La curtiembre de Diamante, Galperín y el eterno retorno
Cuando en 1978 Compler abrió sus puertas, estaba destinada a convertirse en la curtiembre más importante de Sudamérica. Proyectaba emplear 600 trabajadores y exportar un millón de cueros anuales, cuando una serie de infortunios se desató contra sus propietarios. En septiembre de ese año fueron secuestrados los abogados y socios de la fábrica que había imaginado y desarrollado el empresario Eduardo Antonio “Lalo” Bembibre. Pero, fueron las políticas económicas de la dictadura las que ocasionaron su quiebra 10 años después, creando una oleada de desocupación y exilio.
Por Fabián Vivot
Tal como ocurrió con el modelo económico del ministro Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, “la macro” de Javier Milei y Luis “Toto” Caputo, jaquean hoy a Sadesa por las mismas razones de entonces.
La curtiembre más grande del país -de la familia del magante de Mercado Libre-, por las dudas abrió otra planta en Vietnam, la que sumó a sus dos curtiembres de Tailandia, la de Paraguay y otra en Uruguay.
El 12 de diciembre de 1973 Juan Domingo Perón asume por tercera vez la Presidencia del país y 10 días después lanza el “Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional” 1974-1977, en base “a la participación concertada de los trabajadores organizados, el empresariado nacional y el Estado”.
Las líneas básicas para la superación de los problemas que afectaban al sector industrial consistían en “la realización acelerada de los grandes proyectos ya existentes en las industrias productoras de insumos intermedios e iniciación de nuevos proyectos”.
En la página 186 del Plan Trienal, en el apartado “Sector Industrial Entre Ríos”, figuraba la instalación de una curtiembre industrial de gran escala, con aportes de fondos federales, que contaba con la calificación: “Prioridad 1”.
El programa dedicaba 22 páginas para la enumeración de los proyectos destinados a Entre Ríos. Una cantidad significativa, teniendo en cuenta que otras provincias surgían menos favorecidas, como Chaco cuyos proyectos ocupaban siete páginas, Santa Fe cuatro, o Corrientes con una.
EmprendedoresLa curtiembre que impulsaba el gobierno de Perón era en realidad un ambicioso proyecto que había nacido en 1972 de la mente de Eduardo Antonio Bembibre.“Lalo” Bembibre era un empresario porteño de una familia con reconocida tradición en el negocio del curtido de cueros. Su padre era propietario en Lanús de Icasa (Industria Curtidora Argentina Sociedad Anónima), fundada en 1968, y que para 1974 figuraba entre las 15 más grandes, de las 235 curtiembres industriales de cuero vacuno que existían en el país.
El número uno-entonces, como ahora- era Sadesa, la curtiembre de Esperanza, que hoy conduce Miguel Alejandro Galperín, integrante de la tercera generación del gigante curtidor, y hermano de Marcos Galperín, el fundador de Mercado Libre.Según la Secretaría de Estado de Desarrollo Industrial, el futuro de este rubro era más que auspicioso. Polonia, Rumania, Yugoslavia, Hungría, Alemania Oriental y Checoslovaquia eran los principales compradores de cueros curtidos argentinos. Sin embargo, los grandes clientes de Argentina, con diferencias, eran Estados Unidos y Rusia. Ambos países eran líderes mundiales en la producción de cueros curtidos, pero con un apetito voraz de materia prima porque los productos generados a partir del cuero originaban un negocio extraordinario, que en la actualidad supera los 1.000 millones de dólares al año.
El panorama no podía ser más alentador para un rubro que daba trabajo a 15.000 personas y generaba divisas genuinas al país. En 1974 la existencia de ganado se estimaba en 57 millones de cabezas, lo que implicaba unos 13 millones de “pieles” vacunas disponibles para curtir.
A la par de la curtiembre familiar, “Lalo” Bembibre había creado junto a un grupo de abogados, Intercueros SA, para la exportación de pieles, con una oficina en Zúrich para expandir sus negocios en Europa.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1168, del día 19 de marzo de 2026)






