Concordia volvió a quedar al frente del ranking nacional. Es la ciudad con mayor pobreza del país y, simultáneamente, la de mayor indigencia.
El Día del Trabajador llega a la Argentina con una doble paradoja estadística: el INDEC informó que la pobreza bajó al 28,2 por ciento en el segundo semestre de 2025 —el nivel más bajo desde principios de 2018—, pero al mismo tiempo el desempleo trepó al 7,5 por ciento en el cuarto trimestre y se destruyeron, en dos años de gestión libertaria, 290 mil puestos de trabajo formales en todo el país. La economía creció (4,4 por ciento en 2025), pero por primera vez en la historia reciente argentina ese crecimiento convivió con un aumento de la desocupación. En Entre Ríos el cuadro es más grave: cerraron alrededor de 870 empresas, se perdieron más de 6.400 empleos registrados y Concordia volvió a quedar al frente del ranking nacional de pobreza. Y mientras el debate público se concentra en los aglomerados de Paraná y Concordia, hay una provincia entera —Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Santa Elena, La Paz, Feliciano, Rosario del Tala, Gualeguay, Victoria— donde la pobreza y la desocupación crecen sin que ningún índice oficial las recoja.
El cuadro nacional: pobreza que baja, desempleo que sube
El INDEC informó el 31 de marzo de 2026 que la pobreza en el segundo semestre de 2025 alcanzó al 28,2 por ciento de las personas y al 21 por ciento de los hogares en los 31 aglomerados urbanos relevados. La indigencia, que había trepado al 18,1 por ciento en el primer semestre de 2024, cerró 2025 en el 6,3 por ciento. En cifras absolutas, el organismo identificó 8,47 millones de personas pobres y 1,88 millones de indigentes. Proyectado al total del país, la cifra ronda los 13,2 millones de pobres y 2,9 millones de indigentes. Es el dato más bajo desde el primer semestre de 2018.
La caída se explica, según el propio organismo, porque el ingreso total familiar promedio subió 18,3 por ciento en el semestre, mientras que la canasta básica alimentaria avanzó 11,9 por ciento y la canasta básica total, 11,3 por ciento. Sin embargo, esta lectura optimista convive con advertencias técnicas serias. El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), que dirige el sociólogo Agustín Salvia en la Universidad Católica Argentina, sostiene que hasta tres cuartas partes de la baja oficial podrían explicarse por mejoras en la captación de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y no por una recuperación efectiva. Para el ODSA, la pobreza al cierre del tercer trimestre de 2025 fue del 36,3 por ciento y la indigencia del 6,8 por ciento.
El propio procesamiento que la UCA hizo sobre los microdatos del INDEC mostró que la pobreza pasó del 26,9 por ciento en el tercer trimestre al 29,9 por ciento en el cuarto —1,2 millones de nuevos pobres en sólo tres meses—, lo que rompió una racha de seis trimestres consecutivos a la baja. La pobreza infantil, según el ODSA, fue del 53,6 por ciento en 2025, y el 28,8 por ciento de los niños y adolescentes atravesó algún grado de inseguridad alimentaria, con un 13,2 por ciento de inseguridad severa.
El otro número: el desempleo en alza
Si la pobreza ofrece un titular favorable al gobierno, el dato laboral lo desmiente. El INDEC informó que la tasa de desocupación nacional alcanzó el 7,5 por ciento en el cuarto trimestre de 2025, lo que representa una suba estadísticamente significativa de 1,1 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2024 (cuando había sido del 6,4 por ciento). La tasa de empleo cayó al 45 por ciento, perdiendo 0,7 puntos en la comparación interanual. En términos absolutos, el desempleo afecta a aproximadamente 1,7 millones de personas en todo el país.
El dato más inquietante lo aportó un informe del Banco Provincia citado en distintos medios: 2025 fue el primer año en la historia económica reciente argentina en el que el PBI creció (4,4 por ciento) pero al mismo tiempo aumentó el desempleo. La explicación que dieron los economistas del banco es contundente: la actividad estuvo traccionada por sectores poco intensivos en mano de obra (energía, finanzas, agro exportador) mientras los rubros que históricamente generan empleo —construcción, industria, comercio— continuaron en retroceso. La caída del poder adquisitivo, además, obligó a más personas a salir a buscar empleo, presionando la oferta laboral.
