Triple crimen: “Defendí la vida de mis hijos, la mía y la de los presentes”, dijo Siboldi

De ANÁLISIS

Los jueces Alejandro Cánepa, Rafael Cotorruelo y Alejandro Grippo dirigen desde este martes el juicio oral y público por el cual el Ministerio Público Fiscal (MPF) intentará probar la responsabilidad de Oscar Siboldi y sus dos hijos, Alexis y Brian, en el triple crimen ocurrido el 25 de mayo de 2019 en Bajada Grande.

Los fiscales Patricia Yedro y Martín Wasinger pidieron que se emita en la audiencia los testimonios de dos personas que fallecieron cuando la Investigación Penal Preparatoria ya estaba concluida. Se trata de una mujer de apellido Olguín, vecina de la casa de los Siboldi donde ocurrió el múltiple homicidio y esposa de una de las víctimas fatales; y un hombre de apellido Arriola.

Los defensores particulares, Alberto Rogel Salvatelli -en representación de Oscar Siboldi- y Natalia Salvatelli -en representación de los hermanos Brian y Alexis Siboldi- aseguraron que no participaron de todos los actos realizados en el marco de la investigación y se opusieron a la incorporación de tales testimonios.

El tribunal hizo lugar al pedido de la defensa. “No podrá haber contrainterrogatorio por el fallecimiento de ambos”, marcó Cánepa. “Hacemos lugar a la objeción”, asentó el presidente del tribunal.

“Defendí la vida de mis hijos, la mía y la de todos los presentes”

Así sintetizó Oscar Siboldi lo que pasó la madrugada del 25 de mayo de 2019 en su casa del barrio Bajada Grande, donde estaba cumpliendo una prisión domiciliaria por otro homicidio. El hombre de 57 años y sus dos hijos, Brian y Alexis, están acusados por los homicidios de Luciano Álvarez de 37 años; Miguel Aguirre de 35; y Martín Álvarez de 29 años.

Siboldi relató detalladamente lo que pasó esa madrugada. Defendió a sus hijos, les quitó toda responsabilidad en los homicidios, tal como viene siendo su defensa desde el primer momento. Respondió las preguntas de la fiscal Patricia Yedro. Aseguró que en todo momento quiso clamar la situación y terminó por ejecutar a los dos Álvarez y Aguirre porque estaban matando a su hijo Alexis.

Aseguró que ocultó las armas “donde estaba la casa grande, en el predio que me pertenece”. “De donde está la casa principal, al constado hay un galpón y en el fondo de ese galpón hay una lancha. Ahí oculté las armas. Las armas estuvieron en todo momento en el rancho”, sostuvo.

El relato de lo que ocurrió esa madrugada

“Estaba reunido con mis hijos en mi casa. Antes de comer estaba con Alexis y después vino Brian. Lo mandé a comprar pescado. Trajo 5 o 6, elegí dos y los hice al horno. Después llegó Alexis y el cuñado y nos pusimos a comer con el grupo que estábamos. Cuando estábamos comiendo aparecen, se ven unas luces, las ví en el portón de ingreso a la casa. Salí a ver y eran amigos de mis hijos. Me acerqué al portón y los pibes que me preguntaron si podían acceder a la casa a compartir con mis hijos. En frente a la casa estaban los Álvarez con 10 u 11 personas. Se vinieron al portón y me pide autorización para pasar porque donde estaban hacía mucho frío, si no faltaban el respeto. Accedí a que pasaran tanto los amigos de mis hijos como Álvarez y las demás personas. Hablo de Luciano Álvarez, Miguel Aguirre, Martín Álvarez y los otros muchachos que son todos conocidos. Me saludaron y pasaron. En eso que íbamos ingresando me dicen que si podían pasar una damajuana de vino que estaban tomando afuera. Les dije que sí. Y la tomaron en mi casa”, narró Siboldi.

