Hay imágenes que terminan tapando a las personas. La de Juan Laurentino Ortiz es una de ellas. El pelo alborotado hacia arriba, la boquilla finísima de caña entre los dedos, el cuerpo casi transparente de tan delgado, el gato dormido sobre los papeles y, de fondo, la barranca del Paraná. Una estampa que repetimos hasta el cansancio, como si fuera un ícono religioso. Tanto la repetimos que terminamos convirtiéndolo en una figura intocable, en una especie de monje budista en estado contemplativo a orillas del río. Y al hacerlo, sin darnos cuenta, lo alejamos del hombre real que caminó nuestras calles, que cruzó el parque todos los días, que rescataba gatos de los basurales y que construyó, en silencio y casi a la intemperie, una de las obras más singulares de la poesía argentina. En el programa “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral), se recorrió un poco esa estampa sagrada para poder encontrarnos con el poeta y, sobre todo, con la persona que fue Juanele.
Juan L. Ortiz, el poeta del río
Juan Laurentino Ortiz nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, un caserío a pocos kilómetros de Gualeguay. Era el menor de una familia de diez hermanos. Siendo muy chico, los suyos se trasladaron a la zona de Mojones Norte, en el Departamento Villaguay, donde su padre trabajó como capataz de una estancia. Esa primera infancia entre la selva de Montiel y el agua le marcó a fuego una manera de mirar que después volcaría, intacta, en cada verso. La familia se afincó definitivamente en Gualeguay alrededor de 1910, y allí el chico hizo sus estudios en la Escuela Normal de Maestros y empezó a dibujar y a escribir sus primeros poemas. De aquellos años hay un episodio que cambió su destino. El gran pintor gualeyo Cesáreo Bernaldo de Quirós vio sus dibujos y quiso llevarlo a estudiar a Europa. La madre se opuso, y esa negativa lo dejó para siempre a orillas del Paraná. En 1913 viajó por primera vez a Buenos Aires con la idea de estudiar Filosofía. Frecuentó los ambientes literarios porteños, conoció a figuras de aquella bohemia de los años ´20y, ya entonces, empezó a construir una imagen de sí mismo.
Roberto Romani
“Juan Laurentino Ortiz, nuestro amado Juan L. Nació en Puerto Ruiz, a 10 kilómetros de Gualeguay, el 11 de junio de 1896, es decir, hace 130 años. Vivió 82 años. Murió en Paraná el 2 de septiembre de 1978. Era el hijo menor de una familia de 10 hermanos. Vivió un poquito tiempo en Puerto Ruiz, después el Mojones Norte, donde su papá era capataz de una estancia. Estudió algo en Villaguay, siguió estudiando en la Escuela Normal de Gualeguay y ya en 1913 realizó su primer viaje, su primera salida de la provincia de las poquitas que hizo en su vida a Buenos Aires. Con el deseo de estudiar filosofía, Estudió letras, comenzó a dibujar y escribir sus primeros poemas. Ya en 1915 se radica definitivamente en Gualeguay. Comienza al poco tiempo a trabajar en el Registro Civil. Sería allí su oficio. Hasta su jubilación trabajó allí en el Registro Civil. En 1924 se casó con Gerard de Irazusta, quien pude conocer y conversar con ella. Era un encanto de mujer, de cuyo amor, de cuya unión nació Evar Ortiz Irazusta, de amplia vida cultural en Paraná, en Gualeguay, en otros puntos de la provincia. Recién en 1933 publicó su primer libro, ´El agua y la noche´. Después vendría en el 37, ´El alba sube´, ´El ángel inclinado´ en el 38 y en el 40 ´La rama hacia el Este´. Estos son los libros que él publicó mientras vivía en Gualeguay. En 1942 -como decía- se jubiló en el Registro Civil y ya se instaló definitivamente en Paraná. Hace 90 años el poeta decía Entre Ríos: ´Es tan clara tu luz como una inocencia
toda temblorosa y azul.
Tu cielo está limpio de humo de chimeneas
curvado en una alta
paz de agua suspensa.
Y tus ciudades blancas, modestas, casi tímidas,
ríen su aseo rutilante entre las arboledas´.”
Solidario Romero
“Empezó porque teníamos un amigo en común, de edad más parecida a la mía que a la de él. Porque Juan L. nació en el siglo XIX, en 1896. Yo nací en 1937, así que él tenía ya 41 años de edad cuando yo nací. Esa era la diferencia. Vivíamos muy cerca. Nosotros vivíamos al final de calle Buenos Aires, casi llegando a Mitre (…) Este amigo común, nos presentó. Yo luego continué visitándolo, e hicimos una amistad de vecinos, de amigos y de una comunidad de intereses. No precisamente poético, porque yo no tenía ninguna formación poética. Sí a lo mejor tenía una información general sobre las cosas del mundo, y eso daba lugar a diálogos muy entretenidos entre los dos. Por ejemplo, a él ya le interesaban cuestiones muy -diría- de moda en el siglo XX, que son las cuestiones ecológicas y las cuestiones de los ecosistemas y del equilibrio y de la armonía ambiental. Aquella vez la palabra ecología, la palabra derecho ambiental, no existía, por lo menos no en el vocabulario común. Estoy hablando de fines de la década del ´60”.
