Entre el desarraigo y la esperanza, el documental de “Memoria Frágil” recorre la historia de los gauchos judíos en Entre Ríos: una epopeya de inmigración, trabajo colectivo y encuentro cultural que, al abrigo de la tierra y la solidaridad, forjó una identidad única en la provincia y en el país.
En la llanura ondulada de Entre Ríos, donde el viento parece aprender idiomas y la tierra guarda memorias ajenas, la historia de los llamados “gauchos judíos” emerge como una de las más hondas experiencias de integración cultural en la Argentina. El documental que presenta el programa “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral) no se limita a narrar un proceso migratorio: despliega, con pulso sensible y rigor histórico, una épica silenciosa hecha de desarraigo, fe y reconstrucción colectiva.
A fines del siglo XIX, miles de familias judías escaparon de la violencia del Imperio Ruso y encontraron en estas tierras una promesa incierta. Llegaron con pocas pertenencias, pero con una herencia invisible: la cultura del trabajo comunitario y una fe inquebrantable en la vida compartida. En ese paisaje agreste -de cuchillas, montes y soledades- debieron reinventarse. Comerciantes y artesanos se volvieron agricultores; lectores de ciudades se hicieron hombres de campo. Y en ese tránsito, no exento de dolor, germinó una nueva identidad.
La clave de ese proceso no fue la adaptación individual, sino el entramado solidario. El cooperativismo, traído como semilla desde Europa, encontró en Entre Ríos un suelo fértil. Allí, donde “nadie se salva solo”, las colonias se organizaron como verdaderas comunidades de destino: compartieron herramientas, saberes y esperanzas. La tierra dejó de ser una promesa abstracta para convertirse en sustento concreto, trabajado con las manos y defendido con el espíritu.
En ese cruce de mundos, la figura del gaucho -lejos del estereotipo- se volvió puente. Fue el criollo quien enseñó a domar caballos, a leer los arroyos, a sobrevivir en la intemperie. Y fue en ese encuentro donde nació una síntesis cultural única, inmortalizada por Alberto Gerchunoff en su obra “Los gauchos judíos”. Allí, el autor no solo narró una experiencia, sino que fundó una identidad: la del inmigrante que, sin dejar de ser quien es, aprende a ser él mismo con los otros.
El documental recupera también las voces que sostienen esa memoria: historiadores, descendientes y escritores que trazan un mapa afectivo de las colonias. Desde Villa Domínguez hasta Sajaroff, desde las sinagogas que resisten el paso del tiempo hasta los antiguos galpones de inmigrantes, cada espacio es un archivo vivo. No se trata solo de recordar, sino de comprender cómo esas comunidades transformaron el paisaje y, a la vez, fueron transformadas por él.
Hay, en esta historia, una enseñanza que excede lo local: la identidad no es una raíz fija, sino un tejido en constante construcción. Como sugiere la propia experiencia de estos colonos, la “tierra prometida” no es un destino geográfico, sino una obra colectiva. Entre surcos de trigo y palabras en ídish, entre mates compartidos y plegarias antiguas, los gauchos judíos escribieron -y siguen escribiendo- una de las páginas más luminosas de la convivencia argentina.
Los gauchos judíos y la construcción de un hogar en Entre Ríos
La historia de la colonización judía en Entre Ríos es, sobre todo, una historia profundamente humana. Habla del dolor de dejar atrás la propia tierra, pero también de esa esperanza persistente de empezar de nuevo y echar raíces en otro lugar. Es difícil pensar este proceso sin reconocerlo como una de las experiencias más valiosas que vivió la Argentina, y especialmente Entre Ríos: un momento en el que la solidaridad, el trabajo en conjunto y el encuentro entre distintas culturas se hicieron realidad.
Nahuel Oviedo, licenciado en Historia
“El judío que llega o las comunidades judías que llegan a nuestro suelo, tienen una característica… Voy a citar a la investigadora Patricia Flier, porque fue una comunidad que vagó por diferentes puntos en Europa, principalmente, toda la zona de Europa del Este, gran parte, Rusia, Ucrania. Y vagaron por diferentes puntos de Europa, como decía anteriormente, hasta que pudo llegar de una vez por todas esta empresa del Barón Hirsch para después llegar a nuestro país. Pero, la realidad es que esta comunidad vagó mucho por Europa. Además, de correr de esa Rusia zarista, de los ´pogromos´, todo lo que se venía sufriendo, ese pueblo o esas comunidades a través de esa rusa zarista… a su vez también, a medida que se le iban proponiendo diferentes proyectos para ir a poblar otros puntos del mundo, llega como un alivio esta idea, esta propuesta del Barón Hirsch con su empresa de colonización. Van a aproximadamente 1890-1892, es que se van a ir firmando o haciendo los contratos para llegar hasta Argentina. Y es la fecha en la que van a llegar los primeros barcos al puerto de Buenos Aires. Hasta ahí es un poco lo general, digamos, cómo fue el camino de ellos. Y llegaban a una Argentina que, obviamente, tenía una política, estábamos ya adentrándonos en el afloro de lo que fue el Estado liberal argentino, el Estado moderno, donde las principales instituciones que hoy en día nosotros conocemos se estaban asentando y venían con esta idea de Alberdi, de que gobernar es poblar”.
