Cuba y la doble vara argenta

La represión de la protesta social se analiza según quien la ejerza.

Por Juan Cruz Butvilofsky (*)

Protestas del pueblo cubano ante la crisis económica y sanitaria contra el gobierno de Miguel Díaz Canel fue noticia en primera plana en el país. La represión llevada a cabo por las autoridades del país pone en evidencia la primera muestra de la doble vara: la represión se condena o solapa/justifica según quien la ejerza.

En cuanto a la represión en Cuba el análisis es simple: la protesta social es un derecho que el Estado debe garantizar y no reprimir. Mucho más en un país  de tanta carga simbólica en materia de lucha social, militancia y participación del pueblo. No se puede tolerar que el Estado reprima al pueblo que lucha, por parte de un gobierno que llegó al poder gracias a la lucha de ese pueblo.

Es cierto, estas protestas fueron utilizadas por los históricos sectores conformados por refugiados en Estados Unidos. Sin embargo, es claro que las movilizaciones reprimidas por el gobierno cubano no están alineadas con los intereses de quienes festejan en Miami, tienen que ver con el día a día de una población que no aguanta más. Ni los artistas cubanos pro revolución han hecho una defensa similar a la de un sector de nuestro país.

Ante esa situación de angustia al pueblo no le queda otra salida que la calle, la movilización. Así como en otra época, en otros tiempos y en otro contexto, el pueblo cubano salió a la calle a respaldar la revolución para cambiar la realidad que le imponía la dictadura de Fulgencio Batista. Por eso Silvio Rodríguez exige que se legalice la protesta, desde el lugar que el trovador ocupa en el proceso histórico cubano. 

El escudo que utilizó parte del progresismo argento para explicar la situación en Cuba fue el bloqueo comercial. Bloqueo impuesto por Estados Unidos y que efectivamente ha afectado considerablemente la vida de los cubanos y ha profundizado la pobreza de un país ya pobre. Porque Cuba fue, es y probablemente siga siendo pobre independientemente de los gobiernos. La cuestión pasa por los niveles de desigualdad que hay en cada lugar. Pero, además de esto, debemos poder discutir el bloqueo sin negar las equivocaciones de la burocracia cubana.

Acá surge el sesgo del análisis de otros sectores de la sociedad argentina, la comparación de la economía cubana con la nuestra o la de cualquier país por fuera de los límites que rigen en los países pobres de centroamérica. A Cuba -en materia socioeconómica- hay que compararlo con Haiti, Dominicana o Costa Rica. Quizá este último sea el único caso que el capitalismo puede ofrecer con niveles tolerables de pobreza, mientras que la isla de Haiti y Dominicana ofrece las consecuencias duras del sistema que gobierna el mundo tras el fracaso de la Unión Soviética.

A Cuba la división internacional del trabajo le impuso un modelo del cual nunca, ni durante la revolución y posterior burocracia, se pudo soltar. El bloqueo norteamericano es una muestra que el capitalismo no tolera la disidencia.

El problema de Cuba -que también muestra intolerancia en la disidencia-  y de otros gobiernos con cimientos revolucionarios, es eso de creer que existe un grupo de iluminados que deben manejar el país. Los grupos reducidos que se mantienen en el poder no tienen otro final que el fracaso. Esto se explicaba por el contexto del SXX, pasa que en el SXXI ya podemos mirar por el retrovisor. No hay socialismo posible si las decisiones no son democráticas. Mucho más en un país donde el pueblo sabe, conoce, comprende y participa en la disputa del poder.


Las comunidades disidentes han sido perseguidas por el gobierno cubano.

El pueblo cubano es un pueblo formado, capacitado, educado. Es uno de los puntos a favor de lo que ocurrió a partir de 1959, la isla logró niveles de analfabetismos que no se comparan con muchos países del continente y la diferencia es abismal si comparamos con sus vecinos de Haiti o Dominicana. No hay represión ni poder concentrado que limite el poder del conocimiento que tiene el pueblo cubano, no se lo puede confundir con tanta facilidad. Es contrafáctico, pero ¿qué hubiese pensado Guevara del devenir de la distribución del poder cubano?

Pero la doble vara no es sólo la de los progres que siguen pensando desde viejos esquemas, también están los adversarios históricos que aplican la vara según sus intereses. Las protestas en Chile y Colombia, modelos del neoliberalismo en la región, supuestamente fueron fueron incentivadas por el castrismo/chavismo que no puede con sus territorios pero comanda movilizaciones en el extranjero -según la derecha, claro está-. Ni hablar de la postura de la derecha argentina ante el golpe de Estado en Bolivia, con un gobierno macrista que está siendo investigado de colaborar con la entrega de municiones para reprimir al pueblo que salía a las calles.

Son los mismos que miran la pobreza ajena (en cuanto a lo ideológico) pero esconden la propia. Los que piensan que acá en la Argentina el que es pobre es pobre porque quiere y no se esfuerza. 

Sin embargo, en Colombia y Chile el neoliberalismo fracasó y la gente salió con mayor contundencia que el pueblo cubano. La libertad en el capitalismo se coarta de otro modo, con el poder adquisitivo. En Chile y Colombia los ciudadanos eran libres de irse pero la mayoría no tienen con qué siquiera educarse. La respuesta fue una represión dura y cruda que tuvo como saldo el asesinato y desapariciones de ciudadanos en manos de los gobiernos que defienden el capitalismo. Acaso, ¿vale más una represión que otra?

No estamos en condiciones, desde los números y la evidencia, de comparar linealmente la reacción del gobierno cubano con la de los colombianos o chilenos. El saldo fatal fue -hasta el momento- dramáticamente peor en los países del sur. En Cuba hubo un muerto y 170 detenidos, mientras que en Colombia las muertes fueron de más de 20, hubo más de 800 heridos y desapariciones que continúan engrosando los números de la fatalidad ya que hace un par de días aparecieron sin vida dos manifestantes de los que no se sabía nada sobre su paradero. En Chile, entre octubre del 2019 y marzo del 2020 se registraron 34 muertos. 

A pesar de la evidente asimetría estadística, la respuesta ante la protesta del pueblo fue la misma y eso da muestra del fracaso de quienes están en el poder en Cuba. Porque la idea inicial era cambiar el mundo y cambiar el mundo en parte era ser distintos a ellos.

(*) Periodista, especial para ANÁLISIS

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