Cambios en el Gobierno: desembarco de Scioli, la bronca de Massa y los guiños de Alberto

El financiamiento con fondos de asignación específica a las actividades culturales tuvo media sanción en Diputados.

El financiamiento con fondos de asignación específica a las actividades culturales tuvo media sanción en Diputados.

Por Mario Wainfeld (*)

 

El juez federal Daniel Rafecas concretó una instrucción veloz y seria de las denuncias sobre hipotéticas irregularidades en la licitación del gasoducto Néstor Kirchner. Convocó a audiencias públicas, a los testigos necesarios, formuló preguntas certeras, ordenó el archivo del expediente. Un golpe rotundo contra la bulimia denuncista de la oposición, contra la judicialización a la bartola. El derecho penal es (debería ser) algo serio, en contadas ocasiones se demuestra. Este fue un caso, trabajado por un juez de primera clase, un exotismo en Comodoro Py.

Descartado el escándalo berreta, queda la política. Tras el discurso de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en Tecnópolis y su atolondrada respuesta, el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas debió renunciar. Bajo juramento, como testigo, admitió ante Rafecas que se apuró a contestar las críticas de CFK y que informó (muy) equivocadamente sobre los hechos debatidos. Confesión de parte que subraya una tendencia de la interna oficialista encarnada esta vez por Kulfas, aunque atañe a muchos protagonistas. La ansiedad para ventilar públicamente, sin cautela ni timing, importantes debates internos. La expandida expresión “hay que salir a contestar” prevalece sobre el sentido común, el cálculo de las consecuencias, la consulta entre compañeros de gestión. Todo un dato, una enseñanza.

La crisis de Gabinete culminó con la designación de Daniel Scioli quien ya prestó juramento y es reporteado en esta misma edición. Pudieron existir cabildeos en Olivos, un sábado febril. Estuvieron en danza los nombres del presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa, de la asesora y exvicejefa de Gabinete Cecilia Todesca Bocco. Hay quien cuenta que Massa mocionó al presidente del BICE José Ignacio “Vasco” de Mendiguren en los corrillos previos a la fumata blanca.

Cualquiera de ellos habría emitido un mensaje distinto para la interna oficial que la elección de Scioli. Una figura que sabe surfear sobre los conflictos y sostenerse, suscitar pocos odios, permanecer. Brotan prematuras, a veces interesadas, especulaciones acerca de si el exgobernador y exvicepresidente tallará como presidenciable en 2023. Falta un montón, las perspectivas del Frente de Todos (FdT) dependen de que mejore mucho el desempeño del Gobierno… está de moda almorzarse la cena. Ningún porvenir es imposible, ninguno seguro en medio de la tormenta.

El Presidente Alberto Fernández sindica a Scioli como “mi hermano”, Massa recibió el desembarco con otra perspectiva.

 

Massa, con Cumbre y con cantera

 

Massa aborrece a Scioli o lo aborreció. Por cuitas añejas y porque compiten con ambiciones parecidas, con perfiles distintos. Ambos llegaron crecidos al peronismo, no son nacidos y criados. Hicieron carrera, no consideran haber tocado su techo.

Cuando se conformó el FdT cundió un mensaje edificante o constructivo: los antagonismos y reproches previos se declaraban prescriptos o amnistiados o algo así. Desde la derrota en las Primarias Abiertas (PASO) el cierre parece estar siendo reinterpretado apenas como una tregua. Como poco, se polemiza acerca de la elaboración del pasado.

El Presidente Alberto Fernández tomó nota de la bronca de Massa, lo va compensando. Lo invitó a la Cumbre de las Américas, le confirió un rol protagónico en el trato con los periodistas y en las reuniones. Massa disfruta esas tenidas, es locuaz y entrador.

El tigrense le viene sacando el jugo a su rol en la Cámara Baja. La presidencia es, para quien tiene destreza, un trampolín para articular con propios y extraños, para “hacer política”, para ejercer pluralismo, para roscar y construir. Sobran ejemplos: desde el ahora ministro Julián Domínguez (FdT) hasta el actual diputado Emilio Monzó (peronista-cambiemita). En un pasado remoto el menem-duhaldista Alberto Pierri supo también “construirse” desde allí. Massa ha sido funcional al Ejecutivo sin descuidar añejas amistades de derechas, a las que guiñó durante la gira presidencial.

Otra prueba del acercamiento entre “Alberto” y “Sergio” es la designación de un funcionario avezado de la cantera del tigrense. Guillermo Michel fue nombrado al frente de la Dirección General de Aduanas. LA DGA depende de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). La anterior directora, Silvia Traverso, estaba desde el inicio del mandato presidencial y es persona de confianza de la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont.