El impacto fue particularmente severo entre los jóvenes. La tasa de desocupación entre las mujeres de 14 a 29 años creció 3 puntos porcentuales en el último año, y entre los varones del mismo grupo etario la suba fue de 3,7 puntos. Las mujeres jóvenes representan el 23,1 por ciento de la población desocupada total y los varones jóvenes el 27,9 por ciento.
Empresas que cierran y empleo que desaparece
El deterioro del mercado laboral tiene una contracara empresarial nítida. Entre noviembre de 2023 —víspera del cambio de gobierno— y noviembre de 2025, el sistema de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) registró 21.938 empleadores menos en todo el país (-4,3 por ciento) y la pérdida de 290.602 puestos de trabajo formales. El ritmo equivale a casi 30 empresas que cierran por día y unos 432 empleos formales destruidos por jornada desde que asumió Javier Milei. Solo en 2025, según los registros del Ministerio de Capital Humano, 153.800 trabajadores comenzaron a cobrar el seguro de desempleo, con un pico en diciembre, cuando 103.654 personas percibían esa prestación.
Los sectores más golpeados a nivel nacional fueron la construcción —arrastrada por el derrumbe de la obra pública—, la industria manufacturera y el comercio. La industria, en particular, perdió 39.000 puestos formales en 2025 y, sumando los dos años de gestión, más de 100.000 empleos. La informalidad laboral creció hasta el 44,2 por ciento de los ocupados en el cuarto trimestre, lo que implica que cerca de 6 millones de personas trabajan sin aportes jubilatorios ni cobertura social, 201 mil más que un año antes.
La caída del salario real es el otro dato del frente laboral. El salario mínimo, vital y móvil acumuló una pérdida del 38 por ciento de poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, llevándolo a niveles inferiores a los registrados en 2001, antes del colapso de la convertibilidad. Los salarios formales del sector privado acumulan una caída del 7,9 por ciento desde el inicio de la gestión, según el procesamiento del IIEP-UBA. Los salarios públicos perdieron entre el 14,4 y el 33,3 por ciento, según el nivel de gobierno. El dato cualitativo más elocuente: el 59 por ciento de las personas pobres en edad de trabajar tiene empleo. Trabajan, y aun así no llegan a cubrir la canasta básica.
Entre Ríos: dos aglomerados que el INDEC mide, una provincia entera que ignora
Lo que el INDEC mide en Entre Ríos cabe en dos puntos del mapa: el Gran Paraná —que incluye Paraná, Colonia Avellaneda, Oro Verde, San Benito y Sauce Montrull— y Concordia. Sobre esos dos aglomerados se construyen los datos provinciales de pobreza, indigencia y empleo. El resto del territorio, sencillamente, no aparece. Esa limitación —que es metodológica pero también política— condiciona todo lo que sigue.
Concordia volvió a quedar al frente del ranking nacional. Es la ciudad con mayor pobreza del país y, simultáneamente, la de mayor indigencia. Mientras la pobreza nacional bajaba 3,4 puntos en el semestre, Concordia se movió en sentido inverso: pasó del 49,2 por ciento en el primer semestre de 2025 al 49,9 por ciento en el segundo. La indigencia saltó del 12,3 al 13,6 por ciento. La distancia con el segundo aglomerado más pobre del país —Gran Resistencia, en Chaco, con 42,2 por ciento— supera los siete puntos.
Concordia – evolución de los principales indicadores
El cuadro laboral concordiense es elocuente: el desempleo subió de 3,4 a 5,6 por ciento en el último año, mientras el empleo cayó del 41,5 al 40,7 por ciento, ubicándose entre los más bajos del país. Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA), conducido por Roxana Maurizio y Luis Beccaria, mostró que en el primer trimestre de 2025 el 24 por ciento de los trabajadores concordienses vivía en hogares pobres. La proporción trepa al 42 por ciento entre los trabajadores informales y al 63 por ciento entre los jóvenes de 16 a 24 años. El problema, para los autores, no es solamente la falta de empleo: es la calidad del empleo disponible, dominado por la informalidad estacional de la actividad citrícola.