Ferny Kosiak
“Yo nací en Libertad San Martín, un pueblito acá a unos 50 kilómetros, y cuando me vine a Paraná y estudiando en el profesorado, Juanele es como la constante, como una presencia que siempre está flotando. Me acuerdo un verso que escribió Alfaro que dice: ´A todos nos fue dado un mundo con Juan L´. Entonces, es eso, la gente que te cuenta que lo conoció, que te cuenta pequeñas anécdotas, que va hilando, que va reconstruyendo esa figura de viejito bueno… de más allá de su parte poética que era maravillosa, digamos, él como persona con sus ideales… me acuerdo también desde su militancia comunista, me acuerdo la Tochi Eymann me contaba que los padres de ella eran súper radicales y lo invitaban cada tanto a Juanele a que vaya a comer a la casa y Juanele, aun sabiendo el partido político de esa casa, los quería convencer a que se afiliaran al comunismo y siempre terminaban peleando. Todas esas cuestiones que acompañan a la mística de Juan L más allá de su obra, de su poesía. Uno de los grandes poetas con una obra única, con una obra reunida que a ningún poeta de la Argentina se le ha hecho las dos, las tres podríamos decir, la que hizo la Editorial Biblioteca cuando él estaba vivo, allá en el 70-71, en ´El aura del sauce´, esos tres tomos plateados. Después la que hizo la UNL, el tomo grande violeta, para los 100 años de su nacimiento. Y bueno, la que hicieron entre la UNL y la de Eduner, hace unos años”.
Una entrevista temprana en el diario Crítica, cuando todavía era casi un gurí que ni había publicado sus primeros libros, lo muestra plantado en esa pose del poeta que sería para siempre. Volvió a la provincia en 1915, entró a trabajar en el Registro Civil de Gualeguay. Ese sería su oficio hasta jubilarse. Y en 1924 se casó con Gerarda Irazusta, con quien tuvo a su único hijo, Evar. En 1942 se mudó a Paraná, frente al Parque Urquiza, y de esa casa ya casi no se movería.
Belén Zavallo
“Para mí la figura de Juan L. no se puede despegar del estudio de la literatura argentina, en el sentido de que Juan L funciona como un centro neurálgico de lo que es la poesía y de lo que es la poesía renovada… porque Juan L nosotros lo empezamos a leer gracias al movimiento que hace Claudia Rosa dentro de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, de la UADER, que ella dialogando con los distintos editores que después recuperan la obra y hacen la obra completa de la Universidad Nacional. Pero, para nosotros durante el período de secundaria no era una figura trascendente. En ese momento lo estaban leyendo desde Buenos Aires, quizás la generación de los ´90 y demás. Para nosotros Juan L comienza a adquirir una espesura a partir de la universidad y del movimiento que hace ella como crítica literaria y que va recuperando su obra y que va haciendo que cada uno de los estudiantes empiece a leer a Calveyra, a Juanele, a Mastronardi, a Emma Barrandéguy, a Marta Zamarripa. Figuras que quizás eran más bien que no estaban incorporadas en el canon literario de la literatura en la universidad”.
Sebastián Macchi
“Yo estaba en la escuela secundaria en segundo año y estaba muy interesado por la literatura, por la música, y se cumplieron justo los 100 años del natalicio de Juan L. En el año ´96. Ahí tuve como una atracción mayor y quise leer. Entonces me encontré con que en ese momento había muy poco para leer, porque todavía las obras completas de la UNL no habían salido (…) y había un librito en la biblioteca de la escuela. Yo iba al Colegio Nacional. Di con algo de eso y ahí empezó un amor muy grande que me acompaña intacto y cada vez más hasta el día de hoy”.
Matías Armándola
“Y en Rosario mismo me empecé a recorrer todas las librerías de usados y fui buscando poetas entrerrianos y entre los cuales encontré por supuesto a Juanele Ortiz. Ese es como el momento del hallazgo y como una suerte de descubrimiento en realidad, porque todo lo que por ahí de lo que hace a la cultura popular nos acerca de la figura de Ortiz, muy fragmentaria si se quiere … en ese sentido me puso de otra manera frente a la experiencia de abordar por fin la lectura de la poesía de Juan L. Ortiz. Entonces, bueno, sí hubo por supuesto una fascinación y por supuesto como una suerte de necesidad de acercarme casi religiosamente. Pero, eso tiene que ver mucho con un constructo particular que hay en relación a la figura y la imagen de Juan L. Hay como una cuestión muy sacralizada y quizás eso también nos hace tomar distancia del ser humano que estuvo entre nosotros, básicamente, que caminó nuestras calles, que circuló por el parque. Entonces, supuso un reencuentro con todo ese mundo en particular”.
Para entender a Juanele Ortiz hay que entender una época. En Entre Ríos todavía no existía un aparato editorial que respondiera a la necesidad de los autores de publicar. No estaban consolidados los talleres gráficos ni las pequeñas casas editoras de Paraná. Entonces editar se volvía una tarea casi artesanal, de autor, salvo que uno tuviera contacto con alguna editorial de Buenos Aires. Juanele hizo de esa limitación un modo de trabajo. Sus libros se imprimían afuera, pero el diseño, el armado y la selección eran enteramente suyos, cuidados palabra por palabra. Y para financiarlos apeló a una práctica que entonces era habitual entre los poetas: repartía los números de un talonario entre amigos y conocidos, que pagaban por anticipado un ejemplar y así permitían que el volumen viera la luz.
