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Con 10 kilos de cocaína y falsas identidades, cayó el acusado de instigar el asesinato de un prestamista

"Jairo" Tello Morales (izq.) fue asesinado en 2022 en Paraná. Valdivieso Salas estuvo más de tres años y medio prófugo.

Miguel Ángel Valdivieso Salas pasó cuatro años prófugo de la Justicia entrerriana, acusado de ser el autor intelectual del asesinato del joven peruano Carlos Daniel Tello Morales, ocurrido a fines de marzo de 2022 en el barrio San Martín de Paraná. Fue detenido en Buenos Aires por uso de documentos falsos y en su departamento le encontraron 10 kilos y medio de cocaína. Aquel crimen demostró la presencia del narco peruano en la provincia con más fuerza de lo que se creía: no sólo para la provisión y tráfico de drogas, sino sobre todo en el rubro del préstamo de dinero, tanto a quienes quieran unos pesos como en grandes sumas de dólares a los narcos locales.

Valdivieso Salas es defendido por el abogado penalista Augusto Lafferriere, y acordó con el fiscal Juan Manuel Pereyra la prisión preventiva por 90 días, ya que se encuentra con la misma medida cautelar en el marco de la causa por falsificación de documentos y narcotráfico en Buenos Aires. Pereyra lo imputó formalmente por el homicidio de Tello Morales y el acusado se abstuvo de declarar.

En plena tarde del 30 de marzo de 2022, Morales, de 30 años y conocido como “Jairo”, murió acribillado en la intersección de calles Ameghino y Mosconi, en el barrio San Martín de Paraná. Dos hombres con cascos en una moto se acercaron a él, le preguntaron su nombre y le dispararon casi una decena de tiros con una pistola calibre 9 milímetros. Jairo corría en zigzag, de un lado a otro de la calle, intentando esquivar los disparos. Los sicarios tenían suficientes municiones para disparar a mansalva y dar con su blanco. Se tiró detrás de un pequeño tapial para guarecerse, donde lo remataron para asegurar su muerte.

La investigación de la División Homicidios y el entonces fiscal Mariano Budasoff no pudo dar con los autores materiales del homicidio que esa misma tarde se fueron de Paraná en un colectivo desde la Terminal de Ómnibus, pero sí a los cómplices que colaboraron con el plan criminal.

A dos meses del hecho, detuvieron a tres personas acusadas de encubrir el homicidio: la novia de Jairo, un taxista y otro joven que aportó a la logística del crimen: Abril Coronel, acusada de encubrimiento; Nicolás Lencina, imputado como partícipe necesario —en cuya vivienda se encontraron $800.000 en efectivo—; y el taxista Juan Néstor Pereyra, acusado de transportar a los sicarios.

El instigador del homicidio también fue identificado: se trata de un ciudadano peruano que residía en calles Crespín y Pedraza de Paraná, cuyo paradero era desconocido. Se trata de Valdivieso Salas, quien era el encargado del negocio de los préstamos que realizaba junto a Tello Morales. Investigadores policiales estuvieron bastante tiempo tras sus rastros en Buenos Aires, pero no pudieron dar con su paradero.

Un narco oculto bajo cuatro identidades falsas

Valdivieso Salas es un ciudadano peruano nacido en Lima el 9 de mayo de 1972, quien finalmente cayó en abril pasado. Estuvo más de tres años y medio, operando bajo identidades falsas.

La detención se produjo de forma casi casual. El 18 de abril de 2026, personal policial de la División de Investigaciones Comunales 15 de la Policía de la Ciudad llegó a un local comercial de la calle Espinosa 2115 de Buenos Aires, tras recibir un aviso sobre documentación presumiblemente apócrifa hallada entre las pertenencias de un cliente. Cuando Valdivieso Salas regresó al local, los policías le exigieron identificación. Dijo llamarse "Miguel Ángel" pero exhibió un DNI peruano a nombre de otra persona —Nicolás Víctor Huancayo La Rosa— que, sin embargo, llevaba inserta su propia fotografía. Fue detenido en el acto. Al momento de la detención llevaba consigo 24.500 dólares y 50.000 pesos en efectivo.

Sobre él pesaba una orden de captura del 25 de agosto de 2022, emanada del Juzgado de Garantías N° 6 de Paraná, en la causa por el homicidio de Tello Morales. Aquel procedimiento ocurrido tres semanas atrás desencadenó allanamientos encontraron más evidencias de las maniobras ilegales y delictivas de Valdivieso Salas, por lo cual el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 12 de Buenos Aires lo procesó con prisión preventiva el 4 de mayo por ocho hechos.