Osvaldo Quiroga, fundador del Museo Regional
“Bueno, este lugar tan emblemático para las colonias judías de Entre Ríos, principalmente para los descendientes, lo ha sido también para Alberto Gerchunoff. Alberto Gerchunoff, después de la tragedia que padeció la familia en la provincia de Santa Fe, precisamente en Moisés Ville, él lo relata… relata su llegada a esta estación… a la estación Gobernador Domínguez, en su autobiografía, expresando: ´Abandonamos el dolor y la tragedia, y nos trasladamos a la provincia de Entre Ríos. A la estación Domínguez, en donde bajo un cielo protector y suave se borraron mis orígenes y me hizo completamente argentino´”.
Ricardo Moreyra, profesor de Historia
“Sin duda que, si nosotros cerramos los ojos y nos imaginamos el desembarco de este grupo de inmigrantes, llegando al puerto, al Hotel de los Inmigrantes… o sino también ya llegando aquí en nuestra provincia a la estación Basavilbaso o a la estación Domínguez, los vemos bajando con sus cosas, sus valijas, donde traían muy pocas cosas… pero, era toda su vida, toda su existencia, los rollos de la Torá… Y llegando con todas las ilusiones, con todos los sueños, sobre todo, con el sueño de poseer la tierra, De dejar de ser parias por su historia anterior, digamos, de Rusia, de donde ellos venían… su sueño de poder trabajar a tierra, pero su propia tierra. Es decir, que era una inmigración muy particular, como anteriormente el profesor Nahuel (Oviedo) nos estuvo hablando de lo que fue la inmigración en la Argentina. Esta inmigración judía, los gauchos judíos es una inmigración muy particular. Sobre todo, teniendo en cuenta el ambiente. De lo que era Entre Ríos de ese momento, las cuchillas, la selva, los ríos. Un lugar inhóspito, salvaje, agreste. Y, por ahí a ellos los dejaban con una herramienta, con unas pocas herramientas y unos granos, y en un lugar descampado, donde no había nada. Es decir, ellos tenían que hacerse una carpa, digamos, un toldo, armar algo para poder dormir, para poder vivir en una soledad impresionante. Y ellos, en realidad no estaban acostumbrados a ese tipo de vida, porque ellos venían de Europa del Este, venían de lugares donde ellos comerciaban. Con un oficio nuevo que tenían que aprender. Todo lo tenían que aprender. Ellos eran comerciantes, eran artesanos y estaban acostumbrados, digamos, a una vida pública muy intensa… y bueno, ha sido un cambio tremendo en sus vidas”.
Miguel Ángel Federik, escritor
“Mi madre fue maestra en la colonia judía de Villa Clara. Me llevaba en un viejo tren que salía a la madrugada de Villaguay. Y en ese mismo tren volvíamos al atardecer. Pero, mi madre me llevaba ya embarazada de mí… y en los primeros años me dejaba al cuidado de una bobe (abuela) judía, que estaba y vivía a una cuadra y media de la escuela donde mi madre se desempeñaba. O sea, que mi relación con la colonia judía y con la colonización judía proviene desde antes de nacer, diríamos. Todo lo cual hizo que durante muchos años mi familia tuviese una relación con ellos. Mi madre fue maestra de los Kraiselburd, por ejemplo, que es uno de los apellidos notables de Clara, el fundador del diario El Día de La Plata proviene de ahí. Mi madre fue maestra de los hijos de él, etcétera… mi familia siempre tuvo una relación con las colonias, fundamentalmente, con Clara. Y, por esto que digo de mi madre. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que en mi casa había libros, independientemente, de los que traía mi madre de Concepción del Uruguay… había sido vecina de Delio Panizza, por lo cual era amiga de la hija Nenúfar, había sido amiga de Ana Teresa Pavani, todo esto por una cuestión de edad y de colegio en Concepción del Uruguay. Es decir, mi madre, digamos, tenía una relación social vital y, obviamente, cultural con estas personas. Mi padre, que estudió en La Plata, fue alumno en la Universidad de La Plata, del Kraiselburd, cuyos hijos mi madre había sido maestra. Siempre tuvimos esa relación. Así que mis primeros contactos con Gerchunoff venían de oídas, obviamente, venían de oídas de ambas colonias, hasta que, digamos, ya en la adolescencia pude leer una de las revisiones de ´Los gauchos judíos´ … ´Los gauchos judíos´ es una obra de 1910, Gerchunoff la escribe cuando tenía 27 años… ¡27 años! y muchos menos años de contacto con el castellano, lo cual es una cosa fantástica, porque algunos críticos han señalado en él, un castellano cervantino, cosa que, digamos, independientemente de que sea estilísticamente cierta, es históricamente cierta. Porque los cervantinos… en la época de Cervantes estaban los Ladinos. La obra de Cervantes recupera muchas cosas de la tradición judía de los Ladinos, y en la aldea donde estaban los Gerchunoff en Europa se hablaba Ladino”.