Roberto Romani
“Cuando se radica ya en Paraná, él sigue publicando sus libros. En el 47 publicó ´El álamo y el viento´, en el 49 ´El aire conmovido´, en el 51 ´La mano infinita´, en el 54 ´La brisa profunda´, en el 56 ´El alma y las colinas´. Y allí establece una pausa porque realiza uno de los pocos viajes que realizó Juanele… Juanele siempre vivió en Entre Ríos, algún momentito estuvo en Buenos Aires, pero su gran viaje fue en 1957 a la China y a la Unión Soviética, con cuyos pensamientos él estaba muy cerquita. Y en el 71 tuvo la gran alegría que la Biblioteca Constancio C. Vigil de Rosario, le publicara en ´El Aura del sauce´, tres tomos, que es una obra bellísima, no solamente porque está prácticamente toda la obra poética de Juanele, sino porque además están sus dibujos, fotografías inéditas hasta ese momento. Así que son tres tomos bellísimos. En ´El aura del sauce´ tuvo desgraciadamente en el 76 la sensación de que todo se acababa, porque la dictadura mandó quemar ejemplares suyos. Esto le dolió profundamente a Juan L. Dos años más tarde -como hemos dicho-, moría en Paraná. Y en el 96, como un homenaje a nuestro gran poeta, la Universidad Nacional del Litoral publicó su obra completa, preparada por Sergio Delgado, una publicación muy bella también… Juan L. En el año 57, ya que hablábamos de ese viaje a la China, cuando él regresa, él caminaba, siempre le quedaba cerquita. Cuando él vivía en Gualeguay, estaba a dos cuadras del río, así que caminó hacia el río y escribió en el 57 ´Crepúsculos en los campos del Gualeguay´:
Nada más que un sueño amarillo que se va entre los talas
detrás de un vuelo bajo y encendido de verdes.
La luz es una nostalgia que alarga sus suspiros hasta las lejanías.
Los cardales secos, aéreos, de que color?
Este paisaje es mi alma y será siempre mi alma.
Un espejo infinito para el cielo.
Sabéis, amigos, ahora, la causa de mi vaga tristeza?”.
Belén Zavallo
“Hay un libro ahí que se llama ´El alba sube´ y hay un poema que dice:
Estas primeras tardes de primavera,
tan celestes, tan puras,
—Domingo que es una soledad
de luz y árboles—
cómo me entristecen!
Perdonadme, camaradas, esta tristeza.
Estoy penetrado de sutiles, de viejos venenos.
Me entristecen quizás
porque bajo el vuelo posado de esta dicha aérea,
me encuentro frente al fantasma de mi soledad de antes.
O es que una dicha así impalpable
es siempre triste?
Excusadme, compañeros,
este suspiro.
Los Domingos de estos pueblos
tienen la sonrisa de una muerte encantadora.
Pájaros que apenas cantan.
Y árboles, árboles, sólo, con el cielo.
Pienso que si todos fueran dichosos,
cómo respondería esta dicha a la paz
fluida del cielo.
Guirnaldas humanas ondularían armoniosamente
cantando las canciones sencillas y bellas
de los poetas amados de todos.
Las músicas que soñaba Debussy para los parques,
harían un tejido frágil y grave, suspendido.
Es esta tristeza, entonces, la tristeza de la posesión?
Si en todos estuviera esta dicha
como una gracia transparente
que diera ritmo a los cuerpos,
melodía a la voz,
amor vivo, vivo, a las almas,
sensibilidad a todos bajo los dedos de la música,
yo no estuviera triste.
La belleza de la tarde
no sería recogida sólo por los árboles,
por los pájaros, por el río que la lleva, hacia dónde?
por un refinado nostálgico y ultrasensible,
sino que tendría también una más amplia, inmediata, y por
[qué no?
más completa
expresión humana.
La tarde para todos, compañeros”.
Solidario Romero
“Él era una persona extremadamente humilde. Y al decir humilde, no digo pobrecito, ¿no? Quiero decir que nunca posó como personaje importante. Yo les pediría que me permitan leer cinco o seis renglones de algo que escribió Juan José Saer… Juan José Saer, un gran escritor argentino, ha sido considerado por algunos críticos europeos como uno de los cinco grandes escritores en cualquier idioma del siglo XX. Él tuvo una amistad realmente poética desde muy jovencito con Juan L y en este libro de Saer, que se llama ´Trabajos´, hay un capítulo titulado ´Todas las cosas decían algo´ y se refiere a Juan L… ´El 2 de septiembre de 1978 murió en Paraná, capital de su provincia natal, Entre Ríos, donde vivió prácticamente toda su vida, a los 82 años, Juanele Ortiz, el más grande poeta argentino del siglo XX´. Y más adelante dice: ´La grandeza de la vida y la obra de Juan L. Ortiz cobra por fin su deslumbrante evidencia. Las 1.121 páginas de sus obras completas constituyen un monumento lírico narrativo que, como toda obra literaria de primera magnitud, tiende a ser un idioma dentro del idioma, un estado dentro del estado, un cosmos dentro del cosmos´. Y a continuación explica por qué otros dos grandes poetas argentinos, que fueron Jorge Luis Borges y ´El Cordobés´, ahora se me fue el nombre enseguida se los recuerdo, no hicieron una obra poética que fuera un conjunto armónico, un universo unitario de poesía, sino que hacer un poema sobre una cuestión, un poema sobre otra. Lo que hizo Juan L es desarrollar, igual que Beethoven, las 32 o 34 sonatas de Beethoven son un universo musical desarrollado. Bueno, lo que hizo Juan L fue un universo desarrollado aún desde sus primeras obras”.
