El Carnaval del País reafirmó su liderazgo cultural ante 20 mil espectadores en la penúltima noche.
El décimo latido de la edición 2026 del Carnaval del País volvió a demostrar que no se trata únicamente de un espectáculo: es una arquitectura simbólica que sostiene buena parte del verano entrerriano. Casi 20 mil personas ocuparon las tribunas del Corsódromo “José Luis Gestro” en la penúltima noche de una temporada de once capítulos, confirmando que esta fiesta popular es -sin eufemismos- la nave insignia de la oferta turística de Gualeguaychú y uno de los motores más visibles de la economía cultural de Entre Ríos.
En tiempos donde la industria del entretenimiento se fragmenta en pantallas y algoritmos, el Carnaval del País se consagra -una vez más- como el espectáculo teatral a cielo abierto más importante del país. No es una afirmación retórica: es el resultado de una conjunción compleja entre dirección artística, producción técnica, inversión privada, trabajo comunitario y una maquinaria organizativa que involucra a clubes, diseñadores, coreógrafos, músicos, artesanos y creativos de diversas artes. La décima noche del Carnaval del País -que en esta edición 2026 lleva los nombres de Néstor Lapalma y Roberto “Toto” Arakaki en un gesto de homenaje- se convirtió en una síntesis de esa tradición que dialoga con el presente sin renunciar a su memoria.
La pasarela no es solo una avenida iluminada; es un escenario donde se representa una identidad colectiva. Cada comparsa que la recorre no compite únicamente por un título: compite por sostener una narrativa cultural que, desde enero hasta fines de febrero, modela la agenda turística, moviliza hoteles y gastronomía, activa el comercio y proyecta la imagen de la provincia más allá de sus fronteras. El carnaval, en Gualeguaychú, es una economía sensible: late en la emoción del público y en los números de la temporada.
La noche comenzó con el desfile de la nueva Reina del Carnaval, Mary Ann Morrison, representante de Marí Marí, quien había sido coronada el viernes anterior en una ceremonia cargada de elegancia y continuidad histórica. Su paso por la pasarela fue acompañado por una ovación cerrada. En esa escena se condensó una idea poderosa: el carnaval no es solo despliegue estético, es también linaje simbólico. Cada reina encarna un año de trabajo y un capítulo de una historia mayor.
El desfile
La apertura artística estuvo a cargo de Ará Yeví, del Club Tiro Federal, que presentó “La resistencia”, bajo la dirección de Guillermo Carabajal. Desde el primer compás, la comparsa construyó una atmósfera de tensión y épica. Su propuesta se sostuvo en una impronta simbólica que exploró la lucha, la identidad y la persistencia como ejes dramáticos. La coreografía -precisa, casi quirúrgica- dialogó con una paleta visual donde el dramatismo encontró su contrapunto en destellos de potencia expresiva.
Ará Yeví volvió a demostrar que el carnaval puede ser, al mismo tiempo, fiesta y reflexión. Su puesta escénica funcionó como un coro polifónico: la música abrazó a la danza; las carrozas, concebidas como esculturas en movimiento, dialogaron con el vestuario; los trajes, en varios casos verdaderos cuadros de arte, expandieron la narrativa hacia el terreno de las artes plásticas. La comparsa no solo desfiló: construyó un discurso estético integral que reafirma la capacidad del carnaval para generar diálogo cultural en clave popular. Por eso es una de las principales aspirante a ganar la copa 2026.
Luego ingresó Marí Marí, del Club Central Entrerriano, con “Genios”, dirigida por Gregorio Farina. Histórica animadora de la fiesta, la comparsa desplegó una fantasía sofisticada, con carrozas imponentes que parecían emerger de un gabinete de maravillas. El vestuario, de una elegancia meticulosa, sostuvo un diálogo permanente con el asombro del público. Marí Marí reafirmó su sello: excelencia estética, impacto visual y una fluidez narrativa que evita la dispersión.
Pero hay un elemento distintivo que trasciende la técnica: su vínculo con las tribunas. Marí Marí no solo se muestra; conversa. Cada gesto, cada saludo, cada guiño coreográfico refuerza una relación afectiva con el público que la convierte en una de las grandes animadoras del carnaval. En ese ida y vuelta se cifra parte del secreto del éxito: el espectáculo es de altísimo nivel, y nunca pierde la calidez de lo comunitario.
