Eloísa Quintero: “Para tener democracia tenemos que tener Derechos Humanos y para tener Derechos Humanos tenemos que tener libertad. Y para tener libertad tenemos que tener libertad de expresión”.
Eloísa Quintero -oriunda de Paraná-, integra la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, y en diálogo con ANÁLISIS describió un escenario donde las violaciones a los derechos humanos persisten en un entramado estructural que, según afirmó, “no ha sido tocado en su esencia”. La especialista situó el rol de la misión en el marco de un mandato preciso: investigar, documentar y aportar evidencia sobre prácticas como tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, sin atribuir responsabilidades penales directas.
La especialista diferenció esta experiencia de su paso por Guatemala, donde integró un organismo con facultades judiciales amplias. En contraste, el caso venezolano se desarrolla en un entorno hostil, con acceso limitado a pruebas y sin cooperación estatal. “Es una diferencia abismal”, comparó, aunque advirtió que incluso en contextos adversos es posible avanzar mediante estrategias adecuadas: “No todo se soluciona con recursos; lo primero que debe estar es la decisión”.
En ese sentido, Quintero subrayó la necesidad de abordar los fenómenos de corrupción y violaciones de derechos humanos desde una perspectiva estratégica. “No se puede entender el fenómeno si no hacemos un estudio de relaciones e intereses”, indicó, al tiempo que identificó los procesos electorales como momentos clave donde “se teje todo tipo de alianzas”. Para ella, la desigualdad en esas condiciones iniciales erosiona la legitimidad democrática.
Al analizar el presente venezolano, insistió en que los cambios institucionales observados son meramente superficiales: “Podemos hablar todavía de cambios cosméticos”. A su juicio, una transformación real exige modificar tanto los actores como las reglas del sistema y, fundamentalmente, garantizar sanciones ante su incumplimiento. “De nada sirve cambiar una regla si después no viene una sanción por su incumplimiento”, advirtió.
Finalmente, Quintero planteó una reflexión más amplia sobre el deterioro del consenso en torno a los derechos humanos. Consideró “muy triste” su utilización como bandera partidaria y llamó a recuperar su sentido originario: “Hay que volver a los orígenes y pensar por qué tenemos esas declaraciones”. En esa línea, defendió el papel de los organismos internacionales como espacios de diálogo entre Estados, no como instrumentos coercitivos. “La ONU nació como un espacio de diálogo entre nosotros, los pueblos”, concluyó, en una apelación directa a reconstruir puentes en un escenario global marcado por la fragmentación.
-Usted integra un equipo de trabajo que se llama Misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela.
-Así es. Es un equipo que fue seleccionado por las Naciones Unidas. El Consejo de Derechos Humanos, como representante, o sea, integrado por las naciones, que eso es importante. Es importante recordar el concepto de Naciones Unidas. Porque se la suele señalar positiva o negativamente como si fuera una institución independiente y no la voz de la expresión de los pueblos. Porque (el acta de fundación de las) Naciones Unidas empieza diciendo “Nosotros los pueblos” (…) Entonces, nosotros los pueblos, así lo dice también una colega, Liliana Valiña, hace poco en un escrito que es muy bueno: “Nosotros, los pueblos”, nos reunimos y tratamos de generar una institución que nos represente para tomar ciertas decisiones. Entonces, ahí, el Consejo de Derechos Humanos, que es uno de los órganos pequeños, es el segundo; el primero es la Asamblea, que representa los 193 países, y después está el Consejo, que tiene creo que 47. Entonces ahí, cuando algún país tiene muchos indicios, informes, reclamos y elementos suficientes como para requerir que se designe una misión y tener una mirada más integral, eligen a expertos internacionales. Estos expertos no son funcionarios públicos, y por eso se llama una “misión independiente”. Porque no es un funcionario público que expresa o un funcionario de la ONU, que expresa la postura de tal o cual, sino que se la requiere con independencia. Y de las manos de su expertise y su saber, brinda información respecto del mandato que se le otorga. Por eso, es una misión independiente. Incluso no nos pague un sueldo por integrar esa misión. Es un cargo de prestigio, ad honorem. Justamente, para resguardar la independencia.
-Salvando la distancia de los roles, esta no es la primera vez que usted vive una experiencia porque ya ha tenido una intervención muy activa en Guatemala.
