Ya se vive la Fiesta Nacional del Mate en Paraná.
El mate siempre aparece antes que todo. Antes de los artistas, antes incluso de que el predio comience a llenarse. Apenas cae la tarde en Paraná y ya hay grupos acomodándose en las barrancas frente al río, algunos llegan con sus reposeras, otros directamente se sientan sobre lonas o camperas, incluso sobre el suelo mismo. Los primeros mates se sirven, empieza la ronda, algunas muy largas; en esos casos llega lavado cuando lo recibe nuevamente el cebador. Así arranca, despacio y una vez más, la Fiesta Nacional del Mate.
Desde los accesos se nota el movimiento. Gente que llega caminando desde las distintas calles que confluyen en la Plaza de las Colectividades. El escenario está tranquilo, los agentes de policía se ven relajados a esta hora, quién sabe por cuánto tiempo se mantenga la calma. La gente llega ansiosa, le pregunta a los efectivos dónde están los baños, a qué hora toca tal artista, si se puede entrar con conservadora, si se puede pasar para estar más cerca del escenario.
Sigue llegando gente, aparecen termos bajo el brazo, mates de madera, de calabaza, de acero, con nombres grabados o dibujos pintados.
Mientras tanto el escenario se prepara. Técnicos que prueban sonido, luces que se acomodan, agrupaciones artísticas que hacen su última pasada, municipales que van de acá para allá, como si algo todavía hiciera falta acomodar. Secan las sillas, claro, llovió.
En inmediaciones de Sala Mayo se empieza a acumular la gente, que pasea, recorre los distintos puntos, llega, se va, vuelve a pasar, como tanteando el terreno antes de que arranque todo. A las 18:15 el ingreso empieza a volverse más sostenido. No es un aluvión todavía, pero ya se nota que la tarde va cambiando de ritmo. Algunas gotas caen sin demasiado peso, lo justo para que más de uno mire el cielo y calcule si va a necesitar piloto o alcanza con esperar que pase. Y finalmente pasó.
Mientras tanto, Don Mate recorre el lugar y es interrumpido por el público que busca tener su postal junto a él.
Calle Liniers empieza a poblarse con la gastronomía de los clubes. Las mesas aparecen de a poco, las banderas se atan a las estructuras de los puestos y los primeros fuegos empiezan a encenderse. El humo se levanta, todavía lento.
La cola del acceso preferencial sobre calle Laurencena comienza a estirarse. Algunos llegan temprano para asegurarse un buen lugar. Otros miran el movimiento desde afuera, dudan, preguntan cuánto falta para que abran o si todavía se consigue silla cerca del escenario. Las primeras filas empiezan a ocuparse con esa paciencia de quien sabe que la noche va a ser larga.
La gente sigue sumándose. Hay grupos que llegan directamente del trabajo, todavía con ropa formal, y otros que ya vienen preparados para quedarse hasta el final. Las rondas de mate se multiplican. Algunos llevan termos grandes, de esos que parecen pensados para no volver a cargar agua en toda la noche.
La espera de los espectáculos se mezcla con el recorrido por el predio. Nadie parece quedarse quieto demasiado tiempo. Se camina, se saluda, se comenta la grilla, se especula con el clima, con la convocatoria, con quién va a cerrar la noche.
Las presentaciones previstas para la jornada se anuncian en los parlantes y circulan de boca en boca entre el público. El orden del viernes incluye la participación de La Fortinera, el baile de Jenifer Frickel y Matías Retamar, Joel Palavecino, Benbe, la actuación de Coti, Paula Insaurralde junto a Cristian Álvarez, Raly Barrionuevo, Yunta Mambo, el Gran Ensamble Paraná y el cierre a cargo de Los Nocheros.
Mientras tanto, la fiesta se despliega en distintos rincones del predio y sus alrededores. En la Costanera Baja y en la zona del Puerto Nuevo aparecen propuestas pensadas para públicos distintos que terminan mezclándose igual. En Sala Mayo, la feria Mateando reúne stands con productos regionales, mates artesanales, bombillas trabajadas a mano y objetos que giran alrededor de la cultura matera.
En las cercanías de Sala Mayo funciona el escenario Parientes del Mar. Sobre calle Alfonsín y Ascúa, Matecito convoca a familias con actividades para los más chicos, mientras que en Casa de la Costa, ArteMate ofrece muestras y espacios para el encuentro y el arte.
Cuando el sonido del escenario principal se empieza a probar, los que estaban dispersos empiezan a acercarse y los que habían salido a recorrer regresan a sus lugares... Comienza oficialmente la fiesta.