En tercer lugar, O’Bahía, del Club Pescadores, presentó “El pescador, el genio y las mil y una noches”, bajo la dirección de Adrián Butteri. La comparsa construyó un viaje onírico inspirado en relatos clásicos. La música y la danza se amalgamaron en una puesta dinámica que apeló a la magia del cuento tradicional. O’Bahía hizo del relato su eje conductor, y desde allí sostuvo una narrativa envolvente.
Su identidad barrial se percibe como una marca de origen que no se diluye en la espectacularidad. Al contrario: la potencia. El esfuerzo colectivo, la coordinación minuciosa y la calidez expresiva generaron una conexión inmediata con el público. O’Bahía recordó que el carnaval también es fábula compartida, un espacio donde la imaginación colectiva encuentra cauce en el ritmo. No es casual que también sea una de las anotadas para alzar la copa 2026.
El cierre quedó en manos de Papelitos, del Club Juventud Unida, con “Vivos”, dirigida por Juane Villagra. La comparsa apostó a una estética contemporánea, vibrante, con una energía que interpeló al presente. Su propuesta reafirma una impronta joven y audaz que dialoga con nuevas sensibilidades sin renunciar al ADN carnavalero. Papelitos volvió a demostrar su capacidad de reinventarse, de leer el pulso de la época y traducirlo en coreografías, música y diseño.
Anoche quedó una certeza: todas las comparsas sostienen posibilidades reales de consagración. Y cuando eso ocurre -cuando la competencia es tan ajustada que el resultado se vuelve imprevisible- quien verdaderamente gana es el carnaval. Gana la comunidad que trabaja todo el año, gana la provincia que consolida su temporada, gana el público que se reconoce en una fiesta que es arte y es economía, es tradición y es futuro.
En la décima noche, como en las anteriores, el espectáculo pudo seguirse también a través de la cuenta oficial en YouTube “Carnaval del País”, ampliando la experiencia más allá del Corsódromo. Esa transmisión no es un detalle menor: constituye una ventana que proyecta la marca Carnaval del País a escala nacional e internacional, consolidando su dimensión de producto cultural exportable.
Entre el público se destacaron las presencias del periodista Mario Massaccesi y del chef Donato de Santis, quien incluso se animó a vivir el carnaval desde la carroza de músicos de Papelitos. También cubrieron la noche medios como Vorterix, Luzu TV y Crónica, además de numerosos periodistas locales, nacionales e internacionales. Cada cobertura amplifica la experiencia y confirma el interés que despierta el evento en la agenda cultural del país.
Tras el paso de la última comparsa, la fiesta continuó con el espectáculo en vivo de “El Negro Tecla” en el After Billboard de Carnaval. Ese tramo posterior al desfile extiende la celebración y consolida una experiencia integral: el carnaval no se agota en la pasarela, se expande en música en vivo, encuentro social y celebración compartida.
En este entramado, resulta imprescindible destacar la labor del equipo de prensa coordinado por Diego Hilt Quiroz e integrado por Juan Gabriel Núñez Martínez y Laura Lopardo Fava. Su tarea, muchas veces silenciosa, sostiene la compleja ingeniería comunicacional que permite que lo vivido en el Corsódromo se proyecte con claridad y profesionalismo. En una era donde la circulación de imágenes y relatos define el alcance de una propuesta, el trabajo de prensa es parte constitutiva del espectáculo y un valor donde la ciudad también se proyecta.
Resta una sola noche para cerrar la edición 2026: el próximo 28 de febrero, el Carnaval del País celebrará su última función. Las entradas y ubicaciones pueden adquirirse a través de la plataforma AllAccess o en forma presencial en la boletería del Corsódromo, abierta de miércoles a viernes de 9 a 13 y de 17 a 21, y el sábado en horario corrido desde las 9 hasta el cierre. Para esa noche final, los residentes del Departamento Gualeguaychú mantendrán el beneficio exclusivo de entrada general a $20.000, mientras que para no residentes el valor será de $35.000, con la modalidad de compra presencial y DNI en mano los días viernes y sábado.
El Corsódromo, esa catedral pagana del verano entrerriano, volvió a encenderse como un faro en la noche. La penúltima función fue una marea de luz, ritmo y trabajo colectivo. Ahora queda el último latido. El 28 de febrero no será solo un cierre: será la confirmación de que, mientras haya música, diseño, danza y comunidad, el Carnaval del País seguirá siendo el gran relato escénico de Entre Ríos. Y en esa promesa, late la invitación final: volver a ocupar la tribuna, volver a dejarse atravesar por la pasarela, volver a ser parte de una historia que, cada verano, se reinventa sin perder su raíz.
Canal oficial de YouTube “Carnaval del País”





