Sección

Fopea: la censura no necesita ser espectacular para ser efectiva

En el Día del Periodista, FOPEA reivindica el valor del periodismo riguroso y advierte sobre nuevas formas de censura que amenazan la libertad de expresión. Frente a las presiones, demandas y campañas de desprestigio, reafirma su compromiso con una prensa libre al servicio de la ciudadanía.

En cada 7 de junio, los periodistas argentinos celebramos nuestra profesión. Honramos al periodismo riguroso, metódico, honesto y con compromiso social. Porque estar al servicio de la sociedad es el sentido de nuestra profesión. Pero este año lo hacemos en un contexto que exige algo más que festejos. Nos exige lucidez para no caer en las provocaciones y templanza para sostener la resistencia y propiciar la mejora continua para nuestra tarea.

La libertad de expresión no atraviesa una crisis ruidosa. No hay periodistas encarcelados ni decretos que prohíban publicar. Lo que hay es más sutil y por eso más peligroso: una censura que se volvió ambiental. Una nueva forma de silenciamiento mucho más corrosiva que opera mediante expedientes, que se ejerce con burocracia, que avanza a través de campañas de desprestigio y demandas judiciales estratégicas. En 2025, las acciones judiciales civiles o penales contra periodistas crecieron un 150% respecto del año anterior, según los registros del Monitoreo de Libertad de Expresión del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA). Seis de esos casos tuvieron como agresores a miembros de la propia judicatura.

En ese marco, resulta llamativo que desde sectores del Poder Judicial se impulsen iniciativas para sancionar el contacto entre magistrados y periodistas, calificar de “mercenario” al periodismo y crear organismos centralizados que monopolicen la información pública. Esas propuestas no jerarquizan a la Justicia, sino que la opacan y la mantienen en el oscurantismo.

FOPEA sostiene, como lo ha hecho siempre, que sin periodistas no hay difusión ni control de la administración de justicia ni de los otros poderes del Estado. Que la libertad de prensa no es un privilegio corporativo sino una garantía de la ciudadanía. Y que el mejor antídoto contra la desinformación no es el silencio sino más y mejor periodismo: el que contextualiza, el que ofrece multiplicidad de fuentes, el que va al territorio y el que escucha antes de hablar.

El periodismo no se tiene a sí mismo como destino, sino que existe para otro, para la sociedad que necesita entender lo que pasa a su alrededor. Por eso en este día reafirmamos nuestro compromiso con quienes, en cada rincón del país, siguen ejerciendo la profesión con rigor y valentía. Y convocamos a los poderes del Estado a honrar, con hechos, la libertad de expresión que tienen la obligación de defender.

Edición Impresa

Edición Impresa