Su primer libro, “El agua y la noche”, apareció en 1933. Después vinieron “El alba sube”, “El ángel inclinado”, “La rama hacia el Este”, “El álamo y el viento”, “El aire conmovido”, “La mano infinita”, “La brisa profunda”, “El alma y las colinas” y “De las raíces y del cielo”. Tiradas de pocos ejemplares, casi inhallables en las librerías, atesoradas con orgullo por los pocos que lograban conseguirlas. Esa marginalidad, sin embargo, no era resignación: era una elección. Juanele no quería instalarse en un centro ni viajar permanentemente a las tertulias para formar parte de los grupos literarios. Prefería quedarse fundido con su paisaje, su tierra y su lengua.
Matías Armándola
“Bueno… digamos que en el caso de mi experiencia ´orticiana´, vamos a decir, de lectura, tiene que ver con una fascinación. Primero con una suerte de necesidad de leer toda la obra de Juan L. Del derecho y del revés… de tratar de localizar aquellos pedacitos o partes que no quedaron incluidas y demás, que por suerte eso en términos editoriales y académicos fue saneado por la EDUNER. Pero, después también vino a raíz de permanecer siempre en el mismo lugar, de empezar a desconfiar de algunas cosas. Porque uno asume una dimensión particular de algo o un estado, digamos, si se quiere, en el que lo pone a uno en la lectura, que de repente quizás se agota en algún momento… y bueno, son otras cosas las que empiezan a entrar en juego ahí. Esto que yo mencionaba recién en relación a lo sacralizado, digamos, todo lo sacro se termina convirtiendo casi como en una cuestión de intocable o incuestionable. Entonces, a raíz de eso también lo que yo empecé a hacer a partir de Juanele es ir tratando de reconstruir todo el entramado social de autores y de poetas que lo circundaron a él en Paraná específicamente, o en Entre Ríos en general”.
Ferny Kosiak
“Y eso ya habla en términos materiales, reales, más allá de la importancia de la poesía. Eso… lo gigantesca… lo cambiante también. Porque es una poesía muy cambiante. Hace 10 años empecé para algún Congreso, para una ponencia, siempre fui un gran lector de nuestra literatura entrerriana; y empecé a hacer un pequeño corpus con textos que homenajeaban a Juanele con textos poéticos y un cuento que lo tenían a Juanele como persona homenajeada en esos textos, que, por ahí, más allá de los textos críticos y teóricos -que hay centenares- poder pensar desde ese otro lado… decir, bueno, a ver quiénes, sus colegas escritores, cómo lo homenajeaban en la literatura. Y ese fue un trabajo que fue creciendo, creciendo, creciendo. Y hoy tengo 59 textos que homenajean a Juanele escritos por escritores, en su gran mayoría entrerrianos, hay algunos de otras provincias. Y también leyendo todo lo que se escribió sobre Juanele desde lo crítico, lo teórico, las entrevistas… fue un trabajo de hormiguita de 10 años, de pedir cosas a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, de pedir cosas a la Biblioteca de Gualeguay, del Debate Pregón de los años ´70, todo… Ir viendo la bibliografía que aparecía citada en un libro, buscar eso específicamente y rastrearlo. Así que fue ir completando todo un rompecabezas que es hermoso, que es un libro que va a salir dentro de poco, que se llama ´Juanele mítico´”.
Sebastián Macchi
“Y años más tarde sale el libro este de las obras completas, y unas amigas compañeras de la escuela secundaria, del Centro Estudiante, me lo regalan también. Entonces ahí me adentré a leer en profundidad como un loco, todo el día. Y al poquito tiempo me voy a vivir a Buenos Aires a estudiar música. Y ahí extrañaba mucho, tenía muchas saudades de Paraná, de este paisaje, y las poesías de Juanele fueron como un vehículo para estar acá”.
Sería un error pensar que esa poesía nacía de la pura inspiración. En la obra de Juanele hay un verdadero trabajo estético, poético y hasta metafísico, con capas y dimensiones que se fueron complejizando libro a libro. El paisaje, para él, nunca fue un escenario al que iba a contemplar para después describirlo. El paisaje le hablaba. El río que lo atravesaba no era algo ajeno: él se sentía parte de eso. Y desde ahí, desde esa fusión, miraba también lo humano. Juanele fue un poeta de convicciones, cercano al ideario socialista primero y comunista después.
