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Preocupa el verdín y las playas clausuradas en el río Uruguay porque es la prueba de un río abandonado

Cianobacterias en Santa Ana: desinversión, efluentes sin control y una política que eligió mirar para otro lado mientras el río Uruguay se degrada y la salud pública está en riesgo.

Las manchas verdes que hoy cubren amplias zonas del lago Salto Grande, frente a Santa Ana, son la evidencia cruda de un río enfermo, alimentado durante décadas por décadas de decisiones políticas equivocadas, desinversión estructural y una cadena de responsabilidades que nadie quiere asumir.

El llamado verdín —floraciones de algas y cianobacterias— no aparece por azar. No es “el clima”, no es “el calor”, no es “algo que pasa en todos lados”. Es el resultado directo de un exceso de nutrientes en el agua, especialmente fósforo y nitrógeno, que llegan al río desde efluentes cloacales mal tratados, descargas industriales, escorrentías agrícolas y sistemas de saneamiento obsoletos o inexistentes.

Las algas no mienten. Se multiplican cuando el agua se convierte en caldo.

El río recibe lo que la política no quiso ver

Durante años, el discurso oficial prefirió hablar de “eventos naturales” antes que de efluentes reales. Pero el río Uruguay y el lago Salto Grande vienen recibiendo, de manera constante, descargas que superan su capacidad de asimilación, consignó el portal FM del Este Chajarí (FM del Este 100.5).

Resulta especialmente preocupante que, mientras el río muestra signos evidentes de colapso, la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU)) haya optado por flexibilizar y aumentar las cargas permitidas de agroquímicos en el Digesto del río Uruguay. En lugar de endurecer controles y reducir la presión química sobre un ecosistema ya degradado, se eligió ampliar los márgenes de contaminación “legal”, convirtiendo al río en una variable de ajuste del modelo productivo. Esta decisión no protege al ambiente ni a la gente: protege intereses, y profundiza un camino que compromete la calidad del agua, la salud pública y el derecho de las futuras generaciones a un río vivo.

La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, presentada desde hace años como garante de la gestión ambiental binacional, se ha convertido en parte del problema y no de la solución, destacó el portal FM del Este Chajarí (FM del Este 100.5).

Bajo planes, informes y programas avalados por organismos internacionales —con la ONU nuevamente como protagonista discursivo— se construyó un relato de “sustentabilidad” que convive sin pudor con un río cada vez más degradado. Abundan los diagnósticos, los sellos y las declaraciones de buenas intenciones, pero faltan decisiones estructurales, inversiones duras y límites reales al daño ambiental. Cuando la burocracia internacional legitima la inacción local, el resultado no es equilibrio ambiental: es verdín, contaminación y un ecosistema sacrificado en nombre de una gobernanza que nunca llega al agua.

En ese contexto, no puede excluirse la incidencia del área industrial de Chajarí, ni de otros polos urbanos que vuelcan sus residuos líquidos a un sistema hídrico que ya no da más. No se trata de acusaciones livianas, sino de una pregunta política legítima:

- ¿Qué controles existen?,

- ¿Qué tratamientos se aplican?,

- ¿Qué inversiones se hicieron en los últimos 20 o 30 años para evitar esto?

La respuesta, a la vista del verdín, parece clara: no las suficientes.

En honor a la verdad, el actual gobernador de la provincia, Rogelio Frigerio, ha realizado gestiones internacionales para financiamiento de plantas de tratamiento de efluentes, pero en retrospectiva, existe un abandono político de décadas, donde el dinero fluía hacia los bolsillos en lugar de obras.

Playas cerradas, salud en riesgo y silencio estructural

Cada vez que aparecen estas floraciones, el protocolo es siempre el mismo: se colocan banderas sanitarias, se cierran playas, se recomienda no bañarse… o ¡no se hace nada! Es una medida defensiva, tardía y limitada. Cierra el acceso al agua, pero no cierra la canilla de la contaminación, resaltó el portal FM del Este Chajarí (FM del Este 100.5).

Las cianobacterias pueden generar toxinas que provocan:

-Irritaciones en piel y ojos,

-Vómitos, diarreas y cuadros respiratorios,

-Riesgos hepáticos y neurológicos en exposiciones prolongadas.

El problema no es solo ambiental: es sanitario, social y económico. El turismo se resiente, las familias pierden espacios de recreación, y la población queda expuesta a un riesgo que nadie eligió.

Cuarenta años de degradación no se explican con un verano

El estado actual del río no nació ayer. Es el resultado de al menos cuatro décadas de degradación progresiva, donde el crecimiento urbano, industrial y productivo no fue acompañado por inversiones serias en saneamiento y control ambiental.

Se priorizaron obras visibles, avasallamiento de humedales, contratos menores, parches administrativos y discursos tranquilizadores. Mientras tanto, el río fue absorbiendo todo: lo que se tira, lo que se filtra, lo que se escurre y lo que se oculta.

Pensar que esto se resuelve con comunicados de prensa es subestimar a la gente, consignó el portal FM del Este Chajarí (FM del Este 100.5).

El río como organismo vivo, no como cloaca silenciosa

Un río no es un tubo de desagüe. Es un organismo vivo, con límites, tiempos y memoria. Cuando se lo sobrecarga, responde. Y hoy responde con verdín, con olor, con toxicidad, con advertencias cada vez más frecuentes.

Ignorar esto es como un padre que nunca se ocupa de la salud de su hijo y después se sorprende cuando aparece la enfermedad. No hay futuro posible si no se cuida lo que sostiene la vida.

Política chica o decisiones grandes: el dilema real

El verdín desnuda una verdad incómoda: la política ha preferido demasiadas veces administrar contratos antes que resolver problemas estructurales.

Sanear el río implica:

-Inversión real en tratamiento de efluentes.

-Controles estrictos y públicos.

-Planificación regional.

-Decisiones que no siempre dan rédito electoral inmediato, pero sí futuro.

Eso es hacer política en serio.

Actuar ahora o heredar el desastre

El verdín no es solo una mancha verde: es un mensaje.

Dice que el sistema está al límite.

Dice que el tiempo se acorta.

Dice que lo que no se haga hoy lo pagarán nuestros hijos mañana.

Cuidar el río no es una consigna ambientalista: es defender la salud, el trabajo, el agua y la dignidad de una región. Y ya no alcanza con mirar para otro lado.

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