Fue una sola marcha, con el matiz de cada lugar, una sola. La marea va creciendo y no se detiene. Continuidad de un reclamo que busca activar la escucha de los gobernantes obsesionados en imponer. Hacia ellos apuntó. Deberían hacerse cargo, no enojarse en modo chiquilín.
Oír, no huir abusando de vericuetos legales. Reconocer, hacerse responsables.
Hay que dialogar, no taparse los oídos y reprobar lo distinto porque sí nomás. La situación es compleja, no da para un empaque. Habría que madurar.
La marcha en defensa de la Universidad Pública y para reclamar la aplicación de la ley de financiamiento fue una sola.
Profunda, destinada a llamar la atención, a conmover. Contundente. Estremecedora. Un intento por sostener en nuestro país la movilidad social.
Clara la consigna, inmenso el acompañamiento. De tal calidad la conciencia colectiva que nadie puede apropiarse de su dimensión, de sus efectos. El que diga otra cosa, entendió muy poco. Ya se verá que va sucediendo de aquí en más.
Las artimañas del Poder Ejecutivo Nacional, para no cumplir las leyes, contribuyendo a la flojera institucional, pusieron en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación una brasa caliente.
El máximo tribunal tendrá que ocuparse de buscar el equilibrio que otros no tienen. Sin plazos prestablecidos para hacerlo, debería empezar lo antes posible.
La falta de armonía es la que genera jornadas como la del martes 12 de mayo de 2026. Ausencia de templanza en los que gobiernan inician las desgracias sociales. La marcha es un remezón que marca la historia.
Las expresiones de este tipo, las movilizaciones populares son esclarecedoras y, a veces, fundantes. Despabilan. Concentran los distraídos.
Golpean sin golpear. Unifica aquello que segundos del primer paso carecía de catalizadores.
Sensaciones, temas que andan buscando acomodarse se patentizan. Para rebelarse y revelar, sin intención de relevar. Que quede claro, que se entienda.
Mientras decanta al interior de cada uno, se tiene que multiplicar la atención, para no perder el eje del reclamo.
La universidad es vértice de desarrollo. La posibilidad de expresarse, el espacio para formarse y canalizar la capacidad transformadora del individuo, que se potencia encontrando al otro. Es, así, comunidad. Un nutriente esencial de los países que proveen bienestar y posibilidades a sus ciudadanos.
Es construcción de ciudadanía. Democrática. Admite discusiones, busca consensos. Habilita el progreso, no solo para los que son parte de los estamentos o a futuros graduados. La Universidad construye solidez. Humanidad.
Hubo tiempos, no tan lejanos, que era de pocos. El resto no importaba. Un privilegio que, como tal, obturaba la posibilidad de mejorar al conjunto. Hay que mirar la historia para darse cuenta que pasa cuando la Universidad está viva y compararlo con el momento en que es vaciada. Con o sin bastones largos.
Sostener el consenso
El Congreso nacional, espacio en el que el Pueblo delibera y gobierna a través de sus representantes, generó una respuesta a la altura de la demanda. La ley de financiamiento para las universidades es producto de un amplio consenso.
Tan sólido que cuando el Poder Ejecutivo, en uso de sus facultades, vetó la normativa, los representantes ratificaron su postura con fortaleza. Habría que sostenerlo.
La marea, en modo resistencia, volvió a subir. Otra vez los ruidos, las obcecaciones, los insultos de quienes debían aplicarla y no lo hacen. Volvieron hacia atrás enfundados en una soberbia peligrosa. Lamentable.
Nada nuevo bajo el sol, se podría decir. ¿Por qué?
Es que, en octubre de 2024, en el momento de presentar los reclamos en una marcha (una, como esta del martes) la dirigente Piera Fernández (Cordobesa y entonces titular de la Federación Universitaria Argentina) expresó que los integrantes de la universidad estaban (¿siguen?) siendo víctimas de “una campaña injusta, planificada e intencional, que busca sistemáticamente desprestigiar lo que sucede en el ámbito científico y universitario”.
Agregó que con ese marasmo se intentaba quitar jerarquía a las casas de estudio con el ahogo presupuestario como herramienta.
Dijo que no había "vocación de diálogo” en la administración nacional. “Todos los intentos que promovimos para buscar espacios que permitan gestionar los problemas y encontrar soluciones fueron infructuosos. Hizo falta que la sociedad se manifestara en toda la Argentina para que empezáramos a tener algunas respuestas. Respuestas que -lamentó la dirigente- no quisieron resolver estructuralmente los problemas".
El tiempo pasó, pero es como si no pasara. ¿No aprendemos? Habría que preguntarse qué nos pasa. Hacerlo para que no pase a mayores. Es que el Congreso respondió aquellos reclamos y otro poder del Estado se sigue negando.
Si no se encuentra un punto de equilibrio en lo relacionado a la educación superior, las consecuencias, las malas consecuencias, serán padecimiento presente y futuro de nuestro país.
Los circunstanciales funcionarios nacionales deberían entender que la marcha, no es contra nadie. Sería el inicio, esa actitud, de una salida para impedir el desencuentro.
Si la inteligencia es nuestra salvación, y la inteligencia fracasa en una cuestión tan delicada como es la educación universitaria, los barcos hacia otros horizontes se van a llenar y nos quedaría no más que desierto.
Fue una sola marcha, con matices, pero una sola. Fuerte y clara. Una marea que va creciendo y no se va a detener. Habría que entenderlo, o al menos, humildemente, hacer el intento. Eso, sería inteligente.






