Félix Crous: “Hay jueces que se parecen más a monarcas que a funcionarios democráticos”

Félix Crous es titular de la Oficina Anticorrupción.

Félix Crous es titular de la Oficina Anticorrupción.

Cuando el Presidente Alberto Fernández anunció a mediados de diciembre en una entrevista televisiva que el fiscal Félix Crous estaría al frente de la Oficina Anticorrupción, su nombre sorprendió a ambos lados de “la grieta”.

De un lado, porque no pertenece al entorno cercano de Alberto Fernández, ni es su amigo -como sí lo es, por ejemplo, el titular de la Oficina Anticorrupción durante el kirchnerismo, Julio Vitobello, hoy secretario general de la Presidencia-. Tampoco viene de alguna de las fuerzas políticas que integran el Frente de Todos. Su antecesora, Laura Alonso, antes de conducir la Oficina durante la gestión de Cambiemos, era diputada del PRO.

Del otro lado, porque Crous, pese a venir del ámbito judicial -un ámbito en el cual no suelen explicitarse públicamente las simpatías políticas- nunca ocultó su afinidad ideológica con el kirchnerismo y fue miembro fundador de Justicia Legítima. Y no solo lo reivindica, sino que considera “un reduccionismo” definirla como una agrupación kirchnerista. “Es empobrecer lo que es de por sí diverso”, sostiene sin perder el buen modo, en la única respuesta en que deja traslucir cierta molestia. Prefiere catalogar a sus integrantes como “lo que antes se diría liberales de izquierda, y ahora se llamaría progresistas”.

Con 53 años y una extensa carrera judicial -comenzó como fiscal en la Ciudad de Buenos Aires a principios de los 90-, hasta su designación al frente de la OA se desempeñaba en la Fiscalía de Lesa Humanidad. Había vuelto a la que había sido su área de trabajo anterior, tras haber sido desplazado de la Procuraduría contra la Violencia Institucional (Procuvin) durante el gobierno de Cambiemos por el procurador interino Eduardo Casal. Había sido designado en la Procuvin por su antecesora Alejandra Gils Carbó, con quien tenía una relación cercana.

Crous llegó a la entrevista en el estudio de TV de Infobae antes de la hora acordada, de buen humor y sin quejarse del calor porteño. No dejó de responder ninguna pregunta, con su estilo afable e incisivo a la vez. Sin pelos en la lengua, es muy crítico del sistema judicial argentino y de la “autonomía” y “privilegios” de los funcionarios judiciales, una “casta” que integra con un estilo que podría definirse como “rebelde”.

Cuestiona también el “abuso” de la prisión preventiva durante los últimos años, en los que “hubo un rasgo de persecución política” por parte de la Justicia que “ha ido demasiado lejos”. Sin dudarlo, afirma: “El sistema judicial no necesita una reforma, necesita un rescate para reintegrarlo al sistema democrático”.

 

-¿Por qué cree que lo convocó el Presidente para estar al frente de la OA?

-Eso hay que preguntarle al Presidente, no me atreví a preguntárselo. Me hubiera parecido muy vanidoso de mi parte. No lo sé, supongo que de algún modo habrá creído que mi perfil. Tengo muchos años de gestión en Ministerio Público y en el Poder Judicial. Me conoce por mi actuación pública y por algún contacto personal. Hemos tenido algunas coincidencias de miradas sobre asuntos de interés común, básicamente sobre el Poder Judicial. No habrá tenido otro mejor candidato.

 

-¿Desde cuándo lo conoce a Alberto Fernández?

-Coincidí con él, el año pasado o el ante año pasado, en un canal de televisión y nos quedamos charlando un rato largo. Es un hombre de un trato muy afable y tenemos algunos temas de interés común. Después volvimos a coincidir y quedamos en encontrarnos a almorzar y conversar de estos temas. Nos desencontramos. Tuvimos alguna comunicación por chat en ocasión de alguna intervención pública mía, y el otro encuentro fue el día que me ofreció el cargo.

 

-O sea no tienen una relación cultivada a lo largo del tiempo sino relativamente reciente…

-Sí, y esporádica. No somos amigos, ni mucho menos. Esa es toda la relación que preexiste.

