Antón pirulero

filas bancos

Por Gustavo Sánchez Romero (*)  

a medialuna del desayuno de este sábado debió hacer esfuerzos para superar el nudo que todavía subsistía en la garganta de millones de argentinos; los que pueden comer una medialuna y los que tienen un deseo genuino que esta pandemia pase lo más rápido posible y con las menores consecuencias.

El país advirtió pasmado este viernes como el gobierno -empujado quizá por un exceso de confianza que se expresó en declaraciones autocomplacientes de días anteriores- cometía deslices improbables amenazando un descomunal esfuerzo coordinado de más de 40 millones de personas.

La angustia fue generalizada. Es que el país siente por estos días la sensación de estar en una barca endeble en medio del diluvio, y se puso incondicionalmente en manos de Noé. Es probable que la sucesión de hechos desafortunados en la que incurrió el Ejecutivo en el pago a jubilados y beneficiarios sociales pudo haber despertado una sonrisa en la comisura de los labios de algunos miserables, propios y ajenos. Sin embargo, el resto comprendió que “todos en el mismo barco” es mucho más que una metáfora. 

La imagen de miles de ancianos expuestos interpeló más el egoísmo que el sentido de solidaridad social. Si esto se expande: ¿Cuándo me llegará a mí? Claramente somos argentinos, en sus más cabales aristas, y no es el amor lo que nos está uniendo, sino el miedo.

El comandante en jefe sintió un golpe al mentón, en un ring side que venía dominando con sobriedad y altura. Inmersos en una coyuntura de trayectoria desconocida, todos sabemos que se impone la dialéctica ensayo/error, pero nadie pudo imaginarse semejante reticulado de variables liberadas al albedrío de un virus plagado de incertidumbres en su derrotero. El Gobierno levantó la guardia rápidamente intentando recuperar la vertical. En la estrategia de ganar tiempo para achatar la curva de contagios del virus, siempre es aconsejable buscar el centro e ir midiendo. Cuánto más cerca quedás de las cuerdas, más rápido vendrá el conteo.

El viernes, el tiempo de pandemia dio una gran lección al presidente y a todos.

Desplegar la argentinidad en estos tiempos puede pagarse caro, ya bien vale saber que la prudencia es la virtud que conviene cultivar.

De esto modo, el concepto de sistema social dejó de ser teoría y se convirtió en una amenaza material. En un sistema las partes se interrelacionan e interdependen, y se entiende como homeostasis a la propiedad para mantenerse estables, en intercambio con el exterior. El Presidente anunció que, si los expertos así lo aconsejan, el lunes 13 comenzará a desovillarse muy lentamente la cuarentena. ¿Habremos aprendido, llegado ese momento, no incurrir en los errores individuales del inicio? Lo único cierto es que no se puede atender este juego solo.

Empresas

Sólo hay presunciones acerca de cómo se saldrá de la Cuarentena. El mundo está más decidido a prolongarla que a levantarla. En los países centrales están hablando de al menos 40 días más de confinamiento, pero si como indica Alberto Fernández, el lunes se abrirán los postigos de un nuevo paisaje de un mundo que será en una primera etapa más experimental, precavida, recelosa y mesurada. Seguramente no habrá expresiones inmediatas de recomposición, sino que abundará ese miedo existencial que prescribe que somos los hacemos. Y como haremos mucho menos de lo habitual, seremos bien distintos a los extrovertidos consumidores que nos convirtió el capitalismo en su fase expansiva de fines del siglo XX a estos días.

Algunos animales como el oso o los peces tienen lo que la biología llama crecimiento compensatorio. Es decir que incorporan, cuando las condiciones climáticas lo permiten, las calorías equivalentes que no sumaron cuando estuvieron hibernando. Esto no sucederá con los hombres. El consumo no será una variable de crecimiento como lo fue en la última década y las inversiones serán mucho más cautelosas y conservadoras, de lo que per se lo son.

El 80% de las empresas no está trabajando y el cortísimo plazo es muy aciago, más allá de los Repro, los créditos para pagar salarios o las potenciales ayudas del Estado. En el futuro imperfecto, de acá a la vuelta de la esquina, el mundo se conjugará con distintas tiempos verbales. Los países están perdiendo millones de empleos trágicamente, al tiempo que desaparecen empresas y en medio de la pandemia los billonarios auxilios financieros no alcanzan a moralizar la depresión económica y monetizar a los emprendedores.