Roberto Romani
“Muchos de sus copoblanos… hablo de Gualeguay o de Paraná, o de sus comprovincianos para hablar de la provincia en general, tuvieron conceptos altamente elogiosos sobre la vida y la obra de Juanele. Y uno de ellos fue Eise Osman, con quien compartió momentos muy lindos… el gran poeta… Eise decía que Juanele Ortiz fue el poeta del temblor de las pequeñas cosas, donde reside la mayor aproximación a la verdad. Decía ´que apenas emerge del silencio, con la discreción de quien no quiere alertar con su voz la armonía de la naturaleza. Su poesía es un canto de amor a la belleza de la naturaleza y un reflejo emocional de la misma en el hombre´. Miren lo que escribe en ´Esplendor lejano y mortal´, su último y lejano… ´Maravilla luciente como una orilla encendida junto al mar apagado. Aire absorto, encantado de un sentimiento malva. Sol último y lejano. Isla frágil de color en la bruma infinita. Hacia qué estrella volará en el amor de la noche. Ya es de Dios su luz. Detrás de ella está Dios como el silencio de las despedidas´”.
Solidario Romero
“Yo iba a la casa de él, aunque él fue en algunas oportunidades a nuestra casa una vez a comer un asado. Recuerdo que fue también Walter Heinze, creo que fue Diego Angelino… cuando nosotros ya no éramos vecinos de él, porque nos mudamos a la que fue nuestra propia casa durante toda nuestra vida familiar, en calle Tejeiro Martínez, entre Santiago del Estero y Catamarca. Ahí lo tengo presente y en el patio una vez comimos un asado y que a la mayoría de los comensales le extrañó que, siendo tan pequeño de cuerpo, tan delgadito y muy mayor, comió abundante asado. No veían la proporción entre ese cuerpo y la ingesta (…) Me daba vergüenza, pero él a mí me decía usted. Una forma, tal vez hoy llamaríamos antigua, de respeto y de cortesía, porque era siempre muy amable. Pero, era una charla muy relajada y muy normal, que duraba horas, donde se tocaba cualquier tema, absolutamente cualquier tema”.
Belén Zavallo
“Es un poeta revolucionario en el sentido de que él todo el tiempo está plantando su posición ideológica para mirar el mundo. Y no usa el paisaje como un escenario. No es un lugar a donde él va, entonces lo pinta, lo describe, lo alza, sino que el paisaje también está todo el tiempo hablándole y en la forma minuciosa en la que él la mira y lo contempla, hace que también sea humano y hace que, a su vez, él tenía muchos estudios sobre la metafísica, la espiritualidad. Entonces él decía, es muy difícil -en una entrevista que yo leía-, es muy difícil para nosotros que nos pensamos desde el occidente, cómo plantea la visión sobre la vida, la cosmogonía, este modo de pensar el mundo el Oriente. Sin embargo, el Oriente, él ya está hablando del espíritu y la materia, y nosotros lo infantilizamos ese estudio y hablamos que una cosa es el espíritu y otra cosa es la materia. ¡Cuando es todo uno! Entonces empieza a hablar de átomos, neutrinos y partículas en las que el espíritu está disperso. Entonces, cuando él habla de que no nos dé vergüenza mirar las flores, por cómo florecen, por lo lindas que son, sino que también nos reconozcamos en ella… que todo el tiempo hay una invitación a que el paisaje nos está hablando y nos está diciendo… y a su vez que es el lugar que podemos habitar, para denunciar las injusticias, para reclamar los derechos y demás”.
Juanele Ortiz está muy adelantado a su época en algo que recién décadas más tarde tendría nombre: la preocupación ecológica. Cuando todavía nadie hablaba de equilibrio ambiental ni de extinción de especies, él ya pensaba en esos términos. Y en lo formal fue igual de innovador. Si la mayoría de los poetas trabajaban con moldes métricos que se podían contar como un ejercicio matemático, Ortiz rompió con eso. Escribió versos sin metro, algunos larguísimos, que componían otra música, una música fluvial, que decanta y cae como el agua del río.
Ferny Kosiak
“Yo creo que acá se le da... Él construyó una imagen, sin duda que construyó una imagen de sí mismo… Bueno, desde sus primeras entrevistas que le hacen, cuando él no tenía ni 20 años, y que se la publican en el diario Crítica, en Buenos Aires, que ya él está. Todavía ni siquiera había publicado sus primeros libros, estaba empezando a hacer unos primeros poemas. De hecho, él dibujaba, estudió con Quirós en Gualeguay. Quirós lo recomendó para una beca en Europa, pero la mamá de Juanele no le dejó. Y era como ahí, como un movimiento artístico entre las cosas que él hacía. Y desde esa primera entrevista, que era un gurisito, todavía hay una foto ahí, todo muy flaquito, que está esa imagen construida desde jovencito, del poeta”.
