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Las patrullas perdidas

Alberto Fernández

El presidente Alberto Fernández en marzo de 2020, con la edición de tapas unificadas de medios gráficos por la pandemia.

Por Antonio Tardelli (*)

Un día, siendo todavía candidato a Presidente de la Nación, Alberto Fernández hizo un alto durante una alocución pública para desentenderse de su auditorio y referirse directamente a un asistente acomodado en un sitio de privilegio.

–Ahí lo estoy viendo a Héctor, en la primera fila –comentó el ahora Presidente de la República.

Héctor no era otro que Héctor Magnetto, la cabeza del Grupo Clarín con quien el peronismo kirchnerista, luego de un inicial idilio, había mantenido un prolongado enfrentamiento a lo largo de varios años.

El tono familiar con que Fernández le hablaba al controvertido CEO confirmaba ese conocido trato amable que entre los kirchneristas despertaba sospechas: aún siendo jefe de Gabinete, Fernández era considerado un alfil del poderoso multimedios.

Pero para entender los nuevos tiempos no era menester sacar conclusiones o elaborar conjeturas a partir de un gesto determinado.

El propio Fernández, siendo candidato, anticipó que la pelea contra Clarín había finalizado.

–Esa historia ya se acabó –aclaró en su momento.

Y remarcó.

–Puede que por ahí ande alguna patrulla perdida. Pero ese enfrentamiento ya se terminó –insistió el Presidente.

El detalle de los montos de publicidad oficial que el gobierno de Fernández distribuyó a lo largo de once meses de 2020 confirma, en efecto, que esa batalla ya es historia. Historia antigua.

El más beneficiado en el reparto (siempre discrecional, siempre sujeto al deseo ilimitado de los titulares de los poderes ejecutivos) no ha sido otro que el Grupo Clarín.

El gobierno gastó en once meses de 2020 algo más de cuatro mil setecientos millones de pesos en concepto de publicidad oficial.

El 72 por ciento de ese monto, según un informe publicado por el diario La Nación, se distribuyó entre 25 empresas.

La distribución ha sido desigual, como históricamente ocurrió.

Pero también inequitativa en términos territoriales: casi dos de cada tres pesos fueron a medios y plataformas radicadas en la ciudad capital del país.

El más beneficiado de todos los grupos fue Clarín: en materia de avisos publicitarios del gobierno (lo que incluye algunas reparticiones como el Anses y excluye las empresas públicas) percibió casi 650 millones de pesos.

La cifra, que según el reporte firmado por José Crettaz equivale al 3,8 por ciento de la facturación del holding, no incluye lo que el gobierno erogó en beneficio de las señales locales de Telecom, socia de Clarín.

Después de Clarín vienen otros conglomerados de excelente relación con el gobierno.

El lugar número dos es para el Grupo Vila-Manzano, recientemente avalado por el gobierno para la adquisición de Edenor.

Y el tercer lugar es para el Grupo Indalo, del empresario Cristóbal López, de relaciones excelentes con el gobierno y complicadas con los jueces y los fiscales.

Después aparecen otros grupos de mayor o menor vínculos con el gobierno: Octubre, del esforzado sindicalista de los porteros Víctor Santamaría; Viacom, que es decir Telefé; y el Grupo Crónica de los hermanos Olmos.

Por allí se cuelan otros amigos del gobierno, como el conductor Roberto Navarro y su empresa El Destape.

Pero la existencia de notables privilegios no es la noticia.

Ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo en la medida en que no se legisle con criterios democráticos, participativos y pluralistas.

El kirchnerismo se embanderó con esas nociones para sancionar en su momento la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual pero sigue usufructuando, como casi todos los gobiernos argentinos (provinciales y nacionales), del margen de maniobra que le permite repartir pauta como un Papá Noel dispendioso que no se olvida de los amigos.

Y, sobre todo, no se olvida de los enemigos.

Si el único vector que indicara amores y desamores, amistades y enemistades, fueran los montos de la publicidad oficial podría decirse que Clarín, el que miente, es el más amigo de todos los amigos del gobierno.

Pese a los fuegos artificiales.

A las disputas impostadas o exageradas.

A los chisporroteos que llaman la atención y quitan tiempo.

Ningún comglomerado de la comunicación ha facturado tanto del gobierno nacional como el Grupo Clarín, otrora odiado enemigo.

El fallecido Presidente Néstor Kirchner, mentor del espacio peronista que hoy va por su cuarto mandato presidencial, solía decir: “No se fijen en lo que digo; fíjense en lo que hago”.

Aquel consejo, una recomendación oportuna para entender la política real y no sus adornos, luce francamente útil en este tiempo, cuando las patrullas perdidas creen ver batallas donde apenas hay simulacros bélicos.

(*) Periodista. Especial para ANÁLISIS.

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