Pero hay una pregunta todavía más importante: ¿Cuán deshilachado quedará el tejido empresarial y de negocios cuando asomen los primeros rayos del sol después de todo esto?

No será tan malo para todos. De hecho no lo es hoy. El 20 % de las empresas sigue con sus ciclos productivos y en algunos casos el viento le sopla a favor con una demanda que crece. Pero quedarán empresas con empleados y otras con poco personal. Las habrá atravesadas por un florilegio de deudas y otras saneadas, algunas podrán acudir a ahorros, por ahora atrapados en cajas de seguridad para hacer frente a los compromisos ineludibles, y otras llegarán peladas. Muchas no sobrevivirán y arrastrarán a sus talentos. Algunas se reconvertirán, otras aprovecharán para hacer los cambios que antes no podían y algunas tantos nacerán y generarán nuevas oportunidades. La lista es enorme con decenas de particularidades, pero individualmente se deberá asumir como se pueda este destino y tratar de sobrevivir en una especie de Armagedón cultural.

Quizá el próximo tiempo sea el de la sociedad del conocimiento, pero debemos saber que la mitad de los argentinos está fuera del sistema. Las empresas deberán enfrentarse a una realidad ajustada, contractiva en un marco de fragmentación imperturbable.

Algunos creen que la bolsa o la vida es una falsa antinomia, apoyados en una trasnochada épica de un Estado que consideran propio, y lo declaman de viva voz. Otros, más osados, dan un paso más y aventuran con delicada ironía que llegó a convocar a la Primera Internacional Peronista, y aspiran a adaptar la sinfonía de Haendel como si fuera la Champions League.

Deberán nacer supraorganizaciones en la sociedad civil, con otro espíritu, aún desconocido, que intenten pensar suprasoluciones para problemas que nunca antes se presentaron.

Cuesta imaginarse un metrobus entre la bolsa y la vida. No me mire de ese modo; cada cual atenderá su juego.

El Estado

En el lapso de una semana Hugo Ballay, el ministro de Economía de Entre Ríos, dijo que la emisión de cuasimonedas se había conversado con el Presidente, pero que no estaba en carpeta. Axel Kicillof dijo que se había conversado, pero había que coordinarlo con la autoridad monetaria porque las estrategias deben estar bajo la órbita de Alberto Fernández. Omar Perotti dijo que el tema se había tratado y que la emisión es una posibilidad que se analiza. Así las cosas, y en este multiple choice, cada uno sacará conclusiones y lo recomendable es valerse de la experiencia.

Sin embargo los números son contundentes. La recaudación viene por el tobogán y recién estamos en presencia de los números de febrero, cuando el miedo era recién un viento frío sobre la frente. A nivel nacional se dio una caída real del 8 % y el indicador de inflación se le aleja con este mismo viento.  Los impuestos vinculados al consumo son quienes más sufren, e IVA y Ganancias hacen sonar las alarmas. El sistema de coparticipación estipula como distribución primaria que un 42,34% queda para la Nación y del 54,36% para las provincias. Sin consumo y mucho menos ganancias, las provincias afrontan un sombrío panorama.

El contador Julio Panceri, colaborador de Dos Florines, evalúa los números y describe el siguiente escenario: “La caída de la recaudación tributaria nacional de marzo arrastra consecuentemente a la Coparticipación. Los fondos coparticipables del tercer mes del año fueron de $ 229.369,10 millones, que son 27,86% superior a la de marzo 2019 (baja real del 23%) e inferior en un 11,35 % a los fondos del mes de febrero del 2020 que alcanzaron los $ 258.817,10 millones. Estas caídas serán cubiertas por el Estado Nacional vía emisión monetaria, incrementando el déficit fiscal.

Al mirar los importes recibidos vía coparticipación observamos que en Entre Ríos los fondos de marzo alcanzaron a $ 6.308,32 millones, que son un 31.82% mayores que los de marzo 2019 y 12 % menos que los recibidos el mes de febrero de 2020. En Córdoba, la caída fue de 11,92 % y en Santa Fe, los ingresos del mes de marzo fueron de $ 11.296,77 millones, 28,31% mayor a los recibido en el mismo periodo del 2019 pero, si lo comparamos con el mes anterior lo recibido es 13,56% inferior (Febrero 2020: $ 12.829.72 millones)”.

