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Memoria Frágil: Luis María Serroels, el de la pluma y la palabra

Hay periodistas que moldean a sus ciudades. Luis María Serroels fue, durante más de seis décadas, uno de ellos. Nació en 1942 en Sauce de Luna, un pequeño pueblo del interior de Entre Ríos, hijo de un ferroviario. Llegó joven a Paraná con la cabeza llena de ideas y una curiosidad que nunca lo abandonaría. Aquí construyó todo: su familia, su carrera, su obra musical y su legado periodístico. A un año de su muerte y en el Día del Periodista, Memoria Frágil le rinde un justo homenaje.

La historia de Serroels no puede contarse sin empezar por el principio, que en su caso fue extraordinariamente temprano. Todavía cursaba la escuela secundaria, corría 1956, cuando ya escribía en la revista Palestra de la Federación de Estudiantes Libres. Esa llama, como él mismo la denominaba, nunca se apagó. En 1961, siendo alumno del Colegio Nacional, reunió a tres amigos —Raúl Wiesner Clariá, Carlos Graf y Mario Anselmi— y fundó “Los Leñeros”. El debut fue en un acto del 24 de mayo. Tenían dos canciones preparadas. Cuando el público pidió más, las repitieron. Y cuando insistieron, no hubo más remedio que dar por terminado el acto. Fue el inicio de uno de los conjuntos folklóricos más queridos de la provincia.

Ese joven que cantaba y tocaba el piano era el mismo que ya soñaba con el periodismo.

Techa Serroels, esposa

“Era muy, muy familiero, muy de su hogar. Él vivía en función de sus hijos y de nuestra relación. Siempre estaba pensando en lo mejor para nosotros (…) Era multifacético realmente. Trataba de organizarse y dejar conforme a todos, aunque no siempre fue fácil, y más conviviendo con gente más joven, porque con nosotros, además de Candelaria -que es mi hija menor-, vive Santino -que es su hijo- y ahora Ian, que es hijo de Santino, o sea, mi bisnieto. Él lo disfrutó muchísimo a Ian, porque iba a cumplir… tenía 3 años cuando él partió, así que lo alcanzó a disfrutar”.

 

 

Raúl Wiesner Clariá, integrante del grupo “Los Leñeros”

“Con Luis María… él era celador en la Escuela de Música que estaba allí en calle 9 de Julio, creo que era, antes. Y él era celador y tocaba el piano, pero ¡una barbaridad! Después, con el problema que él tuvo de artrosis, no pudo tocar más. Pero, tocaba muy bien. Y yo iba porque estaba estudiando canto con una profesora (…) Y empezó el folklore en el país, y un día parece que se juntaron Luis María y Mario Anselmi, y dicen: ´Che, vamos a hablarlo a los gringos estos´, porque los dos éramos gringos. ´Vamos a formar un cuarteto´. Y, bueno, nos reunimos allí en un banco frente al hotel … los 4, y decidimos armar un cuarteto. Como yo era el que había estudiado armonía… sí, profesor de guitarra. Estudié armonía y armaba las voces. Y ellos sugerían, si acá entra el bajo de solista, meta. Era Luis María, Carlos Graff, Mario Anselmi y yo: los 4 originales”.

Jorge Riani, periodista

“A Luis María lo conocí de toda la vida, porque tenía una vinculación familiar con mi padre, y teníamos parientes en común en Buenos Aires, que era toda una celebración cada vez que llegaban, eran recibirlos, y como yo vivía con mi abuela -que era como un lugar de encuentro-, las familias se quedaban… esto era una costumbre de antes, ¿no? Visitarse y quedarse. Así que era muy habitual que él pudiera acudir a casa. Y nos encontrábamos… siempre lo veía con mucha admiración. Pues yo sabía que era periodista. Y un periodista… yo digo… con una pasión que no abundaba. No digo que era el único, por supuesto, de esa generación. Pero, no abundaba. Era un periodismo más ligado a las agendas oficiales, más ligado a lo ceremonial. Sin embargo, Luis María tenía esa, como le gustaba decir a él… esa llama, que fue determinante para que él se pudiera adecuar a los desafíos del periodismo que iban surgiendo. Por ejemplo, con el advenimiento de la democracia… con la llegada de la revista ANÁLISIS”.

 

 

Candelaria Serroels, hija

“¿Cómo era, papá? Papá era una persona muy familiar, muy familiar. Le gustaba mucho que nos juntemos todos en casa, que vengan mis hermanos con su familia, con los chicos. Le gustaba compartir una mesa, unos mates, una buena charla. Era una persona que siempre estaba preocupada por cómo estaba una, si necesitaba algo, siempre preocupado por todos, con la familia, con los amigos, siempre… siempre muy atento. Siempre muy predispuesto a ayudar… siempre acompañando, ayudando. Una característica de él es que era muy solidario. Un excelente padre, compañero, un excelente abuelo, un excelente bisabuelo. Pudo compartir un poco con su bisnieto, una excelente persona y un excelente padre con nosotros”.

