Waldemar Oscar von Hof
Acabo de volver del consultorio donde me encontré con que la médica de cabecera que me correspondía por el PAMI ya no está atendiendo.
–Ha renunciado -me informó la secretaria— y no hay médico que la vaya a suplantar… Va a tener que ir a un consultorio privado o al hospital.
Era evidente que los recortes que está sufriendo la obra social con la que contamos los jubilados está surtiendo sus efectos, a decir, la renuncia de los médicos que todavía estaban dispuestos a trabajar en ella.
Hoy es jueves, prendo el televisor y las noticias dan cuenta de un pequeño grupo de jubilados que salen a marchar reclamando justamente estas cuestiones y lógicamente la acomodación de sus haberes a las circunstancias del momento. A este grupo se agrega un pequeño número de personas con pancartas reclamando el cumplimiento de este gobierno a lo dispuesto por la Ley de Discapacidad. Ante este pequeño grupo se encuentra una tropa de policías pertrechada con cascos, escudos y armas como si estuvieran frente a un terrible, peligroso y violento ejército.
Viene a mi mente el año 2000- Año en que el doctor René Favaloro terminó su vida con una bala al corazón. Releyendo una de las siete cartas que dejara escritas sobre su escritorio, me encuentro con que solicitó al presidente de la Nación una ayuda para el sostén de la fundación, carta, que, como muchas, llegó tarde. Pero las graves denuncias en sus escritos parece que 26 años después no han tenido eco. Reclamaba que ante una sociedad corrupta es difícil ser honesto y aún más difícil es luchar contra este sistema que al fin lo derrotó.
La situación económica hace sentir, no solo a los profesionales que están frente a las instituciones, si no a las personas comunes, a los discapacitados, a los padres de familia y a los jubilados como “mendigos”, golpeando puertas que no se abren, generando angustia y desgaste. La frase lapidaria “cansado de luchar y luchar galopando contra el viento” fue clave en su decisión. Soñar, trabajar y proponer una medicina humanista y honesta se hace difícil en un contexto como el nuestro. Mas aun cuando la decisión política de nuestro actual gobierno, de sostener un programa liberal basado en la reducción del Estado a partir de ajustes económicos, es lo que vemos, escuchamos y leemos.
Si miramos los noticieros, o abrimos cualquier página de internet buscando las palabras “salud”, “jubilados” o “discapacidad” las palabras que más aparecen son: “reclamos” “recortes” y “protestas”.
Las denuncias sobre hechos de corrupción en el PAMI son reiteradas, los sobreprecios, los gastos excesivos de funcionarios y el no pago de los servicios y convenios acordados con prestadores. Como un “deja vú” se repiten cíclicamente los hechos, las denuncias y la caída en saco roto de investigaciones y las consecuentes judicializaciones. Sobreprecio en la compra de lentes, desfalcos en los fondos y utilización de los mismos por parte del Estado. Hay notas, publicaciones y artículos referentes que dan cuenta de ello trascendiendo a todos los gobiernos de las últimas décadas.
En relación a la discapacidad tenemos una ley que asegura la protección integral con un marco de derechos básicos, establecido en la Ley 22.431, y que garantiza las prestaciones básicas, según la ley 24.901. Personas con discapacidad, junto a sus familiares y prestadores, denuncian en los medios, en las manifestaciones junto a los jubilados o en marchas programadas, el ajuste, desfinanciamiento y el no cumplimiento de lo establecido en estas leyes. Las tensiones y las situaciones de agresión y de violencia desde las Fuerzas de Seguridad hablan a las claras de las políticas establecidas desde el gobierno.
¿No será que estamos escribiendo nuevamente una carta que va a llegar tarde? Ante la lógica de que todos los argentinos gozamos de derechos fundamentales, planteados en nuestra Constitución o el cuidado del uno para con el otro, planteado en la enseñanza básica de nuestra iglesia que es preexistente al Estado. ¿Será necesario volver a escribir siete cartas?
Cada médico que asume su profesión realiza el Juramento Hipocrático donde juran actuar con dignidad, priorizando la salud y la vida del paciente más allá de la realidad económica.
En nuestro sistema democrático cada funcionario que asume una función se compromete también, ya sea jurando sobre la Biblia o la Constitución, a hacerla cumplir.
Hace 26 años que una bala traspasó el corazón de una eminencia a nivel mundial en la medicina como lo fue el doctor René Favaloro. Hoy la bala está cruzando el corazón de todo un pueblo.
(*) Waldemar Oscar von Hof es pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y escritor.