A fines del siglo XIX, miles de familias judías, en su mayoría del Imperio Ruso, escapaban de la persecución, los pogromos y la violencia política. Dejaban atrás sus casas, sus recuerdos, incluso a sus seres queridos. Partían con muy poco, pero con una idea clara: sobrevivir y construir una vida mejor. En ese contexto, la Argentina, que buscaba poblar su territorio, abrió sus puertas. Y fue clave el trabajo de la Jewish Colonization Association, que organizó la llegada y el asentamiento de estos inmigrantes en Entre Ríos.
Nahuel Oviedo
“Esta idea de Alberdi, de gobernar es poblar, que venía con la Generación del ´80, Entre Ríos, para que nosotros nos ubiquemos, a partir de 1870, cuando la Nación ya se impone sobre los últimos levantamientos de López Jordán, los movimientos jordanistas… y ahí Entre Ríos entra de lleno al proyecto del Partido Autónomo Nacional (PAN), y entra de lleno al modelo agroexportador de la Argentina. Entonces, ¿qué pasaba con Entre Ríos? Iba a transformar -a través de diferentes reformas políticas-, a través de la gobernación de (Eduardo) Racedo, con una reforma constitucional que moderniza las instituciones, que crean distintas instituciones muy importantes para nuestra provincia. Y, después, bajo las gobernaciones de (Manuel) Crespo, (Sabá Zacarías) Hernández, y (Clemente) Basavilbaso, también se iban ayudando estas políticas que iban a responder a la ley… a la Ley de Inmigración, a la Ley de Poblamiento, que venía bajo la respuesta de ´gobernar es poblar´. Hay una realidad, Entre Ríos, hoy nosotros estamos en Villaguay hablando acá, esa selva de Montiel era toda una selva aún sin trabajar. Era toda tierra agreste, dura para ingresar. Y, entonces, a partir de ese proyecto llegan a Entre Ríos, hay una ley que lo establece, que lo favorece, y el proyecto llega a manos de la Jewish Colonization Association. Y a partir de ahí se inicia lentamente el proceso de las colonias agrícolas en nuestro territorio”.
Ricardo Moreyra
“Bueno, sin duda que este contexto de llegar a este lugar inhóspito, en el Centro de Entre Ríos, generó básicamente la soledad, también el extrañar, el extrañar su patria, extrañar su familia, sus ambientes. Y aquí lo que encontró fue la solidaridad del gaucho, que es muy importante destacarlo, porque con el gaucho los judíos aprendieron a andar a caballo, a manejar el lazo. Tuvieron que mimetizarse para poder sobrevivir. Tuvieron que cambiar sus hábitos de vida, tuvieron que cambiar su misma ropa. Dejaban las ropas pesadas y oscuras que ellos usaban tradicionalmente y tenían que vestir la bombacha de campo, la alpargata, el sombrero, porque el clima aquí no era el mismo de Rusia, por supuesto. Lo cuento así para que nos imaginemos lo que es el calor del verano acá en el Centro de Entre Ríos, que todos lo conocemos. Todo eso hizo de que poco a poco en estas primeras colonias, los judíos se darán a una idea de que para salvarse tenían que hacerlo colectivamente. Es decir, que de esa manera que ellos estaban viviendo: nadie se salva solo. Entonces, trajo esa herencia rica que ellos traían de Europa que es el cooperativismo, el trabajo cooperativo. Comenzaron a unirse las voluntades: El trabajo que ya no era el trabajo para el zar, sino que era el sudor que caía en la tierra para ellos mismos, para su propio beneficio. Y entonces esa solidaridad en conjunto empezaron a trabajar, empezaron a unir voluntades, a sudarse, a producir no solamente granos, sobre todo el lino y el trigo que fueron las grandes simientes en esta zona, sino que también empezaron a exportar sus productos como el tema de la lechería, los productos de la lechería, la manteca, el queso. Y entonces se logró un beneficio y una organización muy buena. Aquí, en esta zona es muy recordado el ingeniero Sajaroff. Él era un hombre que vino de Europa y era un hombre rico, con una gran fortuna y que acá terminó muriendo pobre porque su afán era ayudar a sus semejantes, ayudar a sus hermanos en ese servicio de trabajo cooperativo. Y él lo manifestaba en sus escritos. Él dejó dicho cuando se recibió de ingeniero agrónomo en Europa. Contaba que su sueño era trabajar con las manos para obtener el pan para él y su familia. A través del trabajo con las manos, a través del cultivo, poder generar el bienestar y la riqueza. Esta es la esencia del espíritu que tenían estos gauchos judíos que llegaron hasta aquí. Y bueno… y así fueron armando su vida… haciendo un gran progreso para toda la provincia y siendo un modelo para toda la Argentina”.
