En el hospital San Martín de Paraná, durante 2025 se atendieron 2.067 personas por siniestros viales. De ellas, 1.520 se accidentaron en moto, 76 en bicicleta y 415 en automóvil.
Hasta este domingo, en lo que va del año, 34 personas murieron en Entre Ríos en casi un centenar de accidentes de tránsito. La mayoría de las víctimas fatales tiene entre 15 y 24 años, lo que refleja el impacto devastador de la siniestralidad en los sectores más jóvenes de la población. La situación es alarmante si se considera que en 2025 murieron 133 personas en 847 siniestros fatales en la provincia.
Sin embargo, detrás de las cifras de fallecidos se esconde otra realidad que suele pasar inadvertida: la de los heridos. Cada accidente deja una secuela en los hospitales, donde el sistema de salud enfrenta una presión extrema.
En el hospital San Martín de Paraná, durante 2025 se atendieron 2.067 personas por siniestros viales. De ellas, 1.520 se accidentaron en moto, 76 en bicicleta y 415 en automóvil. Más de la mitad de los pacientes —1.096 casos— tenían entre 15 y 29 años.
El subjefe de Terapia Intensiva del hospital San Martín, Hernán Giménez, explicó en una entrevista en el programa “Cuestión de Fondo” (Canal 9, Litoral) que la incidencia de los accidentes de tránsito en la salud pública es “altísima”.
Según detalló, entre el 50 y el 60% de las camas de terapia intensiva están ocupadas por pacientes traumatizados. “Para atender a una persona que llega grave al hospital se movilizan 15 personas. Es un costo enorme, no solo económico, sino también emocional y familiar”, señaló.
El impacto económico también es considerable. Giménez explicó que un traumatismo de cráneo grave sin complicaciones puede costar alrededor de tres millones de pesos en el primer día de internación, cifra que puede duplicarse o triplicarse según los dispositivos médicos necesarios. Además, un paciente con este tipo de lesiones suele permanecer dos semanas en terapia intensiva, y si sobrevive, puede requerir meses de hospitalización y años de rehabilitación.
El especialista subrayó la importancia de las medidas preventivas, como el uso del casco en motociclistas y el cinturón de seguridad en automovilistas. Recordó que cuando se implementó el control estricto del casco obligatorio, la cantidad de ingresos por traumatismos descendió de manera inmediata. “No hay excusas: una vez que el accidente ocurre, las consecuencias son irreversibles. No usar casco o cinturón es someter a la familia a un sufrimiento enorme”, advirtió.
El hospital San Martín recibe pacientes de toda la provincia, lo que refleja la magnitud del problema en el interior entrerriano, donde el cumplimiento de las normas de seguridad vial es más irregular. “La juventud se vuelve rebelde y muchas veces no usa casco. Pero cuando se obligó a hacerlo, se notó enseguida la baja en los ingresos por traumatismos”, agregó Giménez.
La siniestralidad vial en Entre Ríos no solo se mide en muertes, sino también en el impacto invisible de los heridos, que saturan el sistema de salud y generan costos millonarios. La combinación de altas cifras de víctimas jóvenes, la presión sobre las terapias intensivas y el peso emocional sobre las familias configuran una crisis que exige políticas públicas sostenidas y un compromiso social más fuerte con la prevención, se consignó en el programa “Cuestión de Fondo” (Canal 9, Litoral).
Las autoridades del hospital, además, hacen lo posible por recuperar los recursos destinados a salvar una persona cuando esta cuenta con ART u obra social. Sin embargo, no siempre resulta sencillo. En tiempos donde la salud pública es cuestionada y atacada, vale valorar el esfuerzo diario de los equipos médicos que trabajan para salvar vidas, muchas veces en condiciones de extrema exigencia.






