Un hombre que ha trabajado toda su vida en el campo y cuidando animales en una isla, y con la inteligencia de saber responder con honestidad y con la frescura de su memoria, Federico Albino Ríos comprometió a otro hombre ubicado en el polo opuesto del desigual orden social en el ámbito rural: un productor ganadero de miles de hectáreas y miles de cabezas de ganado. Leonardo Airaldi quedó más complicado en el juicio por narcotráfico, luego de que el puestero contara que un día vio a dos avionetas y un helicóptero aterrizar en su isla El Pillo. También declaró este jueves un exempleado de Airaldi quien no cuestionó al patrón, pero sí evidenció un gran temor, sobre todo cuando se reprodujo un audio donde decía que le metería un tiro en la frente si no cumplía con su trabajo.
La cuarta jornada del juicio oral y público por narcotráfico contra Airaldi y otras ocho personas volvió a tener planteos de la defensora del productor agropecuario y fuertes cruces con la Fiscalía, así como firmes intervenciones del Tribunal presidido por Neomí Berros para no perder el control de un debate que, desde su inicio, está atravesado por el mismo tipo de interrupciones. En este caso, la defensora Mariana Barbitta pidió el apartamiento del fiscal general José Ignacio Candioti.
Airaldi, terrateniente y expresidente de la Sociedad Rural de Diamante, está acusado en dos expedientes que se acumularon en un único juicio: por un lado, organizar la distribución y venta de drogas en Diamante y Paraná; por otro, almacenar los casi 30 kilos de cocaína hallados en la casa del puestero de su isla El Pillo en 2022 en Puerto Gaboto (Santa Fe).
“Dos avionetas amarillas que me pasaron por arriba”
Ríos relató inicialmente: “Airaldi lo conocí cuando era un gurí chico que andaba con el padre, después ya no, y las veces que lo he visto fue por televisión nomás. Estaba en frente de Diamante sobre la isla del lado de Santa Fe, isla El Simbolar, en ese tiempo era del marido de mi patrona, Edith Airaldi, cuidaba los animales. En 2024 yo me pasé a la isla del Correntoso para abajo, que es de los mismos dueños. Al padre de Airaldi lo conocí en los 90, le decían Guido, empecé a trabajar con una hermana de él, que ya está fallecida, se llamaba Mirta Nélida, sobre la isla El Pillo. Tenían un pedazo cada uno de esa isla. Yo cuidaba animales. Estuve cuatro años y siete meses con ella, después me fui con Edita Airaldi que es la prima”.
Luego, el hombre recordó el día que tuvo que ser testigo civil de uno de los allanamientos, aquel 8 de marzo de 2024: “Cuando le hacen el allanamiento, le hacen a Leonardo en la isla El Pillo, del lado de Entre Ríos. Ahí no había nadie en el puesto de Leonardo, fueron y me buscaron a mí. En ese puesto hubo gente trabajando, un tal Castañeda, pero no estaba y me buscaron a mí”.
A raíz de lo que había declarado en el Juzgado Federal días después, el fiscal general José Ignacio Candioti le preguntó si recordaba si en la zona había vuelos de aviones. Ríos relató: “Un día estando unos turistas en mi casa, anduvo un avión ahí. El avión se asentó en el puesto de Airaldi, en la isla El Pillo”. En seguida, refrescó su memoria y amplió: “Eran dos avionetas amarillas, eran chiquitas. Fue el mismo día que vi el helicóptero que se asentó. Primero vi el helicóptero, porque yo había salido del campo y hacía rondas, y después se bandeó para el otro lado. Y se asentó en el puesto de Arialdi, estuvo un momentito. Después se fue y no lo vi más”.