Osvaldo Quiroga
“Bueno, la inmigración y la colonización judía en la Argentina tuvo a Entre Ríos, a la provincia en la que mayor cantidad de familias o mayores asentamientos se produjeron. Es decir, sobre las 700.000 hectáreas que se adquieren en el país, en 6 provincias, es en Entre Ríos en donde se adquirieron 270.000 hectáreas en 6 Departamentos. Toda la obra del Barón de Hirsch, que fue filantrópica, no asistencialista… una obra que significaba en ese momento una inversión multimillonaria que llegaba al país; porque la compra de tierras era al contado, compra de materiales de construcción, herramientas, alimentos… también acompañado del proyecto urbano como el de Domínguez, que es el primer proyecto urbano, el primer pueblo fundado y organizado por la Jewish Colonization Association. Esta empresa no solamente posibilitó el viaje a la libertad de las familias judías que vivían oprimidas en el imperio ruso, sino también la conformación de varios centros poblados en distintos puntos del país. Y la importancia del ferrocarril es también porque toda la obra del Barón de Hirsch, él fue un constructor de ferrocarriles, él amasó las fortunas construyendo ferrocarriles. Entonces, cuando sus representantes llegaban a la Argentina, tenían como indicación que compren tierras en gran escala, es decir, miles de hectáreas juntas, pero que cuenten con una estación ferroviaria. Ese es el caso de la estación Gobernador Domínguez que se había inaugurado en 1890 y en 1891 se adquieren los terrenos alrededor de la estación”.
Así nacieron colonias agrícolas en lugares como Villa Clara, Basavilbaso, Villaguay y Domínguez. Donde antes había campo abierto o monte, empezaron a aparecer chacras, escuelas, sinagogas y caminos. Pero, ese crecimiento no fue rápido ni fácil. Los primeros años fueron difíciles: la inmensa mayoría no sabía cómo trabajar la tierra, el clima no siempre acompañaba y todo era extraño y ajeno: el idioma, los animales, las plantas. Hay que tener en cuenta que la mayoría eran comerciantes o artesanos, y tuvieron que aprender desde cero a sembrar, a esperar y a convivir con la incertidumbre de cada cosecha.
Clara Sara Rabey, descendiente de las primeras familias
“Yo soy... nací acá en Domínguez. Tengo 72 años. Y soy hija y nieta de judíos. Mis bisabuelos vinieron de Besarabia (Besarabia era el nombre con el que el Imperio ruso identificó la parte oriental del principado de Moldavia, que Rusia arrebató en 1812 al Imperio otomano), en el vapor Pampa. Llegaron a Buenos Aires y de ahí a Concepción del Uruguay. Después de Concepción del Uruguay, los iban repartiendo para distintas partes de Entre Ríos. A mis familiares les tocó acá, en Domínguez, o sea, la colonia Rajil, de donde era Alberto Gerchunoff. Vieron el Galpón de los Inmigrantes, bueno, ahí estaban instalados mi familia hasta que les dieron unas hectáreas de campo, como les dije, en Rajil. Ahí se instalaron y después, a medida que iba pasando el tiempo, les iban dando una vaca, un caballo, un arado, una bolsa de harina, todo de a uno. Hasta que se iban haciendo. Bueno, una vez que vendieron todas las cosas, después se aró la tierra, por supuesto. En aquel entonces se sembraba lino también, lino y trigo. Pero, el tema era cuando el tiempo de la langosta y de las grandes lluvias, que quedaba toda la cosecha en el rastrojo y no se podía levantar. Y antes rendía cuatro o cinco fanegas por hectárea, no es como ahora. Antes no había maquinaria, era todo a mano. Se hombreaba las bolsas y todo”.
Osvaldo Quiroga
“Bueno, yo creo que la obra de ´Los gauchos judíos´ de Alberto Gerchunoff no solo testimonia la historia de su comunidad, de sus primeros años aquí. en tierra entrerriana, en los alrededores de Domínguez. Sino también, es un testimonio de gratitud, una reivindicación de la figura del gaucho, porque él habla del gaucho bueno de Entre Ríos. Su padre, nos comentamos que fue asesinado por un gaucho en Santa Fe, pero él en la provincia de Entre Ríos encuentra el gaucho bueno, al que se prestó en forma solidaria para enseñarles las primeras tareas de campo, el que nutrió a los jóvenes con nuestras historias, nuestras leyendas, con las costumbres del lugar. Y por eso esa reivindicación de la figura de ´nuestros abuelos dormidos´ como Roberto Romani se refiere a nuestros antepasados, a nuestros ancestros… bueno… también hace una reivindicación de los criollos que se prestaron para brindar su mano generosa a sus correligionarios”.
