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La oposición pone a Milei frente al espejo y la heladera le gana al celular

Maru Duffard

El Gobierno no explica sus prioridades: por qué hay plata para algunas cosas y no para otras. Anuncia baja de retenciones al campo y prepara quita de subsidios al gas. Pero tampoco empatiza con aquellos a los que les pide paciencia, un esfuerzo más para “hacer a Argentina grande nuevamente”. Los datos hablan: sube el nivel de endeudamiento, baja el dinero disponible de las familias y cae el número de empleadores y de trabajadores formales. Pero no todo es el bolsillo. O sí. En pocos días se conocerán los datos del índice de suicidios en Argentina y mostrarán un aumento para 2025 de más del 21% respecto del año anterior.

Ayer, el ministro de Economía, Luis Caputo, posteó en X: “En marzo el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento de 3,5% mensual en la serie desestacionalizada y de 5,5% en la comparación con igual mes de 2025”. No es falta de entusiasmo, pero para no caer en “la inseguridad es una sensación” de Aníbal Fernández, hay que interpretar los datos en contexto.

Patricio Larroulet, de la consultora Alquimia, advierte que los sectores que empujan la estadística son los que conocemos: minería, agro y pesca; mientras que los rubros construcción, industria y comercio están comparados contra uno de los peores momentos del 2025 (crisis cambiaría que derivó en un nuevo programa del FMI). No obstante, en un intento de optimismo, desliza: “Ojalá esto sea un momento de boom, pero la verdad que cuesta pensarlo. Los datos de alta frecuencia que hay de abril, vuelven a mostrar señales de estancamiento en indicadores como despachos de cemento, faena de vacas, molienda de soja y salario real. ¿Implica esto que el plan Milei es un fracaso? No, pero lejos estamos de ver una economía que trae bienestar a todos”.

El martes, durante su presentación en Valo, el Presidente insistió en que no cambiará el rumbo, que la inflación seguirá bajando y que su Gobierno pasó “de la política social que le regalaba el pescado a la gente a enseñarle a pescar”. Antes, había defendido al diputado Manuel Quintar de quienes lo criticaron por presumir de su flamante Tesla, un auto que en Argentina no se consigue por menos de 250 mil dólares. A los dos días apareció en un stream para decir que la batalla a cielo abierto que lideraban su “hermano” Santiago Caputo y Martin Menem en una red social, era una trampa “prefabricada”.

Lo que se advirtió esta semana es que la palabra del Presidente ya no clausura ninguna discusión. Ni siquiera las propias. Sin embargo, esas diferencias no son las que amenazan la popularidad del proyecto libertario. Son cotillón. El problema real está en el bolsillo, el empleo y la paciencia. El peronismo, principal espacio opositor, hace silencio y se ilusiona en que con eso alcance.

“En el Gobierno se pelean entre ellos porque el peronismo se corrió y dejó a Milei frente al espejo”, graficó un dirigente del peronismo bonaerense, para quien la interna que enfrenta su propio espacio no es, en esta instancia, necesariamente dañina. “Si el peronismo hoy estuviera unido y ordenado, Milei se estaría peleando con nosotros. Es lo que más le sirve y lo que intenta todo el tiempo”. Es eso, o admitir que los sectores que resisten la candidatura a Presidente del gobernador Axel Kicillof aún no tienen candidato.

Es cierto que aún es pronto y que muchos que en 2022 se sentían presidentes no llegaron ni a ser candidatos. Pero también es real que Kicillof tiene la voluntad de competir y que en su entorno muchos creen que “para no ser Alberto Fernández”, no puede aceptar los condicionamientos de Cristina Kirchner, sino ganarle una interna a su candidato. A esa tesis le falta una pata: Sergio Massa. Esta semana, su esposa Malena Galmarini y su suegro, Pato Galmarini, repitieron en el stream “Padre boludo, hijo boludo” que en 2027, para ellos, el candidato es Massa.

También hay otras aventuras en el universo peronista. Los diputados Emilio Monzó y Miguel Ángel Pichetto vienen conversando con intendentes bonaerenses para testear cómo impacta el nombre de Jorge Brito, dueño del banco Macro, entre otras cosas. El domingo estuvieron con Leonardo Boto, de Luján, y el lunes con Jorge Ferraresi, de Avellaneda. Del primero se llevaron la idea de que el peronismo “tiene que dejar de pelearse con las multinacionales”; del segundo que “hoy Cristina es guiada por Máximo”. Cuesta creer.

Demasiados peronismos, poca conducción, buena oportunidad; podría pensar Brito, hijo del empresario Jorge Brito, fallecido en 2020 y de excelente relación con Massa. El banquero no dice que no, tampoco que sí. Deja hacer y espera no tanto el final del Mundial, como las elecciones de noviembre en Estados Unidos para tomar una decisión.

Por ahora, la única certeza es que Kicillof está lanzado y hace equilibrio para que el ajuste del gobierno nacional no se le convierta en bumerang. En los últimos días, un grupo de intendentes transmitió su preocupación por los recortes en la provisión de medicamentos y el aumento del precio de la nafta que los obliga a reducir las rondas de los patrulleros. Los jefes comunales saben que hay cosas que no pueden faltar: comida, remedios y seguridad.

