Un PASO atrás

Por Luciana Peker (*)

El efecto post PASO es, sin lugar a dudas, un paso atrás para las mujeres. En Argentina la paridad conseguida en los cargos de diputadas/os y senadores/as obliga a que las candidatas no falten. Si no fuera por esa obligación no estarían hoy ni las ganadoras, ni las perdedoras. Los derechos que ya son ley (salvo que se quieran deshacer) están ganados. Pero los que no están garantizados se deshacen a la primera crisis. Lo primero que se entrega es la perspectiva de género, como si el machismo fuera garantía para ganar y las mujeres una mala brújula electoral.

Y los derechos que no están atados se están perdiendo o retrocediendo. Eso muestra que las acciones positivas son necesarias porque cuando la política apela a la buena voluntad las urgencias siempre visten corbata y se olvidan de las mujeres en nombre de la necesidad y la emergencia.

La derrota electoral generó una crisis dentro del oficialismo. Después de tuits, cartas y una pulseada por ver quién manda las que más perdimos somos las mujeres. En la coalición se apeló a la unidad, pero la unidad se olvidó de que no puede unir solo a los varones, sino que la unidad debiera ser con las mujeres adentro. Sin embargo, la paridad quedo olvidada y, ni siquiera hubo tiempo, para una mínima representación en los cargos más altos del Poder Ejecutivo.

El nuevo gabinete tiene siete nombramientos. Siete y ninguna mujer. El nuevo Jefe de Gabinete es Juan Manzur; el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto es Santiago Cafiero; el Ministro de Seguridad es Aníbal Fernández; el Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca es Julián Domínguez; el Ministro de Educación es Jaime Perzyck en Educación; el Ministro de Ciencia y Tecnología es Daniel Filmus y el Secretario de Comunicación y Prensa es Juan Ross.

¿De verdad no hay ni una sola mujer valiosa para ocupar un cargo ejecutivo? No, no es verdad. La única verdad es la realidad: es un retroceso. En la emergencia que generó la derrota y las peleas internas se apela a la necesidad. Pero no es cierto que los varones convocados generen soluciones, votos y unidad y que las mujeres son espantapájaros que solo hay que poner cuando se empieza una gestión o cuando la política da tregua (que nunca pasa en Argentinalandia).

Otra alarma es que las mujeres que se retiraron fueron –siempre- reemplazadas por varones como Sabina Frederic en Seguridad; María Eugenia Bielsa en Desarrollo Territorial y Hábitat y Marcela Losardo en Justicia y Derechos Humanos. La única excepción es Carla Vizzotti que permanece en el gabinete junto a Elizabeth Gómez Alcorta en el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, un cargo que sería un escándalo si fuera ocupado por un varón.

Así y todo hay quienes acepten que en el gobierno las internas se diriman en público y quede Eduardo “Wado” de Pedro después de presentar la renuncia sin hablar antes a Alberto Fernández o que se junten en la misma jura Aníbal Fernández y Julián Domínguez, no solo dos contrincantes en las PASO del 2015, sino el ejemplo que se usaba para decir que había que evitar las internas porque dejan demasiadas heridas abiertas.

La idea es que los varones pueden pelearse y amigarse, según las conveniencias y porque la chicana es el arte de nunca enojarse del todo y nunca confiarse del todo. Pero las mujeres o son demonizadas como vengativas, resentidas y villanas o son compungidas a llevar sus enfrentamientos hasta las últimas consecuencias sin poder convivir con el conflicto o la pica que forman parte de la ritualidad de la política.

En ese sentido, el cargo más polémico de la nueva conformación de gobierno fue la elección de Manzur como Jefe de Gabinete por sus antecedentes contra el aborto legal durante su paso por el Ministerio de Salud y la gobernación de Tucumán.

Sin lugar a dudas, un gabinete masculinizado, sin paridad, ni cupo, con una mujer como excepción en salud marca un retroceso. Y muestra que la corrida al gobierno por derecha en el discurso público, las redes y los resultados electorales redundó en una masculinización y derechización del gabinete, al menos, en el sentido, de minimizar el impacto de género y priorizar la política en su sentido federal (como si el federalismo no incluyera a las valiosas mujeres federales que gestionan en todo el país) y una mesa de compinches donde se pueden sentar a negociar sin tener que fijarse en sandeces como la igualdad.

De todos modos, ante el retroceso, la respuesta no puede ser más retroceso. El periodista Carlos Pagni se burló de la Ministra de Mujeres y la infantilizó como si el lenguaje inclusivo fuera una falta de capacidad para entender ideas y le sugirió su renuncia por haberse enfrentado a Manzur y ahora tener que convivir en el gabinete. Los varones se enfrentan y conviven. ¿Por qué las mujeres deberían irse?

Y, en todo caso, preferible que lo siga enfrentando si Manzur intenta bajar la aplicación del derecho a la Ley de Interrupción del Embarazo o la pelea judicial para que la embestida conservadora no llegue a frenar el aborto legal. En ese caso, lo mejor no es que se vayan las que están, sino que sean fuertes para garantizar los derechos conseguidos y no conformarse con lo que hay, ni con lo que ya no hay, sino que se pueda volver a recuperar espacios.

“Yo casi que me animo a hablarle a la Ministra. Lo voy a hacer en términos especiales para que me entienda ella. Ministra Gómez Alcorta todes nosotres estamos sorprendides que con la presencia de Manzur usted no haya presentado la renuncia”, desafío Carlos Pagni, desde La Nación+, el lunes a la noche.