Su relató fue extenso y detallado. Contó que los invitados estuvieron primero en una mesa de pool que tenía en la churrasquera y poco a poco fueron “ganando espacio”.  Agregó que la reunión ocurrió en el marco de “un emprendimiento” para que jóvenes hagan la previa antes de ir al boliche. “Estaba con domiciliaria y necesitaba ingreso de plata porque no tenía recursos”.

“Estaba todo tranquilo, les brindé lo mejor, mi casa, los atendí”, aseveró Siboldi. “En una pieza de la casa estaban las mujeres. Ellos fueron ganando espacio. En cierto momento Martín Álvarez se paró en la puerta de la pieza donde estaban las mujeres que no estaban compartiendo con los hombres. Él empezó a decir que era el patovica del lugar. Cuando quise ingresar a la pieza donde estaban las chicas, él no me dejó pasar porque decía que era patovica. Le pedí permiso y lo quise correr. Sentí que tenía un arma. Entré al baño y escuché disparos y griterío de mujeres, mucho ruido. Salí preocupado. Vi a Luciano Álvarez agrediendo a la señorita Cintia Narváez. Me metí en la pieza. Él me quiso golpear. Le pedí que se vayan, que se estaban mandado cualquiera. Él me dijo que nos iban a matar a todos”, relató.

Más adelante describió que de la casa al portón “habrá 30 o 40 metros”. Que consideraba a los hermanos Álvarez como sus hijos. “Los saqué para afuera porque estaban armados y yo desarmado. Los saqué y cerré el portón. Escuché que lo patearon, lo desengancharon. Entró Luciano Álvarez. Cuando iba por la mitad del camino me gritaron las mujeres que tenga cuidado. Me dispararon dos veces por la espalda. Le dije a mis hijos que corran adentro. El último en entrar fui yo. Las mujeres entraron primero. Adentro estábamos en círculo y les dije que ya estaba. En eso entró Álvarez arrojando botellas, bochas de pool y tacos. Lo Agarré a Álvarez y le dije que ya estaba. Entró Aguirre con una pistola en la mano y me encañonó. Me metí adentro de la casa, adentro de otra pieza donde estaba mesa de pool. Las mujeres y otros pibes dispararon a las piezas. Yo y mi hijo Alexis y Brian quedamos los tres plantados, no nos podíamos mover. Les dije que se dejen de joder. Aguirre gatilló dos veces el arma hacia mi cuerpo y el de Brian. No se disparó el arma. Después salió el disparo. Agarró y le sacó el cargador al arma y se lo puso en la axila. En ese momento decidí avanzar y tirarme encima. Al mismo tiempo vino Luciano Álvarez y me agarró de atrás por el cuello. Me voltearon al piso. Vino Alexis. Luciano lo agarró del cuello, también llegó Martín Álvarez y lo agarran los dos. Yo con Aguirre estaba forcejeando. Cuando estaba en piso miré atrás y ví que llevaban a Alexis los dos. En el forcejeo con Aguirre noto que tenía un arma. La manoteo. Gatillo y no sale el disparo, gatillo y sale. Estaba perdido. Veía todo negro. No veía, estaba ciego. Sentí que cuando hice el último disparo, Aguirre cayó sobre mi cuerpo. Lo saqué de encima. Tenía una 25 en la mano. Cuando lo vi fallecido a Aguirre, me rescato que a Alexis lo habían sacado afuera. Pensé en salir como estaba, entré a la churrasquera donde tenía escondida una 22. Salí afuera. Vi que lo tenían ahorcándolo. Me acerqué a los tres, agarré el pie de Álvarez y le dije que lo larguen. Mi hijo no reaccionaba. Parecía un muñeco de trapo y ellos dos perros”, afirmó.

