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En Paraná despiden al Indio en la esquina donde nació y creció

El Indio tiene su despedida en la esquina donde nació y creció en Paraná.

En la Plaza 1° de Mayo y frente al antiguo domicilio del músico —hoy edificio del Correo—, seguidores de Los Redondos y de su obra solista se reúnen en Paraná para despedir al Indio Solari. El punto de encuentro, donde funcionó su casa de infancia, se transforma en un espacio de memoria colectiva mientras crece la convocatoria.

Frente al edificio del Correo —donde funcionó la casa de infancia del Indio Solari— y en la Plaza 1° de Mayo, seguidores de Los Redondos y de su obra solista se reúnen en Paraná para despedir al músico, tras conocerse la noticia de su fallecimiento a los 77 años.

La convocatoria comienza a circular al mediodía. Para la tarde, la esquina de 25 de Mayo y Monte Caseros ya está ocupada por grupos de adolescentes, jóvenes y adultos que llegan en distintos momentos. Algunos en silencio, otros con música en los celulares, todos con algo en común: la necesidad de estar ahí.

En la plaza y sobre la vereda del antiguo domicilio aparecen banderas, fotos y mensajes escritos a mano. El lugar, atravesado por el tránsito cotidiano, se va transformando en un espacio de memoria compartida.

Con el correr de las horas, la escena se vuelve más íntima que multitudinaria. Circulan mates, se cruzan abrazos sin demasiadas palabras, hay lágrimas sueltas y canciones del Indio que salen desde parlantes improvisados. Desde la calle, los bocinazos de los autos acompañan como un eco involuntario.

 

Los primeros en llegar son cuatro adolescentes que se quedan apoyados en la vereda del Correo.

“Para mí el Indio fue el representante del rock nacional. Un genio total, con una voz increíble. Esto nos pone muy tristes, pero también me emociona saber que nació acá”, dice Manuel a ANÁLISIS.

Mateo agrega: “Empecé a escuchar rock nacional gracias a él. Venimos a despedirlo”.

En tanto, Amarú lo define con esta frase: “Fue el inicio de una revolución en la música argentina”.

Mateo, Amarú, Manuel y Leonel, en la despedida al Indio Solari. 

En un banco de la plaza, Pamela elige una forma más simple de recordarlo: “Voy a seguir reproduciendo su música. Es lo más sencillo y lo mejor que nos dejó. Así otros también lo van a conocer”.

“Mi mamá me lo hizo escuchar desde chica, así que voy a seguir escuchándolo siempre”, cuenta Ambar.

La tarde sigue creciendo sin apuro. Algunos permanecen en la plaza, otros vuelven a la esquina donde todavía se espera que el lugar que lo vio nacer y donde vivió el músico sea señalizado. El año pasado, el Indio Solari fue declarado Ciudadano Ilustre de Paraná, un reconocimiento que en este contexto vuelve a aparecer como parte de una historia que la ciudad todavía intenta ordenar.

Entre banderas, canciones y silencio, la esquina se vuelve algo más que un punto de encuentro. Una forma de sostener, todavía, esa memoria.

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