Foto original: Santiago Filipuzzi. Publicada en diario La Nación el 10 de marzo, en la nota titulada "La convocatoria a audiencia pública fija dos jornadas de debate, que se llevarán a cabo el 25 y 26 de marzo".
Jorge Oscar Daneri
Hace un tiempo expusimos en una nota, en este mismo medio, sobre la región de los grandes ríos, denominada “Recuerdos futuros, reforma universitaria y los incendiarios” (*) Y así volvemos sobre textos que dicen, denuncian y esperan, siempre esperanzados.
Y desde esos recuerdos futuros, frente a los calificativos irrepetibles de la máxima autoridad ejecutiva nacional, realizados en el centro de la República, donde la reforma universitaria dio a luz la luminosa educación pública de excelencia para Sudamérica toda, no se puede dejar de recordar, agradecer y celebrar algunos seres humanos, maestros de la democracia, la educación pública y el respeto a la diversidad cultural, ecológica e incluso económica.
Beatriz Bosch, Alicia Moreau de Justo, Celia Ortiz de Montoya, Marta Maffei, Carlos Galano, Jorge Mosset Iturraspe, Julio De Zan, y los seres que esculpen el pensamiento ambiental Latinoamericano, desde la generosidad de Enrique Leff y Leonardo Boff.
Y de maestros así, traer a la mesa de la concertación social - o de la tercera y quizás ahora tan vitalmente necesaria construcción del cuarto Movimiento Histórico Nacional- el “Manifiesto por la Vida por una ética para la sustentabilidad” (**). Este documento es una obra de arte que cada día que el milagro de la vida nos regala, deberíamos tener en la mesa cercana y por lo menos abrazar desde su lectura contemplativa, uno de sus cincuenta y tres puntos.
Un ejemplo, punto: “50. La vida de una especie, de la humanidad y de las culturas no concluye en una generación. La vida individual es transitoria, pero la aventura del sistema vivo y de las identidades colectivas trasciende en el tiempo. El valor fundamental de todo ser vivo es la perpetuación de la vida. El mayor valor de la cultura es su apertura hacia la diversidad cultural. La construcción de la sustentabilidad está suspendida en el tiempo, en una ética transgeneracional. El futuro sustentable sólo será posible en un mundo en el que la naturaleza y la cultura continúen co-evolucionando”.
Las buenas palabras como la educación buena, desde las preguntas, conmueve “¿Qué es ese algo que hacemos cuando nos expresamos con aquellos códigos modernos inscritos en un lenguaje violento, militarista y negador de la vivacidad de los seres de la tierra? ¿Hasta dónde llegará la función perlocutiva de los lenguajes antropocéntricos de nuestra modernidad extraviada?” (***).
Las respuestas a estas preguntas -aterrizando en la belleza de los miles y miles de seres inscriptos para participar de la audiencia pública a celebrarse en la Cámara de Diputados de la Nación para exponer sobre el proyecto de reforma a la ley de protección de los Glaciares- serán mágicas, amorosas, luminosas, fundadas, respetuosas, de buena madera, como la madre tierra, salvo que, de nuevo, la palabra convocante, deje de ser, de sentir, de escuchar, se rinda frente al poder del miedo, del grito, del agravio o del mercado, de aquellos pocos.
(*) Recuerdos futuros, la reforma universitaria y los incendiarios
(**) https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/598370/13-Manifiesto_por_la_vida.pdf