En cuatro de los hechos, le imputan el uso de documentos falsos: tenía en su domicilio tres documentos peruanos —dos DNI y una licencia de conducir— y adulteró un pasaporte auténtico, todos a nombre de terceras personas pero con su propia fotografía. Los usó ante la policía para intentar eludir su identificación. Dos de los documentos falsificados (DNI y pasaporte) configuran la figura agravada por tratarse de documentos destinados a acreditar identidad. Además, tenía en forma ilegítima un DNI argentino ajeno, sin ninguna justificación legal.

Pero esto terminaría siendo lo de menos, al lado de lo que encontraron en su departamento del séptimo C de calle Espinosa 2111 de Buenos Aires: los policías secuestraron 10,5 kilos de cocaína fraccionada en nueve ladrillos termosellados y uno partido, junto a una balanza de precisión y 7.910.000 pesos en efectivo.

Además, se hallaron en el mismo domicilio una pistola Glock calibre .380 y otra Pietro Beretta calibre .22. Ninguna estaba registrada a su nombre; la Glock tenía incluso un pedido de secuestro preventivo vigente desde 2020 por denuncia de extravío de su titular en Santa Fe.

Para dictar su prisión preventiva en Buenos Aires, el juez destacó varias razones principales. Entre ellas, el riesgo de fuga era evidente: estuvo más de tres años prófugo burlando la orden de captura de la Justicia de Entre Ríos, operaba bajo múltiples identidades falsas y tenía varios domicilios registrados. También, el peligro de entorpecimiento de la investigación, dado que la causa federal todavía se halla en etapas iniciales. También lo embargó sobre sus bienes fue fijado en 200 millones de pesos.

Unos días después, Valdivieso Salas fue trasladado a Paraná. El fiscal Pereyra lo imputó y luego acordó con la defensa la medida cautelar que cumplirá en un penal de Buenos Aires.

El plan criminal en Paraná

Según lo reconstruido por la investigación, hubo un plan perfectamente organizado, con la orden que partió desde la Villa 1-11-14 de la Capital Federal y se ejecutó con precisión en calle Ameghino, con la complicidad de paranaenses que allanaron el camino a los asesinos a sueldo.

El taxista Pereyra fue una pieza clave: la geolocalización satelital de su auto Fiat Cronos mostró que estuvo en la Terminal de Ómnibus de Paraná, donde habría recogido a los sicarios y los llevó hasta la casa de Nicolás Lencina. Luego se dirigió a la casa del narco conocido como "Ruso" Quiroga y apareció minutos después del asesinato en el lugar donde los sicarios habían dejado abandonada la moto utilizada para huir.

La investigación localizó, mediante cámaras de seguridad, la moto de 110 cc utilizada por los sicarios y, siguiendo el rastro de cámara en cámara, la ubicó donde la dejaron estacionada, a unas 10 cuadras del lugar del homicidio. Al día siguiente, llegó un Chevrolet Onix del cual se bajó una persona y se llevó la moto con destino desconocido. Los investigadores establecieron que ese vehículo estaba en poder de Lencina.

Budasoff había señalado que los autores materiales no eran locales: "Es gente de afuera que organiza un crimen en la ciudad y que cuenta con apoyo de gente de Paraná".

Los préstamos

El asesinato de Tello Morales evidenció, no solo el creciente uso del sicariato (sucedió luego del triple crimen y un año antes del homicidio de Gustavo “Petaco” Barrientos), sino también el circulante de grandes sumas de dinero que aceitan el mercado de drogas. En este caso emerge el préstamo de efectivo —desde pequeñas hasta altas cifras— proveniente de organizaciones criminales lideradas por peruanos en Buenos Aires. El crimen expuso la presencia en Paraná de personas vinculadas a organizaciones narcotraficantes que, hace décadas, dominan barrios enteros en Buenos Aires.

Tello Morales había vivido en Buenos Aires y se cree que llegó a Paraná para prestar el dinero obtenido por narcos peruanos producto de la venta de drogas. Sus principales clientes eran vendedores de droga de Paraná, que solicitaban sumas de alrededor de medio millón de pesos o más y devolvían con puntualidad. Al parecer, Jairo se quedó con más de lo que le correspondía y su cabeza tuvo precio.

Entre los clientes que quedaron en la mira de la Justicia figuró un conocido narco de la zona del Volcadero, apodado "Ruso", en cuya casa Jairo había estado minutos antes de ser asesinado. El caso reveló un esquema de lavado y financiamiento narco con raíces en Buenos Aires que ya operaba silenciosamente en Paraná, usando prestamistas como "Jairo" como eslabones intermedios.

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