Le pidieron a Ríos que precisara un poco más sobre ese momento, y el hombre amplió: “Primero vi el helicóptero que andaba, después lo dejé de ver. Después, las dos avionetas amarillas que me pasaron por arriba. Qué hacían, no sé. Cuando llego a mi puesto se siente el helicóptero, y los turistas dijeron que era de la Policía”. En cuanto al tiempo que pasó entre que vio el helicóptero y las dos avionetas amarillas, Ríos dijo: “Una hora y media. Vino la avioneta, que iban y venían, después yo llego a mi puesto, veo el helicóptero devuelta que se asienta en el puesto de Airaldi. Habrá estado 10 o 15 minutos y se fue. De lejos lo vi medio azul o gris”.
En otro tramo de su testimonio, el puestero recordó haber conocido a Diego “Pete” Torres, el hombre que tenía en su casa de Puerto Gaboto (ubicada frente a Las Cuevas del lado de Santa Fe) los casi 30 kilos de cocaína cuyo almacenamiento le adjudican a su patrón, Airaldi.
“Cuando yo fui estaba un Torres, que al tiempito se fue. Lo conocí porque se bandeaba para el lado donde estaba, fue unas veces a mi puesto, yo no lo conocía, y después ya no fue más. Cruzó el correntoso, me dijo que era Torres, que se llamaba Diego. Me dijo que era el puestero de El Pillo. Ni se bajó de la lancha. Las otras dos o tres veces se bajó, charlamos, pero conmigo bien. Hablamos del campo, de los animales”.
Consultado sobre más detalles y características personales y físicas de ese hombre que tiene pedido de captura y desapareció de la faz de la tierra poco después del hallazgo de la droga en su casa, Ríos dijo: “Nunca supe bien de dónde era. Tenían una lancha, un casco con un motor rápido, un fuera de borda, creo que era de 90 caballos. Decían que era de Airaldi, la usaba Torres. Era una lancha grande, blanca con marrón. Era un muchacho joven, morrudito, morocho, una persona más bien alta. Pelo corto y sin barba. Me lo recordaron por Pete, pero es lo que escuché nomás”.
“Un tiro en la frente”
Alejandro Gabriel Alarcón fue el primer testigo de la jornada. El muchacho que vive en Las Cuevas contó que conoció a Airaldi porque se enteró de que estaba necesitando un puestero en la isla y fue a pedir trabajo. “Yo estaba buscando changas y justo precisaban alguien para la isla. Fui a la estancia a pedir trabajo y me pasaron a la isla”, recordó.
“Salí de testigo en el allanamiento en la estancia, fue cuando lo detuvieron a Airaldi. Estaba yo y otro muchacho, Luciano Vera. Sacaron las cosas que tenían que sacar, armas largas, como 12 armas más o menos, balas. No me acuerdo, estaba más nervioso ese día que otra cosa”, dijo el joven.
Acerca de su trabajo en la isla, Alarcón contó: “Cuidaba animales, vacunos y caballos, que no se perdieran, darles de comer, darles medicamentos que me mandaban de la estancia. Estaba de lunes a viernes, por ahí andaba todo el día, no tenía horarios para volver. Dormía en el puesto que estaba ahí. Iba en la lancha que estaba en la estancia, tenía un Mercury 90. Estaba solo en la isla. No había nadie más en esos cinco meses. Leonardo iba muy poco. Iba en una lancha con un 150, que conducía él. Iba con los otros peones que iban a trabajar, cuando se trabajaba con animales para vacunar y esas cosas. Leonardo anotaba los animales. Cuando yo estaba había 1300 vacunos, y habrá habido 20 caballos”. En la estancia, recordó, hacia lo mismo, donde Airaldi había unas 250 vacas y 80 o 90 caballos. Allí trabajaban los hermanos Luciano y Lucas Vera.
Luego, la defensa le preguntó al testigo acerca del rol y la presencia de Airaldi en la estancia y en el campo, y el joven respondió: “Leonardo iba una o dos veces a la semana. Estaba un rato y después se iba. Controlaba lo que estábamos haciendo nosotros y nada más. Por ahí iba solo y por ahí con la mujer. También tenían una Amarok gris”.