Hubo una época en Paraná en que la vidriera peatonal San Martín 755 era un punto de reunión cotidiano. Los paranaenses se apiñaban para leer los titulares del día, ver las fotos, enterarse del valor del dólar, de los recambios de ministros, de las noticias que llegaban desde Buenos Aires. Era la corresponsalía del diario Clarín. Y allí adentro, frente al teletipo, trabajaba Luis María Serroels.

Había ingresado en 1969, convocado por el periodista y escritor Rodolfo Coll, que era el corresponsal de entonces. Su primera cobertura importante fue histórica: la inauguración del Túnel Subfluvial, el 13 de diciembre de ese año. La nota fue tapa del diario más leído del país. Serroels entendió desde el primer momento la magnitud de lo que estaba sucediendo.

Jorge Medina, periodista

“De muchos años, habría que pensar en medio siglo, quizá la década del ´60, cuando se iniciaban en las lides musicales y periodísticas, simultáneamente. El primer aspecto es el menos conocido, de Luis María. En realidad, trabajó tanto, durante tantos años, donde se destacó en ambas cosas. Y en muchísimos otros roles más, como padre de familia, un polifacético total, ¿no? Pero, un polifacético de calidad. Es decir, en cada camino que le supo andar en la vida, no solamente dejó huellas, sino marcó la impronta, y además marcó un sello de nivel jerarquizado en ese aspecto”.

 

Techa Serroels, esposa

“Era complicado algunas veces, porque aparte… qué sé yo, sus actividades de todo tipo, ¿no? De televisión, diario… radio… hacía que él estuviera muy comprometido con esa parte. Le dedicaba muchísimo tiempo. La vez pasada estuve revisando unos papeles y de sus programas -que tuvo un montón- encontraba los temas que trataba. Y cada tema con su correspondiente enfoque, todo respaldado por artículos que se referían a ese tema que él trataba. Y en la casa bien, supo conciliar las dos cosas. A veces era bastante complejo porque yo también trabajaba, así que había que atender los chicos y bueno… pero… se puede (…) Luis María … a veces priorizaba sus actividades porque realmente necesitaba hacerlo y siempre tenía ayuda de alguna persona con los 3, que eran también bastante salvajes cuando chico…. entre los dos, pero más que nada yo. Él medio que la crianza de los hijos… a él le encantaba estar con ellos y todo, pero las tareas diarias, no se dedicaba a eso”.

Raúl Wiesner Clariá, integrante del grupo “Los Leñeros”

“Con Luis María yo tuve una buena relación. Después él con sus actividades, nos fuimos… después dejó el conjunto, ¿no es cierto? Se dedicó al periodismo, a una cantidad de cosas. Y a lo último, en los últimos años yo lo iba a visitar a calle Garay, él estaba ahí. Me dice Luis María: ´Che, y todavía vivimos´, dice. ´Qué bárbaro, se ve -me dijo Luis María-, se ve que allá arriba no nos quieren´. Y le digo a Luis María: no saben lo que se pierden. Bueno, teníamos un trato así… él era, este, después tuvo periodismo y nos hizo una nota al conjunto ´Los Leñeros´, que seguimos con otro integrante”.

 

 

Luis Jacobi, periodista

“Lo vi por primera vez en, aproximadamente, 1973, siendo yo nada más que un joven atrevido que se había largado a hacer un periódico. Y él era un periodista reconocido. Y esa primera impresión fue fantástica. Ese encuentro se dio en una cena de fin de año. Héctor Motta hacía en una de las granjas una reunión para unas 20 personas, donde agasajaba tal vez a los gerentes del banco, a la gente con la que había tratado durante el año. Y yo iba como amigo. Y Luis María como invitado… creo que, con una segunda intención, porque era muy buen humorista. Lo que tenía de extraordinario es que repetía los mismos chistes, pero seguía riéndose de ellos… Eso habla de un hombre de un extraordinario humor. Creo que casi lo hemos conocido todos. Y el humor es un indicador de inteligencia, es decir, el humor señala claramente, requiere de la inteligencia para ser identificado. Entonces, digo, además, de ese trato personal muy lindo, ¿no es cierto? Como digo, con alguien que ni siquiera era periodista, yo en mi caso, sino que se había largado a hacerlo”.

Bajo la dictadura militar fue desplazado a funciones casi degradantes en el organismo estatal donde también trabajaba. Y además padeció familiarmente el poder castrense. Aguantó. Y en 1979, cuando un enviado de Clarín llegó a Paraná para ofrecerle la titularidad de la corresponsalía, Luis María renunció a su cargo en la Casa de Gobierno y asumió la responsabilidad más grande de su carrera. Desde allí cubrió los grandes episodios de la provincia y del país a lo largo de quince años: las inundaciones de 1983, el drama de los soldados entrerrianos en Malvinas y el dolor de sus familias —que llegaban a la agencia siempre esperando cualquier noticia—, la recuperación democrática, los levantamientos Carapintadas del ´87 y el ´90, el secuestro y crimen de la empresaria Susana Puentes Crescio de Marcos, la visita del Papa Juan Pablo II, la caída del avión Guaraní cerca de Crespo y el caso Calero. Entrevistó a Frondizi, Illia, Cámpora, Alfonsín, Menem y De la Rúa, entre muchos otros protagonistas de la historia argentina.