-Ahí fue un rol completamente distinto, porque la misión de Guatemala fue una misión única en el mundo. Ahí se creó un órgano por acuerdo del gobierno guatemalteco y las Naciones Unidas. Y ese órgano tenía muchísimas aptitudes, y estaba facultado -entre otras cosas- para investigar, acompañar… tenía muchos más “dientes”. Éramos representante en los procesos, podíamos ser abogados querellantes, es decir, apoyar, nosotros recibíamos elementos de pruebas, tomábamos declaraciones, etcétera. Todo eso, por supuesto, requería de control judicial que pasaba por tribunales, etcétera. Pero, podíamos hacer toda una investigación con enfoque de reproche penal, que es muy distinto a lo que se está haciendo ahora en Venezuela. En Venezuela es una misión independiente, de expertos; que investiga y tratar de determinar hechos y no buscar una responsabilidad criminal.
- ¿Cómo era estructuralmente esa misión en Guatemala?
-La Comisión Internacional contra la Impunidad tenía dos áreas grandes: la Administrativa y la de Investigación y Litigio. El área Administrativa tenía aproximadamente 50 personas; mientras que el área de Investigación y Litigio tenía 150 personas. Yo dirigía a las 150 personas que tenían que ver con lo financiero y muchos otros sectores. Pero, esto que parece un gran número de gente, para la cantidad de casos que llevábamos y la cantidad de procesos que llevábamos, a veces eran una o dos personas para cada proceso. Yo sé lo que es trabajar con poca gente y con pocos recursos.
- Y en el caso de Venezuela, se pueden marcar dos hechos importantes desde diciembre a la fecha. El primero es que ustedes han corroborado los informes del equipo anterior, y también han detectado que esas prácticas siguen existiendo. Y el segundo tiene que ver con el ataque que realizó EEUU a principio de enero para arrestar a Nicolás Maduro y a su esposa, y trasladarlos a su país. Más allá de la acusación de los hechos y los elementos probatorios que pudieran existir, a la luz del Derecho Internacional no se puede justificar una intervención militar ilegal. Son dos hechos que están explicitados y ambos deben rendir cuentas de alguna manera.
-Tal cual. Nosotros tenemos esos dos hechos que usted menciona. El mandato que siempre tiene una dirección muy clara, que es profundizar en el contexto de esos dos hechos… profundizar qué pasa con esas graves violaciones a derechos humanos que están enumeradas, que son tortura, privación ilegal de la libertad, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales y temas relativos con abuso y delitos sexuales, en ese contexto. Entonces, en el marco de esos hechos -que, por supuesto, en este período son los que están pidiendo una mirada muy especializada; o sea, un aporte más quirúrgico-, se da ese contexto, en el cual también se van mechando otros intereses, como los intereses de la transición, los intereses de la preparación para un Estado Democrático de Derecho, los intereses para para poder generar condiciones para próximas elecciones. Entonces, hoy por hoy, nosotros estamos marcados por esos dos hechos que fueron señalados. Pero, todos estos otros se van filtrando dentro del contexto de cumplimiento del mandato, no de manera tan puntual como pasó en el 2024. En el 2024 la misión tuvo que trabajar justo cuando se establecían las elecciones, o sea, trabajar y hacer su investigación. Entonces, así como nosotros -en este primer adelanto de actualización de datos- hicimos un corte entre “antes del 3 de enero y después del 3 de enero”, ellos hicieron en su momento antes de las elecciones, durante las elecciones y con posterioridad de las mismas, porque claramente esos hechos atraviesan e impactan en el en el objeto del mandato.
-En términos generales, la lucha contra la corrupción no puede abarcar todos los campos, tiene que ser específico. Porque una cuestión es la corrupción administrativa, otra la que se puede3 establecer en materia de infraestructura vial, los delitos económicos como lavado. Es decir, si bien todo es corrupción, a la hora de investigar se debe ser específico y eso requiere de distintos especialistas.
-Hay que ser especialista o tratar de ser estratégico del sistema de corrupción que uno quiere visibilizar. Entonces, por ejemplo, por lo pronto durante el período que a mí me tocó ser directora de Investigación y Litigio con el comisionado, que era el que tomaba las decisiones últimas, pero una lo que veía es qué fenómeno de corrupción se quería analizar y visibilizar. Porque uno no era una Fiscalía para poder cubrir todo. Perol, sí tenía la función de tratar de combatir los fenómenos en concreto. Entonces, el tema de corrupción municipal, cómo se daba. Una vez que una veía el patrón de la corrupción municipal en uno o en dos casos, los otros eran todos iguales. Esto se visibilizaba. Se llevaba a proceso. Y después era cuestión de replicarlo en otros lugares. Pero, para eso estaban las Fiscalías pertinentes. Después la corrupción en licitaciones públicas, la corrupción en el sistema de salud, la corrupción relacionada con el despojo de tierras, las corrupciones que tenían que ver con aparatos clandestinos de poder que hacían persecución a través de comandos de secuestro que hacían las personas armadas. Entonces, había muchas aristas de corrupción. Y una trató de abarcar cómo se iban dando los fenómenos, pero también de buscar una perspectiva estratégica para desde lo puntual poder mostrar cómo era el fenómeno, cómo se puede investigar y abarcar, y esperando que eso se pueda replicar a otros casos.
