Aerolineas o dentadura, he ahí  la cuestión oculta en el barullo 

Por Tirso Fiorotto (*)

Enumeración de prioridades posibles de la economía entrerriana, frente al sistema colonial de un estado nación despótico que nos impone inversiones sin participación regional. Inquietudes de una provincia con tantas personas sin dientes obligada a pagar caprichos ajenos. Aerolíneas Argentinas debiera ser una empresa estatal de la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Capital, con participación de sus empleados. He ahí una posibilidad de unir al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) a través de un servicio de excepción. Provincia y Ciudad juntas, por un ideal.

De esa manera, los dos estados más poderosos de la Argentina y los trabajadores de la empresa que son mayoría de esas dos jurisdicciones podrían gozar de los beneficios de contar con una firma vigorosa y realizar acuerdos con los distintos territorios del país, y con el mundo, es decir: con todos los que quieran el servicio, para consolidar su crecimiento y favorecer a esos dos estados con el movimiento económico que genera la empresa, eso que los defensores de AA nos cuentan al detalle.

En esta columna no proponemos su privatización. No está en nuestro ánimo, ni queremos meternos en la economía de Buenos Aires Provincia y Ciudad. Como suponemos que los poderes de esos dos estados no querrán inmiscuirse en nuestras prioridades.

Nosotros no sugerimos que los estados vecinos privaticen el ferrocarril que sirve a sus ciudadanos, ni que encarezcan el costo de la energía, ni que vendan Aerolíneas. Sí, por supuesto y se cae de maduro, no queremos (porque no podemos) hacernos cargo de servicios como AA pensados para estados florecientes, con los escasos recursos que juntamos aquí a los tropiezos. No injerencia, es nuestro lema.
 
Desearles lo mejor

Ellos comprenderán, como es obvio, que nos neguemos a pagar un servicio carísimo para los recursos que junta el pueblo, y que no está dentro de nuestras prioridades, para nada. Los favores indirectos que, dicen, procuran con una inversión multimillonaria que acrecienta las deudas existentes (es decir, todo hecho a fuera de endeudamiento del estado) son minucias al lado de lo que podríamos hacer con esos fondos de manera directa. (Los jóvenes podrían acceder a la tierra, las mujeres podrían dar a luz en sus ciudades y no ser obligadas a la cesárea como hoy, todos tendríamos acceso a la salud con las mejores tecnologías…).

La Argentina es un país fragmentado. Cada sector tira para su lado sin cuidar del conjunto. Pasa en la política como en las diversas organizaciones. Es común usar y abusar de las riquezas. La fragmentación es un virus que se cultiva en un caldo llamado colonialismo interno, una estructura de casilleros donde la realidad se siente incómoda. Por eso no vemos el hambre, la falta de una vivienda adecuada, la falta de trabajo para muchos, la contaminación del agua y el suelo, como no vemos las dentaduras en los barrios; en ese caldo mandan las recetas escindidas de la historia y el entorno. 

Como Aerolíneas Argentinas moviliza la economía a través de los aeropuertos de la Provincia y la ciudad de Buenos Aires, principalmente, y la mayoría de sus empleados viven por allí; y como son esas jurisdicciones las que concentran los viajes a cualquier punto del país y del mundo, es justo que esa empresa pertenezca a esos dos estados. Así de sencillo. Además, si la defienden es obvio que será porque la pueden pagar y está en sus prioridades.

Mejor aún cuando los directivos de AA dicen que este año ha sido superavitaria (aunque los números no han sido auditados. Al cierre de esta nota conocíamos datos sobre el uso de fondos de los jubilados argentinos para sostener el déficit y simular superávit. Venía perdiendo entre 300 y 700 millones de dólares por año).

En Paraná conocemos casos de familias que debían viajar de urgencia a Mendoza por razones de salud y cualquier viaje en avión desde Entre Ríos o Santa Fe les llevaba más tiempo en avión que hacerlo en auto, debido al desvío de los vuelos por Buenos Aires...

En el caso de que los entrerrianos decidiéramos, entre nuestras prioridades, contar con una empresa aérea, podríamos tenerla según nuestro presupuesto. O quizá elegiríamos negociar con AA o cualquier empresa el modo de brindar este servicio, con los dineros que nosotros aportemos de acuerdo a nuestro leal saber y entender, no por imposiciones.