Jorge Riani, periodista

“Una persona de cultura, sin duda. Un hombre que no solamente mostraba su cultura en la música, sino también en la lectura. Siempre mencionaba a Juan Manuel Alfaro con mucha admiración y con la amistad y la relación familiar con que los unía. Bueno, eso muestra también mucho de su apego a las letras. Una persona que, por supuesto, que conoció a Juanele Ortiz, porque por el tiempo y por la actividad que desarrollaba, obviamente, que se conocieron. Y que hizo de la agencia de noticias Clarín, una agencia que estaba muy bien ubicada en lo que hoy es la peatonal San Martín, un lugar de reencuentro, un lugar, yo diría, un semillero también de periodistas. Por ahí pasaron muchos nombres, desde Sarmiento, Daniel Enz, Oscar Londero, y muchos otros más, que a veces nos juntábamos simplemente a encontrarnos, a charlar y aprender más del oficio”.

 

 

Antonio Tardelli, periodista

“A Luis María lo conocimos cuando, allá por los años ´80, empezamos a hacer periodismo con una generación que se iba integrando a un sistema de medios ya instalado. Pero, que venía sobre todo de la universidad. Y Luis María era de los periodistas más reconocidos o con más trayectoria o con más prestigio en Paraná, en Entre Ríos, y yo diría, en todo el litoral. Y se generó una linda relación con Luis María por dos razones: primero, porque de los periodistas mayores fue de los pocos que nos abrió las puertas y nos contuvo y se mostró muy generoso para con nosotros, sin esa clase de recelo generacional que suele haber, o esa diferencia entre los que veníamos de la universidad y quienes habían desarrollado el oficio como idóneos, aprendiendo en las redacciones. Y él, en ese sentido, fue muy generoso. Y al mismo tiempo, él tuvo -estoy pensando sobre todo en los orígenes de la revista ANÁLISIS-, él tuvo la suficiente ductilidad para incorporarse al grupo de trabajo de gente mucho más joven y entender algunos códigos, no demasiado innovadores, pero sí con un poco más de desfachatez que podíamos tener los periodistas más jóvenes. Así que hubo como una relación de ida y vuelta desde la generosidad y la experiencia de Luis María y su capacidad para integrarse a grupos de trabajo de gente mucho más joven”.

Jorge Medina, periodista

“Luis María fue, no solamente un talentoso pianista, era el lugar donde él se recluía, sino un creativo. Hay obras impagables. Trabajó en ´Entre Ríos, tierra de poetas´, hizo ´La cantata a Juan Labrador´, y temas ligados a la entrerrianía… ´Para don Pancho´, un tema que le dedica Francisco Ramírez es único, ¿no? ¡Es único! Y, además, un músico de calidad, amigo de los grandes músicos”.

Luis Jacobi, periodista

“Convergían muchas habilidades, ¿no? Y virtudes también. Entonces, a partir de ahí… yo… cuando no desaprovechaba viaje a Paraná para arrimarme a la oficina, ya no estaba (Rodolfo) Coll -a quien no conocí- … ahí, en la en la oficina de la corresponsalía de Clarín, en la peatonal, y me acercaba. Y Luis María era un hombre muy ocupado. Sin embargo, cuando uno se acercaba, cuando uno lo visitaba, porque era de puertas abiertas esa oficina, siempre simulaba que estaba solamente para atenderlo a uno ¿no? Y son gestos, son actitudes que, sobre todo, para mí, que yo lo admiraba, significaban muchísimo. Y uno aprende viendo a esa gente, ¿no? Esa, gente tan necesaria, como dijo alguna vez en esa hermosa canción, Hamlet Lima Quintana. Son los que te abren la puerta, ponen la mesa, sirven el puchero, cuelgan las guirnaldas… Era eso… era un hombre súper activo y alegre”.

En esa agencia que era sala de redacción y punto de encuentro a la vez, Serroels formó a una generación. Los periodistas jóvenes de los años ´80 sabían que ahí los esperaba un hombre generoso, que abría las puertas sin el recelo que suele separar a los veteranos de los recién llegados. Les daba llave, les daba escritorio, les daba consejos. Uno de ellos parecía simple y era profundo: hay que usar siempre el diccionario, decía siempre Serroels. No como señal de ignorancia, sino como respeto por el idioma y por el lector. Se sentaba frente al teletipo y no se levantaba hasta terminar la nota, de un tirón, casi sin errores, en menos de una hora. En 1990 comenzó a escribir en la revista ANÁLISIS donde pasó a ser su principal columnista y en 1994 se fue de Clarín antes de jubilarse, desafiando al poder empresarial y sin los beneficios que le correspondían. Sus colegas intentaron disuadirlo. Pero, no hubo caso. Fue un acto de integridad que le costó caro en lo económico, pero nunca se lamentó.