Nahuel Oviedo
“Uno entiende la figura de la importancia de Gerchunoff y qué buscó con esa figura del gaucho judío, que un poco era querer demostrar también de que tuvo que aprender por la fuerza -o no-, pero tuvo que hacerse amigo del campo, hacerse amigo de la persona. Pero, que esa persona, ese campesino, ese criollo, no le dio la espalda, sino también lo acompañó. Entonces, a partir de ahí, empezaron a mezclarse ciertas tradiciones. O sea, el mate es algo que nosotros es algo de todos los días, el mate con galleta, el fogón… que por ahí ellos no se lo permitieron tanto a esto de juntarse en el fogón o juntarse los sábados a charlar sobre carreras, o sobre lo que fuese. Pero, sí el día a día. El amigarse con la montada, con los caballos. El conocer por dónde pasar, por dónde no pasar en nuestros cuerpos de agua, en los diferentes arroyos, eso se lo fue dando el baqueano, el gaucho, que no le cerraron las puertas. Entonces, al tener que mimetizarse también para tener que sobrevivir a esta fuerte selva y a esta región, se fueron lentamente dando esa figura del gaucho judío, que yo creo que Gerchunoff -justamente- lo que busca es eso: demostrar la figura en una época en que sale ´Los gauchos judíos´, en el cual el tape, el de todos los días, lo recibió como uno más y le enseñó a domar estas tierras”.
Miguel Ángel Federik
“Es el primer período Gerchunoff, que es el período integracionista, vamos a decir, ¿no? Es decir, su pensamiento era de integración, de integración de los judíos inmigrantes a la sociedad criolla, a la sociedad argentina. Tenía esos ideales también propios de ¿cómo diríamos? de los discípulos de (León) Tolstoi. Porque también, dentro de la colonización judía, no solo había ortodoxos, sino también heterodoxos, jasídicos, talmúdicos, etcétera, etcétera. Y entre ellos había gente muy culta, gente proveniente de familias, hasta diría burguesas ricas de Europa, toda vez que su inmigración no fue por el hambre sino por la persecución, que es una cosa distinta. Entonces, en las colonias hubo no solo hombres y mujeres, sino familias enteras con una gran cultura, con una gran formación y acá tuvieron que hacer de agricultores. Entonces, el que era actor de teatro allá, aquí hacía de peluquero; el que allá era profesor de una escuela, aquí tenía que manejar un arado… en fin. Pero, lo cierto es que, en esa colonización, por esa cultura y por esa profunda fe que los embargaba, en general, a casi todos ellos, la mirada de Gerchunoff no solo es integradora, sino que también es una mirada pacífica. Es una mirada que sacraliza la tierra. Sacraliza la paz, la luz, el aire, el agua… las mieses, los arados… una actitud sagrada. Una sacralización de la naturaleza y una celebración jubilosa a esta tierra que así los recibían… Esa fue la primera época de Gerchunoff. Ya estando en Buenos Aires, ya pasados los años del nazismo, ya cuando las cosas habían pasado de marrón a pardo oscuro, digamos, jugando con las palabras, la actitud de Gerchunoff, fue militante de la causa judía. Fue militante y promotor: viajó por Latinoamérica y otros lados, proponiendo y promulgando y contribuyendo a la creación del Estado de Israel, etcétera, etcétera… que es una visión distinta a la primera, que era como -diríamos. más ingenua, romántica y religiosa”.
En medio de esas dificultades, apareció algo fundamental: el espíritu de cooperación. Estas colonias no eran solo lugares para vivir, sino comunidades organizadas donde la ayuda mutua era fundamental. Se compartían herramientas, semillas, conocimientos y esfuerzos. No era una elección: era la forma de salir adelante. Así, el trabajo colectivo se convirtió en la base de una nueva identidad, donde la solidaridad ayudó a enfrentar el aislamiento y las dificultades de los primeros tiempos.
Miguel Ángel Federik
“Mi primera relación surge de ahí, y surge de tener frente a mí a los escritores de Entre Ríos que iba conociendo, teniendo 20 años. Gerchunoff era algo absolutamente distinto, ¿no? Sus gauchos judíos no tenían absolutamente nada que ver ni con la gauchesca nacional ni con la burla al gaucho, como hacía alguna gauchesca porteña, sobre todo o de un de un gaucho bandido o de un gaucho desertor… en fin… un gaucho que era objeto de burla o de desprecio, Porque, en definitiva, como dice Jorge Luis Borges, ese gaucho era un invento de gente muy culta de las ciudades. Este gaucho judío era, obviamente, absolutamente algo distinto. Era la apropiación de nuestras costumbres, de nuestras labores agrarias, de nuestras incipientes maquinarias agrícolas. Los tractores Pampa de un solo cilindro, los consabidos arados de mancera… las lecherías, las cremerías… en fin… todas esas cosas con la cual la colonia se hacía autosuficiente y a sí misma, ¿no?”.