Describió que su hijo Alexis estaba “ensangrentado”. “Los brazos inmóviles, no tenía signos de vida. Para mi estaba muerto o lo estaban matando. Estaba desesperado. Le disparé a Luciano Álvarez y le di en el brazo y a Martín Álvarez en la pierna. No largaban a mi hijo. Le pedía que lo largaran. Como  mi hijo no tenía signos de defensa decidí, perdido como estaba, le disparé a Álvarez en la cabeza. Y a Martín Álvarez que me miraba también le disparé. Ahí le agarré la mano a mi hijo. Alexis suspiró, lo tiré y lo senté. Quedó mirando para todos lados. Lo reincorporé. Le pregunté si estaba bien, le sangraba todo el cuerpo. Es como si se hubiese orinado encima. Le pregunté si estaba bien para manejar. Me dijo que sí. Le pregunté a mi otro hijo. Le dije que vaya al hospital. Cuando los maté a los Álvarez entró una señora me preguntó que pasó, le dije que llame a ambulancia porque Luciano estaba muerto y Martín con vida. Pedí a todos que se vayan. La única que quedó fue Cintia Narváez. Vino la Policía. Llegó la fiscal Yedro. Traté de hablar con ella pero no me dejaron”.

Esa mujer que le preguntó a Siboldi qué había pasado era Olguín, testigo que vio la ejecución de los Álvarez pero no puede declarar en juicio porque falleció. “Quería decirle a la fiscal que le tomó declaración a Olguín que después ella se llevó una mochila con armas. Las víctimas éranos nosotros porque ellos ingresaron armados y nosotros no sabíamos. Tanto Aguirre como Luciano y Martín Álvarez. Yo mismo constaté eso cuando vi el arma de Martín Álvarez. Entre todo el barullo, ellos decían que nos iban a matar a todos. Defendí la vida de mis hijos y mi vida, y la de todos los presentes”. “Después de las pericias y todo, la señora Olguin se fue con los tres chicos y la exmujer de Álvarez y su hijo que se llama Luciano y le dicen Lucianito. Se llevaron muchas cosas en una mochila que podrían haber servido a la causa. Calculo que se llevaron armas porque había más de dos”, asentó.

Testigos

Cintia Narváez, María Cintia Alem, Natalí Hereñú y Jazmín Bal pasaron este martes por el tercer piso de tribunales, donde se desarrolla el debate. Declararon cómo vivieron esa madrugada violenta en la propiedad de Oscar Siboldi.  

“Fafor -por Martín Álvarez- agarró una flecha de indio y apuntaba diciendo, no sé qué le decía a Melón. No le dábamos mucha bolilla. Martín estaba tomando un doctor Lemon y tiró la botella donde estábamos nosotras, en la pieza. Vino Alexis a decir que tenga cuidado porque estábamos nosotras y él sacó un arma plateada grande. Él todo el tiempo mostraba el arma. La persona que ocasionó el problema fue Martín”, aseveró la primera joven. Agregó que salió de una habitación cuando todo había terminado. “Salí de la pieza y lo vi a Aguirre tirado en el piso. No lo miré. Lo vi parado a Oscar. Le pregunté por qué lo hizo. Me dijo que si no lo mataban, nos mataban a nosotros”, contestó.

Alem y Hereñú, en tanto, aseguraron que salieron de la habitación cuando Siboldi les avisó que los había matado.  

“A Brian lo vi salir de la pieza donde se vendía la bebida gritando por Jazmín. Su desesperación, corriendo a buscar a Jazmín. Ella estaba en la habitación con nosotros. Él la buscó y se fueron. Cintia se fue casi a lo último. Yo me quedé hasta que llegó la Policía. Nunca vi lo que pasó con las armas que Siboldi tenía en las manos”, añadió Narváez. “Cuando llegó la Policía le dije a Oscar que me quedaba. No acepté irme. Por el aprecio que le tengo, cuando llegó la Policía les dije que había sido yo”.

María Cintia Araceli Alem dijo que cuando todo terminó, Alexis Siboldi se fue en un auto con otra persona. Agregó que Brian Siboldi se fue en una moto con su novia y después se fue ella.

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Por Julio Federik  

(Foto ilustrativa)

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