La derecha católica, en un nuevo libro

Edición: 
1032
Anticipo del libro “La derecha católica”, donde aparecen Tortolo, Ezcurra y el Seminario de Paraná

Julián Maradeo (*)

Los católicos que aún estamos vivos formamos parte de la Iglesia Militante. Somos soldados de Cristo. Él es nuestro Rey y debemos marchar tras Suyo como un batallón. Por eso, el estandarte siempre tiene un sentido combativo. Detrás del estandarte se forman los escuadrones. (Presentación del estandarte del colegio El Madero).
(…) Debería existir una institución especial que censurara el error, que persiguiera la herejía, que castigara el escándalo. Todo lo que ofendiera a Dios, la Patria y la Familia sería detectado rápidamente y reprimido. Diríamos entonces, una vez más, que la juventud, por estar hecha para el heroísmo y no para el placer, será la gran invitada a alistarse en el escuadrón más glorioso que pudo existir: el de la Iglesia Militante. Alistada para que defienda sus amores con la oración, con la palabra, con el ejemplo y con los brazos. No serían mercenarios a sueldo, sino soldados de Cristo Rey. No el tío Cámpora sino el Arcángel San Miguel resultaría el patrocinante de la Legión. (Jordán Abud, revista “Cabildo”, agosto de 2014).

El 8 de diciembre de 2010, José María Pincemin cumplió sus bodas de plata como sacerdote. Integrante de la última generación formada al calor del Seminario de Paraná, bajo el mando de Adolfo Servando Tortolo, Pincemin celebró con un gran festejo, al que asistieron alrededor de 300 personas.

La cena, organizada para agasajar al, en ese momento, capellán de la sede de la UCA en la capital entrerriana, fue precedida por una misa, cuyo sermón estuvo a cargo de un viejo conocido en la ciudad: el cura y abogado Luis Alberto González Guerrico, quien, a comienzos de los ‘90, había alcanzado fama nacional cuando logró prohibir, en los colegios confesionales, la emisión de un video sobre la prevención del sida, realizado por el médico Alfredo Miroli.
(…)

Observados por los retratos de los curas Alberto Ezcurra Uriburu y Leonardo Castellani, ente otros, durante la ceremonia no se olvidaron de halagar a Tortolo, padre de una generación de integristas que se extiende hasta el presente. Al estilo de Tacuara, mientras algunos gritaban que “hace falta ser muy hombre para ser sacerdote”, comenzaron a entonar “Cara al sol”, himno de la Falange española compuesto a petición de José Antonio Primo de Rivera. Le siguió la marcha de Malvinas, último gran hito bélico para los integristas, y un video en el que repasaron lo que Mohamed Alí Seineldín definió como “una gesta religiosa”. Mientras se desarrollaban los festejos, no quedaron al margen los sucesos de los últimos días, que habían puesto a Pincemin bajo la lupa de los medios de comunicación nacionales.

En octubre de ese año, Paraná había sido sede del XXV Encuentro Nacional de Mujeres, por el que desembarcaron alrededor de 25.000 personas con el objetivo de llevar adelante asambleas y, finalmente, una marcha por la ciudad. Al llegar, fueron recibidas por un enorme cartel que decía: “Pesa más en la conciencia que en tus brazos. Decile no al aborto”. A pedido del Arzobispado, se vallaron las iglesias y la policía montó guardia permanente. Paraná había sido elegida porque se encontraba entre las primeras con mayor tasa de femicidio en el país; existía allí una gran cantidad de denuncias por violencia sexual y de género; el secuestro y desaparición de Fernanda Aguirre; la nula investigación en lo concerniente a la trata de personas -siendo que la ciudad es señalada como parte de la ruta de ese delito- y por la inexistencia de jardines maternales para las mujeres que trabajan.
(…)

Pero el momento cúlmine fue la noche del sábado 9 de octubre, cuando se realizó una marcha de varias cuadras, en la que las manifestantes eran esperadas en la Catedral por un grupo de fieles, que, rosario en mano, rezaban para exorcizarlas. El rito era comandado por José María Pincemin. Mientras los que marchaban, en su mayoría mujeres con un pañuelo verde en la cabeza, cantaban contra la Iglesia: “Iglesia, basura, vos sos la dictadura” y “yo sabía, yo sabía, que a los violadores los cuida la policía”. Los ultracatólicos lanzaban sus oraciones con la mirada fija en el cielo y el brazo en alto, sosteniendo un crucifijo.
(…)

En esos días de octubre de 2010, durante las jornadas que se desarrollaron en las escuelas, las militantes notaron el cambio de estrategia en comparación con otros encuentros. La clave estaba en el papel de la curia local y los pequeños grupos de activistas. Luego de lo ocurrido, Mariana Dada, parte del colectivo organizador, alcanzó la certeza de que “hay razones para que la Iglesia no sólo actúe contra los encuentros, sino que además hay acuerdos con la comisión organizadora que permiten que participen sus mujeres, quienes están organizadas por los obispos para romper los encuentros nacionales de mujeres desde adentro y para que, por ejemplo, el debate por el aborto no pueda avanzar. En Paraná fue el último encuentro que intervino la Iglesia fuertemente, aprovechando el conservadurismo de la ciudad. No sólo se metieron en los talleres, sino que, cuando logramos echarlas, los hombres de afuera inventaron que les pegamos y se metieron en la escuela. Todos muy rugbiers, por cierto. Luego de ahí fuimos a la plaza Primero de Mayo a hacer una asamblea por el derecho al aborto”.

Ese legado

En diciembre de 2004, un grupo de personas interrumpió un debate sobre el proyecto de ley para realizar vasectomías y ligaduras de trompas en los hospitales públicos de Entre Ríos. “Andate del país, judío, que Argentina es un país católico”, le gritaron al rabino Daniel Dolinsky, parte del panel. Luego, lanzaron su marca distintiva: “¡Viva la patria; viva Cristo Rey!”. En mayo de 2005, Eduardo Furman, presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas de Entre Ríos, recibió un sobre anónimo, en cuyo interior había una imagen de una calavera cruzada por tibias, una cruz esvástica en la frente y la leyenda “Viva Cristo Rey”.

(Más información en la edición gráfica número 1032 de ANALISIS del 05 de noviembre de 2015)

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