Son sectores de la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad capital los que aducen las bondades de AA para el estado y para los pueblos. Y bien: no nos queda más que desearles que les vaya bien.

Sin meternos en casa ajena, digamos que a nosotros nos han faltado fondos que el estado nacional ha destinado a la Ciudad de Buenos Aires y a la Provincia de Buenos Aires en distintas gestiones, y por eso nos animamos a preguntarnos de dónde sacarían el dinero para sostener AA, sin mendigar entre las provincias pobres como lo hacen hoy. Y en caso de que en verdad AA sea superavitaria ahora, ¿por qué no querrían conducirla?
Los fondos extraordinarios, por fuera de lo convencional, que recibieron la Ciudad con Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, y la provincia con Alberto Fernández y Axel Kicillof, no salieron de un repollo: salieron del dinero de todos los argentinos.

Mirarnos los dientes

Respecto de las quejas repetidas de ciertos sectores de la provincia de Buenos Aires (la más poderosa del país por lejos, debido a los privilegios históricos que consiguió y consolidó por la razón de la pólvora), apuntemos que el conjunto del país ya está pagando servicios baratos allí. No hace falta decir que Entre Ríos paga con el resto de sus hermanas los millones de dólares diarios que cuesta el tren de pasajeros, cuando en nuestro territorio el servicio no tiene más de 25 kilómetros. Así es como bancamos el déficit de la jurisdicción vecina; entonces cuando allá un viaje cuesta cien aquí en el mismo trecho cuesta mil. Es sabido que el principal triunfo del colonialismo interno consiste en lograr que los siervos naturalicen su inclinación. ¿No es de todos YPF? ¿Y por qué aquí la nafta tiene un precio mayor? 

Han logrado lo suficiente, sin dudas, y es cierto que los medios masivos colaboran para que la majada no se alborote.

Recordemos que nosotros tenemos una larga lista de prioridades. Si la pobreza de un país se mide mirando los dientes de sus pobladores, no querrán que hagamos la prueba con las entrerrianas y los entrerrianos abriendo nuestras bocotas.

Considerando que todavía no se ha inventado un sistema para vivir del aire, y es necesario masticar por lo menos un par de veces al día, sorprende que en nuestro territorio se cuenten por miles las personas que no pueden gozar aquí de una dentadura como la gente, sencillamente porque tratamiento de conducto, implante, prótesis, ortodoncia, escapan de nuestros presupuestos. No se nos caerá el apellido si decimos que, con un paquete de arroz, uno de fideos, dos bifes, pasta dental y cepillo de dientes se nos va la mitad de la jubilación. Eso da risa, y por razones obvias nos reímos con los labios apretados.
 
Colonialismo interno

El colonialismo interno de la Argentina que por mucho tiempo se llamó unitarismo desvirtúa los análisis hasta en los más prevenidos. Por ejemplo: una persona de una provincia del llamado interior que evade un impuesto será considerada evasora, negrera, antipatria. Se supone que el estado, con ese dinero, busca una suerte de equidad social. Sin embargo, esa persona paga el impuesto para que el estado nacional lo distribuya donde le plazca. Por ejemplo, en lugar de colocarlo en caminos, educación, veredas, energía, baños como la gente, saneamiento de arroyos, alimentos sanos, dientes para el pueblo, los invierte en AA, como si todo lo demás estuviera ya cubierto.

Si no existiera esta empresa, el estado podría subvencionar viajes de personas que por necesidad y urgencia deben trasladarse a mucha distancia. (Es la misma concentración del poder y las poblaciones la que obliga a muchos del interior a viajar a Buenos Aires, claro está). Pero no hace falta nada para saber que los entrerrianos, por caso, si tienen que optar por una inversión jamás lo harían como prioridad por AA cuando tienen 25.000 kilómetros de caminos sin afirmar, y por eso no pueden vivir dignamente y se amontonan en barrios insufribles. Ni un gallinero, ni un tambo, pueden establecerse sin caminos. Y las familias no son tontas, ¿por qué vivir en un lugar donde no podrán salir con sus hijos hacia la escuela, o el hospital, por una semana, si llueven 50 milímetros?