El presidente insiste en una práctica que ha dado flojos resultados: parcelar la gestión. A cambio, le reconoce más espacio a Massa. Puede haber movidas semejantes en otras reparticiones, avizoran albertistas baqueanos y massistas entusiasmados. Se irá viendo.

 

La inflación y las tarifas

 

Scioli arrancó coherente consigo mismo y con lo que esperaba el Presidente. Mantuvo a buena parte del equipo de Kulfas, contemporizó velozmente con Massa, dialogó largo y tendido con Martín Guzmán. El ministro de Economía sabe mantener la flema ante circunstancias difíciles, la salida de Kulfas lo privó de un aliado en la gestión.

El índice de precios al consumidor de mayo ratifica el mayor problema del Gobierno, su fracaso más severo. Guzmán piensa que, a tranco lento pero seguro, la inflación crecerá menos en los meses venideros (es poco serio llamar “descenso” a incrementos menos altos que los precedentes).

Los medios dominantes, varios periodistas y los contertulios de muchos quinchos hablan de ultimátum fechados de Fernández a Guzmán: ambos los niegan.

La segmentación de las tarifas por gas y electricidad vaticina otro frente de tormenta. El sistema elegido es simple, exige activismo de los consumidores-usuarios para seguir recibiendo los subsidios. Una metodología muy primitiva, opina este cronista, tras tantas divergencias internas cuando ha transcurrido ya un año y medio del mandato presidencial.

Profano en la materia, el escriba no hará vaticinios sobre la eficacia y equidad de la movida. Espera a la implementación y a las informaciones que surgirán de las polémicas públicas. Intuye un escenario borrascoso, que se develará en semanas o meses.

Simultáneamente avanzan en Diputados dos valiosas iniciativas oficiales: la prórroga del financiamiento a las industrias culturales y el apodado impuesto a las rentas inesperadas. Con buen pronóstico la primera, con declive en contra la segunda.

 

Un salvavidas para la cultura

 

El financiamiento con fondos de asignación específica a las actividades culturales venía siendo una buena tradición nacional. El expresidente Mauricio Macri intentó derogarlo con el subterfugio de fijarle fecha de vencimiento, diciembre de este año. La reacción oficialista demoró demasiado, pero llegó a tiempo, aupada por organizaciones de todo tipo, sindicatos, funcionarios e intelectuales comprometidos, trabajadores de la cultura, varios etcéteras.

El proyecto obtuvo media sanción en Diputados. Se estipuló un plazo generoso de vigencia, infrecuente en la praxis criolla: cincuenta años.

Se benefician con asignaciones especificas el cine, el teatro, las bibliotecas populares, producciones del sistema nacional de Medios Públicos, el ENACOM, la Defensoría del Público. Bastiones de industrias o actividades de primer nivel y también de la vasta gama de actividades culturales populares.

Los argentinos suelen ufanarse de sus dos Oscar, de la asombrosa actividad teatral convalidada por millones de espectadores, de la riqueza y consagración internacional de sus artistas y musiqueros. Debe añadirse la vivacidad de centros culturales, peñas, la creatividad masiva.

El acceso a los bienes culturales y los laburos que generan son necesidades. Derechos en consecuencia. Desfinanciarlos es quitarles alegría, perspectivas a millones de personas.

El proyecto se impuso con amplitud. La bancada de Juntos por el Cambio se abstuvo, mayormente. Predominaron entre sus legisladores argumentos economicistas. Ningún radical votó a favor, una abdicación llamativa teniendo en cuenta la historia previa del partido centenario. Los legados del presidente Raúl Alfonsín entraron en el pasado. Los correligionarios hoy se alinean con Macri o con la infausta herencia del presidente Fernando de la Rúa.

Algunos cambiemitas, más rústicos o más honestos intelectualmente, votaron en contra. Sin pruritos, sin respeto a la gente común, sin vocación de preservar un patrimonio colectivo construido desde hace décadas. En el Senado todo pinta más sencillo.

El ejemplo sirve para demostrar que la contienda entre cambiemitas y peronistas versa sobre dos proyectos de país, con o sin inclusión. Esta norma no resuelve todos los problemas de los argentinos, pero les concede un respiro y un envión a uno de sus mejores patrimonios colectivos. Un tiro a favor de la equidad, de compartir riquezas no solo expresadas por la guita.