Sebastián Macchi
“Yo me fui encontrando que además de ese fanatismo por su poesía, también se tornó como un maestro para mí. Un maestro extemporáneo, porque nací y él ya había fallecido. Pero, lo tomé como un maestro, como un creador acá de este lugar, que eligió vivir de un modo fiel a su búsqueda y sin importarse tanto por la repercusión que tenía en su momento, porque Juanele -como ustedes saben-, tuvo unos años de vida bohemia y de estar en la ´creme´ de la literatura modernista de los años ´20 en Buenos Aires, y luego se volvió a Gualeguay y se dedicó a trabajar en el Registro Civil, en un trabajo muy simple de administración. Semejante intelectual, persona que estaba leyendo en varios idiomas, traduciendo y escribiendo todo el día”.
Solidario Romero
“Me llama la atención que haya tantos comentarios sobre algunos detalles exteriores a su persona, porque lo ´tip´ él … Juanele Ortiz es quien es por esta obra, y no porque tuviera una boquilla de caña india finita, o porque tuviera el gato arriba de sus poemas (…) Me gustaría rescatar acá a un poeta santafesino ya fallecido, que se llamó Hugo Gola, porque Hugo Gola se tomó el trabajo de ordenar los papeles de Juan desde que tenía 20 años hasta que tenía 70. Eso permitió la primera publicación integral de la obra de Juanele Ortiz, que fue esta obra ´En el aura del sauce´. En ´El aura del sauce´ son tres tomos que editó la Editorial Vigil de Rosario, en su colección Biblioteca”.
Belén Zavallo
“A mí me gusta también leer mucho los poemas, que tienen una clave muy autobiográfica en él, como ´El Gualeguay´, hay otro que se llama ´Villaguay´, que es hermoso. Hay otro poema dedicado a su perro, cuando el perro muere, y entonces lo nombra al compañero, al perro. Algo muy chiquito, pero muy conmovedor. Sobre todo, pienso que lo que hace Juanele también es componer una música. Porque si nosotros leemos al poema como si fuese un pentagrama, ¿de qué venimos? Pensemos antes de… en la época de Juanele, bueno, 1930 más o menos, está componiendo un poquito antes las vanguardias. ¿Qué hacen las vanguardias? Quitan todos los signos de puntuación, quitan las mayúsculas y es todo en minúsculas, forman esta imagen también. Anteriormente a eso, el modernismo: Rubén Darío y ´La princesa esta triste, ¿qué tendrá la princesa?´. Esta composición que tiene un ritmo, una canción, y que a su vez tiene un molde, porque el molde métrico es algo que nosotros podemos trasladar y decir, bueno, usamos este molde, ponemos adentro otro contenido, pero siempre estamos vivificando esa música… Juanele, no… Juanele rompe, porque Juanele escribe versos sin metro, o versos que el metro no tiene nombre, porque algunos son tan extensos ya hacia el final, los últimos, que pasan hasta el número 30 en las rimas… nosotros cuando hacemos el corte de versos, podemos tener versos de 7, de 12, los Alejandrinos y demás, y los contamos a través de las sílabas, como si fuese un ejercicio matemático, eso da la música. Juanele compone otro tipo de música, que es también una fusión con el paisaje, porque incluso hay un devenir que es como fluvial, como que si fuese un río que decanta y que cae. Entonces, es tan innovador que por eso también él se convierte en un punto turístico…y dice en un momento ´parece que soy un punto turístico porque vienen a visitarme los escritores que hoy son consagrados´”.
Aquella estampa del poeta no fue un accidente. Ortiz fue un autor absolutamente consciente de lo que estaba haciendo, y la construcción de su propia figura formaba parte de su proyecto estético, tanto como los poemas. Quienes lo conocieron recuerdan que aquel pelo no andaba suelto por casualidad: usaba el fijador de su esposa para lograr ese efecto. Y en las fotos posaba con cuidado, algo bastante audaz para un poeta entrerriano de aquellos años.
Ferny Kosiak
“Roberto Romani me contaba una vez que en algún momento alguien dijo en un evento social, vamos a sacar una foto, y él fue a peinarse al baño, a alborotarse el pelo, a arreglarse… son todos esos elementos que lo conforman como un ícono. Cualquiera ve esto, ve un dibujo, una pintura, y enseguida lo reconoce Juanele. Y creo que acá en Paraná sí hay un gran reconocimiento de su vida, de su obra, desde esto de un Centro Cultural que en los ´80 ya fue nombrado, o sea, a 10 y poquito años, creo que, a 11 años de la muerte de él, cuando se fundó el primer Juanele estaba ese reconocimiento desde lo simbólico. Ese mural que estaba en la Sala Mayo hace años, me atravesaba un río. Los cafés, bares que se llaman y se han llamado con su nombre. Hay una apropiación de eso, de lo simbólico, de la cara, del rostro. Creo que acá se lo reconoce más inclusive que en Gualeguay, que es su ciudad natal”.
Belén Zavallo
“Si nosotros pensamos en Tamara Kamenszain, en (Héctor) Libertella, en Juan José Saer, en todas las personas que se acercaban, y no pasando el túnel, sino tomando la balsa para cruzar hasta el Paraná y verlo a Juanele, quién era ese mítico. Juanele flaco que escribía frente al río. Entonces, él cuando llegaba y cruzaban, se sentaban frente al banquito que tenían en la costanera, y algunos se ponían a charlar con él. Entonces, hablaban y bueno, no querrá ofenderlo, entonces, para que no estén de espaldas al río, que se pusieran de frente al río para hablar con él siempre, como mostrando también un lugar en el que el protagonismo no estaba en él, sino en lo que él contemplaba para escribir”.