Miles de veredas en veremos, miles de familia sin espacio ni techo donde desenvolverse, miles de desocupados; pymes que necesitan un crédito para salir adelante, pero encuentran que a los créditos los absorbe el estado; miles y miles de personas con problemas de salud que no pueden superar por los costos…

Cualquiera que desee arreglar su dentadura para comer bien, con una buena atención, requiere de fondos que no tiene el asalariado común, y menos aún aquellos que viven de changa. El estado tiene dinero para hacer que todos tengamos una dentadura excelente, pero lo gasta en empresas que permiten a grupos pequeños manejar grandes sumas, y que chupan el dinero de todo el país hacia Buenos Aires, Capital y Provincia.
 
Falacia del francotirador

El político que llega al gobierno en busca del poder pero sin planes acabados para superar los problemas que cuestionaba es muy probable que no supere nada, pero, entonces, ¿aceptará que no estaba preparado? De ninguna manera.

La falacia del francotirador se explica en aquel pistolero dentro de un galpón que dispara a cualquier lado, sin ton ni son, y luego pinta las dianas (las circunsferencias) en cada agujero de las chapas.

Llegado el vecino, el francotirador le dirá que pintó los blancos y luego disparó, con gran acierto.

Desde esta treta, si el país está endeudado, con todo un presupuesto que se cuela por el pago de intereses de las deudas públicas, por caso, y no hay un plan para investigar y desendeudar, sino que el político necesita más fondos como cualquiera que no sabe qué hacer con la economía de su hogar, entonces según la negociación que le salga, irá con su lápiz, pintará una diana donde salió el agujero y al modo del Chavo del 8 dirá que todo estaba "fríamente calculado".

Así con la inflación, con el trabajo, con la educación. Así con Aerolíneas Argentinas.

Todo el pueblo ha invertido allí más de 8 mil millones de dólares. Y sabemos que el 99 % de los entrerrianos no viajamos en AA. Menos aún aquellos que más necesitan del estado. Con la falacia del francotirador, los defensores de AA buscan todos los agujeros de ese colador y le pintan un círculo para que los aplaudamos por la precisión del tiro. Da risa (con labios cerrados, claro). Dicen que AA moviliza, ¿y cuánto movilizaríamos con 8 mil millones de dólares directos a la boca de las argentinas y los argentinos, con nutricionistas y odontólogos y técnicos en prótesis dentales bien pagos, con universidades bien preparadas para su formación, con personas sanas desde la prevención? 

No es para rasgarse las vestiduras: la del francotirador es una falacia habitual en los gobernantes. La extienden al punto de maquillarse como miembros de un sector político uniendo artificialmente puntos inconexos, y haciendo invisibles los demás puntos no menos importantes. Por ejemplo: pensemos en asuntos relevantes en alimentos, educación, salud, seguridad, vivienda, trabajo, ciencia, justicia, por ejemplo. De cada diez puntos en cada tema el francotirador toma uno de cada lugar y lo vincula con uno de cada uno de los demás sectores para generar una imagen. Probablemente sea una selección caprichosa: pintamos el círculo donde conviene para formar el relato mentiroso. Esta falacia es usada por oficialistas a favor, y también por adversarios, en contra, y es una manera muy habitual de impedir cualquier punto de intersección, cualquier posibilidad de consenso.
 
La revolución trunca

¿Qué dirían los partidos y sindicatos y demás organizaciones si les mostráramos que el estado argentino puede dar hoy mismo una hectárea a cada familia humilde del país, para que se realicen, que tengan sus alimentos primordiales, que salgan de la humillación del hacinamiento? Y bien: con sólo una empresa como AA podrían adquirirse 3 millones de hectáreas de buenas tierras fértiles, con buen clima, como las entrerrianas. O 6 millones en la Patagonia, pero no de las más desérticas sino de las aceptables. 

Tres millones de hectáreas, tres millones de familias, 12 millones de personas, y todo con lo que hemos invertido en una sola empresa que el 99 % de las personas no usa.

