Inclusión en movimiento

Edición: 
1103
Danza integradora: otra mirada sobre los cuerpos

S.A

La bailarina paranaense Priscila Peralta abandonó su ciudad a los 18 años en busca de un sueño: ser bailarina de ballet clásico profesional. Ingresó a la Universidad de las Artes -Instituto Universitario Nacional del Arte, en ese entonces- y en busca de ese anhelo de realización jamás hubiese imaginado que su camino sería el de la danza integradora. En diálogo con ANÁLISIS relata su encuentro con una disciplina que rompe con todos los preceptos establecidos del mundo de las artes escénicas, pone en jaque la percepción de los cuerpos, transformando la vida de las personas en situación de discapacidad, haciendo hincapié en la necesidad de una sociedad superadora. La posibilidad de viajar a la Copa Internacional de Danza Integradora en Rusia y su deseo de traer a su tierra, Entre Ríos, todas las bondades de la danza integradora.

 

Cuando hablamos de danza -más precisamente de ballet clásico- las primeras impresiones que se nos acercan son: cuerpos esbeltos, perfectos, técnica rigurosa, estructurada, inamovible, disciplina. Ese es un estereotipo en el que fácilmente se puede caer, pues existe toda una industria del arte que así lo ha establecido. Lo cierto es que los cuerpos son múltiples y diversos, poseen sus virtudes y sus limitaciones, y pueden dar lugar a infinidad de movimientos, formas de expresión y transformación. Bajo estos preceptos trabaja la Danza Integradora, una disciplina hecha por personas en situación de discapacidad y los llamados “peatones” que, entrelazados entre sí, hacen un movimiento que unifica.

 

La danza integradora existe hace décadas en el mundo y Argentina no es la excepción. Con su foco de auge e inicio en Buenos Aires, empieza a cobrar fuerza a lo ancho y a lo largo del país.

 

Una entrerriana como protagonista

 

Priscila Peralta tiene 25 años. A los ocho comenzó su sueño tierno de bailarina en la Escuela de Música Danza y Teatro “Constancio Carminio” de Paraná, que continuó en la Escuela Municipal de Danza de Paraná  y mudó a Buenos Aires a sus 18 años para dar carácter de profesional a un arte que ya encaraba de forma natural y hasta necesaria de esa manera. Nunca dudó de que ése era su camino y no otro, pero masticaba algunas desilusiones producto de las exigencias y requerimientos físicos que se imponen a la hora de ingresar al mundillo de las danzas clásicas. “Había perdido las cosquillas en la panza que me daba al inicio el ballet clásico”, recuerda con una voz suave, contenida. “Nunca me hubiese imaginado que la danza integradora me las devolvería; incluso hemos hecho cosas de ballet y me siento mucho más a gusto con esto que antes. La alegría y las cosquillas en la panza de volver a disfrutar la danza me lo brindó esto”, afirma y fosforece en su voz otra cadencia.

 

Mientras cursaba la Licenciatura en Composición Coreográfica en la Universidad Nacional de las Artes en Buenos Aires, Priscila Peralta encontró que dentro de las materias optativas se encontraba el Taller de Danza Integradora que se dicta todos los sábados en la sede de la Universidad. “Yo venía de vivir una situación muy personal y estaba movilizada en ese sentido. Compartí muy de cerca el nacimiento del hijo de uno de mis mejores amigos que nació con síndrome de Down y eso me despertó un montón de incógnitas en cuanto a mi formación como bailarina y como futura profesional del campo del movimiento. Cuando supe de Danza Integradora, que estaba dentro de las materias optativas de la facultad y que era gratuito y abierto a la comunidad, no lo dudé ni un segundo. Al principio me costaba muchísimo entender cómo la gente podía transformar su forma de vida a través del arte y también muchas veces pensaba qué les podía llegar a aportar yo teniendo todas mis posibilidades, teniendo tantos años de técnica de todo tipo, que era lo que más me movilizaba estar ahí. Hasta que entendí que en realidad no era yo la que tenía que hacer algo, fueron ellos los que me hicieron encontrar mi lugar en el mundo”, asevera de manera íntima y tierna Priscila.

 

(Más información en la edición gráfica 1103 de la revista ANALISIS del jueves 29 de agosto de 2019)

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