Gran Paraná: bajo el promedio, pero con deterioro silencioso
El Gran Paraná mostró una pobreza del 31,1 por ciento de las personas (21,7 por ciento de los hogares) y una indigencia del 8,8 por ciento (6,2 por ciento de los hogares). En cifras absolutas, son 89.902 personas pobres distribuidas en 22.194 hogares y 25.500 indigentes. Casi una de cada tres personas en la capital provincial vive bajo la línea de pobreza. El número está por debajo del promedio nacional, pero la indigencia creció respecto del semestre anterior.
En el frente laboral, el Gran Paraná mostró señales mixtas. La desocupación bajó del 5 al 4,1 por ciento en la comparación interanual del cuarto trimestre, y el empleo subió levemente del 43,7 al 44,4 por ciento. Pero los datos del primer trimestre de 2025 ya habían mostrado un deterioro significativo: el empleo había caído del 44 al 41,9 por ciento, una baja de 2,1 puntos en un solo año, mientras la subocupación trepaba al 15,5 por ciento de las personas. Es decir, en Paraná el problema central no es tanto el desempleo abierto como la insuficiencia de horas trabajadas y la calidad de los puestos disponibles.
La realidad puede comprobarse caminando el microcentro paranaense. El Centro Comercial e Industrial de Paraná documentó dos relevamientos en 2025: en total, 76 comercios cerraron o se mudaron en la zona céntrica de la ciudad. En marzo de ese año cerró el centro de distribución de La Serenísima, golpeando toda la cadena láctea local. La fábrica Longvie aplicó suspensiones que afectaron al 50 por ciento de sus 230 trabajadores. Hasta julio se contabilizaban seis hoteles cerrados sobre la costa del Paraná. Incluso el sector público acompañó el ajuste: en las oficinas paranaenses de ARCA (ex AFIP) hubo 25 retiros voluntarios.
El mapa laboral entrerriano: 870 empresas menos en dos años
Si la pobreza por ingresos solo se mide en Paraná y Concordia, el empleo registrado se puede rastrear en toda la provincia. Y allí los números son demoledores. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), publicado en febrero de 2026 con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, comparó la situación de Entre Ríos entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025.
Entre Ríos – Pérdida de empleo formal y empresas (Noviembre 2023 – Noviembre 2025)
El 98,2 por ciento de los puestos perdidos —6.301 empleos— se concentró en empleadores de hasta 500 trabajadores, es decir, en el universo PyME. Las grandes empresas casi no recortaron personal (-115 puestos, -0,1 por ciento) y hasta sumaron cuatro firmas. La caída fue casi exclusivamente de la pequeña y mediana empresa, la que sostiene la mayor parte del empleo en el interior provincial.
Otra medición complementaria proviene del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Según los registros del Ministerio de Capital Humano, los trabajadores asalariados privados registrados en Entre Ríos pasaron de 141.600 en noviembre de 2023 a 137.800 en noviembre de 2024 (-2,7 por ciento) y a 136.600 en septiembre de 2025 (-0,3 por ciento adicional). En tres años perdió aproximadamente 5.000 puestos formales en el sector privado registrado, sin contar la administración pública. Otros relevamientos elevan la caída combinada por encima de los 10.500 puestos hasta septiembre de 2025.
Los primeros seis meses de la gestión libertaria fueron especialmente duros. Un informe basado en datos de la SRT, citado por ANALISIS DIGITAL, mostró que en ese período cerraron en el interior del país 7.572 micropymes; Entre Ríos quedó en el cuarto lugar nacional con 538 empresas cerradas, detrás de Córdoba (1.718), Santa Fe (1.160) y Mendoza (583).
La crisis ciudad por ciudad
El listado de cierres y conflictos laborales recorre todo el mapa entrerriano. En Concepción del Uruguay, el caso más resonante es el de Granja Tres Arroyos —planta Becar—: la empresa anunció el cierre definitivo para diciembre de 2025, lo que afectaría a entre 270 y 300 operarios, en un contexto previo de 70 despidos y la amenaza de hasta 400 cesantías adicionales. A comienzos de noviembre, los trabajadores denunciaron que solo habían cobrado el 20 por ciento del salario correspondiente, en una crisis que el Sindicato de la Industria de la Alimentación intentó contener mediante gestiones para completar los depósitos.