-Los hechos de corrupción tienen -generalmente- un origen en común: el financiamiento de las campañas electorales.
-Así es. Porque no se puede entender el fenómeno si no hacemos un estudio de relaciones e intereses. Y esas relaciones e intereses se tejen en momentos particulares. Entonces, los momentos preelectorales y los momentos electorales son los más importantes para poder analizar; para poder regular dentro de lo que sea posible el día de mañana, controlar. Y si no, sancionar. Porque ahí se teje todo tipo de alianzas, compromisos, no necesariamente ilícito, pero alianzas al fin. Entonces, si estamos hablando de democracia, la democracia se tiene que dar en un contexto de igualdad. Y así esas alianzas sean lícitas, pero si no se dan en un contexto de igualdad, entonces no podemos decir que estemos eligiendo nosotros -los ciudadanos- lo que realmente queríamos elegir. Porque aquellos candidatos, aquellos partidos, aquellas fracciones no partieron desde un concepto de igualdad. Y eso también es importante.
-Hay una definición en la teoría que permite aseverar que el Estado siempre es más fuerte que la organización delictiva. Sin embargo, a poco de caminar la realidad, por ejemplo, las Fiscalías Anticorrupción no tienen profesionales suficientes, carecen de especialistas. No es solo una debilidad, sino a veces una decisión política.
-Creo que es parcialmente cierto. Porque no todo se soluciona con recursos. Entonces, lo primero que debe estar es la decisión. Por eso les decía -haciendo comparación con lo que me tocó ejercer-, que con poco se puede hacer mucho, si la forma de ejecutar tiene una estrategia. Y, sobre todo, si está la decisión. Ahora bien, si el Estado es más fuerte o no que ciertos grupos, entonces diría que depende porque debemos preguntarnos de qué grupos estamos hablando… de grupos políticos locales, donde uno sí se puede imponer; de grupos regionales; de grupos que ya no son políticos, sino que son intereses económicos. Y después están los intereses económicos ilícitos. Frente a estos últimos estamos muy lejos. No sé si hay un Estado… lo repito… no sé si hay un Estado nacional que mueva el capital que tiene, por ejemplo, el Cartel Jalisco Nueva Generación.
-Lo que sí está claro es que el Estado tiene que avanzar en fortalecer sus órganos de investigación en materia de corrupción.
-Yo creo que es muy importante que tengan los recursos necesarios. Y me refiero a tiempo y personal para poder abarcar. Pero, también para poder hacer algo funcional con el tipo de fiscales que se tiene, el tiempo que le dedican. Si le dedican jornada completa o media jornada. Eso es muy importante también. Y, bueno, entonces uno tiene que hacer uso de lo que se llama la priorización de casos. Porque siempre hay que priorizar casos. ¿Y cuál es la estrategia detrás de esa priorización de casos? Ahí es donde creo que uno, con los recursos que tiene, empieza a jugar. Y, por supuesto, seguramente lo que se está haciendo o lo que se aspira a realizar. Siempre recomiendo para la gestión de esta política de persecución, la de trabajar con algunas herramientas como “patrones”. Los “patrones” se pueden confeccionar muy bien y pueden traducirse en muchas herramientas que agilizan el trabajo de las Fiscalías y, por ende, también de la judicatura. Por ejemplo, si habláramos en Paraná o en Entre Ríos, y decimos que estamos preocupados por los robos de automóviles o las ventas de autopartes. Después, lo más recomendable es que nosotros podamos rehacer los “modus operandi” para sacar lo que se llaman repeticiones o prácticas, y así generar cuál el patrón macro que permite el robo de vehículos. Y una vez que se tiene eso, es más fácil detectar, es más fácil investigar, porque ya sabe por dónde ir. Y es más fácil presentar el caso de manera fundada a un juez, porque ya está armada como esa suerte de plantilla.
-Volvamos Venezuela. Las comunicaciones que llegan pueden hablar de ciertos cambios que estarían ocurriendo. Pero, lo concreto es que el Poder Judicial, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Nacional Electoral o el Consejo Nacional de Telecomunicaciones y los principales funcionarios que han sido responsables de esa realidad opresiva, siguen inmutables.