 

-Usted tiene una larga trayectoria como fiscal, estuvo al frente de la Procuvin hasta la llegada de Mauricio Macri, y tuvo un papel importante en los juicios por violaciones a los derechos humanos durante el terrorismo de Estado ¿En qué cree que le suma a su nuevo cargo al frente de la OA su experiencia como fiscal vinculado más a temas de derechos humanos que de corrupción?

-Me lo he preguntado algunas veces. Aparentemente son campos que no tendrían un punto en común. Yo sí trabajé mucho en corrupción vinculados a la Ciudad de Buenos Aires, en mis primeros tiempos de fiscal. Yo soy fiscal desde el año 93. Fui fiscal muy joven y en los primeros años trabajé muy fuertemente en los temas de corrupción, matriz que de algún modo se repite en la obra pública, contrataciones, licitaciones. Eran los años en que esto comenzaba en la Argentina. Lo que me dio trabajar con los crímenes de lesa humanidad fue sumergirme en la hondura más profunda de la miseria humana. De algún modo, yo templé mi profesión al calor de esos temas. Efectivamente yo atravesé toda mi carrera prácticamente. Hace muchos años que trabajo de esto y volví después que me desplazara el doctor Casal de la Procuvin a trabajar estos temas en la ESMA. Y me parece que después de haber tocado esas profundidades del horror, hay otros horrores de menor intensidad que a uno no lo perturban.

 

-Cuando el Presidente anunció su nombre, desde distintos sectores hicieron públicas prevenciones sobre su posible parcialidad, quizás porque manifestó simpatía por el gobierno de Cristina Kirchner e, incluso, usted hizo público que apoyó al Frente de Todos hoy en el Gobierno ¿Qué responde a esas dudas o cuestionamientos?

-Bueno, están todos prevenidos. Yo hice expresiones públicas sobre mi modo de entender el mundo y la función pública que llevo adelante. Me parece que es muy bueno -y debería ser obligatorio que todos los funcionarios públicos, incluyendo los que tenemos una tradición de enmascarar nuestras ideas con el tapiz de la neutralidad, como los judiciales-, que hagamos públicas nuestras convicciones, porque esto hace a que todo el mundo pueda controlar nuestra tarea con mayor claridad.

 

-A la vez, el hecho de no haber ocultado su ideología en estos últimos años, algo que dice considera “sano”, ¿no puede afectar la percepción de la sociedad respecto de su imparcialidad? ¿O la imparcialidad de un organismo que debe prevenir posibles actos de corrupción de los funcionarios y conflictos de interés?

-La independencia del organismo tiene que ver con las condiciones institucionales del organismo, que tiene sus fortalezas y debilidades. Esto es de dominio y debate público. Es una oficina dedicada a la promoción de las políticas de transparencia del Poder ejecutivo. No es ni la SIGEN (Sindicatura General de la Nación), ni la AGN (Auditoría general de la nación) y tiene un área de Investigaciones. Ha habido muchos titulares de la Oficina, todos han tenido algún nivel de afinidad con cada uno de los Gobiernos. Afortunadamente, todas las gestiones han tenido mucho prestigio y han sido conducidas por personas de mucho prestigio. Y la independencia es la independencia de la lealtad en el trabajo. Insisto, creo que todas las personas que tienen responsabilidades públicas tienen ideología, tienen valores, un mundo que creen ver y que desean. Y el que dice que no lo tiene es peligrosísimo porque es un mentiroso, o es un imbécil.

 

-Hubo quienes que -como expertos en temas de corrupción- creen que sería mucho más positivo que Alberto Fernández hubiera designado a alguien que no tuviera ninguna simpatía con el gobierno. Incluso, hacer un cambio para proponer que el titular de la OA acceda por concurso a ese cargo. ¿Cómo lo ve?

-Es otro modelo de Oficina. Está en debate. Hay un proyecto de ley que tiene estado parlamentario, producto de consultas con muchas organizaciones dedicadas a este tema. Veremos qué pasa en el próximo período parlamentario. La Oficina Anticorrupción es claramente, en términos históricos, una instancia del Estado joven. No terminó de cobrar una fisonomía definitiva precisamente porque es hija de las convenciones contra la Corrupción y de la Ley de Ética Pública de la Argentina. Si todos los ministerios y la política de cualquier gobierno se ponen entre los objetivos de la gestión, en forma prioritaria, establecer políticas de transparencia eficaces y llevar adelante una gestión transparente, hasta nuestra Oficina podría no existir Yo aspiro a que nuestra gestión sea olvidada.