En las galerías del Congreso se celebró el resultado. Los cambiemitas recibieron sonoras y merecidas rechiflas de laburantes y militantes de la cultura. Un festejo siempre suma.

El logro, en sustancia, evita un retroceso tremendo, salva la ropa. Es un triunfo conservador, mantiene lo preexistente años atrás. Debería ser el puntapié inicial para avances, ligados a nuevas formas de producción. Instalar de una buena vez, nuevos tributos de sostén en especial para fomento de los servicios de comunicación audiovisual.

 

Las rentas inesperadas, sublevación de magnates

 

El impuesto a las rentas inesperadas se legisla como un aumento temporario de la alícuota del impuesto a las ganancias. Son sujeto imponible un grupo de contados contribuyentes que hayan obtenido beneficios exorbitantes como consecuencia de la guerra en Ucrania. Las rentas derivan de un caso fortuito que le reditúa a favor mientras damnifica a casi todo el planeta. Los beneficios no provienen de su experticia ni de avances tecnológicos. Socializan una parte, chica, de sus ganancias colosales. La función de todo impuesto progresivo.

La gabela es pariente del impuesto a las grandes fortunas que funcionó muy bien. Casi todas las demandas resistiéndolo fueron rechazadas en Tribunales. La recaudación fue exitosa. Ninguno de los multimillonarios que debieron pagar dejó de serlo.

Las rentas inesperadas se calcularán con las Declaraciones Juradas del año 2022, a presentarse el año que viene. Para ser alcanzados por la carga tributaria los magnates deberán forrarse tupido en lo que resta de este año. Quedan seis meses por delante. Solo contribuirán si les va bárbaro. Tienta decir que deberían desearlo. Pero son irrefrenables la angurria y la insolidaridad de la clase dominante, de los ricos más ricos de la Patria. La principal oposición los privilegia bajo la consigna de no apoyar ningún impuesto.

La propuesta del Gobierno establece coparticipación del impuesto para tentar apoyos de legisladores provinciales. El oficialismo precisa sumar votos de “otras” fuerzas opositoras: partidos provinciales, peronistas “racionales” y la izquierda. Si no los obtuviera sería una señal de la falta de compromiso de esos sectores, aliados objetivos de la derecha a la hora de los bifes. Como dicen los comentaristas de fútbol los números son “muy finitos”, difícil cumplir el objetivo.

 

Assange, las libertades, los líderes

 

El fin de semana largo promueve alta concurrencia a los centros turísticos, consumo masivo, jornadas propicias para espectáculos y gastronomía. Una parte de la compleja e inédita situación económica nacional que combina crecimiento, desigualdad y baja capacidad adquisitiva de los ingresos fijos.

Sigue pendiente un salto de calidad del Gobierno, adopción de medidas económico sociales audaces. Entre ellas, sin agotar la lista, la suba de las retenciones y alguna forma de ingreso básico universal.

La CTA de los Trabajadores promueve esa reforma. Este lunes Cristina asistirá a un plenario de la Central y seguramente marcará la agenda de la semana.

Ayer, la vicepresidenta retuiteó la tapa de Página/12 que destacó la extradición de Julián Assange y se solidarizó con la víctima. Estados Unidos le quiere hacer pagar caro haber conseguido información y divulgarla en todo el planeta. Se consuma un terrible ataque contra la libertad de expresión. Una amenaza para los periodistas con orgullo profesional.

El domingo pasado, esta columna señaló cuan simplista y errado es creer en el mensaje maniqueo del presidente estadounidense Joe Biden: la lucha de un Occidente bienhechor contra los autoritarismos. Numerosos lamebotas locales adscriben a ese embuste.

El calvario de Assange mereció apenas un recuadrito perdido en la tapa del diario “Clarín”, ninguno en La Nación. El director y dueño de Perfil, Jorge Fontevecchia se diferenció y publicó un interesante editorial reivindicando a Assange.

El expresidente brasileño Lula da Silva, el líder de la izquierda francesa Jean- Luc Mélenchon coincidieron con Cristina. Se solidarizaron con Assange que se constituye en un referente de la libertad de expresión.

El escepticismo, la apatía ciudadana, distintas modalidades de menefreguismo se popularizan por doquier. Frente a esas características vale la pena sostener que no todo es igual. Recusar las diatribas “anti populistas”, valorizar a dirigentes populares cuando dan ejemplo mientras otros callan, convalidan o aplauden las tropelías de la principal potencia del mundo.

 

(*) Esta columna de Opinión de Mario Wainfeld fue publicada originalmente en el diario Página/12.

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