Los buenos negocios del Ministerio

Edición: 
1058
Allegados directos a Mauro Urribarri, involucrados en desvíos de dineros de un plan nacional

Daniel Enz

El silencioso ministro solamente se mueve con gestos. Son los que se pueden ver en las imágenes de las noticias oficiales, la vez que participa. Puede aparecer un gesto adusto y hombre serio o a lo sumo un gesto de “ok”. Ya no tiene más esa sonrisa como a los gritos que se le conociera en sus tiempos de casi líder entre la Barra fuerte de Patronato o con algunos referentes del urribarrismo, quienes hasta fines de 2015 le rendían una absurda pleitesía, por el sólo hecho de ser el hijo del entonces dos veces gobernador Sergio Urribarri, que se manifestaba a través de efusivos abrazos e interminables carcajadas.

En casi 15 meses de gestión no se le conocen definiciones. Tampoco nadie se lo exige. Como si fuera ese hijo chico malcriado, que llegó al hogar familiar varios años después del hermano anterior, al que todos deben cuidar y nadie debe reprender o advertir para que no se moleste ni llore. No hay reportajes en profundidad con nadie -pese a su lugar clave, de ministro político y de filtro de temas complejos para con el gobernador Gustavo Bordet- y se muestra lo justo y necesario. Como si estuviera encapsulado y bajo cuidado intensivo.

Mientras tanto, el joven Urribarri hace su negocio. O para decirlo mejor: sus amigos o allegados -algunos de ellos funcionarios de su estructura de Gobierno-, sorprenden con sus negocios privados y sus negociados públicos, con dinero del Estado, como así también con sus inversiones inmobiliarias. Quizás la justicia podría poner un poco la mira en ese aspecto, como para determinar si esos movimientos de “amigos y colaboradores” son iniciativas propias de cada uno de estos individuos o son consecuencia de roles de testaferros del ministro, en un circuito de retornos o coparticipaciones con dineros públicos, del que poco y nada se sabe.

Y lo más sorprendente es que esos allegados, ni siquiera toman en cuenta el detalle de que el ministro Urribarri está siendo investigado por la justicia, tanto en sede tribunalicia como así también en el fuero federal.

Salvo que ellos interpreten que el poder del joven funcionario les da suficiente cobertura para acordar operaciones públicas y privadas y que, además, cuentan con el aval del ex gobernador Urribarri y sus tentáculos.

No fue casual que el actual presidente de la Cámara de Diputados escribiera de puño y letra, en el libro que le redactaron recientemente, conocido como El pueblo manda, una dedicatoria muy particular para su hijo ministro, que sonó más a advertencia para adentro y para afuera del oficialismo, como así también para la justicia: “Nosotros somos uno”, le estampó. Y Mauro Urribarri se encargó de publicarlo de inmediato en las redes sociales, como un escudo protector al que no le entran balas.

(Más información en la edición número 1058 de la revista ANALISIS del jueves 11 de mayo de 2017)

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