Hoy en día, el circuito de las colonias judías en Entre Ríos -especialmente en la zona de Villaguay- es un patrimonio histórico y cultural enorme. Recorrer esos lugares, visitar sus antiguas sinagogas, escuelas o cementerios, es acercarse a la vida de aquellos primeros colonos. Cada rincón tiene una historia detrás: de esfuerzo, de sacrificio y de fe en el futuro. No es solo memoria, también es una invitación a pensar en el valor de pertenecer y convivir con otros.
Clara Sara Rabey
“Estamos en la sinagoga de Villa Domínguez. Es la única sinagoga que queda acá en los alrededores. Antes, en las aldeas había 16, en todas las aldeas, en el campo, digamos. Después, a medida que se iban yendo la gente, se iban cerrando la Sinagoga. Y esta es la única que se mantiene en pie. Esta Sinagoga no tenía nombre, y hace dos años aproximadamente la comisión decidimos ponerle Golda Meir, que es la foto allá que está. Es la única Sinagoga en el mundo que tiene nombre de mujer (…) Esta sinagoga se abre dos veces dos veces al año para las fiestas más importantes que hay que es Rosh Hashaná (Año Nuevo judío) y Yom Kipur (Día de la Expiación o del Perdón)”.
Osvaldo Quiroga
“Bueno, al ser Domínguez el primer proyecto urbano de la Jewish Colonization Association, se trató de brindar un homenaje al Barón de Hirsch, que residía en París. La dirección general de la empresa estaba en París. Pero, también se cumplió el sueño de los agrimensores que planificaron el futuro pueblo de Domínguez. Entonces, un pueblo de apariencia europea… se tomó como referencia el plano de París, y ahí sobre dos kilómetros, a la vera de la estación ferroviaria, se diseñó ´la Petit París´ ¿no? Es una planimetría radial, en el cual el centro es un sol: Domínguez desde el aire es un sol. El centro del sol es la plaza. Y de ahí las ocho calles o avenidas que parten desde el sol, van conectando a su final, es decir, cuando finaliza la calle o la avenida, van conectando ya con las 39 aldeas que se establecieron en los alrededores. Es decir, 1.200 familias de inmigrantes judíos, solamente en esta franja de 50 kilómetros, 1.200 familias tenían a la estación Domínguez como el centro económico, social, cultural, de los servicios, que fue creciendo a medida que llegaban familias para el campo… todas las familias judías venían al campo, porque esa era el proyecto del Barón de Hirsch; también llegaban a la estación Domínguez familias para establecerse con emprendimientos… artesanales, comerciales, industriales, y esto era un polo de atracción de mano de obra”.
Miguel Ángel Federik
“La disposición de las casas de las colonias hacía que la las poblaciones, como se dice, las casas donde habitaban estuviesen las cuatro juntas en una punta de cada uno de los rectángulos o de los polígonos de hectáreas que le habían sido dadas. Es decir, no vivían ni en el centro ni alejado. Las poblaciones se reunían en uno de los vértices donde confluían las distintas posesiones, las distintas heredades. Por otro lado, digo yo, pensando en seres como Noé Yarcho, ¿no? Un médico recibido en Moscú, perfeccionado en Londres: fue el primer médico argentino que hizo una estadística sobre el tifus; fue el médico argentino que se dio cuenta que en la época de epidemia había que vaciar las escuelas, que era donde se contagiaban, y hacer de las escuelas los centros de reducción de los enfermos… bueno, una serie de ideas bastante novedosas que tenía por los años 1910-1920 en sus orígenes. Eran hombres sabios y cultos, y Yarcho estaba casado con una Sajaroff… Los Sajaroff pertenecen a la a la nobleza rusa. Si hoy volvieran los zares, yo no sé si los Sajaroff no estarían dentro de la alta nobleza rusa, por ejemplo. Ahora, toda esa gente estaba acá… estaban en la tierra, estaban en el cultivo de la tierra, por lo que decía, ¿no? Muchos de ellos eran tolstoianos, creían en la revolución de la paz, de la solidaridad, de trabajar y de vivir lo que las manos producen. No eran hombres afectos a la acumulación ni a la generación ni a la creación ni a la multiplicación de las riquezas, sino todo lo contrario. Tenían a la solidaridad como parte de su fe. Ni siquiera como parte de su necesidad sociológica de ser solidarios por provenir, más o menos, ambos de lugares similares y a un lejanísimo país. La solidaridad estaba no solo dentro de su cultura por necesidad, sino que también estaba dentro de su fe”.
