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En marzo saldrá el libro "Las torturas del convento", de Daniel Enz

"Las torturas del convento", el vigésimo libro de Daniel Enz.

A mediados de marzo saldrá Las torturas del convento, el nuevo libro del periodista Daniel Enz. Es una investigación de 300 páginas, a través de 18 capítulos, que reconstruye uno de los casos judiciales más perturbadores de la historia reciente de la Iglesia Católica en Argentina: los tormentos sistemáticos sufridos durante años por mujeres consagradas detrás de los muros del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Nogoyá, bajo el gobierno de la madre superiora Luisa Esther Toledo.

El libro número 20 de Daniel Enz narra con precisión documental los padecimientos de Silvia Albarenque y Roxana Peña, dos mujeres cuyas vidas fueron arrasadas por un régimen de terror disfrazado de espiritualidad. Roxana ingresó siendo una muchacha durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Pasó treinta años encerrada. Desde que Toledo asumió como priora en diciembre de 2006, la austeridad carmelita mutó en algo diferente. Algo que olía a sadismo.

Le ordenaban trabajar la huerta con las manos desnudas hasta que las uñas se le partían y sangraban. La obligaban a lamer el piso con la lengua trazando la señal de la cruz. Le imponían horas de rodillas en plena madrugada bajo el frío, o en siesta de verano bajo el techo de chapas ardiente, hasta perder la sensibilidad en las piernas. La vistieron con el cilicio —un anillo de alambre de fardal con las puntas hacia adentro ajustado sobre la rodilla— durante años, dejándole marcas en la piel que nunca desaparecerían. Le pusieron una mordaza, con un tubo de Redoxón perforado, envuelto en papel y sujeto con elástico detrás de la cabeza, que debió llevar durante una semana entera sin poder hablar ni comer normalmente. Las más díscolas eran encerradas en sus celdas a oscuras, a pan y agua, durante tres días. La priora llegó incluso a leerles en voz alta las constituciones primitivas del siglo XVI que ordenaban arrojar a las religiosas al suelo, caminarles encima y golpearlas con varillas. "Habrá que empezar a aplicar estas cosas", les advertía.

Silvia Albarenque tardó tres años, después de abandonar el convento, en poder hablar. Cuando finalmente lo hizo, en una estación de servicio de María Grande en agosto de 2016, fue durante dos horas. Sus hermanos lloraban mientras la escuchaban. Pocas horas después de publicada la investigación en la revista ANALISIS, la justicia entrerriana allanó el convento y secuestró los instrumentos de tortura que Silvia había descripto con precisión quirúrgica.

"Las torturas del convento", el nuevo libro de Daniel Enz, llegará en marzo a librerías y kioscos. 

El silencio cómplice del Arzobispado

Lo que hace al caso todavía más estremecedor es lo que sucedía mientras Toledo construía su reino del terror: las autoridades eclesiásticas lo sabían, o debían saberlo. El libro documenta que el arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, había recibido denuncias previas sobre lo que ocurría en Nogoyá. Roxana intentó en reiteradas oportunidades hacerle llegar cartas explicando su situación, pero Toledo se lo impedía sistemáticamente. "Eso está muy mal escrito; no se puede presentarle esa carta al arzobispo, porque sería una vergüenza", le decía. Situaciones similares plantearon Silvia y sus familiares directos. Pero nadie los escuchó. El Arzobispado no solo guardó silencio: cuando Enz publicó la investigación, instruyó a sus sacerdotes para que cuestionaran con dureza en las homilías a los periodistas de este medio y el propio Puíggari hizo duras críticas a la tarea profesional de esta revista y en particular a Enz, que años antes había revelado los abusos en el seminario de Paraná del cura Justo José Ilarraz, condenado a prisión perpetua por la justicia entrerriana. Fue hasta que la Corte Suprema de Justicia dijo que el caso Ilarraz había prescripto.

Un precedente histórico

El 5 de julio de 2019, el Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguay condenó a Luisa Esther Toledo a tres años de prisión efectiva, después de la acusación del fiscal Gamal Taleb. Fue la primera vez en Argentina que una autoridad religiosa era juzgada y condenada por delitos cometidos dentro de un convento de clausura en ejercicio de sus funciones. "No se trata de enjuiciar a la Iglesia Católica ni enfrentar la fe con la razón, sino de juzgar criminalmente a quien aparece de modo indubitable como única y exclusiva responsable", sentenció el tribunal.

Las torturas del convento es el libro que Daniel Enz, con 19 obras publicadas y décadas de periodismo de investigación, señala como el que más huella le dejó. "No se trataba solo de dinero o poder político. Se trataba de algo más primario, más visceral: la anulación de la voluntad humana, la destrucción metódica de la identidad, el uso de Dios como excusa para el sadismo".

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