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Día Nacional del Mate: “La diferencia entre una yerba comercial y una yerba de una cooperativa es enorme”

"La fecha en nuestro país tiene que ver con homenajear el nacimiento de Andrés Guacurarí, que tiene su propia yerba, Andresito”, recordó Santiago García.

Santiago García, periodista, escritor y docente en Gualeguay, y autor del libro Micaela García, la chica de la sonrisa eterna. Hace más de un año emprendió la redacción de un newsletter, un boletín semanal, que llega al correo electrónico de quien se suscriba: Corresponsal de Yerba, con textos interesantes, entretenidos, informativos y emotivos sobre lo que él denomina la “costumbre sagrada”, el mate. Este 30 de noviembre se celebra el día Nacional de esta infusión y el especialista habló al respecto, en el programa El Séptimo Día (Radio Plaza): desde el origen de esta efeméride hasta la situación económica y política de la infusión, destacando las repercusiones de la reciente destrucción del Instituto Nacional de la Yerba Mate en los pequeños agricultores.

“La fecha tiene que ver con Andrés Guacurarí, la figura de Andresito. Es una disposición nacional. Me parece interesante pensar que el mate está no solamente en Argentina, sino en distintos países. Andrés Guacurarí nació el 30 de noviembre de 1778 en Santo Tomé, Corrientes. Fue un soldado guaraní al que nombraron gobernador en lo que en ese momento se llamaba la provincia grande de Misiones. Hubo un debate con él porque hay un sector de Corrientes que no lo quiere, porque le puso los puntos, si se quiere, a la capital correntina. También hay un debate intelectual sobre si él tenía o no algún vínculo con el mate. Yo entiendo que sí, que tiene un vínculo cuando fue gobernador. La fecha en nuestro país tiene que ver con homenajear el nacimiento de Andrés Guacurarí, que tiene su propia yerba, Andresito”, recordó García.

—También podríamos decir como en el Día de la Madre, que el día del mate es todos los días...

—Hay algo interesante: Uruguay no tiene Día del Mate, y creo que eso dice mucho. No tiene su día nacional del mate. Creo que si hay alguien con quien somos parientes nosotros es con los uruguayos. Paraguay sí tiene su día, que es el 11 de octubre. Brasil tiene un día que es el Día del Chimarrão y también del churrasco. El mismo día homenajean el mate y el asado en Brasil. Eso me parece divertido recordar que en distintos países son distintas fechas. En nuestro caso tiene que ver con Andrés, y los uruguayos creo que son tan materos que directamente ni siquiera le dieron un día.

Santiago García con su padre Jorge, el "responsable" del newsletter "Correspondal de Yerba".

—¿Venís siguiendo la actualidad del sector, lo que está pasando con los yerbateros y toda esta discusión que muchas veces nosotros los entrerrianos la vemos lejana porque afecta especialmente a Misiones y a Corrientes?

—Sí. La última disposición fue llevar a la práctica la destrucción del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Hay que recordar que el INYM nació en el 2002, luego del "tractorazo". Esto tenía que ver con la participación de los productores misioneros, sobre todo en la discusión sobre el mercado de la yerba. Buscaban que las secadoras y las grandes empresas no se quedaran con toda la parte del dinero. En ese momento se instituye el Instituto Nacional de la Yerba Mate, que tenía participación de los productores y permitía la discusión sobre el precio de la hoja canchada. Esto era poner un nombre básico para discutir el precio de la hoja, desde la producción, desde las miles y miles de familias (creo que son más de 50.000 productores) que sostienen esto día a día.

Después, hay un grupo de empresas (tres o cuatro que todos conocemos, además de cooperativas) que tienen la mayor parte del mercado. La decisión del gobierno fue destituir, destruir, el Instituto de la Yerba, porque dice que seguirá existiendo, pero para publicidad de la costumbre y no para la discusión del precio de la hoja. Lamentablemente, lo que se vio en los últimos años es que se puede desregular el mercado, pero eso no impacta en el consumidor, sino solo en el productor. La yerba nunca bajó a pesar de esta famosa desregulación del mercado, sino que llevó a la destrucción de muchos productores. Hubo una historia muy triste, hubo un productor que se quiso prender fuego, y algunos decidieron cerrar. Eso va a impactar en que el mercado se va a concentrar cada vez más.

Javier Milei, un presidente ajeno a la costumbre del mate.

—Una de las ideas de este plan es devaluar la tierra porque conviene vender más que seguir produciendo, porque a veces ni los costos se salvan, y que se queden en manos de grandes firmas, y que una buena medida es tirar los precios lo más bajo posible ¿Puede ser esto?

—Sí, puede ser. También puede haber una presión de la industria de la madera, que es muy fuerte en Misiones. En Paraguay hubo un tema con las mineras muy grave porque había una disputa en las mismas tierras en las que se producía yerba mate. Había mineras que contaminaban mucho el agua. Son tierras muy preciadas y es probable. Creo que lo más preocupante, sin llegar a eso, es que se concentre en pocas manos. Un tema que no es menor es que las grandes empresas descuidan mucho la calidad de la yerba. Una de las cosas que el Instituto de la Yerba Mate podía discutir era la calidad. Por ser fanático y haber conocido gente que trae yerbas de cooperativas de Misiones, la diferencia entre una yerba comercial y una yerba de una cooperativa con un buen estacionamiento y tratamiento especial es enorme. Es como tomar dos cosas distintas.

