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Como ocurría con Francisco en Argentina, tampoco León XIV se salva de la polarización ideológica en Perú

En lo político, Robert Prevost tuvo un roce con el fujimorismo por cuestionar el indulto al expresidente Alberto Fujimori.

Sergio Rubin

En lo político, Robert Prevost tuvo un roce con el fujimorismo por cuestionar el indulto al expresidente Alberto Fujimori. En lo religioso, en un país muy polarizado, donde coexistieron por muchos años grandes referentes del Opus Dei y de la Teología de la Liberación, combatió a la comunidad ultraconservadora Sodalicio de Vida Cristiana.

En la Iglesia católica también suele venir a cuento el conocido refrán español que reza “en todas partes se cuecen habas” como una forma de decir que todos en todas partes tienen conflictos. En ese sentido, aunque no pueden equipararse las controversias que suscitó Francisco en Argentina con las que provoca León XIV en Perú porque las mayores polémicas con Jorge Bergoglio se produjeron cuando ya era papa y, además, su personalidad disruptiva contrasta con la componedora de Robert Prevost, tienen en común vicisitudes parecidas que exploradas ayudan a conocer mejor a ellos y sus circunstancias.

Los motivos de las polémicas en torno a Francisco son harto sabidos. Pero allende las tierras peruanas, es menos conocido lo que vivió y aún vive León XIV en relación con su país de adopción. Por lo pronto, en materia política tuvo un encontronazo con el fujimorismo cuando en 2017 el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski indultó a Alberto Fujimori mientras cursaba una condena por delitos de lesa humanidad. Si bien no rechazó abiertamente la medida, Robert Prevost consideró que debía “pedir perdón personalmente por algunas de las grandes injusticias, y no genéricamente como lo hizo”.

El actual papa conoció la violencia de Sendero Luminoso y la consiguiente represión porque vivió en zonas que la sufrieron, aunque no en las peores. E incluso abogó por las comunidades y la defensa de los derechos humanos. A la hija de Fujimori, Keiko no parece haberle caído bien la posición de Robert Prevost -como en general al fujimorismo que en la actualidad reúne al 20% del electorado-, pero ahora que pasó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, previstas para el 7 de junio, dicen que ella espera ansiosa una visita de León XIV y tomarse una foto con él.

Con todo, el frente más complicado parece ser el eclesiástico. Más precisamente, algunos estamentos eclesiásticos. Para exponer esta situación hace falta hacer un poco de historia que nos lleva a la peculiar situación del catolicismo en Perú. Porque, por un lado, fue la patria de uno de los padres de la Teología de la Liberación -en las que ciertas corrientes internas abrevaban en el análisis marxista-, el padre Gustavo Gutiérrez. Por el otro, donde tuvo una enorme presencia el Opus Dei, al punto que durante casi 20 años fue arzobispo de Lima el cardenal Juan Cipriani, salido de sus filas.

Entre los antecedentes de Cipriani, se cuenta ser el único prelado que no suscribió el documento final de la V Conferencia de Obispos de América Latina en Aparecida, cuyo presidente de la comisión redactora era el entonces cardenal Jorge Bergoglio (ese texto es considerado limitar de su papado). Ni bien llegó a la edad límite de 75 años, en 2019, Francisco le aceptó la renuncia. Y tras ser acusado de abusar de un menor en 1983, limitó su actividad y el uso de sus insignias y restringió su residencia, pero Cipriani dijo que no fue sometido formalmente a un juicio eclesiástico.

Por otra parte, Cipriani apoyaba a la comunidad muy conservadora Sodalicio de Vida Cristiana, fundada en 1971 por el laico Luis Fernando Figari, cuyas autoridades, incluido su fundador, comenzaron en 2000 a ser blanco de denuncias de abuso sexual a las que el entonces arzobispo limeño no le prestaba mayor atención. Estas adquieren una gran resonancia pública en 2015 con la publicación del libro Mitad monjes, mitad soldados, de los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz.

Elisa Ann Allen cuenta en el primer libro biográfico sobre el sucesor de Francisco León XIV: ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI que como obispo de Chiclayo, siendo responsable de la comisión episcopal peruana de protección de los menores ante los abusos, Robert Prevost “siempre estuvo del lado de las víctimas”, cuestionó desde temprano la cerrazón del Sodalicio ante las denuncias y promovió investigaciones que desembocaron en la intervención del Vaticano.

Finalmente, Francisco suprimió a la comunidad en 2025 y actualmente está en proceso de disolución a cargo de un comisario pontificio, el padre Jordi Bertomeu -nombrado por Francisco y ratificado por León XVI-, un sacerdote jesuita que viene siendo duramente atacado por allegados al Sodalicio y medios católicos ultraconservadores. Lo acusan de exceso de protagonismo mediático, improvisación jurídica y manejo irregular del proceso contra la comunidad.

En un evidente gesto de apoyo a las revelaciones, León XIV recibió el año pasado al periodista Salinas. Actualmente, unos 20 sacerdotes del Sodalicio que actuaban en la arquidiócesis de Lima esperan la autorización -que viene demorada- para seguir allí del actual arzobispo, el cardenal Carlos Castillo, ubicado en las antípodas ideológicas de ellos. De hecho, fue discípulo del padre Gutiérrez y tuvo buena relación con Robert Prevost cuando éste era vicepresidente del episcopado peruano.

El fuerte cambio de perfil que implicó la designación por parte de Francisco de Castillo -hoy cardenal y primado de Perú- como sucesor de Cipriani restó potencia al sector conservador en la Iglesia peruana. A la vez, Castillo se convirtió en un firme impulsor de la candidatura papal de Robert Prevost. Aseguran que ni bien comenzó el cónclave, en un alto de las votaciones, le dijo que había un grupo numeroso dispuesto a votarlo y le imploró que no se bajara por nada del mundo.

A diferencia de Francisco, en que la grieta era considerada en Roma como un factor que complicaba una visita a su país porque todo que dijese o no, todo lo que hiciese o no, sería movido de polémica y no ayudaría a la unión nacional, no parece que ni el pasado roce con el fujimorismo, ni con los sectores eclesiásticos más conservadores que vaya afectar la visita de León XIV a Perú: más bien se espera que su presencia desate un multitudinario fervor popular.

Habrá que ver si el proceso electoral con la segunda vuelta en las elecciones presidenciales a principios del mes próximo -que se presentan ajustadas- termina sin conflicto -en un país signado por los conflictos políticos y los sucesivos cambios abruptos de presidentes- y el papa, finalmente, anuncia su visita a Perú y, por consiguiente, a la Argentina y Uruguay, los dos de Sudamérica que Francisco no visitó, además de Venezuela.

Respecto a su venida a la Argentina, en medios eclesiásticos vernáculos afirman que la visita se allanó esta semana con el anuncio de la designación del nuevo embajador papal (Nuncio Apostólico) en el país, el arzobispo Michael Wallace Banach, cuyo nombramiento era considerado como una condición diplomática necesaria porque refiere a una relación totalmente normal entre el Estado argentino y el Estado Vaticano, importante para Roma.

 

(*): publicado en TN. 

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