Una de las peores argumentaciones ofensivas contra las mujeres es que tienen que explicar porque no están donde no están y porque están donde están. Pero no solo no se tienen que ir las que están. Hay otro paso fundamental y no es solo que hace el gobierno que, sin lugar a dudas, hizo mal en retroceder en equidad de género y eso va a implicar más dificultad para gestionar a favor de la igualdad.

Es fundamental que, desde los feminismos y los movimientos sociales, no solo se critique los retrocesos –que no se pueden dejar de señalar- sino que se apuntale a las mujeres que gestionan en la actual gestión o que son defensoras de la agenda de género en las listas que se votan en noviembre o que pueden ser futuras funcionarias.

La gimnasia del indignacionismo es un buen marcapasos frente a los errores. Pero, a esta altura, se queda cortó y tiene un vaivén tan light como el consumo de likes en redes sociales. Para construir una gestión paritaria más allá de los emoticón de disgusto hay que avalar la construcción de liderazgos de mujeres, no binaries y trans que puedan disputar poder, contar con aval en su gestión y contar con votos propios.

Ya no alcanza con decir lo que está mal, se necesita reforzar a las que hacen las cosas bien (y, al menos, no erosionarlas) y sumar capital político a las que lleguen a las listas y sean candidatas a ocupar los cargos más representativos en el Poder Ejecutivo.

El machismo reinante en nombre de la emergencia y de la necesidad de recomponer votos es un paso atrás del gobierno. Porque es un signo de retroceso, porque asienta la desigualdad, porque da por cierto que las mujeres no saben gestionar y que no hay donde busca funcionarias capaces y que -en tiempos difíciles- lo más efectivo es tener lo que se le pedía al presidente –huevos- y no tener la gran vergüenza social: genitalidad femenina.

El apelativo despectivo con el que el femicida Ricardo Barreda –de su esposa, su suegra y sus dos hijas- se victimizaba alegando que era llamado “conchita” por su familia y que esa palabra ameritaba cuatro asesinatos muestra que la sociedad argentina demoniza la sexualidad femenina y endiosa la masculina. Así se lo nombró al Presidente toda la semana por su disputa con Cristina Kirchner. El gobierno reacciona de forma machista en una sociedad que, a través de las redes sociales, se cuestiona de manera machista un liderazgo masculino que tiene que conciliar con un liderazgo femenino. Si la gestión pública responde a ese sentido común que atrasa también atrasa la política y la gestión pública.

La diferencia que hay entre lo que escandaliza en una mujer y humaniza a un varón es abrumadora. A Victoria Tolosa Paz se la encarnizó como frívola y salirse de la agenda de las necesidades populares por decir que “en el peronismo siempre se garchó” y acercarse a la idea del goce. Pero a Javier Milei se lo respeta por ser profesor de tantra y se lo escucha con admiración y liviandad si cuenta las horas en las que puede sostener una penetración espiritual.

No está mal hablar de sexo en ninguno de los dos casos. Lo que está mal es que los hombres sean los que tienen que enseñar y las mujeres las que tienen que callar. Ah, y un detalle que no es menor. El sexo tiene riesgos. Las mujeres que lucharon por el derecho a la anticoncepción gratuita y el aborto legal no frivolizan la política: conquistaron un derecho que permite gozar sin temor a perder la vida.

Los que hablan en nombre de la libertad pero ponen en riesgo a quienes pueden salir ilesos de la experimentación sexual y a quienes podrían ser mandadas a la clandestinidad tienen una formula sesgada de un liberalismo más liberal con los varones que con las mujeres.

Pero, por supuesto, no es necesario irse por la colectora, Manzur no es una carta de unidad que deja a la Argentina sin grietas. En febrero del 2019 el caso de una niña de 11 años que había sido violada marcó un antes y un después en la necesidad de proteger a las más chicas del abuso sexual y la maternidad forzada.

En ese momento, Manzur declaró: “primero la familia dijo que quería continuar con el embarazo de esta criatura que había sido violada, pero 36 horas después dijo que quería hacer la interrupción del embarazo, y a partir de ahí se pusieron en marcha los mecanismos necesarios para garantizar esa decisión”. Y el (ahora Jefe de Gabinete) justificó que se le practicó una cesárea porque “es una criatura de 11 años y sus órganos no están preparados para un abordaje natural”.

En su historial también hay que acordarse de que, en el 2010, escondió la lapicera y se negó a firmar con carácter de resolución ministerial la “Guía Técnica de Atención Integral de Abortos no Punibles” que fue un enorme avance para respaldar la realización de abortos legales en el sistema público de salud.

La letra chica del acceso a los abortos legales la realizó, a pesar de la negativa de Manzur, Paula Ferro, en ese momento a cargo del Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud de la Nación. Su decisión fue valiente, ya que el ex Ministro de Salud, Juan Manzur, no quiso firmar la Guía con el carácter de resolución ministerial, pero, de todos modos, los abortos legales, comenzaron a realizarse.

No hay ninguna duda que la falta de mujeres y la presencia de varones que han jugado en contra del avance de derechos no son buenas noticias. Pero la estrategia no puede ser solo bajar el pulgar con lo que falta y está mal. Es hora de subir el valor de las que, como Paula, se animan a defender derechos y tienen que ser reconocidas.

(*) Periodista especializada en género - Publicado en Infobae

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