Realmente, los actuales dirigentes no imaginaron nunca semejantes marco apenas 60 días atrás. De todos los escenarios posibles deberán elegir entre la sartén o el fuego, y para eso se requerirá más convicción que creatividad. En estos casos, para anticiparse, es conveniente apelar a la experiencia.

Esta semana, el reconocido economista Claudio Distéfano arriesgó ante algunos clientes que nadie debe extrañarse si el Ejecutivo decide subir las retenciones del maíz y el trigo del 12 al 15%, como lo hizo con la soja. La ley aprobada en diciembre se lo permite.

La presión que tendrá el peso será inédita, y en un momento se pensó que las cuasimonedas podrían ser una buena opción para protegerlo, y que inflación generada recaiga sobre las provincias, para ver luego cómo se recuperan cuando pase el temblor. Es decir una por otra. A esta altura todo parece indicar que será una y otra.

Si clavamos un hito aquí mismo advertiremos que el Gobierno se ha movido al ritmo que Gustavo Bordet nos tiene acostumbrados. Parece siempre prudente, con poca exposición y con buen criterio ha utilizado canales oficiales para comunicar cotidianamente la evolución de la pandemia en la provincia. Mucha participación de especialistas ante los medios y no se ha abusado de anuncios autorreferenciales.

Es de Perogrullo que hay conversación cotidiana entre el poder político y los principales empresarios. También el intendente Bahl se muestra activo en las catacumbas de este flagelo. Es de suponer que también las tiene con el partido, la oposición, las asociaciones intermedias y las iglesias, inclusive. Hay pedidos y acuerdos. Los empresarios que están trabajando asisten con donaciones y gestiones.

Los que no están trabajando se suman en un rosario desesperado de reclamos intentando trasladar la suma de sus avatares. En los manuales de cómo ser exitoso no se incluía una pandemia como riesgo empresario. Sin embargo no deja de ser un riesgo que les cabe.

Los reclamos parecen epidérmicos e impulsivos. El turismo, los gastronómicos, los comerciantes, las Pymes, las industrias, los bolicheros, los emprendedores de la economía social, los contadores, abogados, arquitectos, ingenieros, y en breve sigue la saga. De hecho, desde el Consejo Empresario piden la irrupción del Foro de Entidades Empresarias  de Entre Ríos, entidad de alta representatividad de pero poco eficaz en la incidencia sobre los poderes del Estado.

Quizá, por las innovadoras plataformas que presenta hoy la tecnología, podrían estar todos para alcanzar consensos acerca de cómo afrontar los que viene, y que la sociedad pueda expresarse de manera institucional, manteniendo las distancias sociales que impone el aislamiento.

El Gobierno debería evaluar la convocatoria a una gran mesa de emergencia social para afrontar la contingencia. En estado de excepcionalidad, deberían darse reuniones cotidianas (virtuales) y con informes públicos sobre la situación y sus estrategias. Todo esto parafraseando a aquellos que dicen que la guerra es algo demasiado importante para dejarla en manos de militares. Sin embargo, no hay otra cosa que la política para resolver los problemas de las sociedades.

La clase dirigente se apoya hoy en científicos de la salud que pugnan por cuidar a los entrerrianos. La provincia es lindante a tres grandes ciudades como Buenos Aires, Rosario y Santa Fe y preocupa que no se desfase la endeble relación que existe entre los recursos materiales y humanos con que cuentan y el número de afectados del Covid 19. No desdeñan las  otras tantas enfermedades que se asisten en el sistema de salud entrerriano en los períodos invernales. Pero ahora prefieren no arriesgar pronósticos.

Es posible que el pico del contagio en cuarentena requiera también la convocatoria a otros profesionales para dar cuenta de los enormes problemas sociales y económicos que ésta conllevará.

El pesimismo es una forma de sincretismo que nace del encuentro del análisis y el contexto. No deja de ser una posición honesta, sobre todo cuando los todos los esfuerzos se muestran tan loables como compartimentados.

No hay que olvidar que el que pierde, una prenda deberá pagar.

(*)  Editor de Dos Florines

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