 

-Tendrá perfil bajo…

-Pero no por ponernos el perfil bajo, sino porque la gestión instale la transparencia como un modo de hacer las cosas. Y la contraparte de la gestión, que es el sector privado, también entienda que las desventajas de ser honesto, que los costos de no cartelizarse, por ejemplo, y salir a competir con mejores precios, las ventajas de ser honesto en términos del bienestar nacional y de la mejor gestión de la cosa pública que es común al Estado y los particulares - la res pública- nos beneficia a todos como Nación. ¿O ustedes creen que la corrupción es un defecto y no una elección?

 

-El presidente dictó el decreto 54/2019 sobre las atribuciones y rol del titular de la OA, en el que estableció que, si bien va a ser un organismo técnicamente independiente, va a estar bajo la órbita de Presidencia, aunque no puede recibir instrucciones del Presidente ni de ningún funcionario. Sin embargo, que lo designe y lo remueva el Presidente, ¿no le da debilidad al cargo?

-Sí, alguien lo tiene que designar y alguien lo tiene que remover. Entiendo esas prevenciones. A mí me respalda mi condición de funcionario judicial, que implica las mejores condiciones de empleo en cuanto a la independencia. Pero todas las condiciones de independencia están garantizadas para los magistrados actuales, y sin embargo, ¿cuál es el estado de lo que produce la Justicia? Hay que garantizar las condiciones para que todas las oficinas del Estado que tiene que involucrarse en los asuntos de transparencia y de control, sean lo más eficaces, pero con eso no alcanza. Yo creo que a veces se le pide a la Oficina Anticorrupción que -insisto, es una Oficina del Poder Ejecutivo para el diseño de las políticas de transparencia dentro del Poder Ejecutivo, y un área de investigaciones que somos querellantes, estamos en igualdad de condición procesal con otros querellantes-, funcione como la AGN, que es otra cosa distinta y está en manos de la oposición, con un sistema colegiado, que depende del Congreso de la Nación. Allí la oposición tiene una representación potente en el control público.

 

-A propósito que menciona esto de que la OA es querellante, ¿qué va a hacer en las causas que ya están en juicio, o van a ser elevadas este año o el que viene? ¿La OA va a mantener esas querellas o va a retirarlas?

-Las que están a juicio en este momento, que está sustanciándose la audiencia, vamos a mantener la intervención, vamos a ir detrás de la intervención profesional de los abogados que ya tienen trazada una estrategia, ellos tienen su responsabilidad profesional y han venido trabajando, salvo que aparezca alguna propuesta muy notoriamente antijurídica en la estrategia de la Oficina, cosa que no creo que va a suceder porque los abogados cuidan su propio prestigio personal cuando litigan. Seguiremos con el curso de las querellas. Las que están elevadas a juicio, las vamos a evaluar caso por caso. Para eso falta información en la Oficina, porque los equipos de abogados son muy buenos, son muy calificados, pero insuficientes. En algunos casos se han contratado abogados externos de un modo que no advierto los criterios de selección, a mi modo de ver el Estado no puede estar representado por abogados externos en juicios de esta envergadura. Voy a rescindir los contratos de los abogados salvo uno, que nuestra gente de planta de Jurídicos nos pide que continúe con el juicio ya que, dado el estado que tiene el juicio, sería perjudicial para nuestra intervención. Y cuando termine su actuación, le rescindiré también el contrato.

 

-O sea, en el caso de las que todavía no empezó el juicio, pero fueron elevadas, ¿van a evaluar caso por caso?

-Sí.

 

-Por ejemplos cuadernos…

-Sí.

 

-¿Y las que están en instrucción?

-Tenemos más tiempo todavía.

 

-La OA adquirió durante la anterior gestión con Laura Alonso un perfil muy alto, en parte también por esta intervención en las querellas, básicamente, contra ex funcionarios kirchneristas. ¿Está de acuerdo con ese perfil? ¿Qué perfil cree que debe adoptar la OA de ahora en más? ¿Debe seguir con esa línea o tener una orientación distinta?