 

 

Oscar Londero, periodista

“En verdad empecé a frecuentarlo a Luis María a partir del año 1992, cuando yo me incorporé a la redacción de ANÁLISIS. Lo conocía porque yo ya estudiaba Comunicación Social y el nombre de Luis María siempre aparecía. Y más de una vez lo veía cruzar la Plaza Alvear, yendo o para la agencia de Clarín o volviendo a su departamento. Entonces, era como una especie de marca registrada que había en el periodismo. Y bueno, en el año ´92, sí, ya lo empecé a tratar, y siempre era alguien que resultaba muy interesante… escucharlo. Yo soy bastante parco, soy de hablar poco, y siempre cuando se armaban reuniones ahí en la revista, me gustaba quedarme como a un costado y escuchar, sobre todo, por la experiencia que tenía Luis María y el conocimiento no solamente de la realidad política y económica de la provincia, sino también de las cosas más insólitas… desde los personajes que uno podía llegar a encontrar, no solamente en Paraná, sino por toda la geografía… la cultura general que tenía Luis María, porque era un tipo que podía hablar de lo que se te ocurriera”.

Antonio Tardelli, periodista

“Yo recuerdo que el espacio de Luis María, en tanto corresponsal de Clarín… era un sitio de reunión para todos nosotros. Teníamos un ratito libre o andábamos dando vueltas sin tener demasiado que hacer, y caíamos a la agencia de Clarín, que estaba en la peatonal de Paraná… que, además, nos daba un poco de envidia, ¿no? Porque Luis María era un profesional que tenía un trabajo en un medio importante como Clarín, y que tenía su oficina y que tenía un living muy amplio… así que nosotros pasábamos por ahí, conversábamos con él. Y recuerdo también que lo vi… lo vi trabajar frente a su máquina de escribir. Él fue de los que tuvieron que pasar de la máquina de escribir al ordenador o a la computadora. Y ahí vimos la solvencia de su trabajo y veíamos cómo él trabajaba para un medio porteño, temas que nosotros abordamos cotidianamente acá, y de alguna manera aprendimos”.

Techa Serroels, esposa

“Estaba en el quinto año del Colegio Nacional cuando fundaron ´Los Leñeros´. Y una anécdota que ice que se habían estudiado, se habían preparado nada más que 2 temas. Cuando terminaron le pedían otra, otra, otra, y volvían a repetir los temas porque eran los dos que solamente sabían. Aparte tuvo en la parte artística muchísima participación también. Aparte de ´Los Leñeros´, integró ´Los trovadores del Norte´, y escribió una suite, ´El vientre de la tierra´, que Rubén Durán lo llevó a todos lados e hizo cantadas, muchísimos temas musicales. Trabajó mucho también con su cuñado, con Juan Manuel Alfaro, con el poeta, que el último tema que hicieron, ´Ciudad Jacarandá´, que fue lo último y la música es de Luis María… y él encantado con la música. Tocaba la guitarra, tocaba el piano, y por un problema de salud de sus manos, tuvo que dejar de hacer eso que le encantaba. Pero, bueno, lo suplía con otras cosas también”.

 

 

Jorge Medina, periodista

“Cultivó la amistad, como los que saben valorizar esa amistad que era segmentada y a su vez unida… La amistad de la responsabilidad en la radio, en un programa que todavía sigo, donde lo extraño, porque él ponía la cuota de sabiduría, de conocimiento de todos los temas. Por ahí había que frenarlo un poco, porque se iba en su voracidad por seguir hablando. Era el núcleo convocante de toda la gente. ´La revista´ tuvo en Luis María, la palanca más fuerte durante dos décadas y media. Pero, además, estaba el otro Luis María… Luis María del café, de encontrarnos en casa, de ´veníte´, de charlar penas, de escucharte, de ponerte el hombro. Y ahí estaba el ser humano… de contarte de su familia, del nacimiento de sus hijos, de sus nietos con orgullo. Es difícil decir cuál es tu amigo o cuáles son las calidades de amigo. Pero, uno hace un cerco, y te das cuenta cuando van quedando en el camino los amigos, cuando empezás a extrañarlo mucho, ahí te das cuenta de que empezás a quedar vacío, porque te faltan otras patas para seguir caminando por los senderos de la vida, que él lo supo elegir muy bien”.

El periodismo era su vocación más visible, pero la música era la morada más íntima de Luis María. Pianista desde joven, organista en la Iglesia del Carmen de Paraná, integró también “Los Trovadores del Norte” en distintos períodos de su vida. Su creación más recordada surgió de la colaboración con su cuñado, el poeta Juan Manuel Alfaro: “Ciudad Jacarandá”, una canción que terminó siendo un himno urbano. También dejó “El vientre de la tierra”, una suite que el músico Rubén Durán llevó por todo el país, y “Lluvia, milagro de cristal”, de “La cantata a Juan Labrador”, que quienes la conocen describen como una joya de la música entrerriana. “Para don Pancho”, su homenaje a Francisco Ramírez, es otra de sus piezas que merecen ser recuperadas y difundidas. “Los Leñeros” hicieron giras memorables. Peor, los problemas de salud fueron cercenando paulatinamente esas pasiones. La artrosis lo obligó a dejar el piano. Una operación en las cuerdas vocales —realizada por el mismo médico que había operado a Carlos Gardel— le quitó la posibilidad de seguir cantando.