La situación de Kicillof no es fácil. La provincia que gobierna es la más populosa y a la que más le impacta la política industrial de Milei. El miércoles su ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis, terminó haciendo de escudo para evitar un enfrentamiento entre la policía y un grupo de manifestantes convocados en San Martín para reclamar por el cierre de la PYME número 25 mil en PBA.

Por eso, algunos en el PJ insisten en no anticiparse y esperar. “El peronismo tiene que aprovechar el mundial para sentarse a discutir en una mesa cinco conceptos, valores que den cuenta de que piensa el peronismo hacia delante y que estén en línea con el clima de época”, arriesga un dirigente con vasta experiencia.

Coincide, en parte, con el análisis de un ex intendente reconvertido en asesor de posibles inversores extranjeros: “En 2027 gana la elección el que sepa cómo convertir los dólares de Vaca Muerta en desarrollo y comunicárselo a la gente. La elección se ordena por dos cosas: 1. La oferta. 2. El tema. En 2025 el tema fueron los discapacitados en septiembre y la economía en octubre. La oferta hace que yo elija entre el mejor o el menos malo”.

La heladera le ganó al celular

Pero ya se dijo acá muchas veces: hablar hoy de candidaturas es un disparate. En muchos sectores del peronismo imaginan a un Milei competitivo en 2027 y no descartan que pudiera aplicar un cambio de dirección, de furioso pragmatismo, para conseguirlo. Pero también anotan que hay un nuevo clima de época. O como dijera un dirigente que integra la mesa política del Gobierno: “La gente hizo un click”.

Los climas de época cambian y cambian rápido. Esa foto con la Ferrari roja que popularizó a Carlos Menem en Pinamar el verano de 1995 y fue parte del cotillón para su reelección, fue la misma foto que dos años después, en las legislativas de 1997, le permitió a la Alianza construir su discurso de campaña y ganar.

Por eso, cuando algunos se preguntan: ¿Qué le pasó a Milei? ¿En que se convirtió el Gobierno? ¿Por qué tantos “tiros en el pie”? Vale advertir que en esa pregunta lo que está mal es el sujeto: no es Milei, es la sociedad. Milei es el mismo, lo que cambió es el humor social. Lo que antes causaba sorpresa, seducción y hasta admiración; hoy genera rechazo. Como sintetizó un político de raza: “La heladera le ganó al celular”.

En este contexto, no deja de sorprender la audacia del Gobierno. Unos días después que el ministro de Economía, Luis Caputo, avisara que “seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”, la Cámara de Diputados le daba media sanción a un proyecto del Ejecutivo para modificar el régimen de “zonas frías” –ampliado en 2021 por impulso de Máximo Kirchner– y reducir el subsidio en la tarifa de gas a más de 1.6 millones de argentinos. La misma semana que el Presidente del Banco Central, Santiago Bausili, confirmara que no habrá salvavidas del Estado para los morosos.

Si bien es cierto que el dato de inflación de abril trajo alivio al equipo económico, saben que para llenar la heladera no alcanza con que los productos no aumenten de precio, sino que se necesita plata para poder comprarlos. Por eso, en el último tiempo empezó a escucharse, cada vez más, el concepto de dinero disponible: eso que le queda a las familias después de pagar los gastos fijos como alquiler, transporte, servicios. Y ese dinero disponible es cada vez menos.

En su último informe, la consultora Equilibra de Martin Rapetti señala que en marzo “el ingreso disponible cayó 0,4% mensual y un 1,9% interanual, quedando 12% abajo del nivel promedio previo a la transición de gobierno (enero-septiembre 2023)”. Allí, explican que si bien la inflación bajó un 0,8% respecto de marzo (pasó de 3,4% a 2,6%), los gastos fijos crecieron un 4,1%. ¿Qué quiere decir? Qué aunque los precios se mantengan, la gente tendrá menos plata disponible para comprarlos.

El ahogo financiero se advierte, también, en los niveles de morosidad que registraron en marzo su nivel más alto desde 2004, llegando al 11,5%. La explicación oficial a esa dificultad que encuentran familias y empresas, cada cual en su escala, para honrar sus deudas, se basó en una mala decisión. Para el ministro de Economía, Luis Caputo, muchos argentinos en un error de cálculos se “sobreendeudaron” creyendo que la inflación licuar las cuotas y para el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, los bancos y billeteras otorgaron créditos “a ciegas, sin saber a quién se le estaba prestando”.

Sin ir más lejos, el propio Banco Nación registró un fuerte aumento en el nivel de mora y amplió en marzo una suerte de “moratoria”, abierta en febrero, para ayudar a sus clientes morosos a saldar deudas. En abril, el banco contabilizó más de 170 mil cuentas de tarjeta de crédito con mora, más del doble de lo registrado en febrero. A esos clientes se les ofreció un plan de pago en cuotas con un plazo máximo de 5 años y una tasa de interés fija anual de 27% para los casos menos graves y un plan de hasta 8 años para aquellos con una mora superior a 90 días.

Un dato: el 30% de los clientes que no pudieron afrontar sus deudas, dejaron de recibir, casi al mismo tiempo, los aportes patronales; es decir, se quedaron sin trabajo. Fin.

Fuente: Infobae

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