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Si todos tienen razón, todos están equivocados

La grieta goza de buena salud. Profunda y estable. Va mucho más allá de la actividad política. Se coló en todos los órdenes de la vida. Los que dicen combatirla no hacen más que fortalecerla. Es, indica algún estudioso, hija de la confusión, por eso integra estos tiempos en su misma esencia. La grieta empezó de arriba hacia abajo y ahora se proyecta en todas direcciones (1).

Condimento ineludible de toda mirada sobre la realidad quita dinamismo o directamente anula los intercambios, impide el diálogo y genera compartimentos estancos todo el tiempo.

Cientos de textos intentan abordarla y la continuidad en el tiempo de un modo que a su vez es proceso, aleja la conclusión una y otra vez.

Observe el lector que la administración y configuración de los espacios de poder o de gobierno, se constituyeron, se sostienen, desde ahí, desde la grieta.

Simplifica y complica. Quien afirma lo hace para no desdecirse, quien se opone a esa postura, también afirma y no se mueve un centímetro, así que cada uno con lo suyo y que la tensión sea lo cotidiano. Ambos oponentes destacarán la necesidad de diálogo.

Una rareza es que por lo general las partes, que no intercambian entre sí, que se eluden, destacan, en loca coincidencia, la necesidad de terminar con un estado de cosas que provoca estancamiento.

“El enfrentamiento nos define desde que Cornelio Saavedra y Mariano Moreno se pusieron de punta. Lo indefinido sigue siendo un proyecto colectivo de país” (2).

Esto nos lleva a pensar que, si todos tienen razón, todos están equivocados. Es una salida, al menos momentánea, para arrimarse a un panorama donde se abordan situaciones cuyo punto en común es que la síntesis, el consenso, seguirá estando lejos, aunque todos opinen sobre cada una.

Fingiendo demencia

Un tema desplaza otro velozmente, sin que en ninguno (sea economía, historia, sociología, educación, relaciones internacionales y todos los etcéteras) llegue a encontrar un cierre con explicaciones claras, contundentes.

¿Táctica o accidente? Quien pudiera saberlo.  Es una manera (método) de enfrentar a toda encrucijada espinosa que involucra a un gobierno o sector de poder (en cualquiera de sus niveles). Y no es exclusividad de nadie, lo aplican todos los espacios políticos, representaciones gremiales o cámaras empresarias (conscientes o no).

Funciona más o menos así. Se presenta un problema para, inmediatamente, sin ocuparse ni superarlo, usar otro para ocultarlo. Se mira para otro lado y discretamente se empuja el nudo hasta arrumbarlo en las puertas del olvido.

Que quede meridianamente claro: solo hasta las puertas, que siempre están abiertas, giratorias, cuando algo carece de fundamentos. Como dice la canción, todo vuelve y, a veces, de modo tormentoso, hasta en forma de carátula judicial.

Hay situaciones que asombran y merecerían algún reproche. Pero nadie dice nada y cada uno sigue en lo suyo en aparente calma. En los últimos días hay episodios que deberán ser abordados por serenos estudiosos.

A) Lo que pasó en Jesús María con la participación del presidente Javier Milei en su faceta de vocalista provocó reacciones en otro festival, el de Cosquín, haciendo que artistas fueran más allá de sus canciones y plantearan conceptos políticos entre rasguido y rasguido. Arrepentidos y enojados hay en todos lados.

B) Se acerca el tiempo de abordar en el Congreso de la Nación un proyecto de reforma laboral. Allí también, los unos y los otros, diversos actores que -si se los oye con atención parecen tener el mismo objetivo: terminar con la desocupación- se esfuerzan por contradecirse. El entuerto aumento el desconcierto.

C) La licitación internacional para la compra de tubos de acero, para ser usados en uno de los desarrollos energéticos más importantes de este siglo en la Argentina compuso, velozmente, un enfrentamiento que involucra a uno de los empresarios más importantes del país, al periodismo (insultado) y al gobierno nacional. Tonos elevados. Extremos. Cada uno en su termo dirá un detractor de la dinámica.

