Matías Armándola y un trabajo invaluable en torno a la literatura entrerriana

De ANÁLISIS

Por Belén Giménez

Es mediodía y sol hace sentir la luz y la temperatura propias de la primavera que se avecina, se cuela por la ventana, acaricia el rostro caricaturesco del poeta concepcionero Luis Alberto Ruiz dispuesta en la página de un viejo diario abierto sobre el escritorio, para recostarse al fin en los lomos de los libros. 

La habitación donde descansa Matías es el reservorio de material que lo desvela. La pieza es el espacio que lo cobija en las largas horas, desde hace seis años, en las que este investigador independiente se revuelve entre libros, papeles, archivos digitales y unos cuantos tesoros, como manuscritos y libros inéditos, que se le han confiado cual centinela durante sus búsquedas. El modesto cuarto fue variando en su fisonomía de acuerdo a las prioridades: el televisor que antes ocupaba un estante del gran mueble ya no existe y, en su lugar, hay libros. Es solo una muestra física minúscula de un proceso dado a partir del trabajo que Matías viene haciendo desde 2015 de recuperación, archivo y difusión de escritores entrerrianos y de su literatura, un trabajo que trasciende los límites y es imposible encerrar entre cuatro paredes. 

-¿Qué te motivó a emprender este trabajo?

-En primer lugar, siempre tuve una enorme curiosidad en torno a los autores y autoras, es decir, en torno a la comunidad intelectual de Entre Ríos, sobre todo en función de lo que implican las ausencias: ausencia en el discurso, ausencia en el estudio y ausencia bibliográfica, principalmente. Primero creo que fue eso lo que me llamó la atención, sobre todo cuando comencé a ver las dimensiones de esta comunidad intelectual que es significativamente amplia, numerosa, rica en  su contenido, en su expresión, etc. 
Curiosidad, necesidad y una cuestión existencial, creo que son esas cosas las que me motivan y no solo me motivan, sino que me inquietan el pensamiento todo el tiempo… permanentemente estoy organizando, recuperando, pensando, repensando, cuestionando, etc., porque hay algo que me parece fundamental, y es que se necesita mucho debate y romper determinadas centralidades.

-¿Cómo se sostiene económicamente este proyecto que, por lo que acabas de contar, se comprende como sumamente amplio y extenso en cuanto al tiempo?

-Parte de lo que ganaba con mi trabajo -al que todavía me dedico hasta que me reciba- lo empecé a destinar a rastrear material bibliográfico de los distintos autores. No porque vaya en desmedro de las bibliotecas, ni de los espacios destinados a tal fin, sino porque me di cuenta que en las instituciones de preservación hay faltantes, piezas que no están. Entonces me generé un propio fondo de bibliografía entrerriana y fui trabajando con eso, fui recuperando material, libros.

-O sea que no has recibido apoyo de ninguna institución gubernamental, por ejemplo.

-No. Fuera de algunos proyectos que han empezado a ver la luz en trabajo conjunto, como los de la Colección ‘La música en que flotamos’ con Azogue libros y la Editorial Municipal, y otras cosas que pueden llegar a salir, pero lo dejo ahí… (risas). Julián Stoppello ha tenido mucha consideración para conmigo, sabe lo que hago y, en ocasiones, me ha consultado para que lo asista con algunas cuestiones, e incluso ha delegado consultas hacia mí. 
Pero respondiendo específicamente a tu pregunta, no. Todo lo que es viajes, estadías, etc., me lo he bancado yo porque, es lo que te decía, todo esto adquiere para mí un rigor existencial, es una necesidad que siento profundamente, y veo todo esto y digo no puedo no hacer nada. Esto está por encima de todo, aunque suene medio extremo, pero es así cómo lo siento y cómo lo vivo. 
Después hay autores, que continúan su valiosa actividad, como Juan Manuel Alfaro, Julio Federik, Graciela Pacher, María Eugenia Faué (Gualeguaychú) que me alientan permanentemente; Adolfo Golz fue otro que me dio un gran lugar para el intercambio… bueno todos ellos han reconocido cuestiones de mi trabajo, y me han posibilitado afectivamente el diálogo, y me han dado un lugar que para mí es significativo. El mismo Gustavo Lambruschini… bueno, eso no sé, no sé si puedo describirlo, porque el espacio que me dio para el debate, que él debatiera conmigo, que me considerara para el debate y para pensar estas cosas, para mí es algo que es imposible de valorar. O sea, el contacto y las vinculaciones vienen por esos lados: un acompañamiento que es más bien intelectual y afectivo también, y de reconocimiento al ejercicio.

-Sabemos que la cultura siempre ha sido un espacio relegado al último lugar o, al menos, no visto como una necesidad y, si bien se han hecho o hacen cosas, generalmente es más difícil encontrar apoyo económico o político, y ni hablar que eso siempre implica colgar una bandera o reconocimiento detrás.

-Es el desinterés político pero también hay recelos intelectuales y mucha mezquindad que ha hecho que yo me quede más bien solo o trabajando en silencio, formulando y tratando de armar volúmenes, elaborando y mandando cosas para ver si se concretan, todo por mi parte. Hay mucho aprovechamiento y eso es algo que me fastidia, me fastidia mucho que las cosas se hagan por la figuración. Me interesa que queden los autores y sus obras, sea por mi mano o la de otros.