Raúl Wiesner Clariá, integrante del grupo “Los Leñeros”

“Me dice: ´Che, Raúl, tengo algo para ustedes, a ver si les gusta´. Y nos juntamos, y era ´La ciudad Jacarandá´, la canción que la letra la compuso Alfaro, que era su cuñado. Y a mí me gustó muchísimo… los muchachos les gustó mucho. Y le digo: Che, Luis María, estás de acuerdo que, en el estribillo, en vez de seguir con ritmo de milonga, hagamos con rasguido doble para darle fuerza. Sí, métanle, dice, métanle. Y, bueno, y ahí salió. Eso fue un éxito para nosotros por todos lados. Y para colmo, cuando lo difundieron, filmaban cosas de la ciudad con la letra de ´La ciudad Jacarandá´. Y nunca me olvido, cuando un festival de El Mate, allá abajo en la Costanera vino uno que trabajaba en la Municipalidad: che Raúl, canten ´Ciudad Jacarandá´ porque nosotros hemos comprado una cantidad de árboles de jacarandá plantar en la ciudad”.

Techa Serroels, esposa

“Inclusive en el teatro participó también con grupos como la Verdiana, con varios profesionales que lo acompañaban siempre… y le apasionaban sus dos pasiones: el periodismo y la música. Así que tenía que conciliar todas esas cosas… así que no era muy fácil, pero se podía hacer (…) Y fue muy intensa… muy intensa porque había que seguirle la corriente. Porque estaba en todo y había que acompañarlo. Pero bien (…) Nos acostumbramos y aparte nos organizamos. Así que… él por entero dedicado a sus actividades porque eran múltiples. Y, bueno, yo acá un poco también, tratando de organizarme, porque aparte yo tenía horas de cátedra, así que no era muy fácil tampoco poder seguir el ritmo de la casa. Pero… bueno, ¿qué va a hacer? Una se las ingenia. Cuando una piensa todo lo que hacía y cómo lo hacía, y de qué manera, y nos podíamos dedicar parece mentira, parece mentira. Pero, bueno, acá estamos”.

Jorge Medina, periodista

“El saber el rol que tenía ser periodista. Él siempre decía que no es porque se tenga un micrófono o una pauta publicitaria o porque se tenga ganas. Él demostró que, sin necesidad de ser académico de la universidad, se podía hacer por formación. Entonces, siempre intentó autogenerarse sus propias condiciones para competirse consigo mismo. Entonces, la labor como periodista era ser crítico, en el sentido correcto de la palabra. Crítico no es bastardear, sino observar con inteligencia. Nunca tuvo cómplices del periodismo, siempre fue libre”.

Luis María Serroels fue muy feliz conviviendo desde abril del ´90 con un grupo de periodistas jóvenes —con un promedio de 20 años— que emprendió la historia de la revista ANÁLISIS. No puso condiciones. No preguntó cuánto iba a ganar. Sólo aclaró una cosa: no negociaba su libertad de expresión. Tenerlo entre nosotros significaba mucho más que una firma prestigiosa: era la seriedad de un hombre con trayectoria intachable apostando por un proyecto joven, casi sin red. Fue columnista semanal durante más de 30 años. Cuando en 1996 ANÁLISIS lanzó su portal web —que fue el primero de la Mesopotamia— se entusiasmó de un modo especial. La posibilidad de publicar en cualquier momento, sin las limitaciones del papel, le pareció una liberación. La dinámica fue siempre la misma: el equipo periodístico le pedía una nota con pocas horas de anticipación, él fingía que era imposible, argumentaba compromisos varios y luego el texto llegaba antes de lo pactado.

Antonio Tardelli, periodista

“Era un tipo que sabía hacer ese ´mix´ entre el laburo periodístico y lo cultural. Yo no vi gran parte de su de su laburo con ´Los Leñeros´. Pero, veo también lo que dejó en materia musical, que era un idioma que él también manejaba y que tenía que ver con su rica personalidad. A Luis María lo respeté mucho y lo quise mucho porque, además de, insisto, esa generosidad que tenía para con nosotros, era una muy buena persona en términos de ayuda y preocupación… preocupación por el otro”.