Osvaldo Quiroga
“Bueno, le comenté, 1.200 familias que se establecieron en las aldeas alrededor de la estación Domínguez. La colonia madre se le dio el nombre Colonia Clara en la estación Domínguez, con la estación Domínguez. Alrededor de la estación Domínguez comenzaron a emplazarse aldeas. Algunas de cuatro familias, otras de 50 familias, como Sonnenfeld, que es conocida como San Gregorio, una de las aldeas más emblemáticas de la historia de las colonias, Sonnenfeld, Leven, Barreros, Curado, Roshpina, Kyria Tarvá, Karmel, Rajil, que es la colonia donde se estableció la familia Gerchunoff, Eben Aroshá, es decir, que se van mezclando los nombres bíblicos con nombres castellanos o criollos, por la geografía del lugar… por ejemplo, Barreros, Sagastume, con el nombre del antiguo propietario… desparramados… porque es una colonia que había comenzado con pocas casas dispersas y que después fue una de las más numerosas. Es decir, cada una Miguel, Perliza, Carmel, Vélez por Belts, ese recordaba la aldea de donde vinieron las familias, Barón Ginsburg, hay colonias que recuerdan a funcionarios del Barón de Hirsch porque era una empresa. Entonces, muchas colonias, Narcisse Leven, por ejemplo, que recordaban a quienes colaboraban con el Barón en esas aldeas. Y Domínguez fue el centro administrativo de todas ellas”.
Al final, la experiencia de estos inmigrantes deja una reflexión profunda: ¿qué pasa cuando una comunidad pierde su lugar de origen? La historia muestra que, aunque el dolor nunca desaparece del todo, es posible transformarlo en algo nuevo. La “tierra prometida” no es solo un lugar en el mapa, sino algo que se construye entre todos, con trabajo, solidaridad y esperanza.
Miguel Ángel Federik
“A medida que iba pasando el tiempo, yo iba leyendo, iba leyendo más Gerchunoff. En primer lugar, por las proximidades que contaba al principio de mi madre, la relación con las colonias, etcétera, etcétera, donde los libros de Gerchunoff, obviamente, llegaban y circulaban más fácilmente, digamos que a otras ciudades cultas y más grandes de la provincia. De esa lectura de la obra de Gerchunoff, como de la lectura de poetas reconocidos -“nunca” leídos en esta provincia-, como (Carlos) Mastronardi, como (Gaspar Lucilo) Benavento, como el propio Arnaldo Calveyra, bueno… y otros… las similitudes que existen entre aquellas poesías, sobre todo, entrerriana de los años 20-30, donde se da un salto frente a aquello que era, digamos, de Delio Panizza y su exaltación de las lanzas y las guerras de la Independencia, y las guerras del federalismo, etcétera, etcétera. Cuando pasa toda aquella épica solayera, bueno, comienza otra visión de la provincia, otra mirada sobre la provincia… sobre sus aguas, sobre sus cielos, sobre sus sonidos, sobre la naturaleza. Pero, con la naturaleza ya animada, vamos a decir, una naturaleza con hombres. Y creo que esa mirada fundante está en Gerchunoff. No creo, de ninguna manera, que hombres de la cultura como Juanele, que además había vivido acá en Villaguay, había vivido su infancia acá en Villaguay, que había conocido al médico milagroso de las colonias, que es Noé Yarcho, a quien Gerchunoff nombra en ´Los gauchos judíos´, no creo que Juanele ignorase la obra de Gerchunoff. Sobre todo, por aquellos principios esenciales y por cierto talante político de Gerchunoff. Tenemos que pensar que Alberto Gerchunoff durante sus años en (el diario) La Nación fue un fervoroso defensor de Sandino ante la agresión norteamericana, cosa que nos parecería un poco extraño que un diario tan conservador como La Nación estuviese haciendo esa defensa, Pero, bueno, estaba Gerchunoff y ¡Gerchunoff lo hizo! Esa mirada de un socialismo agrario, como se va a decir, la tenía y ese era su pensamiento y podía hacer esas cosas y las podía hacer porque aún en el diario de los Mitre, Alberto Gerchunoff era ¡Alberto Gerchunoff!”.
Miguel Ángel Federik
“Era una época en que existía un género que se llamaba ´La polémica´, que hoy ha desaparecido, ¿no? Donde hombres cultos, valientes y, sobre todo, bien educados, discutían a través de la prensa, ¿no? Exponían sus ideas, se criticaban entre ellos, se contradecía, lo cual no implicaba que a la noche se reunieran en la misma mesa del café a tomar café y alguna otra cosita. Las diferencias intelectuales y fundadas, las diferencias hechas públicas y firmadas con firma, no implicaban de ninguna manera enemistades personales, ¿no? … Bueno… tuvimos ese país, ese país ha desaparecido”.