Alarcón aseguró que nunca lo vio a Airaldi drogado, ni alcoholizado. La defensa le preguntó: “¿Lo trataba bien?”. “Sí”. “¿Alguna vez escuchó algo sobre droga, marihuana o cocaína?”. “No”. “¿Alguna vez vio policías en el lugar?”. “No”. “¿Vio avionetas?”. “Mientras yo estuve no”. “¿Pistas de aterrizaje?”. “No”. “¿Embarcaciones?”, le preguntó la jueza. “Las veces que yo estuve ahí nunca llegó nada”. “¿Vio a otras personas, policías, gente de la política?”. No.
El testigo recordó también el día que Airaldi lo asistió por un accidente laboral: “Tuve una lesión en la isla, me tropeó un caballo y me quebré una mano. No llamé a nadie, me vine igual y me llevó Airaldi a atender a la clínica de Diamante. Teníamos un seguro por día”.
Luego quien le preguntó a Alarcón fue directamente Airaldi, conectado por Zoom desde el penal federal de Ezeiza: “¿Trabajó alguna vez en la estancia Los Ombúes, el coto de caza?”. “No”. “Sabés si ahí hay una pista de avión?”. “No, porque yo no he trabajado ahí”. “¿De quién eran los animales que estaban en la estancia?”. “Eran de Manacero”. “¿La estancia Los Ombúes pega con la nuestra?”. “Sí”. “Cuando los cazadores van al campo de Camarero ¿en qué van?”. “Calculo que en vehículos. No los vi”. “¿Los cazadores no pasan por el frente de la estancia?”. “Y, tienen que pasar por la calle”. “¿Qué vehículo tiene la estancia?”. “Ni idea”. “Antes de llegar al límite entre Diamante y el camino de Rincón Del Doll a Las Cuevas, a mano izquierda, uno de los corrales de Sánchez en la estancia Los Ombúes ¿ahí no hay una pista?”. “Ni idea”.
También le preguntaron si en la estancia vio ingresar o salir vehículos o camionetas desconocidos. El testigo dijo: “No, cuando estábamos en el día, no”.
Luego, la Fiscalía pidió reproducir un audio en la audiencia. Se trataba de un audio de WhatsApp que le envió Airaldi a otro empleado, Chano Vera: “Chano, por favor a los caballos y las yeguas encerrados, mínimamente dos raciones al día, el Ale no le da, porque si no le voy a poner un tiro en la frente”.
Alarcón quedó serio. “¿Reconoce la voz?”, le preguntaron. “No, no”, dijo. Era la misma voz que sonaba por el parlante del salón cuando hablaba Airaldi.
Un punto del testimonio en el cual Alarcón incriminó a Airaldi fue respecto del celular que él tenía al momento del allanamiento y se lo entregó a la Policía, porque se lo pidieron. Dijo que era un teléfono que se lo había dado su patrón para poder estar comunicado, donde él solo había agendado el contacto de su pareja. Allí en la pericia se encontraron otros contactos que podrían estar relacionados a la actividad narco, que Alarcón dijo no conocer. Es decir, los había agendado Airaldi, como Rita Tania Castellano, Leandro Canale y un tal Javier, alias Ardilla.
Además, ante la pregunta de la jueza, Alarcón dijo que nunca vio que en el campo o en la isla se faenaran vacas ni que se enterraran lomos, tal como se registró en una conversación telefónica intervenida y grabada entre Airaldi y otro imputado, donde utilizan esos la palabra lomo para presuntamente referirse a la droga.
La defensora pidió apartar al fiscal Candioti
La audiencia comenzó con un nuevo planteo de la abogada defensora, Mariana Barbitta, en relación a la causa que tramita en el Juzgado Federal de Gualeguaychú donde se investiga la denuncia de Daniel “Tavi” Celis sobre un presunto plan criminal ideado por Airaldi para mandar a matar al juez federal Leandro Ríos y al fiscal general José Ignacio Candioti, que a su vez fue ampliada por otros dos presos que lo agregaron como posible víctima al ministro de Seguridad y Justicia, Néstor Roncaglia.