-El régimen y su estructura de represión no ha sido tocado en su esencia. Desmantelado nada, ni siquiera cimbrado. O sea, podemos hablar todavía de cambios cosméticos. Pero, si quiera han sido tocados, cimbrados, expuestos en mínimo jaque mate. Porque de ¿qué forma se desestructura un sistema? Un sistema es un componente de elementos, reglas y autopoiesis (del griego auto “sí mismo” y poiesis “creación”: es la capacidad de un sistema para autorreproducirse, mantenerse y limitarse a sí mismo). De autogeneración del mismo. Entonces, hay que cambiar las reglas, no solo cambiar a los elementos. Incluso aquí, entonces, ni siquiera se da el cambio de elementos, porque lo que están haciendo -en la mayoría de los casos- es un intercambio de sujetos de una institución a otra. Eso pasó entre Defensoría y Fiscalía y ahora se tomó otra decisión. Pero, después de hacer cambios de elementos, supongamos que se hace una nueva selección de autoridades para estas instituciones que usted mencionaba en la pregunta, después viene el cambio de las reglas por las cuales se rigen estas instituciones o interactúan, o cuáles son las reglas operativas de Derechos y de hechos, etcétera. Y recién ahí, una vez que uno cambia esas reglas de operación, dice: bueno, ¿y qué pasa cuando alguien no las cumple? ¿Va haber una sanción? Porque de nada sirve cambiar una regla si después no viene una sanción ante el incumplimiento de la misma. Por eso digo que los cambios son cosméticos. Y todo esto otro que es propio del cambio de cualquier sistema, no se está generando hasta el momento. Y es lo que grita y pide la sociedad, lo decimos desde el punto de vista internacional los distintos sectores, entre ellos, nosotros en la misión.
-La cuestión que también quisiéramos observar es la actividad periodística que siempre es clave para esos cometidos; más allá del deterioro que enfrenta el ejercicio periodístico en la confianza con la sociedad.
-Creo que está cambiando el concepto de comunicador. El comunicador no es solamente el periodista, que los hay muchos y buenos. Pero, casi todos (los periodistas venezolanos) han tenido que hablar desde afuera, es decir, migrar. Pero, también creo que dentro del rol de comunicador tenemos que citar todo lo que transcriben, expresan, ponen sobre sus redes y ponen incluso en sus páginas web las ONG. Y hoy, dentro de ese terreno, más allá de los periodistas valientes que hay en Venezuela, también hay muchas ONG, que son las que están en la puerta del problema, recabando información y haciéndola pública. Incluso, cuando hablamos de conteos, de cuántas personas son presos políticos y que todavía hay que liberar, etcétera, etcétera, son las organizaciones civiles las que están dando ese dato. Por eso que creo que el concepto de comunicación, digamos, se conserva. Pero, hoy los agentes que lo llevan con responsabilidad tienen distintas profesiones o vienen de distintos sectores, y eso también me parece que es una linda adaptación y da mucha credibilidad. Y lo que nosotros contamos como misión, con otro marco de seguridad, porque uno congloba todo eso, tiene un contacto directo con víctimas y demás, y se hacen entrevistas, se toman datos, etcétera, y se puede escribir con otro marco de seguridad… mucho de lo que ellos, por prudencia y por seguridad, no quieren poner de manera tan gráfica. En esa reconstrucción de hechos que estamos haciendo, también se hace un papel de comunicación… de verdad, para justicia y reparación.
-Es muy valiosa la perspectiva que comparte porque hay conceptos clave: comunicación, comunidad y comunión. Y los tres requieren de una construcción recíproca, justamente, para derrotar a la indiferencia.
-Así es. Y Venezuela es un país muy golpeado, pero es un pueblo muy valiente. Y esas tres palabras que usted menciona creo que los han sostenido, porque tienen comunidad, hacen comunión cuando se acuerpan, cómo se sustentan. Y hay una comunicación que ha subsistido incluso a este régimen. Para tener democracia tenemos que tener Derechos Humanos y para tener Derechos Humanos tenemos que tener libertad. Y para tener libertad tenemos que tener libertad de expresión. Y cuando la mínima libertad de expresión no es posible por ciertos contextos de regímenes represivos, ellos siguen comunicando a través de otras vías. Y eso es muy importante para poder seguir teniendo comunidad y comunión.
-Hay una corriente comunicativa de muchos gobiernos en América Latina que están denostando los Derechos Humanos. Esto se percibe claramente en Argentina, en Perú, en Venezuela, ahora en Chile.