Oscar Londero, periodista

“Un referente, porque uno sabía que siempre, por cualquier motivo, lo podía consultar. Después fuimos compañeros de trabajo un breve tiempo, porque en el año ´94, él me propuso para que lo supliera los fines de semana en la corresponsabilidad de Clarín, que ahí Daniel Enz había dejado ese espacio. Entonces, hubo un tiempito que trabajamos juntos. Y también me enseñó algunas cosas vinculadas con cómo manejarse con los periodistas de Buenos Aires y de una redacción con pesos pesados como la que tenía Clarín en los ´90. Y también advirtiéndome sobre cosas que podían pasar, como, por ejemplo, me acuerdo de las broncas que se agarraba, por ejemplo, Luis María en algunos momentos, porque cuando encontraba la nota impresa en el diario y le habían cambiado cosas, ya sea porque o habían suprimido algunos párrafos o porque se les había ocurrido agregar. Las mayores broncas se las agarraba cuando le agregaban cosas”.

 

 

Jorge Riani, periodista

“Luis María inspiraba realmente periodismo. Uno lo veía trabajar, veía que no se desesperaba por nada, que todo tenía solución, transitando por la calma, por la tranquilidad y por el trabajo, ¿no es cierto? Desde las personas que siempre trabajó, que por el momento que le tocó vivir, fue un cronista de momentos verdaderamente importantes de las últimas décadas de la ciudad de Paraná, como haber cubierto la cobertura del Túnel Subfluvial; la inauguración del Túnel Subfluvial allá por el 13 de diciembre de 1969. Bueno, ahí estuvo Luis María… Ya escribiendo en el diario Clarín”.

Techa Serroels, esposa

“El tema fue que yo estaba estudiando en un pensionado universitario y lo conocí a través de la música, porque tenían una actuación con ´Los Leñeros´. Y bueno, de ahí empezamos a frecuentarnos. Y con un noviazgo bastante problemático, porque yo estaba trabajando en Goya, me recibí y fui a trabajar allá y él se quedó acá. Entonces, yo soy de Feliciano, así que yo viví allá y él acá… así que fue medio complejo eso. Pero, bueno, se solucionó. Y nos dimos maña para que saliera todo bien (…) Permanentemente, permanentemente. Él vivía, se sentaba en ese sillón y le encantaban los partidos de fútbol, así ya los hubiera visto, los volvía a mirar y estaba pendiente de su equipo, que era River Plate. Él amaba a su equipo. Así que… pero le salió un nieto de Boca, así que era medio conflictiva la cosa… pero se podía arreglar”.

En paralelo construyó una presencia radial y televisiva que se extendió durante décadas. En el programa “La Revista”, que condujo junto a Jorge Medina durante más de 25 años, dos microespacios le pertenecían por derecho propio. Lo llamaban por teléfono para agradecerle desde los barrios. Llegaba a todos. También condujo programas en distintas radios y canales de cable a lo largo de las décadas.

Jorge Medina, periodista

“Después un tiempo en El Diario de Paraná, después ya independiente, trabajando en todo, haciendo distintos programas, ´Los puntos sobre las i´ , ´Agenda abierta´ en distintos medios. Le gustaba mucho la radio. La radio decía que tenía mucha pelada y bromeaba diciendo: menos pelos, pero más materia gris, era su broma. Y ahí hay otra condición: el eterno hombre, no de la sonrisa de él, sino el que provocaba la risa en los demás. Ese efecto espontáneo, mecánico, automático… bastaba de que estuviéramos charlando o lo que sea, hacía el paréntesis en la seriedad de lo que narraba, porque estaba ingresando el cuento poco conocido, no repetido, que volcaba una genialidad de humor muy poco visto”.

Antonio Tardelli, periodista

“A veces discutíamos sobre algunos temas porque él era muy creyente… y a veces nosotros criticábamos alguna cosa de la Iglesia Católica, y hasta algún invitado que nosotros traíamos que sabíamos que iba a criticar mucho a la Iglesia, Luis María tenía, así como alguna resistencia. Pero, aun así, él era capaz de … y creo que fue un aprendizaje que también tuvo al compás de una sociedad que se fue democratizando… él era capaz de respetar mucho lo ajeno y ser un tipo genuinamente democrático”.

Oscar Londero, periodista

“Cosas que leí mucho tiempo después. Me sorprendió, por ejemplo, el trabajo que él hizo para la inauguración del Túnel Subfluvial. Lo escuché mucho tiempo después hablar sobre eso y entiendo la significación que tuvo entendiendo el contexto. Fines de los años ´60, con transmisiones de materiales periodísticos que se hacían de una manera que realmente difieren, pero enormemente de lo que estamos acostumbrados ahora. Y entonces, cómo hacer que se entienda lo que estaba sucediendo, a más de 500 kilómetros de Buenos Aires, una obra de infraestructura magnífica por el impacto que iba a tener, o sea, que se presumía lo que podía llegar a significar, pero después el tiempo terminó confirmando que la magnitud incluso fue mayor”.

