todos modos, en el mercado advierten que, si hacia el segundo trimestre la necesidad de divisas se intensifica, no se descarta una nueva baja de los derechos de exportación, esta vez de carácter permanente, como incentivo para acelerar la liquidación.

La crisis hídrica hace recalibrar las proyecciones del campo

Un documento de la BCR publicado en enero de 2026 mostraba el optimismo previo a las dificultades climáticas. “La nueva campaña se perfila para romper la racha y permitirle al sector finalmente superar el récord productivo marcado hace ya ocho años”. La proyección estimaba una oferta de dólares de USD 33.600 millones para 2026, un 8% menos que el año anterior, principalmente por el adelanto en la liquidación de divisas tras la eliminación de retenciones a fines de septiembre.

El impacto de la sequía se siente con más fuerza en el nordeste bonaerense y el sur de Santa Fe. En esas zonas, la combinación de altas temperaturas y lluvias muy por debajo de lo normal afectó a la soja de primera y al maíz tardío. En Pergamino, uno de los distritos testigo de la región núcleo, ya se perdió cerca del 50% del potencial productivo, según estimaciones privadas relevadas en el mercado.

De las 36 estaciones meteorológicas de la red BCR-GEA, solo una alcanzó la media histórica de lluvias. Se trató de General Pinto, en el noroeste bonaerense, con 122 milímetros. En el otro extremo, Álvarez registró apenas 9 milímetros, el valor más bajo del mes. Pujato, Maggiolo y Gödeken tampoco escaparon al déficit, con acumulados de entre 10 y 11 milímetros.

La falta de agua también se refleja en el estado de los suelos. La mitad del área de la región núcleo se encuentra directamente en condición de sequía, especialmente en su franja central, mientras que el resto presenta escasez hídrica. Solo en el sur persisten algunos núcleos con reservas regulares, producto de lluvias algo más generosas hacia fines de 2025.

Aun así, el impacto no es homogéneo. Analistas del sector coinciden en que hay situaciones puntuales muy comprometidas, donde la falta de agua ya se traduce en menores rindes, pero también zonas que lograron amortiguar el golpe gracias a la recarga previa de la napa freática. “Las buenas condiciones durante la siembra funcionaron como un colchón que hoy evita un deterioro generalizado de la campaña”, concluyó Preciado.

 

Fuente: Infobae

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