Creo que eso va a afectar muchísimo. En vez de apoyar a las cooperativas que, encima, hacen un producto más rico, más sano, que no trae tanta acidez y que es mucho mejor para la digestión, se va a concentrar en empresas que necesitan sacar y sacar. Secan más rápido y con métodos mucho más dañinos para el medio ambiente y también para la salud de los que consumimos mate todos los días.

La cooperativa de yerba mate Andresito.

—Las yerbas de las cooperativas ¿tienen un circuito muy difícil de acceder o por qué uno no las ve, más allá de quizás en alguna dietética?

—Sí, creo que las dietéticas es el lugar que primero fueron a buscar esa yerba y que funcionaron muy bien. Hay una cuestión, obviamente, de mercado. Tuve la oportunidad de ir a Las Marías (de Taragüí), y es una empresa increíble. Hay una diferencia de escala muy grande que lleva a que Las Marías puedan no solamente cubrir todo el país, sino también exportar. En mi caso particular, hay unos chicos acá de Gualeguay que tienen un emprendimiento que se llama “El Clú de la Yerba”. Es similar a lo que eran los clubes del vino. Todos los meses te traen cuatro o seis paquetes, algunos al azar y otros elegibles, que son de ese tipo de yerbas cooperativas o agroecológicas. Una vez que probé alguna de esas yerbas, uno puede comprar un fardo de la yerba que más le guste. La diferencia de precio no es tan grande. Estaré pagando 7.000 u 8.000 pesos el kilo, una cantidad que obviamente es más cara que la yerba que tomamos habitualmente. Si uno las compra por fardo, son mucho más baratas. La diferencia de calidad es enorme, gigante.

—¿Y qué dirías de “los mates de Adela”?

—¡Qué tema! Yo soy nacido en Ramón Mejía, en La Matanza. Mi locura por el mate es adoptiva, porque mi viejo se vino a vivir acá a los cuatro años y creo que yo conocí el mate cuando vine acá. Lo que se toma en Buenos Aires, en general, es bastante problemático. Los mates de mi vieja eran muy difíciles: esos enlozados fríos, o calientes pero dulces. Yo decía: "¿Qué voy a tomar esta porquería?". Hasta que vine acá y probé lo que era un mate de verdad, y empecé a ser fanático. En la Facultad era nuestro alimento principal. Me fui haciendo fanático. Mi viejo, en particular, era un tipo de cebar mate, de tomarse un tiempo para tomar mate, así que eso fue un gran legado de él. Pero sí, los mates de mi vieja eran muy difíciles. Igual fue cambiando; se vino a Entre Ríos, metió de a poquito un mate de palo santo, un endulzante un poco más natural, y ahora compra en la dietética.

—A favor del mate enlozado es que ocupa muy poca yerba para tiempos de crisis.

—Es verdad, lo reconozco. También laboralmente, es algo que podés lavar fácil y descartar fácil, y el porteño vive a ese ritmo donde todo tiene que ser urgente. Y también es un poco inocuo. Cuando uno va a Las Marías, ellos en la parte de control de calidad toman en mates de vidrio. Tienen muchísimos mates de vidrio colgados con los que prueban las distintas yerbas, porque dicen que el vidrio no aporta sabor. Obviamente que yo prefiero el mío, mi mate de calabaza, que siento que tiene mi sabor, mi gusto. Pero valoro eso: que el mate de vidrio no aporta sabor. Me parece que es como en todo, como en el fútbol, decir: "No, las cosas son así". A mí me gustan así en mi casa y valoro mucho eso. Reconozco que, si me arriman un mate muy lavado y frío, digo: "No, no te agradezco, ya tomé mucho". Uno tira una de esas porque sabe que tiene que seguir todo el día y son difíciles.

El mate, siempre presente en la obra de Molina Campos.

—Una de las cuestiones de la pandemia fue aquello de no compartir el mate ¿Creés que muchas personas se mantuvieron en esto de no compartir la bombilla, o se retomó?

—Es un buen punto. He notado gente que quedó con la costumbre de no compartir. Yo extrañé mucho compartir el mate durante la pandemia. Yo personalmente estoy vacunado y comparto, pero entiendo a la persona que elige no compartir. Es un punto muy neurálgico. Creo que lo más intimista del mate es que compartimos la bombilla. No hay otra práctica más íntima que esa, salvo en una relación íntima. Intercambiar saliva es lo que les da asco a otras culturas, lo que les resulta asqueroso. Yo en mi caso particular lo volví a hacer y lo hago. Está bastante probado que no transmite enfermedades graves. En el COVID fue importante, pero el mate no transmite, por ejemplo, VIH; tiene que haber un corte, una cosa muy particular. Si una persona está enferma, tiene que tomar la decisión de cuidarse y no compartir. En mi caso particular, yo comparto. Es cierto que el mate es una de las tantas cosas que nos afectó después de la pandemia. Creo que todavía no nos dimos cuenta lo que cambió la sociedad después de lo que vivimos.

Al final de la entrevista, Santiago García se refirió a un punto central de esta costumbre y un entrerriano clave en esta historia: “Quiero agradecer y destacar la figura de Amaro Villanueva. Es un periodista entrerriano, un investigador que, si uno googlea “el mate”, aparece su nombre. Me parece que es un periodista increíble que tenemos en Entre Ríos del que hay que destacar sus estudios. Sus estudios sobre el mate son increíbles. Son, para mí, “la Biblia”: 400 páginas dedicadas al mate. Si me permiten ese último homenaje, Amaro Villanueva es la referencia más importante de estudio sobre el mate en nuestro país.

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