La historia del Tete Correa

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El pasado abierto en Santa Fe tras la detención de los genocidas

Carlos del Frade
(desde Santa Fe)

Nicolás Tete Correa fue otro de los imputados por genocidio que se entregó al juzgado federal del doctor Reynaldo Rodríguez. Hasta hace poco tiempo fue funcionario de la actual administración de Jorge Obeid en una repartición vinculada a la defensa civil. También fue integrante del gabinete en la primera gobernación del ingeniero. Su historia es uno de los eslabones más importantes en la cadena de sucesiones entre el terrorismo de estado y la democracia. Aquí se reproduce la investigación que se lleva adelante en los tribunales santafesinos.

El gobernador electo por una minoría de santafesinos, Jorge Obeid, tendrá que explicar por qué en los tribunales federales de la ciudad capital se menciona como uno de los principales responsables de la tortura y desaparición de ex compañeros a quien fuera el segundo en Seguridad Pública durante su primera administración, Nicolás Tete Correa.

Era uno de los principales responsables de los grupos de tareas que asolaron la capital provincial y también estaba al tanto de la Quinta de Funes en la que el ahora muerto Leopoldo Galtieri preparaba su partido político con cuadros montoneros previamente torturados.

Correa, integrante del Ejército, fue reciclado en aquella primera gobernación de Obeid, la misma que se ufanó de depurar a La Santafesina SA después de dar de baja a menos de veinte conocidos torturadores y asesinos.

Una historia que vuelve a poner en debate la continuidad del terrorismo de estado en plena democracia.

Correa y la Quinta de Funes

“Yo no lo conozco personalmente pero conozco un montón de detalles porque la esposa de Nicolás Correa, que se llamaba Ester Agostinelli Venturini quien era prima hermana de mi suegra de nombre Hilde Venturini… en la familia le decían Tete, decían que era retirado del Ejército y que trabajaba en la SIDE, lo tenía en cuenta porque mi esposo Fernando Dussex era militante político de la JUP Montoneros y su hermano Daniel mi cuñado, de la UES. Correa la decía permanentemente a mi suegra que las agrupaciones donde los hijos estaban, estaban infiltradas por los servicios, le hablaban por los apodos que tenían y esto traía malestar entre mi suegra y sus hijos”, empezó diciendo Cecilia Nazábal en su declaración del pasado 5 de agosto en los tribunales federales santafesinos.

“Cuando nos casamos el 10 de abril de 1976 mis suegros lo participan a Correa y señora y él le dice a mi suegra: que nosotros no nos casábamos por amor sino que era una orden de la organización. Para el casamiento nos envió un rosario grande de los que se cuelgan en la cabecera de la cama. En julio de 1976 son detenidos algunos miembros de la UES y el 18 de julio de 1976 allanan el domicilio de mis suegros. Mi marido no estaba porque ya estábamos casados y Daniel tampoco. Al día siguiente mi suegra se comunica con Correa, generalmente se comunicaba con el destacamento de Avenida Freyre. Correa le dice que si el hubiera estado en Santa Fe, eso no hubiera pasado. El 22 de agosto nos vamos a vivir a Rosario. El 21 de junio de 1977 nace nuestro hijo Fernando y el 8 de agosto cuando mi marido iba a una cita, es detenido en Rosario en la vía pública y en las inmediaciones del Club Provincial. Después sabemos que fue por el Ejército”, siguió su relato la docente de educación inicial.

Junto a su hijo decidieron irse a Ciudadela, en la provincia de Buenos Aires. Hasta que el 22 de agosto de 1977 llegó una carta a la casa de una tía materna.

“Creerás que estoy muerto, me salvé por un pelo, a pesar de haber tomado la pastilla, ni te imaginás quiénes están conmigo”, decía aquella primera esquela. Después hubo otra que le entregaron a la hermana de Cecilia en la recepción del Sanatorio Palace de Rosario. La familia debía poner un aviso en el diario La Capital en el rubro animales varios que dijera: “Vendo canarios teléfono 22772”, una contraseña que serviría para saber que estaban vivos.

El 19 de diciembre de 1977 Fernando se encontró con Ula, la hermana de Cecilia en el Sanatorio de Niños de Rosario. Sobre estas cartas y contactos, Correa no tenía información.

Por eso el hombre del Ejército le decía a los demás integrantes de la familia que no sabía nada del destino de Fernando pero dependía de su actitud la suerte final del militante montonero.

El 7 de febrero de 1978, Cecilia se encontró con Fernando en el Sanatorio de Niños. “Fue un encuentro muy tenso, muy angustioso. Ahí me repite que está detenido, que no va a poder mandar más cartas porque son riesgosas, que no me puede dar datos y que yo desde afuera con lo que se, qué es estar detenido, no voy a entender. Le pregunto sobre mi situación legal y le digo que el Tete dice que para ellos, yo soy más importantes que él mismo. Le relato las indicaciones que el Tete le dio a la familia y que él le había dicho que no sabía nada de él (por Fernando). Muy molesto, mi esposo me contesta: “Ahora no te están buscando y el Tete que no se haga el boludo, porque sabe de mi porque me ve”, contó Cecilia Nazábal ante la justicia federal santafesina en agosto pasado.

Tete Correa frecuentaba a Fernando Dussex nada menos que en la Quinta de Funes, aquel centro clandestino de detención del que se escapara Tulio Valenzuela en enero de 1978 y que generó una posterior conferencia de prensa en México que desarticuló el primer plan político de Leopoldo Galtieri de contar con cuadros montoneros como organizadores de su propia fuerza política para perpetuarse en el poder más allá de la dictadura.

Por su parte, Daniel Dussex declaró que tanto su hermano Fernando como él militaban en la Universidad y en la Escuela Secundaria respectivamente en las llamadas Agrupaciones Políticas Peronistas y que varias veces llegaron mensajes de Correa a su madre diciéndole que “había agentes infiltrados en las agrupaciones, señalando que estos agentes infiltrados eran personas de los servicios”. En la familia se lo tenía al Tete como perteneciente a la SIDE. Aquellas advertencias habían comenzado en el año 1974, cuando Jorge Obeid era titular de la Regional II de la Juventud Universitaria Peronista.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)

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