Por supuesto que la cosa es más compleja. Ese dinero ha salido del endeudamiento público que ya se acerca a los 500 mil millones de dólares. Es decir: los cruzados por AA tomando del plato de sus nietos.

Para terminar esta breve mojada de oreja digamos que, en verdad, y sin ironías, no compartimos las políticas privatistas ni las votamos. Pero la Argentina tiene varios problemas convergentes, lo que en sociología se llama interseccionalidad para mostrar el racismo multiplicado. Entonces, esto de cargar sobre todos los argentinos el déficit de empresas que interesan fundamentalmente a Buenos Aires Ciudad y Provincia, y que son importantísimas como tantas cosas pero no prioritarias para nosotros (si consideramos los males del endeudamiento y la inflación), debe ubicarse en el plano que corresponde: el colonialismo interno atropellador y destructivo.
 
Asuntos para conversar

Si nos preguntaran por las prioridades, podríamos señalar de modo espontáneo sin mucho orden algunos puntos para conversar, además de la dentadura que dábamos como ejemplo.

1-Desarraigo y destierro. Entre Ríos pasó de ser la tercera provincia a ser la octava. Los censos demuestran que la mayoría de los entrerrianos emigrados viven con sus hijos y nietos en la provincia de Buenos Aires. La historia dice que ese territorio fue privilegiado en el desarrollo industrial, de ahí la succión de poblaciones del interior. Y eso no se ha revertido.

2-Acceso de la vecindad a la tierra. Miles de jóvenes tendrían una base para iniciar su vida económica en un predio, y para sostener sus alimentos sanos y cercanos, baratos, pero los latifundistas del campo y la patria contratista especuladora en la ciudad, lo impiden.

3-Pobreza y miseria, a pesar del destierro. Hacinamiento. La desocupación en el territorio provincial se oculta con el destierro, que es la norma, y se suma que muchos de quienes quedan viven en barrios miserables. El hacinamiento, que enferma por distintas vías, es marca en muchos desterrados como en muchos humildes que se quedan.

4-Salud curativa. Ausencia de programas de prevención, de salud primaria. Contaminación a la vista del sistema sanitario. Transgénicos, herbicidas e insecticidas. Distintos partidos gobernantes sostienen un sistema que concentra la actividad -con predominio de grandes máquinas que reemplazan al ser humano-, achica la diversidad alimentaria y pone en peligro la biodiversidad y dentro de ella la salud humana.

5-Destrucción del primer sistema de reparto que es el federalismo, con manipulaciones del presupuesto para dejar que la nación maneje fondos millonarios de manera arbitraria. El actual gobierno nacional está compuesto en un 90 % de los cargos principales por bonaerenses y porteños. Rivadavia, Rosas, Mitre no podrían estar más felices. La mayor parte de los fondos discrecionales se asignan a la provincia de Buenos Aires.

6-Destino de los fondos públicos. Prioridades. Mientras necesitamos techos, lugares, caminos, salud, el estado capta fondos con impuestos a los consumidores y los destina a asuntos importantes pero no prioritarios para nosotros, sin consulta alguna; o a servicios pagados por todos pero habilitados en pocas provincias; o los coloca en los distritos afines en lo partidario para asegurarse votos y atornillarse al poder.

7-Endeudamiento y agente financiero. Distintas gestiones han endeudado el país en casi 500 mil millones de dólares, con apoyo de gobiernos provinciales de diferentes signos que negociaron endeudar al país a cambio de zafar de sus desbarajustes. No investigan la deuda fraudulenta ni controlan los desmanejos. Así, como la economía no funciona, sacan del plato de los nietos que no votan para dar a los abuelos que votan. Por otro lado, hay provincias como Entre Ríos que dejan el manejo de los fondos públicos en manos privadas. La Constitución manda tener un banco público, pero el poder se obstina en desobedecerla por arreglos con el banquero privado, cuyos lazos con el poder político están a la vista.

8-Subordinación de la provincia al poder político de Buenos Aires Provincia y Ciudad, y al poder de las corporaciones financieras, los medios masivos, etc.

9-Diferencias coloniales. Privilegios en los servicios. Las tarifas de servicios deficitarios que pagamos todos los argentinos cuestan un tercio en la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires en algunos casos.

