Días de cárcel, dolor e impotencia

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Cómo vivían los detenidos políticos los días previos al golpe de Estado

D. E.

La vieja unidad penal de Gualeguaychú, de fines del 1800, es una fortaleza de dos manzanas, a no más de cuatrocientos metros del río del mismo nombre, ubicado en una zona de viviendas precarias, pero donde también -desde 1997- están los principales galpones de las comparsas que participan del denominado Carnaval del país. O sea, desde la ventana con barrotes de la celda, que da a una de las avenidas que va hacia la costanera, cada preso puede ir observando cómo durante el año se van armando las carrozas y hasta escuchar algunos sonidos carnestolendos, mientras cumple la condena. El imponente edificio, vetusto, sombrío, lúgubre, tiene paredes de cinco metros de altura; con un grosor importante: un metro ochenta, con una canaleta en el medio, de sesenta centímetros, por donde caminan los guardias penitenciarios cada día. La totalidad de la cárcel -que se fue realizando en etapas- se encuentra sobre una cantera de piedras, a fin de evitar los túneles. Comenzó a construirse en 1887, en pleno gobierno de Miguel Juárez Celman, pero los conocedores recuerdan que, en realidad, fue una antigua idea del general Justo José de Urquiza, quien fuera asesinado en abril de 1870, sobre la que luego insistió su hija Ana. La cárcel de máxima seguridad fue inaugurada el 16 de junio de 1890.

Quienes llegaron como presos políticos, en pleno gobierno constitucional se encontraron con esa vieja estructura, con diversos patios, a los que, para acceder, siempre se debe cumplimentar todo un rito de seguridad, con carceleros que abren, otros que esperan y otros más que cierran. Para llegar al último pabellón, desde el patio de ingreso, hay que transitar por siete rejas con candado. Así fue antes y así es ahora. Es como que casi nada cambió en ese lugar, siempre despintado, con humedad en cada una de las celdas, donde muchas veces -desde principios de los ’70- fueron a parar peligrosos delincuentes que proceden de la provincia de Buenos Aires y Capital Federal. El abogado y escritor Mario César Gras, en su libro La casa trágica, de 1927 -cuya lectura llegó a prohibirse, por lo cual circulaba en forma clandestina- hizo una descripción brillante de la cárcel de Gualeguaychú, que perdura en el tiempo: “El celador lo condujo al interior del presidio. Cruzaron primero un patio inmenso, iluminado escasamente por un pequeño foco de luz eléctrica que pendía de un palo carcomido en su base. Ese era el patio del primer pabellón de la cárcel. Cuadraban el patio cuatro galerías de celdas superpuestas. Las hileras de puertas con sus gruesos cerrojos daban una impresión aterradora. A Atilio se le ocurrió que aquellas puertas eran las lápidas de los nichos de un cementerio y que las celdas eran simples ataúdes de mampostería.

En una de ellas tendría él, también, que sepultar su existencia. Después cruzaron un largo pasadizo, de cuyos muros pendían grandes manojos de llaves, los cuadros de reglamentaciones y las pizarras de castigos (…). Allí se amontonaban las tragedias unas sobre otras; allí velaban sus angustias los que no supieron vivir en libertad. Ya no era tan solemne el silencio. Se sentían toses, estornudos, rumores vagos, que en aquella torva quietud provocaban un eco prolongado y enorme. Las toses de todos los tonos se sucedían estrepitosamente como las notas de una orquesta siniestra: unas eran secas, ligeras, nerviosas; otras profundas, violentas, febriles, que terminaban en convulsiones desgarradoras. A ratos, tras un acceso, parecía sentirse el angustioso estallido de un vómito, el trágico estertor de una agonía. Esas explosiones de dolor repercutían cruelmente en el corazón de un preso. Aquello debía ser, como se lo dijeron, un antro inmenso de tuberculosis. Pensó, con horror, que él debía respirar años y años esa atmósfera infecta. Cerró los ojos y una visión infernal iluminó su mente: le parecía que en su torno millones de bacilos se entregaban a una danza macabra”.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)

Deportes

Vicentín

El paranaense Vicentín entrena en Paraná y lo hace en el balcón de su casa.

Lammens

La cartera, a cargo de Lammens, anunció nuevas medidas económicas que beneficiarán a clubes y federaciones deportivas.

Judiciales

Emergencia sanitaria.

El dinero será destinado al Fondo Extraordinario para atender la adquisición de bienes e insumos que se requieran para hacer frente a la emergencia sanitaria.

Tribunales de Paraná

Solo concurrirán magistrados, funcionarios y un empleado por organismo, en horario matutino, y se dispuso la suspensión de todos los plazos procesales y de los cursos de perención hasta el próximo 20 de abril inclusive.

Cultura

Arandú espacio de arte

Tendrá lugar el 25 y 26 de abril; inscripciones abiertas.

Todxs somos López

El documental se puede ver online de manera gratuita.

Silvina Ocampo

El audiovisual se sumerge en un perfil de la escritora Silvina Ocampo, realizado en 1999.

Opinión

Rubén Dal Molín (*)
Dal Molín

Senador Rubén Dal Molín.

Por J.C.E. (*)    
Preparar la reconstrucción

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Por Daniel Enz (*)

Provinciales

Angel Giano.

Giano celebró la decisión del presidente de otorgar facultades a las y los intendentes para intervenir en la fiscalización y el control de los precios en sus Municipios.

Iosper.

La novedad fue comunicada por el titular de la Obra Social Provincial.

Locales

Walter Rolandelli

Rolandelli reclamó la urgente convocatoria a sesiones del Concejo Deliberante de Paraná.

Comité de Emergencia Urdinarrain

El Comité de Emergencia local tomó nuevas medidas para prevenir el contagio de Covid – 19.