En Gualeguaychú, la Metalúrgica Futura cerró sus puertas tras más de medio siglo de actividad: 22 familias quedaron sin sustento, con indemnizaciones ofrecidas al 50 por ciento. La empresa atribuyó el cierre a la imposibilidad de competir con las importaciones, especialmente desde China. Unilever avanzó con retiros voluntarios y anticipa nuevos despidos. La cadena mayorista Diarco cerró su sucursal local —y la de Concordia— en el marco de una reestructuración nacional que dejó más de 180 puntos de venta clausurados; en Entre Ríos se contabilizaron al menos 38 empleados despedidos sin previo aviso.
En Concordia, además del impacto laboral directo de los cierres comerciales, se acumularon clausuras de restaurantes emblemáticos con efectos sobre el turismo y el empleo gastronómico. En Gualeguay, Larroque, Villaguay, Federación, María Grande, Villa Elisa, Ubajay, Basavilbaso y Urdinarrain se registraron cierres de delegaciones estatales, conflictos prolongados en empresas locales y despidos vinculados a denuncias por condiciones laborales. El denominador común, según el relevamiento de APYME Entre Ríos, es la fragilidad creciente del entramado productivo de las localidades del interior, golpeado por la caída del consumo interno, la apertura importadora —que amenaza al 42 por ciento de las PyMEs industriales— y la paralización de la obra pública.
La economía provincial acompañó el deterioro. El Indicador Sintético de Actividad Económica de Entre Ríos (Isaeer) —elaborado conjuntamente por la Dirección General de Estadística y Censos, la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER y el Consejo Empresario de Entre Ríos— mostró una caída del 7,18 por ciento en 2024 respecto de 2023. La economía entrerriana se contrajo más que la economía nacional, en un proceso que el ex secretario de la Producción provincial, Álvaro Gabas, describió como “de profundización trimestral”.
La pobreza estructural del interior: el mapa que el INDEC no traza
Hasta aquí, los datos disponibles. El problema central de cualquier análisis serio sobre la pobreza y el trabajo en Entre Ríos es que el INDEC solo releva el Gran Paraná y Concordia. El resto de las ciudades —Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Santa Elena, La Paz, Feliciano, Rosario del Tala, Gualeguay, Victoria, San José de Feliciano, Federación, Federal, Villaguay, Diamante, Nogoyá, San Salvador, entre muchas otras— quedan fuera de la Encuesta Permanente de Hogares. Sus indicadores de pobreza por ingresos, de desempleo abierto, de subocupación y de informalidad no existen como serie estadística oficial.
La consecuencia es doble. Por un lado, cuando se discute la situación social y laboral de Entre Ríos, el debate público se construye sobre dos puntos del mapa que cubren a menos de la mitad de la población provincial. Por otro lado, las ciudades que no son medidas no aparecen en los rankings nacionales, no son objeto de comparaciones, no movilizan a la opinión pública y, sobre todo, no exigen políticas focalizadas. La estadística, así, opera como un mecanismo de invisibilización.
Lo que sí se sabe: la pobreza estructural por departamento
La única información oficial disponible sobre estas ciudades proviene del Censo Nacional —especialmente del relevamiento de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), del Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH) y de mediciones derivadas de pobreza estructural o crónica. Esos datos no se actualizan cada seis meses como la EPH, pero permiten reconstruir un panorama por departamento que el INDEC no ofrece para los aglomerados intermedios.
Cuatro departamentos del norte y centro-norte de la provincia presentan niveles de pobreza crónica clasificados como “Muy Altos”, con porcentajes superiores al 17 por ciento de su población:
Cuatro departamentos
El dato es decisivo para entender lo que ocurre en las ciudades del norte entrerriano. Santa Elena pertenece al departamento La Paz —con un 22,11 por ciento de pobreza crónica—; Feliciano y San José de Feliciano integran el departamento de mayor pobreza estructural de toda la provincia, con casi un cuarto de su población en esa condición. La Paz, ciudad cabecera, comparte ese mismo entorno departamental. Las características que se repiten en estos territorios son contundentes: entre el 5 y el 10 por ciento de los hogares con hacinamiento crítico, más del 30 por ciento de las viviendas deficitarias, hasta el 80 por ciento de las familias sin acceso a la red cloacal, hasta el 70 por ciento de los jefes de familia con estudios primarios completos o incompletos como máximo nivel educativo. En Feliciano, casi la mitad de la población no tiene cobertura de salud.