Osvaldo Quiroga
“En el acceso a Domínguez, bueno, generalmente están emplazadas tres banderas: la Argentina, la bandera de la provincia de Entre Ríos y la bandera de Domínguez, que es la única bandera en el mundo, junto con la de Israel, que tiene el Maguén David (Escudo de David). Es decir, esto es muy emocionante para aquellos que visitan el circuito de las colonias, generalmente descendientes, de ver cómo desde este pueblo se respeta o se tiene bien afianzada la identidad. Y lo de la bandera también para Gerchunoff tiene mucha o tuvo mucha significación. Tal es así que lo vuelca en uno de sus pensamientos, que fue en una publicación. Y recuerda el momento en que se encontraron con la Bandera Argentina, él habla sobre la fiesta, la primera fiesta de la libertad, que es el 25 de Mayo. Y hace referencia a la bandera, recordándola… ´Es generoso este pabellón que cura los antiguos dolores de la raza, y que cura las heridas como vendas en manos de una madre´. Lo que significó que se cobijen bajo esa bandera, y él invitaba ´a judíos errantes, desgarrados de viejas torturas, cautivos redimidos, arrodillémonos y bajo sus pliegues digamos el cántico de los cánticos que comienza así: Oíd mortales´”.
En este contexto cobra especial importancia la obra literaria “Los gauchos judíos”, de Alberto Gerchunoff, publicado en 1910. El libro no solo retrata la vida en las colonias, sino que también logra unir dos mundos: el judío y el criollo. Con mucha sensibilidad, Gerchunoff muestra cómo esos inmigrantes fueron transformándose en agricultores sin dejar de ser quienes eran. De ahí surge la figura del “gaucho judío”, que representa esa mezcla cultural, el respeto y la convivencia. La obra deja una enseñanza muy valiosa: la identidad no es algo fijo, sino algo que se va construyendo y enriqueciendo con el contacto con otros. También transmite una idea importante sobre la convivencia: que pueblos distintos pueden encontrarse, entenderse y crecer juntos.
Miguel Ángel Federik
“Para dar testimonio, no solo de mi lectura y mi afecto, fundamentalmente, de mi afecto, Alberto Gerchunoff… Bueno, tengo que decirles y contarles que ya se ha publicado el primer tomo de las obras completas de Gerchunoff por la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), por su editorial EDUNER. Está en marcha el segundo tomo y, bueno, vendrán seguramente dos más… serán cuatro o cinco reuniendo la inmensa cantidad de artículos publicados por él, no solo en los diarios La Nación y otros que él llegó a fundar y a dirigir, inclusive en otros lugares de la Argentina que no era Buenos Aires. Y, sobre todo, en revistas de la colectividad judía, etcétera, etcétera. Bueno, una inmensa obra literaria más allá estrictamente de sus títulos, ¿no? Gerchunoff viajaba a París de tanto en tanto. Gerchunoff era amigo de (Marcel) Proust, visitaba a Marcel Proust en su casa para que vean cómo aquel joven de acá, de las colonias que se decía de Villaguay, se decía de Villaguay, y así lo puso en la planilla de ingreso al diario La Nación… supe por otros comentarios que decía que era de Villaguay, no solo por una cuestión efectiva, él era de Villa Domínguez -a 10-15 kilómetros al Sur- sino porque decir que había nacido en Villaguay, le evitaba hacer una serie de explicaciones en tiempos donde dar explicaciones no era fácil, y además, cuando te las pedían, tampoco las preguntas venían de buen lado. Pero, bueno, como decía, la lectura de él y la lectura de los poetas entrerrianos, he ido sacando ciertos textos, texto a texto, palabra a palabra… no digo las influencias, porque eso no existe: Pero, sí digo que aquella mirada fundante sobre la provincia de los años 20-30, creo que tiene su raíz en esa mirada religiosa, piadosa y profundamente culta de Alberto Gerchunoff… Alberto Gerchunoff dice, y explicó que había estado en Palestina, en Egipto y en Rusia, ´pero en región alguna el cielo es de un azul tan intenso como en Entre Ríos´. Y completando su pensamiento añadió, ´el cielo entrerriano es protector y suave. Hallándose solo, por ejemplo, en medio del campo, el espíritu no sufre sugestiones de miedo, su luz es benigna´. Y pensemos que Mastronardi, en el tercer y cuarto verso de la estrofa inicial de su poema paradigmático y poema laboratorio, como es ´Luz de provincia´, dice Mastronardi: ´ (…) Quien mira es influido por un destino suave, cuando el aire anda en flores y el cielo es delicado´. Pareciera esto -salvo algunas variaciones y ligeras musicalidades sintácticas-, ambos están diciendo lo mismo, predicando lo mismo y predicándolo con esa mirada de una Entre Ríos, no solo de vida, sino profundamente amada por sagrada y benigna”.
Memoria Frágil: Los gauchos judíos y la construcción de un hogar en Entre Ríos