-Ya en un intercambio previo, me hiciste hincapié en que esto no tenía que ver con el reconocimiento propio, esa figuración a la que aludís, sino que era un trabajo por y para los autores ¿Sentís que, por cuestiones obvias de tiempo, estas suspendiendo algo que sería para vos o sobre vos específicamente?

-Sí, tuve que hacer a un lado mi propia creación literaria porque entre las prioridades y esa sensación de urgencia, lo dedico todo a esto.

-Hablemos un poco de otra etapa del trabajo que también realizás: la difusión. Vos tenés una página en las redes sociales Instagram y Facebook “Lectores del Paraná - Literatura Entrerriana” donde difundís parte del material. ¿Por qué decidís sumar esa instancia, ese trabajo, y cómo lo llevás adelante?

-En ese proceso de trabajo, de búsqueda y observación de faltantes, es que surge esta necesidad de que las cosas no queden para mí, porque no tiene ningún sentido. De ahí es que todo confluye en la creación de la página “Lectores del Paraná: Literatura Entrerriana”; de ahí, lo que en principio fue curiosidad, se terminó transformando en una sistematización de trabajo y terminó adquiriendo, para mí, una cuestión ya existencial, como repito (risas), porque no solo procedí a la conformación de un fondo bibliográfico, sino que empecé a hacer relevamiento de material de archivo, o sea, todo lo que es revisión hemerográfica en el Archivo Histórico de la Provincia “Guillermo Saraví”, Archivo General de Entre Ríos, la Biblioteca del Museo Histórico “Martiniano Leguizamón”, y algunas en la Biblioteca Provincial. Esto en Paraná, después me extendí, me fui al instituto Magnasco y a la Biblioteca Popular Sarmiento de Gualeguaychú, e incluso llegué a relevar materiales de autores entrerrianos en la Biblioteca Nacional del Uruguay, en Montevideo. Todo eso fue lo que dando forma a “Lectores del Paraná - Literatura Entrerriana”. Por supuesto que todo lo referente a creación, administración, formulaciones, digitalización, etc., lo hago únicamente yo.


Parte del material del Fondo de Autores Entrerrianos. 

-Es como un trabajo dividido en muchos trabajos o partes, y que no tiene un fin total, sino la conclusión de ciertas etapas, pero siempre va a ser un proceso.

-Sí, incluso tuve que aprender, por ejemplo, a manipular esos libros que se encuentran en una condición delicada por el tiempo y el uso, tuve que informarme en cuanto a lo que hace a la preservación, comprar sobres blancos, cepillo de limpieza, etc., y hasta tengo los libros catalogados.

-¿Todas tus fuentes son específicamente instituciones?

-¡No, no! ¡He tenido, también, contacto con varios familiares de los escritores, de los y las poetas, de los intelectuales en general en distintos puntos de Entre Ríos, estableciendo relaciones muy próximas, a tal punto de que los mismos familiares me han cedido cosas de los autores

-Tenés oro en polvo, como se dice…

-Tengo un archivo propio como quien dice, aparte de lo que es el archivo de relevamiento de diarios y demás, están los manuscrito de los autores, correspondencias, libros inéditos, y así un montón de cosas…

-¿Sos realmente consciente o dimensionás lo que significa este trabajo, no solo la recuperación, la puesta en valor, el redescubrimiento de autores olvidados o desconocidos; sino también a nivel de la producción de material histórico que significa? Es decir, esto va a trascender tu existencia física porque estás generando un material de consulta, el primero tan abarcativo, para el resto de las personas. Desde acá, todos vamos a poder recurrir al material como una fuente fiable y amplia.

-Mi idea de ruptura que te mencioné al principio, tiene que ver con una cuestión de circulación editorial, por un lado, de renovación de lo que es el tratamiento de estas cuestiones en los ámbitos de formación… lo que considero complicado, sobre todo porque hay cuestiones muy sujetas a la repetición, de trabajo con las mismas obras, de poca revisión…. y verdaderamente es tierra fértil por donde se la mire, es vegetación grávida. 
No sé si termino dimensionándolo, porque la misma vorágine de pasar de una cosa, a otra cosa, de volver, reformular, de repensar y de poner en tensión, hace que mi atención esté muy concentrada, y como que no termino observando eso. Después me doy cuenta, cuando la mente está en calma, de todo lo que pude relevar, archivar, reunir... Tengo carpetas de las digitalizaciones de archivos, una decena o más de carpetas y otras virtuales, porque hice un trabajo a la par: mientras digitalizaba y ordenaba, imprimía y archivaba.

 


El libro más viejo que pudo recuperar Matías en sus búsquedas, es de 1896.

Matías Armandola nació el 18 de septiembre de 1992, es estudiante avanzado del Profesorado en Lengua y Literatura de la FHAyCS, UADER; corrector de textos académicos y literarios por la USAL; formó parte de la Comisión Directiva de la SADE; y se reconoce a sí mismo como un inquieto nato.

 

 

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