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El misterio de las cuerdas atravesó el Teatro 3 de Febrero con la Georgian Sinfonietta

La Georgian Sinfonietta cautivó al público en Paraná.

Pocas veces la idea de la música como lenguaje universal aparece de manera tan clara como ocurrió este viernes en el Teatro 3 de Febrero de Paraná. Allí, la prestigiosa Georgian Sinfonietta ofreció un concierto de notable intensidad emocional bajo la dirección de Nurhan Arman.

La presentación comenzó a las 21.10 y desde los primeros compases quedó claro que el programa propuesto no buscaba únicamente el virtuosismo técnico, sino también una experiencia capaz de ir de la calma a la tensión y del desconcierto a la emoción.

Integrada por once violines, dos chelos y un contrabajo, la formación georgiana desplegó un sonido preciso, compacto y profundamente expresivo, que mantuvo al público en un silencio atento durante la noche.

La primera parte del concierto recorrió un arco que fue desde la serenidad hacia zonas de mayor intensidad y zozobra para finalmente regresar a la calma. La apertura con la Sinfonía en Sol mayor RV 146 de Antonio Vivaldi ofreció un comienzo luminoso y elegante, mientras que la Serenata para cuerdas en Mi menor de Edward Elgar aportó un clima melancólico y pastoral que tuvo una interpretación delicada en las cuerdas.

Uno de los momentos más significativos de la noche llegó con el estreno en Argentina de la Sinfonía de Cámara Nº 3 del compositor georgiano Sulkhan Nasidze. Allí aparecieron las sonoridades más inquietantes del programa, con tensiones armónicas, capas contrapuestas y una escritura que osciló entre el misterio y la intensidad dramática. En distintos pasajes, las cuerdas parecían flotar sobre la sala del teatro, generando una atmósfera hipnótica.

La Georgian Sinfonietta continuará sus presentaciones en el país. 

Tras el intervalo, la ligereza mozartiana de la Sinfonía de Salzburgo Nº 3 de Wolfgang Amadeus Mozart funcionó como un breve respiro antes del cierre con la impactante Sinfonía de Cámara Op. 110a de Dmitri Shostakovich, una obra atravesada por el dolor, la memoria y la desolación.

La interpretación final dejó una sala sumergida en el clima propuesto por la orquesta, que arribó a la capital provincial desde Brasil. 

Con un público que aplaudió la actuación de la Georgian Sinfonietta, una vez más quedó demostrado que, cuando se trata de música, no existen barreras idiomáticas ni geográficas posibles. El silencio sostenido de la sala terminó siendo una de las señales más claras del impacto del concierto.

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