-Lo que señalan es algo muy triste. Los invitaría a reflexionar con algunas frases. Hay una que se la atribuyen al Dalai Lama y dice: “La paz solo puede durar cuando se respetan los Derechos Humanos, cuando los individuos y las naciones son libres”. Nelson Mandela señala que privar a las personas de Derechos Humanos es poner en tela de juicio su humanidad. Es algo indiscutido y es parte de nuestro crecimiento cultural y difícilmente lo podríamos negar, salvo que lo tomemos como bandera partidaria local para uno u otro objetivo. Y eso es lo que nos ha pasado en Argentina. Desgraciadamente, lo que había sido una ganancia de años tras una Segunda Guerra Mundial, donde entendimos la importancia de defender esos valores mínimos que nos hacen personas y que nos pueden permitir la subsistencia como individuos y como naciones… hoy lo estamos poniendo en tela de juicio, porque se ha vuelto una bandera de uno o de otro, y lo único que queremos hacer es atacarlo o defenderlo. Y vuelvo a esa expresión de Naciones Unidas: “Nosotros, los pueblos” … Hay que volver a los orígenes y pensar ¿por qué tenemos esas declaraciones de Derechos Humanos? Dejemos un poco nuestra política local con todo lo que tiene de adherido, y pensemos por qué decimos todo eso. Y lo decimos porque después de vivir tantas atrocidades, necesitábamos hacer una declaración de qué era permitido y cuáles eran nuestros valores mínimos que todos debemos respetar. Todos teníamos que respetar la libertad, la integridad… y a eso le llamamos los Derechos Humanos. Y ahora todo el mundo critica a las Naciones Unidas. ¿Por qué la ONU no hace esto? ¿Por qué la ONU no hace lo otro? Y otra vez pregunto: ¿Para qué nació la ONU? ¿La ONU nació como un poder de policía? ¡La ONU no nació nunca para eso! Entonces, hoy le estamos haciendo requerimientos, olvidándonos para qué la creamos. Creamos un organismo para que tienda puentes. Y pueda tener un espacio de diálogo. La ONU nació como un espacio de diálogo entre nosotros, los pueblos. Para que, en situación de igualdad, cada nación pueda decir qué opina frente a tal o cual cosa, y luego se vota. Eso no quita que tengamos que pensar en la actualidad si es necesario crear algo más. O si necesitamos otro tipo de institución. Pero, no por eso debemos desprestigiar lo que creamos y lo que nos sirvió, y para lo que nos sirve, que es llamar al diálogo, a la reflexión, tender puentes, dar la oportunidad al país chico para que tenga el mismo voto que el macro país al momento de decir, por ejemplo: la tortura ¿es algo valioso o es algo disvalioso? La esclavitud, como salió hace poco la resolución, ¿es uno de los mayores atentados frente a la humanidad o es algo que tendríamos todos que aplaudir? Todos los países, 190 y pico países menos 3 (Estados Unidos, Israel y Argentina), votaron y dijeron que ¡la esclavitud es una de las grandes violaciones a los Derechos Humanos!
-La invitamos a reflexionar sobre el diálogo, justamente porque se ha erosionado el diálogo entre el Estado y el ciudadano, el diálogo entre la escuela y la familia, entre la maestra y el alumno, entre las actividades antrópicas y la naturaleza. La erosión del diálogo impide vivir la cultura del encuentro en sus distintas manifestaciones.
-Creo mucho en el diálogo. Creo también que, en este nuevo contexto, todo lo que sea dicotómico es algo del siglo pasado. Es decir, las cosas no son ni blancas ni negras. Lo dicotómico no expresa la riqueza cultural, política, ideológica… todo lo que usted quiera que tenemos en la actualidad. Y entonces, más que reducir el mundo a estos dos lados de la cornisa, o a favor o en contra, creo que hay que llamar a una reflexión más integral, donde se trate de entender lo que dice el otro. Y en eso de entender lo que dice el otro, me parece muy importante que, frente al desafío de apostar por la educación, el buscar mayor estabilidad económica o combatir al crimen organizado… frente al desafío que sea… creo que tenemos que retomar un concepto clave y es el de la corresponsabilidad. Todos somos parte de este sistema social, cada uno en una función y tenemos reglas específicas, un rol por cumplir. Y en virtud de ese rol abonar o facilitar el objetivo que ya sea el de combate a la corrupción, que haya mayor libertad de expresión, etcétera, etcétera, etcétera. Insisto: no nos sirve -como seres sociales-, pararnos en una postura dicotómica. La vida no es eso, es pluralidad. Creo en el diálogo, y el diálogo implica que cada una de las partes asuma la corresponsabilidad.
(Entrevista publicada en la edición gráfica de la revista ANÁLISIS, edición 1169, del 23 de abril de 2026).