Jorge Riani, periodista

“Cuando falleció -hace ya un año- escribí a pedido de Daniel Enz una nota en la revista ANÁLISIS, y cuyo disparador fue una foto donde se nos ve corriendo a todos. Y allí aparece Luis María. Era una guardia periodística de las que se hacía en su momento. Los diarios lo hacíamos. Era un planteo que hacían los presos en la cárcel de Paraná, un amotinamiento, un motín. Ahí iba corriendo él y yo decía… eso muestra… es una foto, una imagen, un momento, que lo saca Augusto César Larrea, quien habría sido el jefe de Fotografía de El Diario de Paraná, y yo digo… ahí sin querer, pero queriendo seguramente tratándose del ojo de Larrea, se fotografía lo que era Luis María. Un hombre que iba al lugar donde se producían las noticias, que no se aburguesaba, y también con una jovialidad como la de todos los jóvenes veinteañeros que lo estábamos rodeando en ese momento. ¡Ese era Luis María!”.

Candelaria Serroels, hija

“Como valores te deja mucho el ser solidario, compañero. Ayudaba mucho a la gente. No importaba a quién, siempre que pudo dar una mano, la daba. No importaba cómo, pero siempre fue muy solidario con todo el mundo, con todo el mundo. Nunca tuvo un no, siempre… no solo para nosotros como familia, sino con gente que quizá no conocía, que le pedía una mano… él siempre estuvo presente… siempre ayudó hasta donde pudo, y más… siempre ayudó… siempre fue muy solidario… muy solidario, muy respetuoso. Y, bueno, esa es una de las enseñanzas, de los valores que nos deja el tema de la solidaridad. Es el valor principal -creo yo- que me deja a mí, en lo personal, el valor que más lo representaba y el que más me deja como enseñanza: el de ayudar sin importar a quién, ni recibir nada a cambio”.

El periodismo de Serroels no fue cómodo. Tuvo amenazas. Hubo custodia policial en el edificio de calle Garay durante un tiempo prolongado. Pero, no cedió. Su posición era clara: la única camiseta que ostentaba era la de River Plate. Tenía un refrán para describir lo que debía ser el periodismo: no puede un periodista tirar cien plumas al aire si no es capaz de recogerlas una por una. Quería decir que había que ser valientes, críticos, denunciar lo que haya que denunciar. Pero, al mismo tiempo ser suficientemente responsable para no dañar un honor ajeno. Era un hombre que respetaba la dignidad de los demás porque respetaba la suya propia. Le indignaba la injusticia. Nunca anduvo sacando chapa ni buscando la palmada fácil. Podría haber sacado más provecho de muchas situaciones. Pero, eligió no hacerlo. Por su trayectoria recibió el Premio Santa Clara de Asís y el reconocimiento de ETER a la trayectoria. Pero, el que más lo emocionó fue en marzo de 2024, cuando el Concejo Deliberante de Paraná lo declaró Ciudadano Ilustre.

Techa Serroels, esposa

“Lo que le enojaba mucho era la falta, por ejemplo, de profesionalidad de la gente, de los periodistas o de gente en general. La falta de honestidad. La falta de palabra a veces, de su relación o de percibir cosas así, que no le gustaban. Porque él era muy recto, muy muy derecho y esas cosas sí le molestaba mucho (…) A través de todas las actividades que realizó en su vida, de ser empleado de la Casa de Gobierno, era jefe técnico de Prensa y Difusión, después fue corresponsal de Clarín, después trabajó en El Diario, después se volvió independiente, etapa brava, pero… qué sé yo… todo lo que hacía lo hacía intensamente. Así que… etapas donde sufrió mucho, digamos, lo que la gente por ahí le criticaba o veía que no que no le gustaba eso. Además, tuvo muchas amenazas, muchas. Tuvimos una custodia acá en el edificio por mucho tiempo… pero bueno, siguió como como siempre”.

Luis Jacobi, periodista

“Como siempre, tenía esa percepción tan especial que podía, a veces, adelantarse a los hechos. Y estas son las cuestiones que uno, si es perceptivo y está aprendiendo -porque yo tenía todo para aprender de él-, le van quedando… y son muy útiles, ¿no? Lo van formando a uno, porque son apreciaciones que son formativas. Y eso tiene un valor extraordinario para -como dije antes- … para alguien que venía no de la academia, sino que tratábamos de hacernos en forma empírica… formarnos”.

Raúl Wiesner Clariá, integrante del grupo “Los Leñeros”

“Luis María me dijo algo a mí, y a mí me emocionó…. yo quería visitarlo más seguido, pero no podía. Él me dijo, mirá, Raúl, si el conjunto existió y sigue hoy en día, es por vos, me dice. ´Vos sos el alma del conjunto´, Luis María me lo dijo. ¿Y sabés? una anécdota que tengo con Luis María y todo el conjunto. Habíamos cantado en Misiones, en Posadas, y fuimos la revelación. Y volvíamos en tren… hacía un calor. Y cuando llegamos a Monte Caseros, paró el tren y nos moríamos de calor. Entonces, yo me bajé del tren y me fui por allá atrás, y empecé: ´helado, bombón, helado, casata´ … salieron de raje del tren, porque dije, ay, qué lindo, todo el helado. Y cuando me vieron a mí, me querían pegar… fueron cosas lindas… muy lindo, muy lindo”.