D) Cambios en la edad de imputabilidad, para que menores a partir de los 13 años sean juzgados. No importan las expresiones de organismos internacionales como UNICEF o la postura de la Iglesia Católica. El gobierno quiere modificar la ley penal juvenil, lo desea.  Cada uno con su postura, grieta pura.

No tan distintos

Pero, más allá de los matices, todos se terminan pareciendo demasiado. En todo. Ernesto Laclau, filósofo, politólogo, asentido por los seguidores de Néstor Kirchner, explicaba que no existe el populismo sin la construcción de un enemigo. Alguien a quien enfrentar por todo, todo el tiempo.

Sobran muestras por estos días de posturas que encuadran en ese concepto.

Juntarse todos los que piensan igual para fustigar desde el plató a los que están del otro lado. Una muestra clara que aquellos que se oponen entre sí todo el tiempo, terminan siendo demasiado parecidos. Por eso, para que nadie se ofenda, finjamos demencia.

Peligroso declive

La sumatoria de todas estas situaciones nos habilita a señalar que se continúa en un peligroso declive. Hay que repasar el documento de la Universidad Católica Argentina de diciembre pasado, que nos presenta el estrés y bienestar en una Argentina en transición.

No contemplar la posibilidad de incluir mayorías en los proyectos acelera un peligroso declive. Como citamos al principio: lo indefinido sigue siendo un proyecto de país.

Es preocupante porque todos los días, en nuestra cercanía, en nuestras ciudades, vemos en tiempo presente las consecuencias de décadas de estancamiento.

Algunos economistas sostienen que las sociedades que se desarrollaron tuvieron una característica, que debe sopesarse a la hora de consolidar posiciones.

Los países que alcanzaron el éxito económico no excluyeron segmentos sustantivos de su población, ya sea por razones religiosas, étnicas económica o políticas. En todos los casos la distribución del ingreso entre sectores sociales y productivos no marcó diferencias abismales entre los más ricos y los más pobres. (el subrayado es nuestro)

Un gran porcentaje de la población se incorporó a la economía de mercado y no existieron grandes diferencias en la productividad de la mano de obra empleada en los diversos sectores económicos.

No existían grandes brechas en los niveles tecnológicos, ni en capital por hombre ocupado, en la agricultura, la industria y los servicios. Los sectores dinámicos incorporaban mano de obra y elevaban a la vez el nivel de salarios para estimular, para sostener la inversión en la mayor parte del tejido productivo. Así lo explica Aldo Ferrer en su libro “La Economía Argentina (desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI)”.

Romper la inercia

Debería intentarse, romper la inercia. Superar la desidia, pero se complica. Algunos protagonistas de la vida pública olvidan que el poder obliga a involucrarse. Consiguen una posición de y con privilegio y se desganan.

Se les empiezan a escapar detalles, como por ejemplo los millones de votantes que optan por no concurrir a ejercer sus derechos. Es un llamado de atención. Son mayorías en muchos casos, una variable determinante que incomoda.

Las redes terminan siendo una herramienta para opacar esa expresión. El uso intensivo para consolidar núcleos de adeptos radicaliza. Populismo.

La sociedad está mutando. Los territorios crujen, pero el ciudadano que opta por no participar no pasa por arriba a nadie. Reordena, da la espalda a algunos, sigue a otros, solo hasta la puerta.

Es irreal afirmar, en esos temas que incluimos arbitrariamente (ley laboral, edad de imputabilidad) decir que todo está discutido. Hay sectores que ven la oportunidad, la coyuntura, y rápidamente quieren imponer.

La opinión es el poder decisivo en los asuntos sociales, por eso, hay que construirla, más allá de la grieta.

Referencias

 

(1) Jorge Lanata, año 2013. Discurso Teatro Colón y artículo en diario Clarín.

(2) En Cerrar la grieta. Edi Zunino – Carlos Russo, compiladores. Sudamericana 2015.

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