- Bueno siempre hay una impronta personal, el estilo personal es inescindible en la gestión pública. No, yo creo que la Oficina debe tener un perfil neutral, en el sentido de la comunicación pública. Creo que nosotros no tenemos que tener ese nivel de exposición. Nuestra tarea es muy específica. Los funcionarios tenemos que cultivar algunos niveles de discreción en la comunicación para que el personaje no se anteponga a la función.

 

- El diputado Juan Manuel López, de la Coalición Cívica, pidió a la OA que le solicite al Presidente sus clientes de los últimos tres años, como fija la Ley de Ética Pública, para conocer por ejemplo los que sean contratistas del Estado, a los fines de poder evitar un posible conflicto de interés. Hasta ahora el Presidente no lo ha hecho. ¿Cómo lo ve? ¿Se lo va a pedir?

- Estamos trabajando con ese pedido, está tramitando. El planteo es muy interesante, es razonable y serio. Nos pronunciaremos en breve sobre ese asunto.

 

-Usted es muy activo en Twitter o lo fue hasta ahora. Opina sobre distintos temas y gustos personales. ¿Va a seguir posteando con esa regularidad en su nuevo rol?

-Yo hago un uso bastante lúdico de las redes, soy un consumidor intenso, más de lo que debería para mi salud mental. Cerré mi cuenta de Twitter tratando de dispersarme menos y la volví a abrir porque necesitaba mirar qué hacían los otros, sobre todo en otras actividades que llevé adelante, la tarea radial que requiere consultar lo que otros hacen. Voy a hacer un uso lúdico, pero más moderado.

 

-¿Va a continuar con su programa de radio “Lo peor ya pasó”, junto al periodista Martín Granovsky, por AM 530?

-No, pero la verdad es que había decidido suspenderlo. Había hablado con Martín días antes de que viniera la propuesta porque estaba muy exigido con los tiempos al ser un programa diario. Fue una hermosa experiencia con Martín, gran amigo y talentoso periodista. Ahora me viene bien porque tampoco me parece, al menos en el primer tiempo de la gestión, dispersar las energías de ese modo. Así que por ahora silencio de radio.

 

-Otra característica suya es el sentido del humor. Cuando el Presidente anunció su nombre, varios recordaron sus comienzos en un programa de Tinelli en la década del 90. ¿Cómo fue que llegó ahí?

-Por supuesto, lo recuerdo con mucho cariños además. Ustedes conocerán a Marcos Gorbán, un conocido de productor de televisión. Marcos, en aquellos años, era productor de Edición Plus, un programa de investigación muy exitoso para el que entrevistó a varias personas, entre ellas a mí, que era un fiscal muy joven por entonces, sobre temas judiciales. Un día lo encontré en la calle. Ese programa no salía más al aire, él estaba buscando trabajo y se iba a entrevistar con la producción de Videomatch, que en ese momento estaba empezando con lo de las cámaras ocultas, asunto que él conocía por el trabajo periodístico. Yo había estudiado teatro, siempre estuve cerca de estos temas vinculados con el arte, el teatro y la comunicación. Nos hicimos amigos y, en algunas de las grabaciones de verano cuando yo trabajaba y él estaba grabando muy cerca de mi oficina, lo fui a visitar y tenían que hacer un escribano, pero no tenían el vestuario en esa locación fuera del canal. Y no tenían a nadie más o menos disfrazado de escribano, que era lo que yo daba de acuerdo a mi disfraz judicial. Y así empecé mi brevísima carrera en el humor televisivo.

 

-Lo disfrutó…

-Mucho, sí. Conservo amigos de esa etapa. Y fue un interesante aprendizaje sobre el profesionalismo. Esa famosa frade -cruel- en la televisión de que las excusas no se televisan, si las proyectáramos a otras áreas de trabajo, incluso el judicial, quizás las cosas se manejarían mejor.

 

-Su nombre y su cara, más allá de aquellas apariciones televisivas, se hicieron más conocidos a partir de su concurrencia al programa 6-7-8 durante el kirchnerismo, cuestionado por mucha gente por atacar a los que fueran críticos del Gobierno. ¿Volvería a hacerlo?

-Sin dudas lo volvería a hacer. A mí me parece que era un programa que tenía una ideología clara, una posición política clara, que defendía las posiciones del gobierno en condiciones de altísima desventaja frente al resto de los medios.