Oscar Londero, periodista

“Él se enchinchaba, por ejemplo, cuando con esto que te decía, sobre los cambios en las notas, ¿viste? Y la falta de comprensión del editor para entender lo que sucedía acá… que después yo también lo sufrí y lo padecí. Y también le indignaba la injusticia… por ahí no te lo decía muy frecuentemente, pero eso estaba presente… en dónde ponía él la atención. O sea, en qué consideraba que eran los temas que tenían que tratarse y cómo abordarlo. Entonces, ahí estaban esas dos cosas, para mí fueron así como esenciales. Para mí fue siempre una enseñanza enorme… puede parecer una pavada, pero fue algo a mí me marcó y me acuerdo que se lo dije una vez… no me acuerdo qué año fue, que hubo una entrega de premios en ETER y se le entregó a él un Premio a la Trayectoria, y me invitaron a mí a que hablara. Y justamente una de las cosas que dije en ese momento fue eso: que él me había insistido en que había que usar el diccionario. Este, así que, bueno, eso lo guardo como un pequeño legado”.

En noviembre de 2024, un grupo de amigos organizó un asado. Luis María estuvo allí disfrutando cada minuto como si fuera el último. El 26 de abril de 2025 recibió en su departamento la última edición de la revista ANÁLISIS y el libro “La banda de los contratos”. Lo recibió con emoción. Abrió la revista como hacía cada vez que llegaba a sus manos Y se quedó leyéndola sentado en su viejo sillón del living. A los pocos días sufrió un ACV isquémico. Ya había tenido uno más leve dos años antes y había logrado recuperarse bien. Esta vez fue diferente. Fue internado en el Sanatorio La Entrerriana y no pudo volver a su casa, ubicada a escasos metros. El jueves 15 de mayo de 2025, cerca de las 19, Luis María Serroels falleció. Iba a cumplir 83 años en julio.

 

Antonio Tardelli, periodista

“Luis María tenía un… primero tenía algunos recursos muy interesantes para ayudarse a sí mismo. Vos sabías que Luis María siempre tenía una enciclopedia a mano y sabías que tenía a mano un libro de refrán que en algún momento lo iban a salvar… cosas de experiencia en el oficio”.

Oscar Londero, periodista

“Y estaría indignado por las condiciones en las que se hace el periodismo. Por las condiciones de trabajo y por las cosas que se ponen en consideración ante la opinión pública… temas que realmente no merecen la más mínima atención, que están sobredimensionados, los abordajes de ciertos temas y esta especie de cultura del ´copiar y pegar´… y de la repetición. Y, sobre todo, indignado con esta vorágine de querer estar todo el tiempo llenando espacios, como alimentar una maquinaria sin parar la pelota y reflexionar y pensar si lo que se está haciendo vale la pena, si es útil, si es necesario, si es transformador”.

Jorge Riani, periodista

“Luis María tenía un sentido común muy grande, aunque pareciera que esto es un insumo elemental, una condición elemental. En el caso de él, siempre sabía darle una vuelta de rosca, a plantear un problema. Tenía mucha claridad en la redacción y en los conceptos. Y, como dije, estaba siempre en el lugar adecuado donde es necesario estar para hacer una crónica… una crónica rica”.

Jorge Medina, periodista

“La política era un instrumento de un país que él quiso mucho, de una provincia que quiso mucho, de un pueblo -Sauce de Luna-, de donde vino… padre ferroviario, de otra manera, pero fundamentalmente con una argentinidad marcada. Entonces, a lo mejor la camiseta de River era la única que ostentaba, aunque se la sacaba al rato, ¿no? Pero, no tenía camiseta”.

Techa Serroels, esposa

“Fue un excepcional realmente, realmente… y en todo, absolutamente, en todas las cosas ha dejado su huella y todos los días lo tenemos presente… en todas las cosas… te acordás tal cosa, y te acordás tal otra, qué lo enojaba, y qué le gustaba, y qué sé yo. Aparte están todos sus libros, todas sus cosas que, realmente, no sé… algún día veré qué hacer con eso. Pero, era una persona íntegra, muy de su casa y muy, muy de su trabajo, conciliaba todo dentro de lo posible”.

Candelaria Serroels, hija

“Me gustaría que sea recordado como lo que fue: una excelente persona. Un excelente periodista. Con muchos valores en su profesión, que nunca se doblegó; siempre fue muy firme en sus convicciones… casarse con nadie como quién dice… ser recordado por todo lo que hizo en su vida: la música, el periodismo… todo… todo lo que hizo en su vida siempre fue para bien. Me gustaría eso: que sea recordado como lo que fue… como una excelente persona, solidaria… ¡Una gran persona! ... ¡Una gran persona! En lo particular me siento orgullosa cuando voy a algún lado… y cuando sale mi apellido y me preguntan qué era de él y me hablan muy bien de él… personas que simplemente eran conocidos por la radio, por la tele… la verdad que es un orgullo para mí ser la hija de Luis María”.

 

Memoria Frágil: Luis María Serroels, el de la pluma y la palabra

 

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