El ferrocarril de pasajeros cuesta tres millones de dólares diarios al país, pero Entre Ríos sólo tiene 25 Km de un servicio, cuando antes tenía 1.000 km. Entonces ¿por qué pagamos nosotros ese déficit? ¿Y por cuántos años lo hemos hecho?

10-Acceso a los saberes por fuera de los moldes coloniales. La matriz educativa eurocentrada abre escasos espacios a los saberes milenarios de este suelo y a los temas, las artes, las luchas, las riquezas del entorno, garantizando estructuras de servidumbre.
 
Se impone la cesárea

11-Salud. Derecho a nacer en su lugar. En decenas de ciudades entrerrianas, donde hace medio siglo nacían los niños, hoy las madres deben viajar entre 50 y 100 kilómetros para parir por falta de profesionales y equipos. La tasa de nacimientos que era normal hoy es mínima o nula en decenas de localidades, por esos desplazamientos forzados. Y los médicos programan los nacimientos, por la distancia, entonces se impone la cesárea. Escandaloso pero naturalizado. ¿Subordinar el proceso de la vida al dinero?

12-Decenas de artículos constitucionales fundamentales no se cumplen. El poder político elige qué artículos cumplir.

13-Hay provincias como Entre Ríos que padecen el flagelo de la obra pública cartelizada. Eso facilita y abona la corrupción y encarece las obras. Pero las interferencias entre los poderes impiden que la Justicia investigue la sociedad entre el poder político y económico. La corrupción es una enemiga interna de la democracia y erosiona al estado. Los propios corruptos logran impunidad, declaman democracia y dan consejos.

14-Abismo entre un sector informal que no tiene ingresos fijos, y recibe con suerte apenas para alimentarse, junto a una gran cantidad de obreros y jubilados con sueldos de 100 mil pesos que no llegan a la mitad de la canasta básica; y por otro lado sueldos de los tres poderes del estado que superan los 50 sueldos mínimos, y más aún, con cifras que superan los 5 millones de pesos, y en algunos casos los 10 millones.

15-Naturalización del maquinismo y las importaciones de mano de obra barata. Mientras miles de chicas y muchachos no encuentran un lugar donde trabajar, el sistema permite fomenta máquinas confeccionadas afuera que reemplazan a decenas de seres humanos, como los cajeros automáticos en los bancos por ejemplo, o los contestadores automáticos en las grandes empresas. Y en un territorio asolado por la desocupación se facilitan las importaciones de productos elaborados en otras economías, con otras reglas de juego, de modo que las pymes quedan en absoluta desventaja.

16-Naturalización de los planes. El poder político reemplaza su obligación de facilitar el trabajo para todos, por un sistema de planes sociales que deja a miles en una actitud pasiva, sin experiencia, dependientes. Lo que debiera ser excepcional y transitorio pasa a ser lo común, y destruye la dignidad. Así la clase política subordina a las masas, aunque se maquilla de benefactora, las reduce a un grado de servidumbre.

17-Despreocupación de los estados provinciales y municipales por la actividad financiera, que dejan en manos privadas, de amigos, y por la investigación de las fuentes de energía, como si dejaran todo librado a lo que piensen otros. Procrastinación crónica.

18-Despreocupación de los estados por el estudio de la realidad regional y mundial, en torno del poder económico y bélico, las confrontaciones económicas y las guerras, y sus implicancias en cada región. Gobiernos deprimentes, pusilánimes, derrotados. Predominio de políticos sometidos, anodinos, timoratos, reaccionarios en suma, con las excepciones honrosas como es obvio.

19-Naturalización de una variedad de métodos de censura practicados por los estados y las corporaciones, para que la comunicación quede al servicio del sistema y se pueda hablar de la mampostería pero no del cimiento.

20-Erosión de la república y la democracia y menosprecio de la participación comunitaria, de la licencia social, de la soberanía particular de los pueblos, que es el principal objetivo de la revolución. Sobrevaloración de los lugares ocupados por el patriarcado (la frontera, la guerra) y menosprecio del tejido comunitario (como explica Silvia Rivera).

(*) Periodista, publicado en Uno Entre Ríos

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