 

-O sea que cree que, en su estilo, el programa estaba bien como tal, con su posicionamiento ideológico…

-Sin dudas. Si no, no hubiera ido.

 

-Usted es crítico de la Justicia actual. ¿Por qué?

-Desde hace mucho tiempo se ha degradado a niveles muy superiores a los problemas históricos que tiene el sistema judicial en el mundo, y especialmente en América Latina. Cuando yo ingresé a Tribunales, uno podía entender como problema sistémico del Poder Judicial la burocracia autoreferente, que además pensaba más en el bienestar de sus integrantes que en el producto que generaba. Igual que ahora, eso sigue igual. También pensaba que el sistema judicial era un poco indolente, conservador, y que tenía una enorme cantidad de privilegios respecto del resto de los trabajadores del Estado y de la sociedad también. Eso está intacto. Y se ha empeorado, porque era un sistema judicial que conservaba algunos rasgos de la democracia neoliberal y del respeto por las libertades individuales que hoy se han perdido. No se banalizaba la libertad o la detención de las personas. No era un sistema que tuviera un rasgo de persecución política como me parece que ha adquirido últimamente, y me parece que se ha ido demasiado lejos. El sistema judicial no necesita una reforma, necesita un rescate para reintegrarlo al sistema democrático.

 

-¿Cree que a través de una reforma como la planea hacer el Ejecutivo se puede lograr? ¿O va a haber un reacomodamiento de la Justicia en ese sentido?

-Ojalá se haga una reforma que sea eficaz. Pero me parece que es mucho más profundo que eso. El nivel de autonomía -no de independencia- que la Justicia está adquiriendo respecto de todo el funcionamiento de las instituciones y de la política nacional. El sistema judicial ha llegado a ser refractario del cumplimiento de las leyes. Ha decidido qué leyes de las que se dictan para el común de los argentinos se respetan, o no se respetan. Voy a contar una anécdota muy pertinente respecto de mis nuevas tareas. Estamos ahora armando una estrategia de cumplimiento de una sentencia judicial sobre la publicación de la parte reservada de las declaraciones juradas de bienes de los funcionarios. Los jueces declaran inconstitucional un artículo de la reforma de la Ley de Ética Pública y obligan a la Oficina y al resto de los órganos legislativos y ejecutivos a reformar las leyes y los decretos para que todo sea visible. Eso lo dictan dos jueces que esconden las declaraciones juradas bajo las mismas reglas que declaran inconstitucional. Hay ahí una relación frente a la ley y al alcance de la igualdad de las personas frente a la ley, que se parece más a la de los monarcas, que a los funcionarios de un sistema democrático moderno. Ese es un problema serio que tiene el sistema judicial.

 

-¿Usted es miembro fundador de Justicia Legítima? Una agrupación que simpatiza con el kirchnerismo y es crítica con un sector del Poder Judicial...

-Sí, así es.

 

-¿Sigue siéndolo?

-Sí, claro. Pero es un poquito más que una agrupación con simpatía por el kirchnerismo. Nuestros miembros más conspicuos son connotadas personas que tienen afiliaciones históricas al radicalismo, hay liberales, hay peronistas. Me parece que es un reduccionismo. Yo comprendo, porque también hay personas que tenemos simpatías o tienen una clara adscripción al kirchnerismo. Por supuesto que todos somos lo que antes se diría liberales de izquierda, y ahora se llamaría progresistas, aunque también haciendo un reduccionismo. Pero decir que es sólo una agrupación kirchnerista, bueno, es empobrecer lo que es de por sí diverso.

 

-Cuando termine su gestión al frente de la OA, va volver luego al Poder Judicial porque pidió licencia. ¿Cómo le gustaría ser recordado en su primer paso por el Ejecutivo?

-Me gustaría ser recordado como alguien que cumplió con su mejor esfuerzo y sus mejores recursos, las misiones en un gobierno que mejoró los estándares de transparencia en la gestión moderna de la República Argentina. La verdad es que ningún aporte de una buena gestión en la Oficina Anticorrupción sería exitosa si las políticas públicas no son de gestión transparente y decente. No hay Oficina que alcance si hay gobiernos y privados que no están dispuestos a mejorar esto.

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