Barbitta había pedido la nulidad de todo lo actuado en esa causa, lo cual fue rechazado por el juez federal Hernán Viri. Presentó luego un recurso ante la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná. Allí el fiscal general interino es Candioti, quien se inhibió de intervenir por entender que había una violencia moral, porque sería una presunta víctima de ese supuesto hecho bajo investigación.
“Citó la causal de violencia moral, una manifestación de un estado anímico que impide actuar con la debida tranquilidad de espíritu, por un hecho por el cual a Airaldi se lo consideró de alto perfil y se lo trasladó a Ezeiza”, dijo la defensora, quien citó artículos que señalan que “los fiscales actúen con objetividad”.
“La objetividad se tiene o no se tiene, no puede haber violencia moral en un expediente y en otro no”, dijo la abogada. “A raíz de transmitirle esta información a Airaldi, él me manifestó que tiene temor que el fiscal no sea objetivo por considerase una presunta víctima. Ahora sí tenemos objetivamente una manifestación del fiscal que habla de auto percibirse víctima”.
“No podemos consentir que Candioti sostenga la acusación en este debate. No es un motivo personal, es más, nos solidarizamos con Candioti, Ríos, el ministro de Seguridad”, agregó la defensora.
Candioti respondió en seguida: “No tiene asidero el planteo en lo más mínimo. Ayer (por el miércoles) cuando se me notificó en la Fiscalía de Cámara que iba a haber una audiencia para tratar una causa por un hecho ajeno a este, que no tiene nada que ver, que no se está juzgando en este juicio. A la Cámara Federal llega un recurso de la defensa de Airaldi porque se oponían a la orden de secuestro de celulares del allanamiento realizado en la UP de Gualeugaychú y a que se extraigan los datos de los celulares secuestrados. En la resolución del juez Viri que le rechaza ese pedido a la defensa, hace referencia a que tiene que ver esa circunstancia a raíz de los dichos de Celis sobre un plan para atentar contra la vida de Ríos y de Candioti. Dije expresamente en el escrito que para ese hecho, siendo que presuntamente se quería atentar contra mi vida y la del juez Ríos, para tratar ese hecho consideraba que debía inhibirme en ese expediente, por ese hecho en particular. En este proceso mi tranquilidad no está afectada en lo más mínimo. Si no, hubiese sido muy fácil haber hecho esto para apartarme a mí de esta causa”.
“La excusación está formulada en aquella causa en un proceso distinto a este. Además, no hay imputados en aquella causa, lo dijo la defensa, no surge que hay imputado alguno”, agregó el fiscal y luego cuestionó la actitud de Barbitta desde el comienzo de las audiencias del juicio: “Primero los planteos tratando de evitar el juicio diciendo que no estaban los CD’s por todos los medios, sabiendo que estaban, me dijo que sí, después salió a decir públicamente otra cosa, dos días antes del debate planteos y planteos. Vamos a hacer el debate oral y público. Muchas veces nosotros pedimos las absoluciones. Olivero (otro de los imputados) está con domiciliaria porque nosotros dijimos que su participación puede ser menor. Todos nos conocen cómo actuamos, trabajemos seriamente, dejemos que la Justicia se expida en este debate y salgamos adelante”, concluyó.
Luego de un cuarto intermedio, Noemí Berros informó la resolución del Tribunal: “El fiscal general podría ser una presunta víctima donde aún no existe imputación, ni alguien sindicado con grado de sospecha suficiente. Siendo así, teniendo en cuenta la postura del fiscal Candioti en la que nunca mencionó encontrarse en una situación de violencia moral en estas actuaciones, estar preservada su objetividad y que se inhibió en la otra causa por tratarse de un hecho distinto al que aquí se juzga donde presuntamente podría ser víctima”, se rechazó el planteo de la defensora.