Solidario Romero
“Eso le ocurrió también a Borges, porque claro, la conversión de Juanele en un ídolo, no digo que es casi después de su muerte… pero, casi después de su muerte… porque en ´El aura del sauce´ se publicó cuando él ya estaba al final de su vida, tenía casi 80 años (…) Cuando se presentó en ´El aura del sauce´, en el Auditorium de la Fundación Constancio C. Vigil, que era un anfiteatro importante, estaba Juanele, estaba un señor Naranjo, que era el que había dirigido todo el proceso. Y Juanele leyó algunos de sus poemas, siempre diciendo todo con modestia, porque en un momento leyó un poema… ´Cuando se acostumbraba escribir poemas sobre la paz, yo también cometí uno´ y los leía y llamó la atención la hondura, profundidad y volumen de su voz, porque era la mitad de chiquito respecto de los otros personajes que estaban en el escenario. Y, sin embargo, su voz fue muy potente para todo el auditorio”.
Sebastián Macchi
“Y fíjate que la obra de Juanele que, sobre todo, fue la primera mitad del siglo pasado… escrita, y sin embargo hoy, 80 años después, 100 años después, sigue siendo tan leída y sigue expandiéndose, diría que hoy en día hay más gente que puede interactuar con eso, que puede ser interpelada por esa poesía que en su momento, porque era una mirada muy de avanzada también para la época… un modo de ver no sólo lo poético, la literatura, sino de entender la vida, de entender… de poner al ser humano, al hombre, en la misma escala que una plantita, que un río… una visión que en ese tiempo todavía mayormente la gente no la tenía. Y, por ahí, menos en un pueblo como Gualeguay”.
Matías Armándola
“Era un autor, un poeta absolutamente consciente de lo que estaba haciendo, construyendo su propia imagen de poeta. El hecho de que él, porque en esas fotos inéditas que mencionaba anteriormente, posara de la forma en la que posara, en realidad sería… posara en la forma en que posó, básicamente, y jugando casi con una suerte de androginia, una cosa bastante particular si pensamos un poeta entrerriano en esa época, ¿no es cierto? Hay una construcción muy fuerte de su figura como autor, es algo que él trabaja como parte de todo su proyecto estético, que, por supuesto, no queda circunscripto solamente a la poesía, evidentemente… él está construyendo una imagen y muy efectiva, dicha sea de paso, si lo pensamos a la distancia y en el logro de su instalación”.
En 1970, cuando el poeta tenía 74 años, la Biblioteca Constancio C. Vigil de Rosario reunió por fin toda su poesía en tres tomos, bajo el título “En el aura del sauce”. Aquellos volúmenes incluían los diez libros anteriores más tres inéditos, junto a sus dibujos y fotografías hasta entonces desconocidas. Era la primera vez que su obra, siempre dispersa y artesanal, quedaba institucionalizada en un proyecto formal. La alegría duró poco. En febrero de 1977, ya bajo la dictadura militar, la Biblioteca Vigil fue intervenida. Se paralizaron sus servicios educativos, se separó del cargo a Rubén Naranjo, el gran impulsor del proyecto, y del depósito de la editorial desaparecieron decenas de miles de libros, la mayoría quemados de noche en el propio horno de la institución. En esa quema se fue una parte importante de la edición de ´En el aura del sauce´. Y a Juanele le dolió profundamente.
Belén Zavallo
“Yo creo que falta que descubramos más de Juanele, porque falta que descubramos más poesía y más poéticas. En Paraná tenemos, bueno, tuvimos a (Ricardo) Zelarayán, tuvimos a la Zamarripa dirigiendo la Editorial … hemos tenido y tenemos ahora un afluente, una fuerza poética contundente. Y aun así hay una reticencia del lector que cuando va a la librería no sabe ni siquiera cuál es el lugar de los libros de poesía, porque siempre es un estante menor, más chico, que está más reducido, como que si fuese también un lugar al que no se puede llegar fácilmente”.
Sebastián Macchi
“Creo que por suerte se lo está valorando cada vez más. Pero, es llamativo que ese valor a veces, o ese reconocimiento venga de otros lugares, venga de Santa Fe, por decirte, de Rosario, de Buenos Aires. Sería lindo que eso nos pase más en la provincia. Creo que sería muy importante que en las escuelas se lo lea más… y que se lo lea más. Ahora sé que se van a editar sus libros de forma individual y eso está muy bueno”.
Matías Armándola
“Los libros de Juanele fueron hechos de manera casi casera y circularon casi también dentro de los términos más próximos de su intimidad. ¿Pero quiénes eran estas personas que adquirían y que contribuían a que el poeta pudiera seguir editando básicamente el circuito literario de Paraná? María Ruth Fischer, Carmen Segovia García, Ana María Garasino, Alfredo Martínez Howard. Es decir, hay algo de la comunidad escritora que lo rodea a Juanele, que quizás ha quedado un poco invisibilizada en relación a lo que supone la construcción de una centralidad”.