El Sur y el Este: otra realidad, también con grietas
El sur de la provincia muestra indicadores estructurales menos críticos. Gualeguaychú aparece como uno de los departamentos con menor pobreza crónica de Entre Ríos —7,88 por ciento—, lejos de los registros del norte. Concepción del Uruguay, en el departamento Uruguay, presenta una situación intermedia: un relevamiento de la Municipalidad correspondiente al primer trimestre de 2021 ubicó al 33,7 por ciento de la población urbana bajo la línea de pobreza y al 10,5 por ciento bajo la línea de indigencia. La cifra, aunque corresponde a un período de pandemia, permite suponer que la ciudad navega habitualmente en valores cercanos al promedio nacional, con tendencia a empeorar en momentos de crisis.
Pero en el plano laboral, las ciudades del sur y el este no escaparon al deterioro general. En Concepción del Uruguay, el conflicto de Granja Tres Arroyos —entre 270 y 400 trabajadores en riesgo— amenaza con tener un impacto social desproporcionado en un mercado laboral donde la industria avícola cumple un rol estratégico. En Gualeguaychú, los cierres de Metalúrgica Futura, los retiros de Unilever y el cierre de Diarco se sumaron a la pérdida sostenida de comercios. En Victoria, Gualeguay y Rosario del Tala faltan mediciones específicas, pero las cámaras empresariales locales y el propio sindicalismo regional documentaron cierres y suspensiones a lo largo de 2025.
El argumento técnico para que la EPH releve únicamente Gran Paraná y Concordia es que la metodología exige aglomerados de cierto tamaño y costos elevados de relevamiento. El argumento es comprensible, pero las consecuencias son políticas. Cuando la única foto disponible es la del Gran Paraná —la capital, sede del poder político y administrativo, con más empleo público y comercio— y la de Concordia, el debate público sobre Entre Ríos termina oscilando entre una mirada moderadamente optimista (Paraná está por debajo del promedio nacional) y otra catastrófica (Concordia es la ciudad más pobre del país). El centro y el norte profundo, los pueblos del río Paraná, las ciudades del este sobre el río Uruguay, el centro agrícola del departamento Tala, el sur isleño, ven cómo sus realidades se promedian o, directamente, se evaporan.
Los relevamientos provinciales que existen —los de la Dirección General de Estadística y Censos (DGEC) de Entre Ríos— se nutren mayoritariamente de la propia EPH, replican esa misma limitación territorial y no producen series alternativas para el resto de la provincia. La consecuencia es que ciudades como Santa Elena, donde el cierre del frigorífico en los años noventa dejó una herida social que nunca terminó de cerrar, o como San José de Feliciano, donde la vida productiva se reduce a un puñado de actividades primarias y empleo público, no tienen ningún número que las represente en la discusión federal sobre pobreza ni sobre desempleo.
Un 1° de mayo con menos trabajo, salarios más bajos y más informalidad
El 1° de mayo de 2026 encuentra al trabajador entrerriano y argentino frente a una paradoja inédita: una macroeconomía estabilizada —baja inflación, superávit fiscal, recomposición de reservas— que convive con un mercado laboral que no genera empleo formal, un salario mínimo en niveles inferiores a los de 2001 y una informalidad creciente que alcanza al 44,2 por ciento de los ocupados. La economía argentina creció en 2025, pero el empleo registrado cayó. La pobreza por ingresos bajó, pero no porque haya más empleo bueno: bajó por una mejora puntual de la captación estadística y por una desinflación que mejora —en el corto plazo— el poder de compra de los hogares más vulnerables.
