Tilo Wenner: más que desaparecido, un desconocido

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Es el único periodista y poeta entrerriano desaparecido en la última dictadura

Ayelén Waigandt

A diferencia de otros escritores desaparecidos durante la dictadura militar, Tilo Wenner no ha sido objeto de homenajes ni de estudios. La obra que concibió, en el curso de una intensa producción de 20 años de trabajo, es ahora inhallable. Algunas publicaciones puntuales sirvieron para poner de relieve su valor y su singularidad, pero aún queda pendiente una revisión profunda y la reconstitución de un corpus que integra al menos 14 volúmenes de poesía, numerosos textos dispersos en revistas y el rastreo de títulos de los que hay constancia en cartas y referencias de amigos pero que no llegaron a publicarse. La dificultad de la tarea consiste en que esos libros, cuyas tiradas fueron por lo general reducidas, no están en las bibliotecas y apenas quedan unos pocos ejemplares. Se trata de recuperar una obra que corre el peligro de perderse, la obra del único periodista y poeta entrerriano desaparecido por la dictadura que se instauró en Argentina el 24 de marzo de 1976. Gracias al aporte de Marcelo Mangiante, uno de los principales estudiosos y seguidores de su obra, ANALISIS pudo reconstruir parte de su precioso legado.

Muy poco se sabe de la vida, la obra y la importancia de este escritor, poeta y periodista entrerriano. Tilo Wenner fue, por sobre todas las cosas, antes que un escritor, antes que un periodista, antes que un militante popular, antes que un desaparecido, un rebelde y un provocador. Y eso le costó la vida. Pero también fue un rebelde tan independiente que le costó 27 años de olvido: una generación entera. Quizá por haber nacido en una familia estrictamente religiosa, se volvió un furioso ateo y se lanzó a conocer Latinoamérica y Francia cuando apenas había salido de la adolescencia… Descendiente de un grupo de alemanes que se rehusó durante más de un siglo a aprender el idioma del país en que vivía, Tilo Wenner aprendió alemán, castellano y francés y tradujo varias obras del francés al castellano... Crecido en un pueblo filo-nazi, terminó siendo un anarquista indomable, que dio la vida en una lucha de muchos, pero –en su caso- tremendamente solitaria, contra ese tan patético y tan dañino nazismo en alpargatas que fue nuestra última dictadura…

Llama poderosamente la atención que un hombre dedicado y comprometido no figure en la puntillosa bibliografía entrerriana, ni siquiera en el mundo de los escritores de la provincia. Tampoco está reconocido entre los periodistas, muchos nunca lo oyeron nombrar, ni siquiera aquellos que también fueron perseguidos durante los años 70. En el monumento a los desaparecidos que se yergue en la Plaza Sáenz Peña no se lo menciona. En Galarza, no se lo recuerda. Sin embargo, es el único poeta y periodista desaparecido de la provincia. El éxito del olvido en este caso ha sido rotundo y por eso, duele más.

Su entorno

Los grandes escritores nacidos en Entre Ríos provienen en su mayoría de uno solo de los 17 departamentos de la provincia: Gualeguay. Carlos Mastronardi, Alberto Gerchunoff, Juan José Manauta, Alfredo Veiravé, Amaro Villanueva y Juan L. Ortiz (nacido en Puerto Ruiz) son todos oriundos de ese lugar.

También lo es Tilo Arenst Wenner, que nació el 3 de febrero de 1931 en los alrededores de General Galarza, la segunda localidad en importancia del departamento, que en ese tiempo tenía unos 2.500 habitantes y hoy día tiene casi 4.000. Construir una biografía de Tilo Wenner es un asunto aún pendiente, y su escritura no nos ayuda en este punto, ya que no es nunca autobiográfica, no nos cuenta nada de su vida.

Descendiente de alemanes del Volga, sus abuelos y padres llegaron desde Brasil al sur entrerriano en 1927. La Estación de Galarza hacía más de 40 años que servía de escala intermedia entre Rosario del Tala y Gualeguay. Había sido fundada y poblada con la primera ola inmigratoria que llegó al país con españoles, italianos y judíos. Los Wenner pertenecen a la segunda ola de inmigrantes y llegan al pueblo que por esa época era una Babel en miniatura: una suerte de competencia religiosa, envidias y odios se habían apoderado del pueblo, aunque la historia oficial del lugar -la única que está escrita- ha callado este dato.

La colectividad judía era por ese tiempo la más próspera. Los judíos habían llegado en el 23 y al año siguiente erigieron su sinagoga, convirtiéndose en el primer culto con templo propio en un pueblo que ya tenía 47 años de existencia. Los católicos reaccionaron inaugurando su propia iglesia un año después que los judíos. Y todas las congregaciones alemanas, las que hacía una o dos décadas que se habían afincado y las recién llegadas, en ese breve período que va de 1925 a 1930 se empeñan en esta carrera de edificar cada cual su iglesia. En la nómina de los ocho fundadores de la Iglesia Evangélica Luterana de Galarza figuran dos señores de apellido Wenner; uno es Pedro, abuelo paterno, y el otro Jorge, tío de Tilo.

Buceando en sus escritos, es posible encontrar un libro en el que, a cuentagotas en dos o tres pasajes, Wenner nos habla de Tilo Wenner persona. Ese libro es Transmutación y allí cuenta: “Cuando tenía siete años vi el sexo de mi madre: una bella araña tenebrosa de labios rojísimos; desde ese día, conspiré contra mi padre, base de la familia, esa asqueante primacía”.

La intolerancia y el miedo que se apoderaron de la localidad que lo vio nacer, decidieron a los Wenner a abandonar Galarza y establecerse en General Pirán, otro asentamiento alemán en el sur bonaerense. Era el año 1942 y el futuro periodista y poeta tenía 11 años. Allí, trabajando de resero junto a su padre sufrió un tremendo accidente: un tractor le rebanó un brazo.

Pocos años después de ese incidente, siendo apenas un adolescente, abandonó Pirán y partió hacia la capital, donde cursó sus estudios secundarios en una escuela nocturna. Cortó definitivamente los lazos con la endogamia de las colonias agrícolas alemanas y comenzó a convertirse en un ser cosmopolita. Abandonó la patria extensa que es el campo para adoptar la intensa que es la metrópoli; se alejó del evangelismo familiar para hacerse cada vez más ateo; repudió la ideología filo-nazi que dominaba a la comunidad alemana en la Argentina a principios de los 40 y comenzó a leer a los teóricos de la izquierda.

En Buenos Aires trabajó en una imprenta como tipógrafo, lo que en esa época, con lo pesadas y poco automáticas que eran esas máquinas -más para alguien que tenía un solo brazo- era una tarea muy ardua, realmente muy difícil.

Más tarde ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que abandonó luego de dos años para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras. Entre 1952 postergó esos estudios para emprender un viaje de tres años por Chile, Bolivia y Europa (en especial Francia), en donde se empapó con los movimientos poéticos del momento.

En 1964, Tilo se mudó a Belén de Escobar, adonde conoció a Eliana Naón, con quien se casó y tuvo dos hijas: Liana y Ariadna.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)

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