Solidario Romero
“Ahora es muy difícil saber qué reconocimiento merece cualquier obra de artista… porque hay personas reconocidísimas en el mundo o conocidísimas en el mundo, cuya producción vale muy poco. Y, sin embargo, tienen una repercusión enorme. Y ha habido en el orden de la pintura, de la literatura, de la dirección cinematográfica, de la poesía, grandes producciones que lo conocieron o fue conocida por el grupo de interés cercano a ellos. Es decir, no hay una ley que prescriba qué repercusión puede tener una obra de cultura”.
Juan L. Ortiz murió en Paraná el 2 de septiembre de 1978, a los 82 años, de un enfisema pulmonar, en su casita frente al parque. Al día siguiente, según su voluntad, sus restos fueron llevados a Gualeguay en una caravana de escritores y amigos. El cortejo atravesó las cuchillas y las colinas, pasó frente a Diamante y Victoria, y entró por una calle de eucaliptos a la ciudad amada, la misma que él había convertido en materia de su poesía. Descansa en el viejo cementerio de Gualeguay, donde años después fue sepultada también Gerarda, su esposa, en el mismo nicho.
Belén Zavallo
“Hay gente que lo leyó muy bien y que promovió su lectura, que eso nunca se hace por el dinero, sino que se hace por una necesidad de poder leerlo. Creo que es una necesidad genuina de puedo leer y compartir y charlar de esto con alguien. Y esas promociones son las que tienen hoy valor, que por ejemplo se ha juntado la obra de Juanele con muchos estudios críticos, uno puede leer y valorar. Pero, a su vez también tenemos por ejemplo en Villaguay viviendo a Miguel Ángel Federik, que podría ser el Juanele de hoy y que cruza la calle como un paisano más y que bueno, está haciendo su trabajo de oficina, porque también para vivir no se puede vivir de escribir poemas. Entonces, lo que quiero decir… siempre hay un estado que es un poco egoísta y que a su vez es un poco beneficioso porque si uno solamente se tuviese que alzar como imagen o figura de poeta, quizás sería pura cáscara y no sería poeta. Y, por otro lado, esta función tan diluida de la poesía por ahí nos tira para atrás, porque tener una poesía tan valiosa y que crezca en nuestra provincia, que además no hay grandes proyectos y políticas que estén avalando la producción o que estén contemplando que hay gente que necesita becas para escribir o que podría tener más participación en distintos lugares, me parece como que son lugares para poder empezar a plantearse también por qué no leemos más poesía, por qué no reivindicamos a los nuestros, por qué recién leemos a los nuestros cuando un gran grupo editorial de Buenos Aires la lee a Selva Almada y por qué no la leímos cuando vivía en Villa Elisa. Quiero decir, hay una dualidad nuestra que es un poco mediocre o hipócrita de no poder leer cuando estamos acá cerca”.
Sebastián Macchi
“Además de una frase en particular, hay como una constante inquietud… así en su mirada, o sea que atraviesa toda su obra. Eso es muy interesante, porque si bien se fue expandiendo su poética, pero hay algo que es constante, que está desde el libro número uno hasta lo último que escribió… y que tiene que ver con un modo de entender el paisaje y de entender al ser humano como parte de ese paisaje. Y también una cierta angustia social a veces, de entender que esa riqueza que es la naturaleza, hay gente que no la puede vivir como tal, por condiciones sociales, políticas, económicas. Eso está también muchas veces como un dolor de decir qué pena que esta lluvia alguien la esté padeciendo, así como yo la estoy gozando desde un ventanal. Bueno, eso está constantemente y para mí eso ha sido una referencia permanente, más allá de una frase en particular como esa, ese modo de ver, de entenderse y de entender las cosas”.
Roberto Romani
“Juanele murió el 2 de septiembre de 1978, que era un día sábado y el día domingo sus restos -como era su voluntad- fueron trasladados a Gualeguay, donde descansa en el viejo cementerio de Gualeguay, inaugurado por Urquiza en febrero de 1848. La descripción que hace Alfredo Veiravé de ese viaje, de ese cortejo fúnebre, es extraordinaria, como buen poeta que era ese otro hijo de Gualeguay. Alfredo Veiravé, que descansa en Resistencia, Chaco. ´El cortejo atravesó las cuchillas y las colinas niñas que danzaban a su alrededor despidiéndolo. El saludo de Diamante con sus altas torres lejanas en la bruma alzada sobre el Paraná, su paso por la antigua Victoria, la de las Siete Colinas, o su entrada por una calle de eucaliptus a Gualeguay, la ciudad amada, enmarcados todos los instantes del paisaje que seguirán extasiados en su poesía´. Dice Alfredo Veiravé … el gran poeta que descansa en Gualeguay, pero que está en el corazón de todos los argentinos y particularmente de todos los entrerrianos que tanto lo amamos. Dice Juanele en ´Esta mañana´:
´Señor,
esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas,
las pupilas tan limpias como agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.
Señor,
esta mañana tengo
los párpados iguales que hojas nuevas,
y temblorosa de oros,
abierta y pura como el cielo el alma´”.
Memoria Frágil: Juan L. Ortiz, el poeta del río