En Entre Ríos, ese cuadro nacional se profundiza. La provincia perdió alrededor de 870 empresas con trabajadores registrados y 6.400 puestos formales en dos años, con la construcción aniquilada en un 39 por ciento, el transporte en un 26 por ciento y la industria manufacturera en retroceso sostenido. Las grandes empresas resistieron; las PyMEs —que sostienen el grueso del empleo en las localidades del interior— se llevaron casi el 100 por ciento de la pérdida. Concordia volvió a quedar al frente del ranking nacional de pobreza y vio crecer su desempleo. Paraná mostró señales mixtas, con menos desocupación abierta pero más subocupación y locales vacíos en el microcentro. Y en las ciudades intermedias del interior —Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Santa Elena, La Paz, Feliciano, Rosario del Tala, Gualeguay, Victoria— el impacto es real, palpable territorialmente, pero invisibilizado estadísticamente.
El dato más potente del informe del IIEP-UBA, sin embargo, no es ningún porcentaje. Es uno cualitativo: el 59 por ciento de las personas pobres en edad de trabajar en la Argentina hoy tiene empleo. No están desocupadas: trabajan. Trabajan en construcción, en comercio, en industria, en gastronomía, en agricultura, en cuidados, en plataformas. Y aun así no llegan a cubrir la canasta básica. El problema, en otras palabras, no es solo la falta de trabajo: es que el trabajo disponible alcanza cada vez para menos. La diferencia entre los pobres y los no pobres ya no la marca solamente la ocupación, sino la formalidad: en los trabajadores pobres la tasa de formalización es del 41 por ciento, mientras que en los no pobres llega al 82 por ciento.
Si algo deja en claro este 1° de mayo es que la discusión sobre la pobreza y el trabajo en Entre Ríos no puede seguir reduciéndose a un duelo entre dos aglomerados ni a la celebración de un titular semestral favorable. Hay una provincia entera fuera del foco estadístico, donde la pobreza estructural se enquista y el empleo formal retrocede al ritmo de los cierres de PyMEs. Y donde, como ocurre cuando se la deja de mirar, la situación social suele ser cada vez más profunda.
Fuentes consultadas
-INDEC, Informe Técnico “Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos”, segundo semestre de 2025 (publicado el 31 de marzo de 2026).
-INDEC, Encuesta Permanente de Hogares (EPH), Mercado de Trabajo, cuarto trimestre de 2025 (publicado el 18 de marzo de 2026).
-INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 – Provincia de Entre Ríos. Resultados definitivos.
-Dirección General de Estadística y Censos (DGEC) de Entre Ríos. Series sobre Condiciones de Vida, Mercado de Trabajo, NBI y Canastas Básicas.
-Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), Universidad Católica Argentina, informe “Estrés y bienestar en una Argentina en transición”, diciembre de 2025.
-Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA), Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL), informes sobre Concordia, Gran Paraná y mercado laboral nacional, 2025-2026 (Roxana Maurizio y Luis Beccaria).
-Centro de Economía Política Argentina (CEPA), informe sobre destrucción de empleo y empresas en Entre Ríos (febrero de 2026); Mapa Federal de Empresas en Crisis.
-Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra-CTA), Informe sobre la situación del mercado de trabajo N° 17, enero de 2026.
-Ministerio de Capital Humano – Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, “Situación y evolución del trabajo registrado” (SIPA), informes mensuales 2024-2025.
-Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), registros de empleadores y trabajadores formales por provincia, 2023-2025.
-Indicador Sintético de Actividad Económica de Entre Ríos (Isaeer) – DGEC, Facultad de Ciencias Económicas de la UNER y Consejo Empresario de Entre Ríos.
-ANÁLISIS DIGITAL, “El mapa del trabajo que se destruye: desocupación, despidos y cierres de empresas en Entre Ríos”, 15 de febrero de 2026.
-Centro Comercial e Industrial de Paraná, relevamientos del microcentro paranaense, 2025.
-APYME Entre Ríos, datos sobre cierres de pequeñas y medianas empresas en la provincia.
-Diario La Nación, Infobae, Chequeado y Ámbito Financiero, coberturas de los datos del INDEC y de la UCA correspondientes al segundo semestre de 2025 y al cuarto trimestre del mismo año.






